Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Padres’

Confieso que fue tras el verano, nada más empezar el curso 2012-13, cuando comencé a interesarme por el futuro que se vislumbraba tras la nueva ley educativa, una más tras el cambio de signo político en el gobierno. Sabía que la falta de consenso político para mantener la educación alejada de la confrontación, nos llevaría a una nueva reforma sin esperar a que se pudiera observar los resultados de la anterior, sobre al menos una generación de estudiantes. Este parece el sino del sistema educativo español, reformado y vapuleado tantas veces como cambios gubernamentales se han sucedido.

Pero aún me interesé más, tras la lectura de los artículos de Feito (2012) y Fernández-Enguita (2012), que resaltaban los dislates de esta (aún en anteproyecto) Ley Wert. Según Feito el informe de la OCDE, con sus evidencias empíricas, supone una enmienda a la totalidad de esta propuesta gubernamental. Para Fernández-Enguita el anteproyecto nos alejará aún más de Europa al adoptar políticas de recorte de programas compensatorios, reducción del tronco común, estratificación de la escuela pública y un mensaje inequívoco de preferencia por la privada, que inevitablemente repercutirá sobre los alumnos de familias en desventaja, al excluirlos o segregarlos desde edades tempranas.

Con posterioridad he leído en las redes sociales y en la prensa toda clase de argumentos a favor y en contra, tanto del anteproyecto para mejorar el sistema educativo español como de las recomendaciones de la OCDE para mejorar la equidad y reducir el fracaso escolar. Básicamente los dos se afianzan sobre el objetivo de reducir el fracaso y el abandono escolar temprano con el fin de acercarnos a la media europea, o de conseguir la aproximación en los resultados de los sistemas educativos europeos y, sin embargo, las críticas parecen señalar las recomendaciones de la OCDE como mejor posicionadas que las del anteproyecto de la LOMCE para conseguir estos objetivos.

No es fácil sacudirse toda clase de prejuicios cuando se trata de comparar las recomendaciones y modificaciones propuestas desde ambos textos, como tampoco es fácil enfrentarlos de forma maniquea. Por ello, y porque para la comparación y análisis de ambas propuestas es necesario realizar una lectura sosegada de los objetivos, evidencias empíricas y medidas de ambas, me propongo en esta comunicación establecer oportunamente mi impresión sobre cómo se prepara el futuro del sistema educativo español siguiendo a la LOMCE en correlación con las recomendaciones del informe de la OCDE.

LAS RECOMENDACIONES DE LA OCDE

Sabemos que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico es una organización de cooperación internacional, fundada en 1960, y compuesta por treinta y cuatro estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales. Esta organización parte de la consideración sobre el beneficio de la educación para las personas, pues obtienen mejores oportunidades de empleo y pueden alcanzar una mejor calidad de vida. Para los países, los beneficios potenciales recaen en el crecimiento económico y en el desarrollo de valores compartidos que fortalecen la cohesión social.

Sin embargo, la realidad educativa en los países de la OCDE advierte de la existencia de un gran porcentaje de personas que no han acabado sus estudios de educación secundaria, entre los que destacan por encima de la media, Grecia, Italia, España y Portugal entre otros; países que además se encuentran en serias dificultades económicas para hacer frente a la crisis financiera y económica en Europa.

Pues bien, el informe de la OCDE “Equity and Quality in Education: Supporting Disadvantaged Students and Schools”, publicado a principios de 2012, sobre el análisis de las características que debe poseer un sistema educativo para que se produzca un aprendizaje eficaz y se reduzca el fracaso escolar, ofrece una visión comparada de los altos costes económicos y sociales de la inequidad; ofrece también soluciones de cómo los sistemas educativos pueden responder a los retos de equidad en la educación, y hace una contribución sobre cómo reducir el fracaso escolar.

Del informe se extrae que:

  • Los estudiantes de entornos socioeconómicos desfavorecidos suelen fracasar más en sus estudios, debido a la falta de equidad e inclusión.
  • La equidad en la educación significa que las circunstancias personales o sociales, como género, origen étnico o antecedentes familiares, no obstaculizan el logro del potencial educativo, y que todos los individuos alcanzan al menos un nivel mínimo de habilidades (inclusión).
  • Tomar medidas para que este fracaso escolar disminuya, aporta unos beneficios tanto sociales como personales, y también contribuye al crecimiento económico y al desarrollo social.

Así pues, mejorar la equidad y reducir el fracaso escolar es una prioridad de política educativa (todos los países tienen retos en equidad, pero sus contextos y situaciones varían; hay distintas estrategias y políticas, pero no hay un conocimiento común de lo que funciona y, los países se enfrentan a retos en la adopción e implementación de políticas para mejorar la equidad en la educación), por lo que es necesario tener respuestas.

En el informe destacan dos grandes objetivos: que todos los estudiantes alcancen un nivel básico y, reducir el fracaso escolar. El primero se basa en que la deserción es el abandono del estudio debido a diversos factores (entre ellos la falta de recursos económicos y la desintegración familiar), y por el cual los estudiantes no alcanzan un nivel básico de habilidades para desenvolverse en la sociedad, provocando su falta de inclusión. Respecto al segundo señalan que reducir el fracaso escolar es beneficioso, pues el fracaso escolar conlleva altos costes a los individuos y a la sociedad, ya que limita el crecimiento económico y la innovación, y deteriora la cohesión social y la movilidad. Los costos económicos y sociales del fracaso y la deserción escolar son altos, pues terminar los estudios medios superiores dará a los alumnos en el futuro más posibilidades de empleo, y aspiraciones a mejores condiciones económicas y, por tanto, depender menos de la ayuda pública. De aquí se deduce que invertir en educación, sobre todo para niños de familias con reducidas posibilidades económicas, a la larga beneficiará a toda la sociedad.

Los países de la OCDE proponen políticas para aumentar la equidad y reducir el fracaso escolar como elemento central de las estrategias de crecimiento, invirtiendo desde la educación temprana de calidad hasta el nivel medio superior, evitando políticas sistémicas que provoquen el fracaso escolar, eliminando aquellas prácticas a nivel de sistema que entorpezcan la equidad, y ayudando a mejorar las escuelas y estudiantes en desventaja. Sin embargo, las políticas educativas necesitan alinearse con otras medidas gubernamentales que no siempre se relacionan, como vivienda o bienestar social, para garantizar el éxito estudiantil. En ocasiones, el diseño de los sistemas educativos puede realzar y colaborar en el fracaso escolar. De ahí el insistir en la equidad como instrumento de mejora de la igualdad y beneficio a los estudiantes en desventaja.

En este sentido, la OCDE ofrece varias recomendaciones para contribuir a prevenir el fracaso y promover la terminación de la educación media superior:

  1. Eliminar la repetición de grados, fijar un pase automático o limitar la repetición a materias o módulos suspendidos con apoyo especial y, concienciar socialmente para cambiar el apoyo cultural a la repetición. También es preciso reforzar la capacidad de escuelas y maestros para una mejora del aprendizaje.

Las estrategias alternativas a la repetición de cursos son:

  • El apoyo para aquellos que se atrasan durante el año. Esto implica ofrecer a los estudiantes un apoyo precoz, regular y oportuno.
  • La promoción automática con un plan de soporte, y
  • Concienciar a la sociedad en general sobre los costes de la repetición y el efecto negativo que tiene en los estudiantes

Se basan para adoptar esta medida en los altos costes que supone la repetición de curso, en relación con el coste total sobre la enseñanza primaria y secundaria. Por otra parte, no se ha demostrado que sirva para la mejora del aprendizaje del estudiante la repetición de todo un curso cuando no se han superado tan sólo determinadas materias o módulos. La repetición en este sentido ha demostrado ser ineficiente.

  1. Evitar la separación temprana y diferir la selección de estudiantes hasta la educación media superior. Es preciso reforzar una escolaridad más completa y evitar la selección temprana de estudiantes, la cual ejerce un efecto negativo en los alumnos asignados a niveles más bajos y aumenta las desigualdades sin elevar el desempeño promedio, de ahí la recomendación de esperar a la finalización de la secundaria para llevar a cabo la selección de itinerarios educativos.

