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Posts Tagged ‘Sociología’

Todo empezó cuando puse título a un proyecto de investigación: “Estrategias y relaciones en la formación y desarrollo de la burguesía riojana (1850-1950)”. Este es en realidad el título de mi tesis doctoral, para la que conté con ayudas[1] puntuales de la Universidad de La Rioja, que me permitieron finalmente defenderla en septiembre de 2000 donde el tribunal, constituido por tres catedráticos y dos titulares de universidad, le otorgó la máxima calificación de sobresaliente cum laude. Al tiempo que comenzaba el desarrollo de la tesina tuve que tragar nuevamente con los cursos de doctorado, ya que no pude convalidar los realizados en la Complutense. La tesina que defendí en junio de 1996, y que mereció también la máxima calificación, llevaba el título de “Apuntes sobre un proyecto de investigación: Adaptación y cambio. La industria pañera hacia el capitalismo industrial (1750-1850)”, y una parte significativa de la misma fue publicada[2] ese mismo año. Estos apuntes trataban sobre la necesidad de profundizar en los estudios de carácter regional, que en el caso de La Rioja ha resultado ser una de las regiones más paradigmáticas y ricas conceptualmente para la definición del proceso industrializador, así como por la significación cualitativa y relevancia cuantitativa durante el siglo XVIII del subsector lanero y pañero. Algunas de las conclusiones que se apuntaban, pasaban necesariamente por la periodización en secuencias de la historia pañera riojana. La primera, enmarcada entre 1752 y 1792 se corresponde con el fenómeno de la protoindustrialización; la segunda, de 1830 a 1860 respondería al proceso de industrialización o del cambio al sistema de producción fabril. Entre medias, es decir, desde finales del XVIII hasta principios del XIX, sería el periodo de desindustrialización o del proceso de crisis de la industria pañera del Antiguo Régimen.

Las ciento veinte páginas de la tesina me sirvieron como el motor de arranque desde el que estructurar la tesis. También contaba con materiales de campo de cuando recibiera en 1982 una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado Estudio de las grandes familias del textil y el calzado, así como una ponencia escrita de 1983 con el título de Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana. Con ese conjunto de materiales mas una labor amplia de estudio y documentación[3] llevada a cabo en los siguientes años, me situó en condiciones de acometer los objetivos y estructura de la tesis.

Aunque el estudio sobre la formación y desarrollo de la burguesía industrial riojana interesa a la historiografía económica de España, o a la historiografía regional, mi intención fue realizar un ejercicio de investigación, donde de modo interdisciplinar, mediante la utilización de conceptos y métodos afines a otras disciplinas del conocimiento social, como la Sociología o la Antropología, se resolvieran los problemas derivados de la conceptualización de este sector de la burguesía industrial. Podría definirlo como un estudio histórico, pero de clara vocación sociológica, con el objetivo de trabajar con los grupos familiares de la industria pañera y del calzado; o bien como un estudio de sociología familiar, desde el que pretendía explicar las estrategias y relaciones de la burguesía industrial riojana en el margen temporal e histórico de un siglo (1850-1950).

Las fuentes principales utilizadas en este trabajo de investigación, fueron el Catastro del Marqués de la Ensenada; las Memorias Políticas y Económicas de Eugenio Larruga; el Diccionario de Pascual Madoz; la Matrícula de Contribución de 1852; la Estadística Industrial de Giménez Guited; la Memoria de Industrias Derivadas de Delgado y Masnata de 1876; la consulta de los protocolos notariales depositados en el Archivo Histórico de La Rioja, pero también la consulta al Archivo Municipal de Logroño, Ortigosa, Torrecilla y Soto en Cameros; al Archivo Diocesano; al Registro Mercantil; el INE; los manuscritos depositados en el IER, así como una amplia bibliografía coetánea y de estudios actuales que trataban temas de sociología y antropología, historia económica y social.

Dentro de las diferentes burguesías, me centré en un tipo de burguesía que orientaba su actividad productiva hacia la industria textil, obviando al resto de grupos hegemónicos, que situados en la Depresión del Ebro, estaban vinculados a la propiedad y la explotación agraria. Tampoco me detuve en los grupos burgueses que protagonizaron el despegue agro-industrial.

Como el objetivo central de la investigación se encontraba en el papel que desempeña la familia, los linajes y segmentos de linaje, las parentelas y las redes de parentesco, resultaba bastante lógico que fuera el descubrimiento de las relaciones y estrategias de reproducción social, reconocidas en el seno de determinadas familias, lo que indicara el camino a seguir. Las relaciones de parentesco se han impuesto como el medio ideológico más determinante al proyectar dichas relaciones en el plano económico y social. Relaciones ideológicas que toman cuerpo a través de las diferentes estrategias adoptadas, por, para, y con la familia. La familia y la parentela han sido el campo instrumental desde el que los linajes y los segmentos de linaje han podido desarrollar sus estrategias de preservación y ampliación patrimonial, tendentes en ocasiones a la reunión, crecimiento o diversificación del capital. Los instrumentos básicos utilizados para el cumplimiento de las estrategias, son de manera determinante los que proporciona el sistema de sucesión divisible y las variadas combinaciones de alianza del sistema matrimonial. La consanguinidad, le endogamia y la homogamia social son las principales estrategias matrimoniales de la burguesía industrial riojana, aunque las expresiones de la alianza manifiestan una gran variedad.

