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Posts Tagged ‘Sociología’

Por aquella época (1972) de institucionalización universitaria de la Sociología con la dotación de cátedras y creación de una nueva Facultad, con Luis González Seara como primer Decano tras la división de la macro Facultad de Ciencias Económicas y Políticas, me encontraba, creo que al igual que muchos de mis compañeros, con la necesidad de definir qué es ser sociólogo y para qué servía la sociología. La primera pregunta tardé muchos años en resolverla, incluso no sé aún si la he resuelto acertadamente. Sobre la segunda me vi impelido a improvisar, dada la preocupación que familiares y amigos manifestaron ante la extrañeza que tales estudios les procuraba. Como mi experiencia era nula, la mejor respuesta que se me ocurría era más de carácter ético social que de carácter empírico, que es por lo que suspiraba mi madre extrañada como estaba de que no hubiera conocido nunca un profesional de las características que yo le mostraba.

Con el paso del tiempo fui acotando las actividades pragmáticas del sociólogo, gracias a la existencia de informes sociales (Informes FOESSA), encuestas sociales y de mercado, en conjunción con mis preocupaciones de carácter político social, dando por fin cumplida respuesta a cuantos me inquirían por el valor práctico de la sociología que no era otro que el de diagnosticar la realidad social (dictadura y estado autoritario) y proponer soluciones alternativas a problemas manifiestos.

Este afán político-social de carácter trascendente me llevaría, no sé si en compañía de muchos, a una grave decisión que modificaría vitalmente mi proyección universitaria, pues tras un año en blanco debido a una huelga general y al grito de la verdadera universidad está en la calle, decidí marchar de Madrid y retornar sobre mis raíces de las que desconocía todo; es decir, volver a La Rioja, de la que salí para hacer el bachillerato cuando tenía catorce años y a la que no había prestado más atención que la sugerida durante la infancia donde la vida no conoce mas límites que los familiares.

Así que en el terreno de la Sociología me planteaba dejar la carrera universitaria en beneficio de lo que presentía que era la verdadera formación e información vital, aquella que proporciona el pueblo en proceso de transformación y cambio. Porque es bien cierto que se avecinaban vientos de cambio como así sucedió al poco de instalarme en lo que alguien definió como el culo del mundo, un pequeño pueblo ganadero de la sierra riojana de apenas veintidós residentes.

A veces las circunstancias que rodean las líneas del destino son extrañamente contrarias a los proyectos vitales que las personas se marcan con el fin de restar incertidumbre a sus vidas, y eso es lo que aparentemente me sucedió en aquellos años de la transición; porque si bien retorné a la disciplina de la carrera universitaria, eso sí bajo la figura de matrícula libre (lo cual siempre agradeceré porque de algún modo me obligó a leer más de lo que hubiera leído en caso de matrícula oficial y asistente a las clases de la facultad), también es verdad que seguí unos derroteros que me llevarían finalmente a abrazar la profesión de sociólogo en toda su amplitud.

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La verdad es que me encuentro un poco vago para escribir en este blog sobre Sociología, porque me paso los días escribiendo (unas veces para mis alumnos y otras veces para los colegas, y también rellenando todo lo que me pide la burocracia y que necesita para su supervivencia). En fin, que no necesito justificarme sobre el porqué de mi escaso entusiasmo hacia escribir en este blog. Aun así, he pensado obligarme a escribir algo sobre mi trayectoria profesional y de ese modo dar algo más de continuidad a los avatares y el ejercicio de la Sociología en una ciudad de provincias como es la capital de La Rioja, Logroño.

Primero quisiera explicar por qué elegí estudiar Sociología. En este periodo de reformas educativas en que se ha vuelto a hablar de reválidas, yo tuve francamente la opción de cursar las dos últimas correspondientes al curso cuarto y sexto de bachillerato, para finalmente realizar el entonces experimental curso de orientación universitaria (COU) en un colegio menor madrileño. En la preparación de la reválida de sexto de bachillerato conté con la inestimable formación de un joven profesor, historiador y filósofo a la sazón, que me enseñó los rudimentos de la investigación, indicándome la conveniencia de visitar la antigua sede de la Biblioteca Nacional. De este hombre conservo su amable dirección en los asuntos de la vida y también algo que sirvió a mis inclinaciones sociológicas, como fueron sus enseñanzas sobre organización de la información en fichas temáticas y bibliográficas. Aun conservo cientos de fichas que con dieciséis años comencé a recopilar.

En aquél curso de orientación universitaria (1971/72) tuve la suerte de conocer a otro profesor que me tomaría bajo sus auspicios y me llevaría a amar las ciencias sociales (donde logré las calificaciones más brillantes de todo el bachillerato), pero también a resolver las llamadas asignaturas de ciencias (matemáticas y química) las cuales libraba con esfuerzo. Asimismo el psicólogo orientador manifestó en su informe al tribunal de la Universidad Complutense que las carreras más afines a mi personalidad eran las de Filosofía y Ciencias Políticas.

Con estas mimbres no me fue nada difícil acceder a la que fue primera promoción de licenciados en Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, donde precisamente el pasado 2002, el profesor Octavio Uña en colaboración con el Colegio Nacional de Doctores y Licenciados, lograría reunir un gran número de sociólogos a fin de celebrar las bodas de plata de aquella primera promoción. Puede resultar anecdótico pero, al margen de encontrar que la mayor parte de mis antiguos compañeros además de desconocidos habían envejecido tanto como mis antiguos profesores, en ese intentar averiguar quién era quién y de qué modo se podían resumir veinticinco años de ausencia, la pregunta que todo el mundo me hizo es si había vivido de la sociología en esos años. Casi me sentí avergonzado de confesar que sí había vivido de la sociología durante todos esos años, ya que no era necesario precisar en qué condiciones había vivido y si la sociología en provincias daba para vivir bien o precariamente, algo que ahora mismo está por demás en esta breve exposición sobre mi trayectoria profesional. Lo que sí quiero atestiguar es que muy pocos compañeros, salvo aquellos que desde el principio tomaron el rumbo de la docencia, habían optado por ejercer de sociólogos, bien porque en sus biografías laborales se habían cruzado otras oportunidades, bien porque el ejercicio de la sociología en aquella época fue un acto de fe más que una alternativa posible[1].


[1] Algo parecido ocurrió cuando en 1992 fui elegido Presidente de la Delegación Territorial de La Rioja del Colegio de Doctores y Licenciados, y traté de organizar grupos de trabajo. Entonces surgió la dificultad, expresada por la mayoría de los aproximadamente 40 colegiados, que no habían tenido en su trayectoria profesional experiencias investigadoras o que permitieran la divulgación de investigaciones sociológicas. Podíamos sentenciar que la carrera les había abierto otras puertas que las explícitamente sociológicas.

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