La selección se produce en todos los países de la OCDE, pero hay diferencias importantes entre los países sobre el momento y la forma de esta selección. Mientras que la edad media de la primera selección oficial es a los catorce años en los países de la OCDE, en España, los estudiantes no se separan hasta los dieciséis años. En algunos países como Austria y Alemania, la selección se lleva a cabo muy temprano, cuando los estudiantes tienen tan sólo diez años, edad claramente insuficiente para decidir un futuro educativo.

  1. Administrar la elección de escuela para evitar la segregación y el aumento de las desigualdades. La elección de la escuela ha aumentado en los países de la OCDE, sin embargo esto puede desembocar en la separación de estudiantes por capacidades, ingresos y origen étnico, además de aumentar las desigualdades. No hay que dar a los padres la libertad de elección de escuela ya que esto tiene como resultado la segregación de estudiantes según sus capacidades y antecedentes socioeconómicos, y genera mayores desigualdades en los sistemas educativos. La determinación de algunos centros como guetos educativos, proviene de la ausencia de estudiantes distintos a la presencia de gitanos, inmigrantes, discapacitados o desfavorecidos por cualquier circunstancia en sus aulas.

Se considera la introducción de programas que controlen la elección, evitando seleccionar sólo a los “mejores” estudiantes en las escuelas con exceso de solicitudes. También proveer de incentivos financieros a las escuelas que inscriban estudiantes en desventaja y con bajo rendimiento; y de becas o créditos a los estudiantes de familias desfavorecidas para hacerles más accesibles las escuelas de alta calidad.

  1. Procurar que las estrategias de financiamiento respondan a las necesidades de estudiantes y escuelas. Dirigir los recursos disponibles según las necesidades para asegurar la equidad y la calidad en los sistemas educativos, garantizando el acceso a una educación y atención de calidad a la primera infancia (cero a seis años), en especial a las familias en desventaja. La inversión en la primera infancia es particularmente eficiente para el desarrollo del país.

A nivel escolar, más fondos no conducen automáticamente a mejores resultados. Tampoco recursos adicionales para ordenadores y personal dan buenos resultados. Esta recomendación está en la línea de considerar más importante la calidad del personal docente que su cantidad.

  1. Diseñar trayectorias equivalentes de educación media superior para garantizar su término. Crear políticas que mejoren la calidad y el diseño de la educación media superior, como puede ser asegurar que las vías académicas y profesionales de la enseñanza secundaria superior sean equivalentes, y no como viene sucediendo con la distinción social que se produce en elección de la vía académica sobre la profesional.

Para garantizar el término de la educación media superior se propone reforzar los mecanismos de orientación y asesoramiento, y diseñar medidas concretas para prevenir la deserción escolar.

  1. Secundaria superior: Promover habilidades dirigidas al trabajo. Es decir, diseñar programas relevantes y de alta calidad en formación profesional. Ofrecer una mezcla de competencias académicas y técnicas para los que más lo necesiten, y ofertar mejores competencias y salidas laborales.

 No obstante estas seis recomendaciones para prevenir el fracaso escolar y promover la finalización de la educación media superior, la OCDE propone también otras cinco recomendaciones de políticas para mejorar el desempeño de las escuelas y estudiantes en desventaja:

  1. Fortalecer y apoyar a la dirección escolar. Seleccionar, formar y apoyar a los directores de centro. Ofrecer programas de preparación para acceder a la dirección escolar que permitan enfrentar los desafíos de estas escuelas. Ofrecer buenas condiciones para atraer y retener a los mismos. Por último, para que los directores consigan cambios duraderos en los centros escolares, podrán establecerse asesorías, tutorías y redes como apoyo complementario a la dirección.

En España, los centros públicos tienen menor autonomía en la toma de decisiones que en el conjunto de los países de la OCDE y de la Unión Europea. Mientras que en la OCDE y en la UE-21 los directores de centros educativos toman entre el 41% y el 46% de las decisiones respectivamente, en España este porcentaje tan sólo alcanza un 25%. Esto sucede porque los centros educativos tienen mayor autonomía en la toma de decisiones referentes a la organización de la enseñanza, pero menor libertad en la planificación y estructuras, la gestión del personal y los recursos.

  1. Fomentar un clima y ambiente escolares propicios para el aprendizaje. Para ello se recomienda reforzar las interacciones alumno-alumno y alumno-maestro, y propiciar mejores estrategias de aprendizaje mediante políticas específicas. Priorizar climas favorables para el aprendizaje (la disciplina por sí misma no es efectiva); y organizar mejor el tiempo de aprendizaje evitando pautas temporales rígidas, incluso ampliando el tiempo de aprendizaje más allá del horario escolar ordinario.
  1. Atraer, apoyar y retener a maestros de alta calidad. Las políticas deben elevar la calidad docente para las escuelas y estudiantes en desventaja, proporcionando educación docente que garantice que los maestros reciben las habilidades y conocimientos que necesitan para trabajar en estas escuelas (específicamente formación). Incentivos financieros y de carrera apropiados (supongo que sujetos a un estatuto docente y a unos incentivos ligados a sistemas de evaluación). Condiciones laborales favorables.

La retribución anual del profesorado en España (2010), es superior en Primaria y Secundaria al profesorado de los países de la OCDE o de la UE21. Las diferencias son mayores en el salario inicial y se acortan pasados los quince años o bien en la retribución máxima en la escala.

  1. Garantizar estrategias de aprendizaje eficaces en el aula. Combinación entre instrucción centrada en el estudiante y prácticas curriculares mediante herramientas de diagnóstico y evaluación para supervisar el avance de los estudiantes y garantizar que adquieren una buena comprensión y conocimientos. Asegurar una cultura de altas expectativas. Ofrecer ayuda a los maestros para adaptar la instrucción, evaluación y prácticas curriculares a las necesidades de estudiantes y escuelas en desventaja.
  1. Dar prioridad a la vinculación entre las escuelas y los padres y comunidades. Aplicar medidas para evitar que los padres de familias en desventaja se desvinculen de la participación en la escuela, mediante estrategias de comunicación, establecimiento de vínculos, etc. Diseñar estrategias específicas de comunicación. Orientar a los padres en su papel. Reforzar los vínculos con la comunidad.

En resumen, la OCDE ofrece en su informe recomendaciones de políticas para sistemas educativos, de modo que contribuyan a que todos los menores cumplan de manera exitosa su escolaridad, previniendo el fracaso y la deserción escolar, porque las personas con más escolaridad contribuyen a sociedades más democráticas y a economías más sostenibles. Y porque las sociedades con personas capacitadas están mejor preparadas para responder a las crisis actuales y futuras.

Esto se consigue estableciendo tres máximas:

1ª) Partir de una equidad y calidad en la educación. Invertir en una educación infantil, primaria y secundaria universal, y en particular para niños desfavorecidos, es justo y económicamente eficiente.

2ª) Hacer frente a las políticas que impiden la equidad en la educación. Y para ello se propone eliminar la repetición de grados; evitar la separación temprana y diferir la selección de estudiantes hasta la educación media superior; administrar la elección de escuela para evitar la segregación y el aumento de las desigualdades; procurar que las estrategias de financiación respondan a las necesidades de estudiantes y escuelas y, finalmente, diseñar trayectorias equivalentes de educación media superior para garantizar su término.

3ª) Apoyar a estudiantes y escuelas en desventaja. Fortaleciendo y apoyando la dirección escolar; fomentando un clima y ambientes escolares propicios para el aprendizaje; atrayendo, apoyando y reteniendo a maestros de alta calidad; garantizando estrategias de aprendizaje eficaces en las aulas y, finalmente, dando prioridad a la vinculación entre las escuelas y los padres y comunidades.