La parentela no sólo fue un campo de intervención en prácticas de alianza matrimonial, sino también un campo de prácticas de alianza política, a través del cual se buscó el ejercicio del poder político con el fin de asegurar la preeminencia de los intereses económicos de las familias industriales. La red de parentesco sería la base desde la que se operaron las estrategias e intercambios matrimoniales (cónyuges y dotes), pero también las estrategias e intercambios inmateriales (poder, prestigio, solidaridades), que se entrecruzarían, creando una trama de relaciones definitorias de la burguesía riojana. La burguesía industrial basó su reproducción como clase en la propiedad económica, en el poder político, pero también en el poder social mediante el reconocimiento de atributos y status.

El marco referencial donde mostrar comportamientos, actitudes y actividades, exponentes de patrones culturales, fue el espacio público. Cierto que la notoriedad pública de la burguesía estaba asegurada por su preeminencia económica o política; pero si algo ejerce influencia sobre la comunidad son los comportamientos externos o de apariencia externa, los cuáles necesariamente deben darse en los denominados ámbitos de sociabilidad. Estos espacios de sociabilidad, pese a la importancia que les concedí en la configuración del análisis de la clase burguesa, tan sólo pude esbozarlos sin abordarlos en profundidad. No fue pues mi interés abarcar todas las aproximaciones a la poliédrica realidad de la clase burguesa, sino tan sólo aquella faceta que me pareció más definitoria de su configuración y desarrollo, la relativa a las estrategias y relaciones vinculadas al parentesco y la reproducción social.

En mayo de 1997 presenté la ponencia “La reproducción patrimonial de la oligarquía camerana” a las Primeras Jornadas de Historia Económica de la UR. En aquella ocasión, el entrañable profesor asesinado por cobardes asesinos a sueldo de ETA, don Ernst Lluch, me felicitó por el cariz que le estaba dando al estudio de la burguesía industrial, ofreciéndome algunos datos sobre la conexión catalana de una de estas familias industriales y comerciales. Sobre esa información, en abril de 1998, en el V Congreso Internacional de la Población, presenté una comunicación sobre “Parentesco y estrategias de reproducción social: la familia de la Riva Navarrete”, publicada[4] poco después.

También en la Revista BROCAR se publicó[5] el artículo “La contribución industrial de 1852 en La Rioja”, que analizaba la información procedente de esta fuente estadística, y que de algún modo completaba las otras dos grandes fuentes comúnmente utilizadas en historia económica e historia industrial, el Diccionario de Pascual Madoz (1842) y la estadística industrial de Giménez Guited (1862).

En 1999, volví a publicar[6] un artículo en la Revista Brocar titulado “Redes de transporte y comercialización de la industria pañera riojana en la segunda mitad del siglo XIX”. Y ya en julio de 2000, con ocasión del seminario de historia económica de D.Angel García Sanz, tuve la ocasión de presentar una ponencia sobre “Flujos comerciales de los industriales pañeros de la Sierra de Cameros (La Rioja) con el noroeste peninsular, el último tercio del siglo XIX”.

Finalmente, la tesis en su conjunto (833 páginas) ha sido publicada[7] en 2002 por la Ann Arbor, ProQuest Information and Learning, que es una editorial de Michigan (EEUU), que reúne en su base de datos todo tipo de tesis doctorales, entre ellas la que me ocupó durante varios años con el título “Strategies and relations in the configuration and development of the industrial bourgeoisie in La Rioja (1850-1950)” (Universidad de La Rioja, 2000).

En septiembre de 2003, una parte seleccionada de la tesis ha sido publicada, gracias a la edición financiada por la Fundación CDESC y los Ayuntamientos de Arnedo, Torrecilla, Ortigosa y Ezcaray. El título de esta publicación es el de “Familia burguesa y capitalismo industrial”.

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[1] ATUR97/026, ATUR98/08 y ATUR00/05

[2] Revista Brocar nº 20 de 1996, pp.261-276. ISSN: 0214-4670

[3] Pues si bien disponía de algunos conocimientos de sociología y antropología, lo desconocía casi todo del mundo de la historia, principalmente de la historia social y la económica. En este sentido acudí al ciclo de conferencias sobre Castilla en la Edad Moderna (UR, abril-mayo 1996, 10 horas), y a los seminarios de la Fundación Duques de Soria, que dirigidos por el profesor Jordi Nadal se celebraron en julio de 1996 (30 horas), sobre La desindustrialización a partir de la industrialización y en julio de 1997 (30 horas), sobre Tecnología, empresa e industrialización en España (siglos XIX y XX), donde además de encontrar a los principales especialistas de historia económica te daban la oportunidad de presentar tus avances de investigación. Ya en julio 2000, en el seminario dirigido por el profesor Angel García Sanz (también de 30 horas) Relaciones económicas entre el interior y la periferia en la España moderna y contemporánea, tuve ocasión de presentar una ponencia para su discusión.

