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Posts Tagged ‘Sistemas de matrimonio’

En 1979 el Instituto de Estudios Riojanos concedió una ayuda a la investigación al equipo formado por otro aprendiz de cabrero (doctorando de antropología) y yo mismo, con un proyecto ambicioso titulado “Sistemas de matrimonio y consanguinidad en La Rioja”. El trabajo de campo nos ocupó más allá de los seis meses que figuraban en la convocatoria, pues al contrario de lo que sucede hoy que los archivos parroquiales se encuentran centralizados en las dependencias del Seminario Conciliar de Logroño, en aquella época se encontraban desigualmente distribuidos en las diferentes parroquias rurales, por lo que tuvimos que renunciar a la beca. El vaciado de los libros de matrimonios se organizó en torno a siete columnas definidas por mes y año, nombre y apellidos de los contrayentes, estado civil, procedencia, edad, profesión e impedimento eclesiástico, pese a que no siempre aparecían anotados por el correspondiente párroco tales detalles. Esta información nos permitió, junto a la extraída de los libros de bautizados y de difuntos, acercarnos tanto a la realidad sociodemográfica de los pueblos investigados como al seguimiento de los grupos familiares y su organización en árboles genealógicos[1]

En esta dinámica investigadora de las estrategias matrimoniales y de consanguinidad, tuve en 1982 la suerte de recibir (también por el IER), una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado “Estudio de las grandes familias del textil y el calzado” que años después me serviría de apoyo original con el que emprender el proyecto de tesis doctoral presentado en la Universidad de La Rioja. Del trabajo realizado en aquella época presenté una ponencia en el II Congreso Iberoamericano de Antropología celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en diciembre de 1983 cuyo título “Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana” es lo suficientemente expresivo de cuáles eran mis inquietudes investigadoras, al margen del objeto de investigación.

Por otro lado, la carrera de Sociología me pareció, y me sigue pareciendo, una carrera de corte enciclopédico[2], donde el estudiante ha de saber sobre materias tan variadas y tan imprescindibles como la economía, la filosofía, la psicología, la historia, la estadística, etc. De hecho, la Sociología ha logrado un nivel de especialización sumamente interesante, dada la peculiaridad de su objeto de estudio que le permite no sólo mantener un tipo de conocimiento general, sino el producir un tipo de conocimiento más específico hacia algunas de las facetas en las que se desenvuelve el individuo en su relación social. Como quiera que en los últimos años de carrera hubo factores que me inclinaron hacia la especialidad de la Antropología Social, resulta visible mi inclinación por la misma en los diferentes trabajos y líneas de investigación que realicé en los años ochenta pese a que los trabajos de investigación meramente sociológicos fueron los que me dieron de comer en esa época.

Por factores que influyeron en mi trayectoria debo destacar principalmente los derivados de las lecturas del mejor de los antropólogos contemporáneos, aunque él se declarara historiador, D. Julio Caro Baroja. En cierta ocasión pude disfrutar de su compañía tras una conferencia en el Ateneo de Logroño y posterior cena, donde le comuniqué mi entusiasmo por sus trabajos[3], y mi desorientación sobre cual debía ser el objeto y método a seguir, teniendo en cuenta mi formación académica, mi inclinación por la historia y mi gusto por la antropología. Sería difícil resumir, mucho más recordar, cuales fueron sus palabras, pero al pasar el tiempo descubrí en una publicación[4] suya algunos retazos de la conversación que mantuvimos aquella ocasión:

Fustel de Coulanges había afirmado que la Historia es la verdadera Sociología, a lo que Durkheim respondió que esto era verdad “siempre que se tratara sociológicamente”. Lo cierto es que la Historia no es la Sociología y tampoco se puede tratar sociológicamente siempre: es decir, eliminando todo lo biográfico, lo individual, etc. Pero no cabe duda de que en muchos casos la aplicación del método sociológico al estudio de cosas tales como el régimen señorial, el feudalismo, la organización del trabajo, etc., han dado resultados brillantes. Del mismo modo la aplicación del método sociológico a todos y cada uno de los temas de la Antropología, plantea algunas dudas pese a que algunos conceptos durkheimianos serán siempre de utilidad máxima al realizar investigaciones antropológicas.

Desde luego no fueron ni las únicas, ni estas palabras sacadas de contexto ahora mismo, las que me dedicó, pero sí que formaron parte de su interés por señalarme que la interrelación existente entre las diversas ciencias sociales debía empujarme a no tratar los fenómenos sociales desde un sólo y exclusivo punto de vista; y que aun a riesgo de equivocarme, cosa que no dudaba que ocurriría, la historia, la antropología y la sociología podían trabajar en la misma dirección si me lo proponía.

El otro factor no menos importante, aunque sí contrario al espíritu del mentor anterior, fue el profesor Carmelo Lisón Tolosana, a la sazón catedrático de Antropología, y cuyas lecturas, quizás más obligadas que interesadas, también me llevaron por otros derroteros menos folklóricos y de cultura popular, pero que de algún modo me obligaron a reconocer la vastedad de mis objetivos investigadores y por tanto la necesidad de disciplinar mis intereses investigadores, aspecto que descubriría, ¡ay! demasiado tarde.

El profesor Lisón Tolosana tuvo a bien ofrecerme su dirección en un proyecto de tesis que sobre el tema de la identidad debería formalizar en los próximos años, a fin de dar cumplida cuenta, junto a otros doctorandos, de un proyecto general que sobre el tema de la identidad de los pueblos había recibido en una época en que la España de las autonomías empezaba a tomar cuerpo. Incluso tuvo la amabilidad de ofrecerme una escasa pero real financiación, siempre que mi dedicación fuera exclusiva hacia el proyecto. Avatares de la vida, no tuve los reflejos suficientes para comunicarle mi disposición al mismo, y sí para señalarle que debido a necesidades financieras debería dedicarme a otros trabajos con los que sostener el por entonces nacimiento de mi segundo hijo. No sé si fue un desvarío ético o de sinceridad, pero Lisón no tuvo problemas en sustituirme por otra socióloga que haría el trabajo de campo en La Rioja, pese a que esta región autónoma la había incluido en función de mi presencia en su futuro equipo.Familia-Burguesa


[1] Caro Baroja subraya, que para comprender muchos sistemas económicos y aún ideológicos, el viejo método de los genealogistas es un método útil y válido, sobretodo en aquellos casos en que nos permite rastrear la herencia de actividades y profesiones a partir de una persona, por no hablar de la herencia de caracteres adquiridos. Caro Baroja, J. (1969): “La hora navarra del XVIII. (Personas, familias, negocios e ideas)”. Pamplona: Príncipe de Viana

[2] Wright Mills, C. (1993): La imaginación sociológica. Madrid: FCE

[3] Por aquella época devoraba con gran interés lo que yo consideraba una trilogía fundamental para un investigador novel: El Carnaval; La estación del amor, y El estío festivo.

[4] Caro Baroja, J.(1991): Los fundamentos del pensamiento antropológico moderno. Madrid: CSIC, pág.114

Aspectos metodologicos en el estudio de la burguesia riojana (1983)Familia Burguesa y Capitalismo Industrial

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