Estas son en resumen las recomendaciones que realiza la OCDE en su informe sobre políticas educativas a emplear en la reforma de los sistemas educativos, para que respondan a la demanda de mejora del nivel educativo de los estudiantes y reducción del fracaso escolar. Unas recomendaciones que pese a realizarse con el foco dirigido hacia aquellos países que se alejan de la media en materia de fracaso y abandono escolar temprano, no por ello dejan de orientarse hacia la armonización de los sistemas educativos europeos.

LAS MODIFICACIONES DE LA LOMCE

Por su parte, el anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), que es una modificación parcial de puntos clave de la Ley Orgánica de 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), reconoce algunas de las debilidades del sistema educativo español, principalmente:

  • Resultados internacionales desfavorables: PISA, malos resultados comparativos en lectura, matemáticas y ciencias, y baja autonomía de los centros españoles en promedios de la OCDE.
  • Baja tasa de población que termina ESO.
  • Tasas altas de abandono educativo temprano (población entre 18 y 24 años con nivel de formación ESO o inferior que no sigue ningún tipo de estudio o formación).
  • Tasas bajas de alumnos excelentes: 3% frente al 8% de media en Europa.
  • Diferencias considerables entre las Comunidades Autónomas.

El reconocimiento de las debilidades del sistema educativo en términos de abandono escolar temprano, o de fracaso en la graduación idónea de los alumnos, no es sino la constatación del nivel de ineficacia de un sistema que deja fuera y sin el título de consecución de los objetivos de la educación obligatoria, a uno de cada tres escolares.

Para su lectura, el anteproyecto de la LOMCE se muestra dividido en dos puntos:

Un preámbulo que resume la intención del nuevo proyecto de Ley (del apartado primero al cuarto).

El artículo único que modifica de manera parcial, muchos artículos de la LOE (del apartado quinto en adelante).

En el preámbulo, señala la LOMCE que la educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país. El nivel educativo de un país determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. De este modo, al definir la educación como motor de la economía se entiende que la educación será un factor del que dependerán los procesos económicos, y que deberá estar enfocada a sus resultados.

Y sigue la LOMCE indicando que la educación […] es una fuente de ventajas materiales y simbólicas para los individuos, ventajas tanto mayores cuanto más avance cada uno en ese proceso y mejores resultados obtenga en él. De este modo el anteproyecto de ley entra en abierta contradicción con el objetivo principal que presenta el informe de la OCDE, que no es otro que acabar con la inequidad a partir de estrategias que combinen equidad y calidad, y a través de medidas como la financiación según las necesidades y no según los resultados.

En cuanto al segundo punto, es decir el artículo único del anteproyecto de la LOMCE, modifica de manera parcial muchos artículos de la Ley Orgánica de la Educación (LOE), y se encuentra dividido en ochenta y seis apartados, tres disposiciones adicionales, una disposición transitoria, una disposición derogatoria y seis disposiciones finales. No voy a entrar en todo el articulado modificado, sino que voy a concluir con aquellos aspectos relevantes que han llamado nuestra atención, pues la publicación de esta comunicación presentada al XI Congreso Español de Sociología (julio de 2013) se puede encontrar en publicaciones de la Universidad Complutense de 2014, Vol. II, pp.194-205.

CONCLUSIONES

La nueva ley educativa diseña la educación según principios del sistema económico. Al estructurarse de forma piramidal, los centros se parecerán cada vez más a una empresa, donde el director será un mero gestor de maestros y profesores entre otros recursos humanos, abandonando cualquier tipo de proyecto educativo, para centrarse en ajustar presupuesto y cumplir con las exigencias de la Administración.

El anteproyecto de la LOMCE entiende la educación desde el plano individual como un instrumento de competitividad entre las personas, de modo que la flexibilización de las trayectorias, que no es lo mismo que la flexibilización del sistema educativo para adaptarse a la diversidad del alumnado, implica la discriminación del alumnado en función de su trayectoria académica, a partir de medidas que ponen el acento en las pruebas de evaluación (externas y de carácter segregador), en la promoción (como máximo dos asignatura suspensas) y en la repetición (sólo se podrá repetir una vez en cada etapa), y anticipando el objetivo segregador de la elección de itinerarios en el segundo ciclo de la ESO.

Se enfoca la educación simplemente a la superación de pruebas externas que solo valoran materias instrumentales, y se suprimen las asignaturas más creativas (música y artes plásticas), de modo que podría suceder como en la selectividad, que se preparará a los alumnos con el fin de superar una prueba, pero no con el objetivo de aprender y adquirir conocimientos y responder a las exigencias de una sociedad en permanente cambio.

La segregación de los alumnos en distintos tipos de centros es una de las claves de la reforma legal. La rendición de cuentas por los centros, siendo la Administración quien impone los requisitos de calidad, servirá para retirar recursos a centros con alumnos con dificultades educativas. Se promueve la segregación estableciendo nuevos programas de mejora del aprendizaje y el rendimiento en el primer ciclo, que sustituyen a los programas de diversificación curricular, y que permiten agrupar a los alumnos con dificultades. También se da la segregación en función del sexo, logrando caracterizar el conjunto del anteproyecto como una reforma con calado ideológico y sectario, impidiendo el acuerdo con todos los agentes educativos y sociales implicados.

La necesidad de una gran reforma del sistema educativo para impedir que uno de cada tres estudiantes no continúe en el mismo es fundamental, pero la reforma de carácter ideológico que presenta el anteproyecto de la LOMCE, en oposición o en contradicción con las recomendaciones del Informe de la OCDE, nos muestra un futuro nada halagüeño pleno de miradas al pasado más obscuro de la educación en España.

BIBLIOGRAFIA

– Feito, R. (El País, 21-IX-2012): Más Desigualdades  http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/21/actualidad/1348255500_654415.html

– Fernández-Enguita, M. (Blog MFE, 18-IX-2012): ¿Adónde quiere devolvernos Wert?http://enguita.info/776/

– OECD (2012), Equity and Quality in Education. Supporting Disadvantaged Students and Schools, http://www.oecd.org/edu/school/50293148.pdf

– PANORAMA DE LA EDUCACIÓN. Indicadores de la OCDE 2012. Informe Español. http://www.todofp.es/dctm/todofp/panorama-ocde2012.pdf?documentId=0901e72b81416fd3

– Texto borrador de ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), presentado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Conferencia Sectorial de Educación (19-XII-2012) http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/participacion-publica/lomce/20121219-conferencia-sectorial.html

pluma

 

Anuncios

Read Full Post »

En un post anterior señalaba que en julio de 2011, mi compañero Sergio Andrés Cabello y yo, acudimos a la XV Conferencia de la Asociación de Sociología de la Educación que se celebró en Granada, con varias comunicaciones. Una de ellas hacía referencia a la participación de los integrantes de la comunidad educativa en la escuela. Es un tema en el que aún seguimos trabajando junto a equipos de las universidades de Zaragoza, Lleida e Islas Baleares y que ofrecerá amplias conclusiones en congresos de Lisboa (10-11 julio) y Lleida (8-9 octubre), que serán editadas y publicadas a lo largo de 2016.

Hace cuatro años, cuando todavía empezábamos a vislumbrar la importancia de la participación en la educación y la LOMCE aún no había pervertido la capacidad de gestión de los Consejos Escolares, señalábamos que uno de los objetivos transversales que ha caracterizado a la educación en España en las últimas décadas, ha sido su democratización con el fin de aumentar la participación en la toma de decisiones que afectan a la educación y a los centros escolares por parte de los agentes implicados. Y es que, “las relaciones entre la escuela y la comunidad son contempladas actualmente como un factor de gran importancia en la educación del alumnado. La educación empieza en la familia y se prolonga en la escuela, y una buena educación exige el conocimiento del medio en el que viven los alumnos, así como la representación de éste en la vida escolar[1]. Las diferentes legislaciones han tratado esta cuestión y desde distintos ámbitos (comunidad educativa, madres y padres de alumnos, especialistas, etc.) se ha incidido en la necesidad de que los procedimientos de participación fuesen más efectivos y operativos.