[4] Actas del Congreso Internacional de la Población. V Congreso de la ADEH. Vol. 3, pp.221-239, Logroño 1999.

[5] Brocar nº 21 (1997), pp.359-389.

[6] Brocar nº 23 (1999), pp.119-146.

[7] ISBN: 0-493-58889-2

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No se si a través del conocimiento del fenómeno juvenil o a la necesidad de un sociólogo experimentado, el caso es que aquel año de 1989 fui contratado por el Ministerio de Asuntos Sociales, a través del Instituto de la Juventud, para el denominado: “Proyecto Petra-Rioja (Programa europeo de transición al mercado laboral)”, como director de las áreas de Estudios Socioeconómicos y de Descripción Etnográfica. A mi cargo una serie de jóvenes titulados desempleados de la localidad de Grañón (último pueblo riojano del Camino de Santiago) con los que debería llevar a cabo un proceso doble de enseñanza e investigación. Del resultado amplio del equipo (cinco directores y un coordinador -L.V.Elías-, mas 25 jóvenes desempleados) se derivan seis volúmenes que reflejan parte del trabajo realizado, ya que algunas medidas como la creación de un centro de documentación del Camino de Santiago, o la actuación en el Archivo Municipal (limpieza, inventariado, clasificación y ordenamiento), o en el retablo de la ermita de Carrasquedo (limpieza y consolidación), etc., necesariamente exceden de la consideración del material escrito. De aquél trabajo sólo se publicaron[1] en 1991 parte de los volúmenes cuatro y seis, con el título “Grañón: estudio etnográfico”, que recoge el trabajo de campo realizado por el equipo que tuve a mi cargo, de acuerdo al conjunto de encuestas etnográficas que se confeccionaron al modo de las llevadas en el País Vasco por el antropólogo D. Miguel de Barandiaran. Lástima que no se hayan publicado aquellos modelos de encuesta que nos sirvieron entonces, pero que también tuvieron la consistencia para organizar una gran encuesta etnográfica que sirviera para la realización de un Atlas riojano como ya se estaba realizando en Navarra o en el País Vasco. Estas y otras frustraciones de trabajo etnográfico me inclinaron cada vez más a abandonar la antropología en favor de la sociología, que a la postre siempre me dio de comer y me procuró relaciones de amistad y trabajo más sinceras, productivas y eficaces que las del periodo iniciático en la etnografía riojana.

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[1] ISBN: 84-404-8970-6 (183 páginas).

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Siempre recordaré el final de los años ochenta como los años en que mejor me trataron como investigador y profesional autónomo de la sociología. Precisamente en 1988 recibí una oferta del Gobierno de La Rioja en colaboración con el Ayuntamiento de Logroño y el Consejo de la Juventud de La Rioja, dada la magnitud del encargo. Se trataba de realizar un “Estudio sociológico de la juventud en La Rioja”, pero dando cabida a demandas de cada uno de los promotores del estudio, es decir, plantear y establecer una política general de juventud; diseñar un proyecto joven para la ciudad de Logroño, y conocer las opiniones, inclinaciones y participación hacia y en las asociaciones de jóvenes.

De este modo, el estudio sociológico de la juventud en La Rioja tenía como objetivo general conocer la realidad juvenil, entendiendo esta tanto por sus condiciones objetivas como por las opiniones y actitudes mantenidas en el seno de la misma. Desde esta perspectiva, los objetivos específicos mostraban esta doble relación que conlleva el estudio de la realidad joven a través del análisis de siete capítulos: 1. Quiénes son los jóvenes riojanos; 2. Los jóvenes y la educación; 3. El trabajo; 4. El proceso de emancipación; 5. Cultura y ocio; 6. El asociacionismo juvenil y 7. Actitudes sociales.

Necesariamente la metodología[1] empleada hacía uso de técnicas cualitativas y cuantitativas. Entre las primeras señalar que se hicieron once entrevistas en profundidad y siete grupos de discusión; y entre las segundas se llevó a cabo un estudio exhaustivo de la estructura demográfica riojana y juvenil de La Rioja, así como de la ciudad de Logroño por barrios; el estudio de las enseñanzas medias, la Formación Profesional y los estudios universitarios a lo largo de los años ochenta, y finalmente, el análisis del paro en La Rioja y el paro juvenil tanto en La Rioja como en Logroño ciudad, también desagregado por barrios y a lo largo de los años ochenta (en aquella época ni el INEM ni Educación habían informatizado sus datos, por lo que nuevamente pasamos como ratones de biblioteca, meses y meses, contando ficha a ficha a los jóvenes registrados).