Y es que este proceso de participación en el marco de la escuela no puede ser entendido sin los cambios y transformaciones de la sociedad, que han supuesto una redefinición de los roles y funciones que desempeñaban los agentes implicados, desde las familias hasta la escuela. En una sociedad más compleja, y también con más conciencia de sus derechos, no se puede analizar la participación en la escuela a través de antiguos parámetros. Las familias han traspasado parte de sus funciones, como por ejemplo la guarda y custodia y la socialización a otros agentes, especialmente la escuela. Pero ésta ya no es ese estamento prácticamente incuestionable. Así, “vivimos la democracia como algo plenamente consolidado, el poder expresarnos libremente en todos los ámbitos de nuestra sociedad y por supuesto en el centro educativo. En la escuela esto no se ve como un derecho sino como una necesidad para un mejor funcionamiento, debe existir por tanto una buena relación grupal, basándonos en los principios de respeto de competencias y funciones por cada una de las partes[2].

Sin embargo, la participación en los centros educativos de los diferentes agentes implicados, a pesar de los numerosos avances dados, sigue siendo uno de los aspectos más controvertidos del sistema educativo. Por una parte, la evidencia de su necesidad expresada en las diferentes legislaciones como veremos más adelante; pero, por otra, la realidad nos presenta una escasa participación de las madres y padres de alumnos, o el cuestionamiento que se realiza desde diferentes agentes y expertos de los Consejos Escolares como órganos de representación y participación en la escuela.

A pesar de ello, el Consejo Escolar se ha articulado como uno de los órganos más significativos de este proceso. En él se encuentran representados los actores de la escuela y la educación, desde los profesores hasta las madres y padres de alumnos, pasando por el propio centro, los alumnos, el personal de administración y servicios y el Ayuntamiento en el que se encuentra localizada la escuela. Sin embargo, la eficacia de este organismo como mecanismo de participación ha sido cuestionada debido, entre otras cuestiones, a la baja participación de madres y padres y alumnos en los procesos electorales y al peso de los ámbitos más institucionales representados en el Consejo, especialmente el propio centro.

La presente ponencia analiza el papel de los Consejos Escolares en una doble vertiente:

  • Por una parte, desde dos variables que condicionan la escuela y la educación en España:
    • La titularidad de los centros, públicos y privados concertados, que determina hasta la composición de los Consejos Escolares.
    • La estructura territorial del Estado, con las similitudes y diferencias que se dan entre las Comunidades Autónomas.
  • Por otra parte, la participación de las madres y padres, entendiendo este agente como central a la hora de comparar y valorar los procesos y procedimientos de participación en la educación y la escuela, así como su evolución legislativa. De hecho, gran parte de la investigación de este objeto de estudio se ha centrado en el papel de madres y padres y en su implicación desde cauces más formales.

La metodología de esta ponencia se basa en el análisis de fuentes secundarias, especialmente en la composición y participación en los Consejos Escolares de cada Comunidad Autónoma. Además, se incide en las diferentes posiciones que se han desarrollado y se mantienen acerca de la participación en la educación y la escuela.

ANTECEDENTES LEGISLATIVOS

El derecho de participación de los padres en la educación ha desarrollado una paulatina evolución en la legislación educativa española, evidenciada tanto en el reconocimiento de su derecho de asociación como en su capacidad de intervención en los Consejos Escolares. No obstante, durante todo este proceso el reconocimiento de los derechos de participación de los padres en la gestión y funcionamiento de los centros ha sido más formal que real y efectivo[3].

Segunda República (1931-1939): el Decreto de 9 de enero de 1931 reconocía a los padres el derecho a intervenir en los llamados Consejos de Protección Escolar. Pero ya antes existieron asociaciones de padres de familia coordinadas por la Confederación Católica de Padres de Familia

Régimen Franquista: la Ley de Educación Primaria (1945) reconoció el derecho individual de los padres a participar con los maestros en la educación de los hijos (art. 55.3) y la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media (1953) otorgó a las asociaciones de padres de alumnos el derecho a ser oídas por los órganos de gobierno de los  Centros de Enseñanza Media, por la Inspección y por las Juntas de Educadores del Distrito. El Estatuto del Magisterio Nacional Primario (1957) establecía la participación de los padres en las Juntas Municipales de Enseñanza. La Ley General de Educación (LGE, 1970) reconoció en su art. 5.5 el derecho individual de los padres a ser informados y a cooperar con los centros docentes en la educación de los hijos, para lo que se organizarían programas de educación familiar y se estimularía la constitución de asociaciones de padres de alumnos. Todo centro de Educación General Básica tendría un Consejo Asesor, en el que estarían representados los padres de los alumnos (arts. 60.1, 62.4).

Régimen democrático: La Constitución de 1978 (CE) introduce dos modos de participación de los padres: en la programación general de la enseñanza y en el control y gestión de los centros sostenidos con fondos públicos (art. 27.5 y 7).

Desarrollos normativos: La Ley Orgánica por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares (LOECE, 1980) establecía que en cada centro docente debía existir una asociación de padres que estaría representada en el Consejo de Dirección del Centro y en la  Junta Económica —públicos— o en el Consejo del Centro y en la Junta Económica —privados—. La ley, impugnada ante el Tribunal Constitucional y derogada por la LODE, nunca estuvo en vigor.

La Ley Orgánica reguladora del derecho a la educación (LODE, 1985) asumía y matizaba los derechos de participación “individuales” reconocidos a los padres en la CE, por lo tanto, sin condicionar su ejercicio al hecho de encontrarse integrados en la asociación del centro, como ocurría con la LOECE. Asimismo se facilitaba el libre derecho de asociación en cada centro, pudiendo utilizar sus locales siempre que no interfiriesen en las actividades escolares. Las asociaciones podían federarse o confederarse de acuerdo a la reglamentación correspondiente. Para hacer efectiva la participación en la programación general de la enseñanza la Ley creó el Consejo Escolar del Estado (CEE) y contempló los Consejos Escolares Autonómicos, que debían ser creados por Ley de la respectiva Comunidad, los Municipales y los Comarcales. La participación institucional de los padres en estos órganos se canalizó mediante las Federaciones y Confederaciones de asociaciones de padres, en función de su representatividad en el ámbito territorial respectivo. Desde un primer momento accedieron al organismos las dos Confederaciones mayoritarias de asociaciones de padres: la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA) y la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y de padres de Alumnos (CONCAPA). La primera con una implantación principal en los centros públicos y la segunda fundamentalmente en los privados concertados.

La Ley también creó los Consejos Escolares en los centros públicos y privados concertados —con distinta composición y funciones—, para facilitar la participación en el control y gestión de los centros sostenidos con fondos públicos. En los públicos los representantes de los padres debían ser elegidos entre los mismos y su representación no podía ser inferior a un tercio del total de componentes del Consejo. Los padres estaban también representados en la Comisión Económica del Centro, junto con el director y un profesor. Los consejos escolares de los centros concertados contaban con 4 representantes de los padres. Intervenían también en las Comisiones de Conciliación y en las de selección de profesorado. La ley estableció la regulación todavía vigente con las modificaciones introducidas por leyes posteriores como la LOPEG, la LOCE o la LOE, entre otras.

La Ley Orgánica de la Participación, la Evaluación y el Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG, 1995) no afectó a las estructuras representativas, que siguieron siendo las establecidas en la LODE. Las Administraciones educativas debían regular el procedimiento para que uno de los representantes de los padres en el Consejo Escolar fuera designado por la asociación de padres más representativa en el centro, con lo cual el asociacionismo de los padres se veía reforzado, canalizándose la participación de los padres por una doble vía, individual y colectiva. La Ley impulsó la participación preferente de los padres en la organización de las actividades extraescolares y amplió las competencias del Consejo Escolar (art. 11). La ley se ocupó fundamentalmente de la organización del gobierno en los centros públicos. Su novedad principal consistió en la consideración de los Consejos de Centros como órganos de gobierno y no sólo de participación.

La Ley Orgánica de la Calidad en la Educación (LOCE, 2002) amplió los derechos individuales de los padres y los que tenían que ver con la participación institucional y el derecho de asociación, mediante la derogación y modificación de algunos artículos de la LODE, alterando la composición y competencias de los Consejos Escolares de los Centros, que se vieron reducidas sobre todo en lo relativo al régimen disciplinario del alumnado, que pasa a ser ejercido por el Director, y en lo que afecta a la elección de éste último. Entre las competencias del Consejo Escolar se incluía la de informar anualmente la programación general del centro aprobada por el equipo directivo. Esta regulación de la LOCE no tuvo la posibilidad  efectiva de ser aplicada puesto que se derogó como consecuencia del cambio de gobierno (2004). Lo más importante es que los Consejos Escolares pasaron de ser órganos de gobierno, como sucedía en la LOPEG, a ser órganos de participación y control.

La Ley Orgánica de Educación (LOE, 2006), salvo algunas variaciones, ha retornado a la situación de la LODE volviendo a poner en vigor los artículos de esa Ley que habían sido derogados o modificados por la LOCE. Esa “reposición” ha incluido algunas de las modificaciones introducidas por leyes anteriores a la LOE, entre ellas, parte de las aportaciones de la LOCE. Los derechos de los padres quedan ampliados así como las funciones de las asociaciones de padres (intervienen en las comisiones de admisión de alumnos en los centros públicos y concertados, en las decisiones vinculadas a la incorporación tardía del alumnado al sistema educativo, etc.) Los padres eligen a sus representantes en el Consejo Escolar de forma directa; asimismo, uno de dichos representantes debe ser elegido por la asociación más representativa constituida en el centro. Se alteran también las atribuciones de los Consejos Escolares de los centros concertados aunque no su composición en lo que se refiere a los padres, como tampoco en el Consejo Escolar del Estado. Su aportación principal es que devuelve a los Consejos Escolares de centro su condición de órganos de gobierno y refuerza su papel en la elección del Director[4].

LA PARTICIPACION COLECTIVA DE LAS FAMILIAS[5]

Esta comunicación utiliza algunos de los materiales que ha elaborado el equipo de investigadores de la UR vinculado al Proyecto IPPE[6] financiado por el VII Programa marco de investigación de la Unión Europea, y cuyo objetivo fundamental es la investigación sobre la participación de los padres en la educación obligatoria desde un enfoque de derechos.

La participación colectiva de las familias mediante órganos de representación constituye el cauce ordinario para garantizar su intervención en la organización, el gobierno, el funcionamiento y la evaluación de los centros (arts. 1. LOE; 27. LODE). A tal fin, los padres de alumnos tienen garantizada la libertad de asociación en el ámbito educativo (art. 5 LODE). A través de las Asociaciones de Madres y Padres del alumnado constituidas en los centros sostenidos con fondos públicos las familias pueden: a) colaborar en las actividades educativas, complementarias, extraescolares, culturales y deportivas de los centros; b) promover el desarrollo de programas de Educación Familiar; c) asistir a los padres o los tutores en todo aquello que concierne a la educación de sus hijos; d) facilitar la representación y participación de los padres del alumnado en los Consejos Escolares de los Centros públicos y concertados, para lo cual podrán presentar candidaturas en los correspondientes procesos electorales; e) representar a las madres y padres asociados a las mismas ante las instancias educativas y otros organismos; f) recibir un ejemplar del Proyecto de Centro y de sus modificaciones, así como del Plan Anual de Centro y de la Memoria Final de curso; g) recibir información sobre los libros de texto y los materiales didácticos adoptados por el Centro; h) utilizar las instalaciones del Centro en los términos que establezca el Consejo Escolar (art. 5 LODE; arts. 5, 9 y 10 R.D. 1533/1986, de 11 de Julio, por el que se regulan las Asociaciones de padres y madres de alumnos).

Así mismo, por cuanto se refiere a su labor de control y gestión de los centros sostenidos con fondos públicos, las Asociaciones de Madres y Padres del alumnado podrán: a) elevar al Consejo Escolar propuestas para la elaboración del Proyecto de Centro; b) informar al Consejo Escolar de aquellos aspectos de la marcha del centro que consideren oportuno; c) recibir información del Consejo Escolar sobre los temas tratados por el mismo, así como recibir el orden del día de las reuniones de dicho Consejo antes de su realización, con el objeto de poder presentar propuestas; d) elaborar informes para el Consejo Escolar a iniciativa propia o a petición de éste; e) formular propuestas para la realización de actividades complementarias y extraescolares y colaborar en el desarrollo de las mismas; f) conocer los resultados académicos globales y la valoración que de los mismos realice el Consejo Escolar.

Las Asociaciones de madres y padres de alumnos podrán federarse en el nivel local o en ámbitos territoriales más amplios, así como confederarse. La constitución de asociaciones, federaciones o confederaciones se comunicará al Ministerio de Educación y Ciencia y a los órganos correspondientes de las Comunidades Autónomas a efectos de su inclusión en el Censo de carácter declarativo establecido al efecto, siempre que los fines de las mismas se adecuen a lo dispuesto en la LODE y en el R.D. 1533/1986. La participación de las madres y padres de alumnos en los consejos escolares se realiza a través de las federaciones de asociaciones de las madres y padres de alumnos más representativas, en la forma que establezcan las disposiciones de organización y funcionamiento de dichos consejos. La participación de los mismos en el Consejo Escolar del Estado se realiza a través de las confederaciones de asociaciones más representativas en función del número de madres y padres asociados en cada una de las asociaciones o federaciones integradas en la confederación. El Ministerio de Educación y Ciencia –al igual que las Comunidades Autónomas en su respectivo ámbito- fomentan las actividades de las asociaciones, federaciones y confederaciones mediante la concesión, conforme a criterios de publicidad, concurrencia y objetividad, de las ayudas que para tales fines figuren en los presupuestos generales del Estado. En todo caso, tendrán preferencia para la concesión de tales ayudas aquellas asociaciones constituidas en centros que atiendan poblaciones escolares de condiciones socioeconómicas desfavorables, así como las federaciones o confederaciones que comprendan asociaciones de tal carácter u ostenten más amplia representatividad por razón de afiliación (arts. 8, 11-13, 16 R.D. 1533/1986, de 11 de Julio, por el que se regulan las Asociaciones de madres y padres de alumnos). Las ayudas deben destinarse a sufragar los gastos de infraestructura administrativa básica para su funcionamiento y los gastos ocasionados por las actividades desarrolladas, que siempre han de estar relacionadas con los fines a los que se refiere el art. 5 del R.D. 1533/1986, de 11 de Julio.

Las Confederaciones nacionales más representativas son:

CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos): es una entidad social, no confesional, progresista e independiente, integrada por 45 Federaciones y Confederaciones que, a su vez agrupan a 12.000 Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos, de centros públicos de educación no universitaria. Los objetivos de su trabajo están orientados a conseguir una escuela pública de calidad, democratizar la enseñanza y mejorar las condiciones de la infancia. Su horizonte es el de proporcionar mayor capacidad de actuación e intervención a las Asociaciones de Madres y Padres del alumnado. Cuenta con siete representantes en el Consejo Escolar del Estado y tiene la mayoría.

CONCAPA (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos). Nace en 1929 con el objetivo de promover los intereses de la familia y lograr que sus hijos reciban, en la vida escolar, una formación acorde con sus propias creencias y convicciones. Persigue fomentar la unidad y la participación familia-escuela. A partir de los años 70, y con los cambios introducidos en la legislación española y las consiguientes repercusiones en el ámbito educativo, la Confederación centró aún más su actividad en la educación y la necesidad de que los padres participen de forma activa en la formación de sus hijos. Actualmente cuenta con 51 Federaciones Provinciales que integran las Asociaciones de Padres de Alumnos de los colegios, y en las que participan unos tres millones de padres. Cuenta con cinco representantes en el Consejo Escolar del Estado.