Con estas mimbres llevé a cabo la elaboración de un cuestionario que permitiera la realización de una encuesta por muestreo de acuerdo con cuotas de edad, sexo y hábitat. En el caso de la ciudad de Logroño, además, según barrio de pertenencia del entrevistado. Los resultados fueron entregados a partir del por entonces más moderno programa de análisis multivariante proporcionado por el paquete estadístico SPSS/PC+. Para la realización de este estudio contraté a un especialista en informática (Julio Grande), una psicóloga (Maite Villota) y una administrativo de apoyo (Pilar Marín), así como una red de campo integrada por seis personas para la formalización de las más de seiscientas entrevistas por toda La Rioja.

En 1989, se publicaba[1] el “Estudio sociológico de la juventud en La Rioja” en dos volúmenes (el segundo como documento estadístico), con la intención de que sirviera de basamento para futuros análisis comparativos que entonces esperaba que se realizaran con una cierta regularidad, pero que el paso del tiempo desgraciadamente desmintió, aunque en la actualidad han tomado mejores direcciones que los de la pasada década de los noventa.explorar00143


[1] Vol. I (documento estadístico): 221 páginas mecanografiadas; Vol. II (Entrevistas en profundidad y Grupos de opinión/discusión): 165 páginas; Vol. III (Estudio sociológico): 338 páginas.
[1] Vol. I: 190 páginas y Vol. II: 72 páginas. ISBN: 84-7359-329-4 y 84-7359-330-8


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Vengo de realizar una estancia en la Universidad de Dakar siguiendo una línea de investigación, iniciada hace unos años sobre el fenómeno de la inmigración. Este modo de obrar en investigación con tendencia a desarrollar una línea de investigación en el tiempo, no siempre ha sucedido así, bien pos la escasez de sociólogos dedicados a la investigación en La Rioja o bien por mi interés en adquirir competencias en todos los campos como así sucedió. De hecho, en 1985 recibí dos ofertas de trabajo totalmente distintas que no han tenido continuidad en otro tiempo, aunque sí es verdad que han servido en ese largo proceso de aprendizaje por el que todo sociólogo debe pasar. Me voy a referir primero al contrato con el Ayuntamiento de Logroño para realizar una “Investigación social de los barrios de Logroño”, y que me llevó a una situación paradójica como se deduce de ser el único investigador varón junto a quince jóvenes mujeres diplomadas en Trabajo Social en situación de desempleo. Esta situación era la condición por la que el INEM les ofrecía la posibilidad de aprender los rudimentos de la investigación social como objetivo básico con el que acceder en un futuro a empleos en la administración municipal.

Dado que este fue mi primer contacto con el Trabajo Social no puedo sino atestiguar que desde entonces mi vinculación al mismo siempre ha estado presente de un modo u otro, bien a través de la investigación o bien a través de la docencia, sin excluir un sin fin de relaciones transversales. En aquella primera ocasión sólo pensé que debía organizar un grupo numeroso de mujeres para que cumplieran el objetivo de investigar la situación social de los barrios de Logroño, por lo que comencé encomendando tareas de documentación mediante entrevistas a todas y cada una de las asociaciones, organizaciones e instituciones que constituían recursos sociales de la ciudad a fin de conocer las necesidades sentidas por la población. Con anterioridad habíamos logrado en colaboración con la Unidad de Servicios Sociales del Ayuntamiento un punto de acuerdo de división de la ciudad por barrios, con el que facilitar al análisis posterior. Finalizada esta parte se pasó a cumplimentar un cuestionario que debía satisfacer el objetivo de reconocer la posible demanda de servicios sociales. Los resultados sirvieron básicamente para establecer la política de servicios sociales del Ayuntamiento de Logroño y subsidiariamente para introducir en el mercado laboral a una quincena de trabajadoras sociales.

El otro contrato “Las zonas de agricultura de montaña en La Rioja: análisis y problemática”, se firmó con el Ministerio de Agricultura en 1985, y tuvo como objetivo la delimitación de las zonas de agricultura de montaña (ZAM) y su caracterización, con el fin de compararlas con el resto de las ZAM del Estado Español e integrarlas en la política de montaña de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Se consideró oportuno reflejar el papel de las ZAM dentro del modelo territorial de La Rioja, como parte inseparable de la región y como forma de resaltar la importante dualidad espacial de La Rioja. Por último se priorizó dentro del conjunto de las ZAM, aquellas zonas donde debían desarrollarse programas de ordenación. Tomando una serie de indicadores de desarrollo se ordenaron las diferentes ZAM en una escala de mayor a menor atendiendo a su grado de desarrollo socioeconómico o a su potencialidad cara al futuro.

En septiembre de 1985 gané una convocatoria para la provisión de una plaza como funcionario interino en el Gabinete Técnico de la Dirección Regional de Bienestar Social, para desempeñar el puesto de sociólogo del área de Planificación y Programas. En este cargo me mantuve hasta diciembre de 1986. Durante el tiempo que estuve en la Dirección de Bienestar Social tuve ocasión de colaborar en el desarrollo de los servicios sociales municipales, organizando el segundo encuentro sobre Servicios Sociales Municipales, un Curso de Promoción Socio-Cultural destinado a trabajadores sociales en el medio rural, y finalmente, estableciendo las prescripciones técnicas del Mapa de Servicios Sociales de la Comunidad que serviría de marco técnico desde el que planificar la política de bienestar social. También fue un puesto privilegiado desde el que representé a la Consejería de Trabajo en la Comisión Asesora de Investigación del IER, o que me permitió realizar el análisis sociológico sobre la situación de las residencias de ancianos en La Rioja, base sobre la que se implementó la política sectorial correspondiente. De todo ello se benefició la Dirección de Bienestar Social que a la postre era quien financiaba estas actividades de planificación, análisis y desarrollo de políticas de bienestar social.

Al margen de mi estancia como funcionario tuve ocasión en esos años de impartir dos cursos, uno en 1985 invitado por la New York University in Spain, denominado “Curso Práctico de Antropología” que consistió en ofrecer a unos veinticinco norteamericanos algunos conocimientos básicos sobre la identidad de los riojanos, a través del manejo de categorías míticas en contraste con la realidad, es decir oponiendo los prejuicios a la realidad. El otro curso fue una invitación de la Comisión de Asistencia Social para que llevara a cabo un seminario sobre “Juventud marginada y vida tradicional” entre presos de larga condena. Esta organización buscaba resquicios en el sistema penitenciario desde el que mejorar las condiciones de vida de los reclusos, y el seminario era una excusa única para, de entrada, lograr que los internos salieran de entre los muros de la cárcel y durante una semana disfrutaran de una libertad vigilada.

Sin haber agotado las prestaciones de desempleo tras la salida del Gobierno Regional, el Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Cooperación Cultural me contrató como “Coordinador del Proyecto Culturalcampo”. Se trataba de un proyecto de ámbito nacional (en nueve comunidades autónomas) que en La Rioja tenía como finalidad la mejora cultural y de calidad de vida de los habitantes de la zona denominada de las Trece Villas (Valle del Iregua). Contaba con un equipo integrado por una médica, un pedagogo, una psicóloga, una periodista, una maestra, un ingeniero técnico agrícola y una trabajadora social. Con este equipo se buscaba reducir los desequilibrios culturales y socioeconómicos de la zona, así como el apoyo de aquellas iniciativas que propiciaran el aprovechamiento de los recursos socioculturales y económicos autóctonos capaces de generar riqueza, trabajo y mejora de la calidad de vida. En síntesis las actividades llevadas a cabo se encontraban insertas en tres amplios programas: 1) De apoyo a iniciativas socioculturales que generen riqueza y empleo (apoyo a la creación de una SAL de embutidos y conservas; apoyo al fomento de la apicultura y su comercialización; apoyo a las iniciativas para la explotación de la madera; potenciación de los mercados locales y apoyo al desarrollo de la micología y su explotación comercial). 2) De apoyo a los recursos socioculturales para la mejora de la calidad de vida y el bienestar social (a los agentes activos existentes en la zona; de recuperación y promoción cultural; de apoyo complementario a los servicios sanitarios de la zona; a los servicios sociales de la zona; de promoción de la mujer y de información de recursos). 3) De formación técnica (en la promoción sociocultural y de elaboración teórica y técnica).

Durante ese periodo que no tuvo continuidad debido a cambios de signo político en el Gobierno regional, contrario al Gobierno central, tuve ocasión de retomar una actividad que ya había iniciado cinco años antes. Me estoy refiriendo a la realización de videos de carácter etnográfico. En 1987 se rodó “La romería de la Luz”, segunda romería en importancia de La Rioja que se celebra el tercer domingo de junio en la Venta de Piqueras. La dificultad que presenta es que no se pueden improvisar las tomas, por lo que el guión debe establecer perfectamente los pasos a dar por el cámara. Fue el último año de estancia de un hombre convertido en el último ventero, tras siglos de existencia de esta figura. Se puede contemplar el video en You Tube pero dividido en dos partes:

Romería de la luz. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=D0rz8sSkwXs

Romería de la luz. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=wAr16ZT3Zag&feature=related

También a fines de año elaboré el guión de la película más importante, no sólo por su duración, sino por los problemas técnicos y de producción a que me enfrentaba. Esta película es “Carbón de encina”, que resume en veinte minutos cuarenta días de actividad y varias horas de rodaje, donde se describe narrativamente el laboreo del carbón vegetal comenzando con el corte de 2000 kilos de leña de encina en el monte comunal. Tuvimos la suerte de presentarla en pantalla grande, en la sala Gonzalo de Berceo de Logroño, con la presencia de quien sería, igualmente, el último carbonero en activo de La Rioja. Ambas películas se presentaron a concurso al IV Certamen Nacional de Cine y Video Etnológico celebrado en Huesca en abril de 1988 de donde no sacaría otro reconocimiento que un diploma (otro más para la colección).