COFAPA es una confederación de padres y madres de alumnos que defiende los derechos y libertades que tienen los padres en la educación de sus hijos. Movida por el principio básico expresado en la Constitución española del derecho a la educación en libertad, la confederación trabaja para que los padres puedan ejercer el derecho a una educación de calidad, a la gratuidad de la enseñanza, a la igualdad de oportunidades, a elegir el centro que desean para sus hijos y a la colaboración activa entre la familia y la escuela. Está integrada por 13 Federaciones Provinciales. Carece de representatividad en el Consejo Escolar del Estado.

Existen órganos colegiados de participación de los padres en todos los niveles de la administración educativa (nacional, regional y local). En el ámbito estatal este órgano es el Consejo Escolar del Estado (arts. 30-33 LODE); en el ámbito autonómico, los Consejos Escolares Autonómicos (art. 34 LODE). A su vez, los presidentes de los Consejos escolares autonómicos están representados en el Consejo Escolar del Estado mediante la Junta de Participación (Reglamento: RD 694/2007 y Orden ESD/3669/2008). Los poderes públicos pueden establecer Consejos escolares de ámbitos territoriales distintos: provinciales, comarcales, y/o municipales/locales (art. 35 LODE). Finalmente, los centros públicos (art. 126 LOE) y concertados (art. 56.1 LODE) cuentan con el Consejo Escolar del Centro.

El Consejo Escolar del Estado y los Consejos Escolares Autonómicos tiene como finalidad canalizar la participación de los sectores implicados en la programación general de la enseñanza en el ámbito correspondiente (art. 27.5 CE). El Consejo Escolar de centro es un órgano de gobierno y el instrumento a través del cual se materializa el derecho de las familias a intervenir en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos (art. 27.7 CE). Se reúne como mínimo una vez al trimestre, siendo preceptiva una sesión al principio del curso y otra al final. No obstante, se reunirá en aquellas otras ocasiones en que se estime necesario. El Consejo Escolar lo convoca la persona que lo preside, por propia iniciativa o a demanda de, al menos, un tercio de sus miembros. La citación para las reuniones ordinarias la realizará la persona que ocupe la secretaría, con el correspondiente Orden del día y con una semana, al menos, de anticipación. Las sesiones extraordinarias del Consejo Escolar pueden ser convocadas con un mínimo de cuarenta y ocho horas de antelación, si existen razones de urgencia que así lo aconsejen. Las reuniones deben convocarse en un horario que haga posible la asistencia de todos sus miembros y siempre en sesión de tarde.

La autonomía de los consejos escolares es más limitada en el nivel autonómico que en el de los centros: los Consejos Escolares autonómicos son órganos consultivos, de información, de evaluación y de propuesta, mientras que los Consejos Escolares de centro conservan algunas competencias decisorias (arts. 127 LOE, 57 LODE). La autonomía es todavía más recortada en el caso del Consejo Escolar del Estado, pues se configura como un órgano de asesoramiento, a través de los dictámenes a los proyectos normativos, de consulta preceptiva en la programación general de la enseñanza y de propuesta sobre asuntos de su competencia, pero carece de autonomía para adoptar decisiones vinculantes al margen de la administración. Por otra parte, es un clamor unánime que la composición de los órganos en los tres niveles lastra los efectos perversos de la politización extrema de la educación en España. Algunos sostienen que la composición “tiene como un tufillo progubernamental en detrimento de la representatividad libre y electiva”[7]. Como consecuencia, los consejos escolares acaban convirtiéndose en cajas de resonancia de las posiciones, aspiraciones y quejas particulares y de grupo ante los temas de las votaciones, más que un foro donde se plantean los problemas y se buscan posiciones de consenso entre las partes[8].

La representación de los padres en los órganos de participación es minoritaria en los tres niveles. La participación de las madres y padres de alumnos en los Consejos Escolares Autonómicos y en el del Estado, se realiza a través de las Federaciones y/o Confederaciones de Asociaciones de Padres de Alumnos más representativas en la forma que establecen las disposiciones de organización y funcionamiento de dichos Consejos. Esta situación ha sido denunciada por los colectivos de madres y padres en diversas ocasiones porque les priva de cualquier posibilidad de participación real y efectiva[9]. Al tiempo, casi todos los sectores manifiestan críticas al “modelo estamental” de participación que se configura en el derecho español, en detrimento de una participación más activa de los individuos -propia del enfoque de los órganos colegiados- capaz de formular propuestas de consenso por encima de las reivindicaciones de grupo. Por el contrario, en el modelo actual los consejeros representan a una organización (sindical, de padres, de alumnos, de profesores) y trasladan al Consejo la opinión del colectivo al que representan y tienen poco margen para pactar acuerdos que no reflejen ese punto de vista[10]. Esta representación minoritaria tiene mayor trascendencia en el caso de los consejos escolares de centro tomando en consideración que se trata de un órgano de gobierno y no meramente consultivo.

El porcentaje de participación de los padres en las elecciones de los órganos de participación es muy bajo y significativamente inferior al de los demás colectivos desde la creación de estos órganos. El Consejo Escolar del Estado ha puesto de manifiesto esta realidad en sus informes anuales sobre el estado y la situación del sistema educativo español, y nosotros lo confirmamos a partir de los resultados en las elecciones a Consejos Escolares en la Comunidad Autónoma de La Rioja del curso 2009-2010, donde la participación de los padres fue del 22,1%, muy inferior a la de los alumnos que llegó al 51% o la de los profesores con el 84,1%. Y forma parte de una tendencia general, ya que en el conjunto de España y en cada una de las Comunidades Autónomas, la participación en las elecciones al Consejo Escolar se sitúa en torno al 20%.

En general, los agentes claves involucrados en el proceso educativo (autoridades públicas, sindicatos, asociaciones de madres y padres, etc.) ponen de manifiesto que, a pesar de los avances significativos de la legislación española en el reconocimiento de los derechos de participación de los padres en la educación de sus hijos, la realidad actual del país no refleja una participación activa y significativa de los padres en la vida de los centros. Sin embargo, esta opinión contrasta con los datos proporcionados por el Instituto de Evaluación, fundamentalmente en lo que se refiere a los indicadores de procesos educativos sobre participación de los padres en el centro. Tal y como se puede leer en dicho informe, las familias del 29,1% de los alumnos manifiestan que asisten siempre a dichas reuniones, el 24,9% lo hace con bastante frecuencia, el 31,9% asiste alguna vez y el 14,1% nunca asiste. La asistencia es mayor en los centros públicos que en los privados, con casi tres puntos porcentuales de diferencia cuando “asisten siempre” o cuando “asisten frecuentemente”. De igual modo es también superior en los centros pequeños y medianos[11].

Según los datos del Instituto de Evaluación, el 93% de los alumnos de educación primaria estudian en centros donde existen asociaciones de madres y padres, forman parte de ellas el 60% de las familias de los alumnos y participan en sus reuniones de forma significativa más del 50% de sus componentes[12].

Con carácter general, la participación de los padres en las AMPAs varía según la titularidad del centro (57% en centros públicos y 62% en centros privados), el nivel de enseñanza (61% en primaria y 43% en secundaria) y el tipo de alumnado (58% en centros con población inmigrante y 69% en centros sin esta población)[13]. Los padres de los centros públicos de educación primaria participan más que los de centros privados concertados en los procesos de enseñanza-aprendizaje (90% frente al 87%), en actividades extraescolares (71% frente a 63%) y en el Consejo Escolar (40% frente al 30%). Por el contrario, los padres de los centros concertados son más participativos en las actividades culturales (80% frente a 78%). Y ambos se igualan en cuanto a la participación en actividades de apoyo[14].