Carbón de Encina. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=pKSeExfYefI

Carbón de Encina. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=ny1-eYrB6Rw&feature=related

 

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En el post anterior al hablar del conjunto de actividades a que había dado lugar el trabajo de campo realizado entre 1984 y 1985, podía entenderse que este conjunto constituía una línea de investigación que culminaba con su divulgación.  Es en este sentido que hoy quiero hablar de otro proyecto que comenzó en 1983 cuando presenté al IV Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares, celebrado en Zaragoza del 21-24 abril, una comunicación titulada “Juegos infantiles en la Sierra de Cameros (La Rioja)”, publicada[1] en 1988 por el Instituto Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, y que en realidad es una comunicación de cuarenta páginas sobre metodología para la recogida de juegos infantiles.

Ya en 1989 había desarrollado un seminario sobre “Juegos y Diversiones en La Rioja”, en el Centro Riojano de Madrid, pero no sería hasta el verano de 1991 cuando fui invitado a dar la conferencia “El juego: tradición y cultura” en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, dentro del curso sobre “Deportes autóctonos y cultura popular” dirigido por Fernando Gomarín Guirado[2]. Por cierto, la única vez que recibí más dinero del habitual y encima me lo pasé muy bien. Gracias Fernando. Coincidí en aquel curso de verano con el poeta José Hierro, y la estrella invitada por su savoir faire con Lech Walesa, el general polaco Jaruzelski.

Precisamente el año anterior, en 1990, habían publicado[3] en Zaragoza, dentro de la Colección Boira, el ejemplar nº3 titulado “Juegos infantiles de La Rioja”, que no es sino una pequeña selección de juegos tradicionales de los que ya por entonces poseía una gran colección conseguida a través de medios diferentes: a través de la participación de profesores y centros escolares, a través de la observación de calles y plazas, y a través de entrevistas con personas de edad. De este modo mi colección de juegos era tan amplia como amplios eran los lugares, las épocas y los informantes, si entendemos que los juegos son distintos según las edades, los sexos, las generaciones, los tiempos y los espacios.

En 1993 aproveché un concurso de la Dirección de Deportes del Gobierno riojano sobre deportes y juegos autóctonos de La Rioja, para presentar ochenta páginas con el título “¡Vamos a jugar!”, donde incidía en algunas cuestiones de tipo conceptual y metodológico sobre los juegos y los deportes, y donde mostraba parte de esa amplia colección de juegos.    Desgraciadamente, el responsable de deportes no entendió que en La Rioja la expresión de deporte autóctono se ha perdido, pero que aún se puede salvar la de juegos tradicionales siempre que se ofrezcan unos referentes significativos desde los que manifestar su verdadera autoctonía, por lo que desestimó el trabajo presentado. Entonces aprendí que a la burocracia no hay que darle razones sino ungüento y vacuidad.

En septiembre de 1997, en la VI Conferencia de Sociología de la Educación organizada por la Universidad de Zaragoza celebrada en Jaca, presenté la comunicación “Juegos tradicionales y educación”; posteriormente, en 1998, se editó el primer volumen de la Revista Contextos Educativos de la Universidad de La Rioja, y en ella se publicó[4] el artículo “El uso de juegos tradicionales en el proceso educativo y su desvirtuación en la praxis pedagógica”, en el que incido sobre el uso de este tipo de juegos en las programaciones del magisterio como medio de promoción educativa, como instrumento de participación escolar y como técnicas de aprendizaje y desarrollo, pero que en esencia, este interés pedagógico, este afán, estas metas, son opuestas a los intereses y objetivos del juego tradicional.

El juego tradicional necesita de muy poca tecnología y sobre todo necesita de espacio y comunicación. Es decir, de todo lo contrario que anima el juego y los juguetes de hoy día.

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[1] Ed. Institución Fernando el Católico. ISBN: 84-00-06781-9 (Obra completa)

[2] Por entonces director del Aula de Cultura del Instituto de Etnografía y Folklore “Hoyos Sáinz”, y de siempre el mejor folklorista y etnógrafo que ha parido Cantabria.

[3] Ed. Ibercaja. Colección Boira nº 3, 103 páginas. ISBN: 84-87007-16-3

[4] ISSN: 1575-023X

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En 1979 el Instituto de Estudios Riojanos concedió una ayuda a la investigación al equipo formado por otro aprendiz de cabrero (doctorando de antropología) y yo mismo, con un proyecto ambicioso titulado “Sistemas de matrimonio y consanguinidad en La Rioja”. El trabajo de campo nos ocupó más allá de los seis meses que figuraban en la convocatoria, pues al contrario de lo que sucede hoy que los archivos parroquiales se encuentran centralizados en las dependencias del Seminario Conciliar de Logroño, en aquella época se encontraban desigualmente distribuidos en las diferentes parroquias rurales, por lo que tuvimos que renunciar a la beca. El vaciado de los libros de matrimonios se organizó en torno a siete columnas definidas por mes y año, nombre y apellidos de los contrayentes, estado civil, procedencia, edad, profesión e impedimento eclesiástico, pese a que no siempre aparecían anotados por el correspondiente párroco tales detalles. Esta información nos permitió, junto a la extraída de los libros de bautizados y de difuntos, acercarnos tanto a la realidad sociodemográfica de los pueblos investigados como al seguimiento de los grupos familiares y su organización en árboles genealógicos[1]