LOS CONSEJOS ESCOLARES

La representación de las madres y padres en estos órganos es minoritaria en todos los consejos autonómicos. Su organización y dinámica está basada sobre todo en las necesidades y expectativas del profesorado, más que en las de los padres. Los Consejos Escolares deberían contar con una representación igual a la mitad de los sectores representados, particularmente en el caso de los Consejos Escolares de centro. Ello obligaría a dialogar y a no imponer determinadas decisiones. Dada la diversidad de perspectivas culturales y religiosas y las diferencias económicas, sociales y laborales, debería aumentarse la representación de las madres y padres en los Consejos Escolares, sobre todo en los centros de primaria, como un modo de representar la realidad de las familias con hijos en edad escolar y de facilitar un mejor conocimiento de la realidad educativa y de las necesidades de las familias.

No obstante, este aumento de la representación de las familias iría en perjuicio de la operatividad técnico-pedagógica que proporciona el profesorado de los centros. Los inconvenientes se presentarían en el caso de fuertes divergencias de criterios entre padres y profesorado. La actitud de los equipos directivos y de los profesores del centro condiciona mucho la participación de las madres y padres en la escuela y crea un ambiente casi de rivalidad entre familias y centros, donde cada uno vigila su espacio y procura que el otro no interfiera en asuntos que no considera de su competencia.

La representatividad de los colectivos en los Consejos Escolares en las comunidades autónomas

Todas las comunidades basan su normativa en la interpretación del artículo 126  de la Ley Orgánica de Educación (LOE) que establece que el Consejo Escolar de los centros públicos estará compuesto por los siguientes miembros:

  • El director del centro, que será su Presidente.
  • El jefe de estudios.
  • Un concejal o representante del Ayuntamiento en cuyo término municipal se halle radicado el centro.
  • Un número de profesores, elegidos por el Claustro, que no podrá ser inferior a un tercio del total de los componentes del Consejo.
  • Un número de madres y padres de alumnos, elegidos respectivamente por y entre ellos, que no podrá ser inferior a un tercio del total de los componentes del Consejo.
  • Un representante del personal de administración y servicios del centro.
  • El secretario del centro, que actuará como secretario del Consejo, con voz y sin voto.

Mientras que para la composición de los Consejos Escolares de los centros privados concertados se basan en el artículo 56.1 de la LODE que establece que el Consejo Escolar estará constituido por:

  • El director.
  • Tres representantes del titular del centro.
  • Un concejal o representante del Ayuntamiento en cuyo término municipal se halle radicado el centro.
  • Cuatro representantes de los profesores.
  • Cuatro representantes de los padres o tutores de los alumnos, elegidos por y entre ellos.
  • Dos representantes de los alumnos elegidos por y entre ellos, a partir del primer curso de educación secundaria obligatoria.
  • Un representante del personal de administración y servicios.

Una vez constituido el Consejo Escolar del centro, éste designará una persona que impulse medidas educativas que fomenten la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. Además, en los centros específicos de educación especial y en aquéllos que tengan aulas especializadas, formará parte también del Consejo Escolar un representante del personal de atención educativa complementaria.

Uno de los representantes de los padres en el Consejo Escolar será designado por la asociación de padres más representativa en el centro. Asimismo, los centros concertados que impartan formación profesional podrán incorporar a su Consejo Escolar un representante del mundo de la empresa, designado por las organizaciones empresariales, de acuerdo con el procedimiento que las Administraciones educativas establezcan.

Pues bien, sobre estos supuestos para la composición de los Consejos Escolares encontramos que la representatividad de las madres y padres no supera nunca el 20% (porcentaje que sólo manifiesta Castilla la Mancha); que los profesores son quienes disponen de mayor porcentaje (salvo en Cataluña) en dicha composición; y que los estudiantes, pese a su notable participación en la elección de representantes a Consejos Escolares, apenas tiene significación en el conjunto del Consejo.

Por otra parte, si a los profesores sumamos el personal de la administración y los servicios, sus aliados naturales, tendremos una composición de los Consejos claramente inclinada hacia las decisiones de los mismos; cuestión que remarca el carácter absentista de los padres en dichos Consejos cuando sus propuestas o sus decisiones son tumbadas por el voto mayoritario de la parte institucional. Así mismo se encuentran, los representantes de añadidos desde la Administración (Categorías restantes), que claramente están en una posición clientelar respecto de quien les ha designado.

Esta circunstancia es definitivamente la culpable de la escasa participación de madres y padres en las actividades de los Consejos Escolares, que apenas ven como sus posibilidades de gestión en los centros escolares está totalmente supeditada a los intereses de los miembros de dichas instituciones

En la media de España y las comunidades autónomas, el colectivo más representado es el de los profesores, con un 18%; les seguirían las madres y padres de alumnos, con un 14%; los alumnos concentrarían el 9%; los titulares de centros privados un 5%; y el personal de administración y servicios un 4,5%. El resto de categorías sumarían el 50%.

Conclusiones

La participación de los padres en las elecciones de los Consejos Escolares es escasa. Por una parte, se constata un desconocimiento importante de los padres acerca del verdadero sentido y valor de su participación activa en dicho órgano de gobierno y cómo a través de la misma pueden influir en el modo de organizar, gestionar y desarrollar la actividad educativa del centro. Tal vez debería informarse/formarse desde el centro a las madres y padres de los alumnos que llegan por primera vez. Factores como el desarraigo contextual de los Proyectos Educativos, concebidos, diseñados e implantados como requisitos formales del centro, junto con los estilos directivos, hacen que la realidad participativa de los centros no sea tan optimista como se nos presenta. Por otra parte, su representatividad minoritaria no les permite influir en las decisiones que se aprueban por votación en los Consejos Escolares. Se añaden, además, otras dificultades, como las escasas facilidades de tiempo o una gestión de los Consejos de centro más basada en las necesidades del profesorado que en los de las familias. Por último, participar preparándose bien lleva mucho tiempo. Por este motivo no han faltado reivindicaciones solicitando que todos los Consejeros de la Permanente deberían tener unas horas computadas de dedicación a los Consejos y, algunas, según las circunstancias personales e institucionales, computadas y remuneradas

Además, esta baja participación de las madres y  padres en los Consejos Escolares hay que circunscribirla a un contexto más amplio: la poca implicación en el conjunto de la escuela. Y en este sentido no hay que olvidar los cambios que se han producido tanto en las familias como en la educación, dentro de transformaciones sociales más amplias, que han variado la configuración del mapa de funciones y responsabilidades, así como su autopercepción y la relación entre ambas: “la familia ya no está en el lugar asignado o, por lo menos, ya no es la misma familia, con las mismas posibilidades y funcionalidades que antaño desde el punto de vista de la escuela. Esto supone un desplazamiento de la familia a la escuela, en primer lugar, de las funciones de custodia, y, segundo, de la socialización en su forma más elemental. Por otra parte, la familia ya no acepta con facilidad su posición de subordinación deferente frente al profesorado, lo cual produce un tercer problema: el de quién controla a quién[15].

Se incrementan las funciones de la escuela asumiendo algunas de las que tenían la familia y otras instituciones, como por ejemplo la familia extensa, que afectan desde la custodia hasta la socialización. Este proceso sin duda fortalece el papel de la escuela y sus agentes, pero también supone una transformación en la participación de los restantes grupos implicados, especialmente las madres y padres, pero también la comunidad local y otras instituciones, ya que la escuela no puede hacer frente ella sola a su nueva situación y a lo que se espera de ella: “la organización de las actividades escolares y el trabajo de coordinación ha adquirido mayor complejidad. Las tareas docentes, a medida que la escuela ha ido cubriendo más tiempo en la custodia del niño, también se han modificado. A las horas lectivas se han sumado las horas de comedor e incluso una sexta hora[16]

Como venimos insistiendo a lo largo de las páginas anteriores, la participación en el Consejo vendría a ser esa representación formal, pero existen numerosas causas acerca de esta baja implicación que incidirían en la existencia de barreras de comunicación entre madres y padres de alumnos y los profesores y personal de los centros educativos. Las variables que explican en gran medida estas dificultades vendrían definidas por la escasa disponibilidad de los progenitores debido a las condiciones de vida precarias (horarios de trabajo, etc.); un nivel de escolarización insuficiente que les impediría ayudar a los hijos en las tareas escolares; motivación escasa al no considerar la vida escolar de los hijos una prioridad; distancia entre los valores de la escuela y la familia; los roles en el interior de las familias; la negativa percepción de algunos madres y padres de alumnos de la escuela y sus agentes considerando el centro educativo como un lugar inaccesible, y la dificultad de que la escuela supere la frontera de lo estrictamente escolar, generándose actitudes cerradas en todos los agente implicados[17].