En esta dinámica investigadora de las estrategias matrimoniales y de consanguinidad, tuve en 1982 la suerte de recibir (también por el IER), una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado “Estudio de las grandes familias del textil y el calzado” que años después me serviría de apoyo original con el que emprender el proyecto de tesis doctoral presentado en la Universidad de La Rioja. Del trabajo realizado en aquella época presenté una ponencia en el II Congreso Iberoamericano de Antropología celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en diciembre de 1983 cuyo título “Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana” es lo suficientemente expresivo de cuáles eran mis inquietudes investigadoras, al margen del objeto de investigación.

Por otro lado, la carrera de Sociología me pareció, y me sigue pareciendo, una carrera de corte enciclopédico[2], donde el estudiante ha de saber sobre materias tan variadas y tan imprescindibles como la economía, la filosofía, la psicología, la historia, la estadística, etc. De hecho, la Sociología ha logrado un nivel de especialización sumamente interesante, dada la peculiaridad de su objeto de estudio que le permite no sólo mantener un tipo de conocimiento general, sino el producir un tipo de conocimiento más específico hacia algunas de las facetas en las que se desenvuelve el individuo en su relación social. Como quiera que en los últimos años de carrera hubo factores que me inclinaron hacia la especialidad de la Antropología Social, resulta visible mi inclinación por la misma en los diferentes trabajos y líneas de investigación que realicé en los años ochenta pese a que los trabajos de investigación meramente sociológicos fueron los que me dieron de comer en esa época.

Por factores que influyeron en mi trayectoria debo destacar principalmente los derivados de las lecturas del mejor de los antropólogos contemporáneos, aunque él se declarara historiador, D. Julio Caro Baroja. En cierta ocasión pude disfrutar de su compañía tras una conferencia en el Ateneo de Logroño y posterior cena, donde le comuniqué mi entusiasmo por sus trabajos[3], y mi desorientación sobre cual debía ser el objeto y método a seguir, teniendo en cuenta mi formación académica, mi inclinación por la historia y mi gusto por la antropología. Sería difícil resumir, mucho más recordar, cuales fueron sus palabras, pero al pasar el tiempo descubrí en una publicación[4] suya algunos retazos de la conversación que mantuvimos aquella ocasión:

Fustel de Coulanges había afirmado que la Historia es la verdadera Sociología, a lo que Durkheim respondió que esto era verdad “siempre que se tratara sociológicamente”. Lo cierto es que la Historia no es la Sociología y tampoco se puede tratar sociológicamente siempre: es decir, eliminando todo lo biográfico, lo individual, etc. Pero no cabe duda de que en muchos casos la aplicación del método sociológico al estudio de cosas tales como el régimen señorial, el feudalismo, la organización del trabajo, etc., han dado resultados brillantes. Del mismo modo la aplicación del método sociológico a todos y cada uno de los temas de la Antropología, plantea algunas dudas pese a que algunos conceptos durkheimianos serán siempre de utilidad máxima al realizar investigaciones antropológicas.

Desde luego no fueron ni las únicas, ni estas palabras sacadas de contexto ahora mismo, las que me dedicó, pero sí que formaron parte de su interés por señalarme que la interrelación existente entre las diversas ciencias sociales debía empujarme a no tratar los fenómenos sociales desde un sólo y exclusivo punto de vista; y que aun a riesgo de equivocarme, cosa que no dudaba que ocurriría, la historia, la antropología y la sociología podían trabajar en la misma dirección si me lo proponía.

El otro factor no menos importante, aunque sí contrario al espíritu del mentor anterior, fue el profesor Carmelo Lisón Tolosana, a la sazón catedrático de Antropología, y cuyas lecturas, quizás más obligadas que interesadas, también me llevaron por otros derroteros menos folklóricos y de cultura popular, pero que de algún modo me obligaron a reconocer la vastedad de mis objetivos investigadores y por tanto la necesidad de disciplinar mis intereses investigadores, aspecto que descubriría, ¡ay! demasiado tarde.

El profesor Lisón Tolosana tuvo a bien ofrecerme su dirección en un proyecto de tesis que sobre el tema de la identidad debería formalizar en los próximos años, a fin de dar cumplida cuenta, junto a otros doctorandos, de un proyecto general que sobre el tema de la identidad de los pueblos había recibido en una época en que la España de las autonomías empezaba a tomar cuerpo. Incluso tuvo la amabilidad de ofrecerme una escasa pero real financiación, siempre que mi dedicación fuera exclusiva hacia el proyecto. Avatares de la vida, no tuve los reflejos suficientes para comunicarle mi disposición al mismo, y sí para señalarle que debido a necesidades financieras debería dedicarme a otros trabajos con los que sostener el por entonces nacimiento de mi segundo hijo. No sé si fue un desvarío ético o de sinceridad, pero Lisón no tuvo problemas en sustituirme por otra socióloga que haría el trabajo de campo en La Rioja, pese a que esta región autónoma la había incluido en función de mi presencia en su futuro equipo.Familia-Burguesa


[1] Caro Baroja subraya, que para comprender muchos sistemas económicos y aún ideológicos, el viejo método de los genealogistas es un método útil y válido, sobretodo en aquellos casos en que nos permite rastrear la herencia de actividades y profesiones a partir de una persona, por no hablar de la herencia de caracteres adquiridos. Caro Baroja, J. (1969): “La hora navarra del XVIII. (Personas, familias, negocios e ideas)”. Pamplona: Príncipe de Viana

[2] Wright Mills, C. (1993): La imaginación sociológica. Madrid: FCE

[3] Por aquella época devoraba con gran interés lo que yo consideraba una trilogía fundamental para un investigador novel: El Carnaval; La estación del amor, y El estío festivo.

[4] Caro Baroja, J.(1991): Los fundamentos del pensamiento antropológico moderno. Madrid: CSIC, pág.114

Aspectos metodologicos en el estudio de la burguesia riojana (1983)Familia Burguesa y Capitalismo Industrial

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No puedo sino recordar aquellos años de estudiante alejado de las aulas. Unos años que estuvieron marcados por una gratificante vida social, pese a el supuesto aislamiento que la montaña suponía para el común de los habitantes de aquella región, y que a modo de un gran laboratorio donde llevar a cabo el trabajo de campo necesario en toda investigación, me permitió elaborar la urdimbre sobre la que construiría mi propia biografía como investigador.

Hubo pues una época, una corta época, en que en este país casi todo el mundo tenía alguna opinión más o menos elaborada sobre el acontecer político, las posibilidades de transformación social, la justicia o injusticia de las desigualdades sociales, etc.  Evidentemente me pareció que la claridad de lo que estaba pasando a mi alrededor sólo se podía obtener desde la Sociología, porque era la ciencia sociológica la que disponía como su principal objeto la realidad social, la vida social, y como instrumento para aprehenderla, para interpretarla, el método científico.

De siempre me ha preocupado el método, quizás porque entre mis primeras lecturas de Durkheim [1], Bourdieu[2], Harris[3], el método ocupa una parte sustancial, pero también porque un principio metodológico que indica Malinowski[4] y señala con igual acierto Juan Maestre Alfonso[5], me marcó a fuego en estos primeros años de actividad como sociólogo en formación: “Lo más importante de todo, no vivir con otros blancos, sino entre indígenas”; es decir, siguiendo la técnica de la observación participante, se trataba de introducirse en la comunidad objeto de investigación y, a base de integrarse como un miembro más de esa sociedad, poder obtener los datos deseados conociendo el punto de vista del otro. Todo ello implicaba la doble necesidad, como indica el nombre de esta técnica, de participar (en la vida comunitaria se entiende) y observar todo lo que se produce a su alrededor.

Este principio de vivir con los otros, o ser con los otros, los “indígenas”, justificó mi residencia en lo que he antedicho como el culo del mundo. De este modo la opción vital compaginaba mi decisión de ser un buen sociólogo (investigador), con la de sobrevivir en un medio que no era el mío (ganadero). Ahora bien, la investigación como sociólogo nunca me ha proporcionado unos medios económicos suficientes para sobrevivir en la montaña, sino para seguir formándome en esto de la investigación, por ello, en 1982 abandoné con amargura el medio rural, lo que fuera paraíso vital aunque ajeno a la realidad de un país en cambio.

De este periodo formativo tan sólo he conservado algunas colaboraciones en el semanario Cicerone Riojano (1978-79) para la divulgación de la artesanía y la cultura tradicional, y el artículo publicado en la revista de artes y costumbres populares de la Universidad Autónoma de Madrid (Narria nº10), en 1978: “La elaboración del queso de cabra en el Camero Viejo”, que curiosamente tuve que consultar unos años después cuando dispuse efectivamente de cabras y leche con la que elaborar los quesos más afamados de mi corta experiencia ganadera.

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[1] Durkheim, E. (1972): Las reglas del método sociológico. Madrid: Morata

[2] Bourdieu, P. (1976): El oficio de sociólogo. Madrid: Siglo XXI

[3] Harris, M. (1978): El desarrollo de la teoría antropológica. Madrid: Siglo XXI

[4] Malinowski, B. (1973): Los argonautas del Pacífico Occidental. Barcelona: Península

[5] Maestre Alfonso, J. (1976): La investigación en Antropología Social. Madrid: Akal

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