En definitiva, nos encontramos ante comunidades cerradas, que se manifiestan fundamentalmente en dos grandes grupos: los profesores y las madres y padres de alumnos, que cuentan con intereses y expectativas que llegan a ser contrapuestos, y cuya relación se basa en no pocas ocasiones en la desconfianza mutua: “aunque existen obstáculos coincidentes entre profesores y representantes de asociaciones de madres y padres de alumnos, también es común atribuir, en mayor o menor medida, la responsabilidad de que mejore esta relación al ‘otro’. Los docentes creen que los padres y las madres se deben implicar en su justa medida, medida que cada docente puede establecer, y por tanto sin excederse. Y las familias no siempre detectan el grado adecuado de implicación[18]. En el fondo, supone la percepción, tanto por un grupo como por otro, de invasión de un territorio que para el otro le es ajeno. Y, en ese sentido, no se puede cargar toda la culpa de la escasa participación de los padres en este colectivo, ya que también se da “la existencia de temores e inseguridades hacia la contribución de las familias, que se incrementan si el profesorado tiene reticencias hacia la participación en la vida del centro educativo por parte de los padres y madres[19].

Implicar a los diferentes actores que forman la comunidad educativa en los procesos de toma de decisiones y gestión es un objetivo con décadas de recorrido. Sin embargo, estos procesos se han venido quedando en “declaraciones de intenciones” o “escenarios deseables” que no se han concretado. Las cifras son evidentes: implicación de los las madres y padres de alumnos en actividades muy específicas, en no pocas ocasiones vinculadas al ámbito de lo lúdico-festivo; poco más de la mitad forman parte de las AMPAs y su nivel de participación en reuniones se sitúa en torno al 50% de los miembros; y en las elecciones al Consejo Escolar sólo en torno al 20% acuden a votar.

En definitiva, un escenario en el que las madres y padres ocupan un lugar secundario, cuando su papel como principal agente de socialización es central; en un contexto de cambio en el que la escuela ha adquirido nuevas funciones y roles, la interrelación entre los dos principales agentes de socialización debería ser mayor.

Se ha analizado en profundidad y desde diferentes ámbitos y enfoques este hecho. Se han buscado las causas de este proceso y cómo, a pesar de los numerosos cambios operados tanto en la sociedad como en las diferentes legislaciones, la situación no ha mejorado. Es evidente que también hay que repartir responsabilidades, ya que insistimos que la escuela es un ámbito donde se integran diferentes agentes en la denominada comunidad escolar. Otra cuestión es la conciencia que tenga cada uno de ellos de formar parte de ella y las implicaciones en la participación y valoración que desarrollen.

Como punto de partida la propia legislación ya es puesta en cuestión, debido a que no articula suficientes mecanismos para la participación de los diferentes agentes. Y este hecho se observa más claramente en el caso de los Consejos Escolares, donde los “colectivos institucionales” (dirección/titularidad del centro, profesores), se encuentran en situación de ventaja con respecto a los restantes colectivos.

Desmotivación, ausencia de interés, falta de tiempo material para afrontar esta responsabilidad, barreras de comunicación entre profesores y progenitores, desconocimiento de los procesos de participación, etc., son algunos de los argumentos más reiterados a la hora de explicar la baja participación. Y no hay que olvidar el peso de la escuela y del profesorado en el imaginario colectivo de la sociedad, institucionalizados como agentes de autoridad, aunque en estos momentos de cambios tan rápidos también se esté rompiendo este axioma. A pesar de ello, todavía muchos padres consideran ese terreno como “no propio”, competencia exclusiva de esos colectivos. En definitiva, es la no-toma de conciencia de la importancia de su papel en el proceso educativo, sin dejar de significar las trabas con las que se encuentra.

Bibliografía

FEITO, R. (2011), Los retos de la participación escolar. Elección, control y gestión de los centros educativos, Madrid, Ediciones Morata.

FEITO, R. (2010), “Escuela y democracia”, Política y Sociedad, vol. 47, nº 2, pp. 47-61.

FEITO, R. (2009), “Escuelas democráticas”, Revista de la Asociación Española de Sociología de la Educación (RASE), vol. 2, nº 1, pp. 17-33.

FEITO, R. (2007), “Balance de la participación de los padres en los consejos escolares de centro”, Participación Educativa, nº 4, pp. 4-15.

FERNÁNDEZ ENGUITA, M. (2007), “Educar es cosa de todos: escuela, familia y comunidad”, GARRETA BOCHACA, J. (Ed.) (2007), La relación familia-escuela, Lleida, Edicions de la Universitat de Lleida, Fundación Santa María.

GARRETA i BOCHACA, J. (2008), La participación de las familias en la escuela pública. Las Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA).

GARRETA i BOCHACA, J. (Ed.) (2007), La relación familia-escuela, Lleida, Edicions de la Universitat de Lleida, Fundación Santa María.

GARRETA i BOCHACA J. y LLEVOT CALVET, N. (2007), “La relación familia-escuela: ¿una cuestión pendiente?”, GARRETA BOCHACA, J. (Ed.) (2007), La relación familia-escuela, Lleida, Edicions de la Universitat de Lleida, Fundación Santa María.

GÓMEZ MELLADO, L. (2010), “La participación escolar. Su justificación y dificultades”, Participación Educativa, nº 4, pp. 8-17.

GONZÁLEZ GRANDA, F.G. (2004), “Valoración del funcionamiento de los consejos escolares de los centros de Educación Primaria mediante el análisis documental y la observación participante”, Aula Abierta, nº 84, pp. 39-62.

JURADO GÓMEZ, C. (2009), “La familia y su participación en la comunidad educativa”, Revista Digital Innovación y Experiencias Educativas, nº 23.

NAVARRO MORALES, M.J. (1999), “Análisis de distintas estrategias para la participación de los padres en la escuela”, Profesorado. Revista de currículum y formación del profesorado, vol. 3, nº 1.

NOTAS y CITAS

[1] Garreta i Bochaca, J. y Llevot Calvé, N. (2007): 9-10.

[2] Jurado Gómez, C. (2009)

[3] GARRETA i BOCHACA, J. (2008): Vid su análisis de la evolución legislativa en pp. 33-50

[4] En general, existe un desencanto en la evolución de la participación escolar a través de las diferentes herramientas que se han articulado para ello. Luis Gómez Llorente señalaba que “luego vino la LODE para crear formalmente los órganos y los cauces de la participación, que algunos con excesivo énfasis llamaron democracia escolar o escuela democrática. Y más tarde vino la rutina, la pérdida del interés, la renuencia de los gobernantes, la carencia de recursos apropiados para implantar la idea, y hasta los pasos regresivos que contiene la más reciente legislación (LOE) que mantiene la supresión de la elección directa del director en los centros públicos contraviniendo lo inicialmente establecido por la LODE” (2010: 13).

[5] «Construction d’indicateurs de la participation des parents dans l’enseignement obligatoire », financé avec le soutien de la Commission européenne. (Ref.143672-LLP-1-2008-1-IT-KA1SCR)

[6] Los Partenaire del Proyecto son la Università degli studi di Bergamo (Italia); la EPA, European Parents Association (Belgio); Pro Dignitate, Fundaçao de dereitos Humanos (Portogallo); Institutul de Stiinte ale Educatiei (Romania); Aberystwyth University (Gran Bretagna) ; UR, Universidad de La Rioja (España), y OIDEL,  Organisation Internationale pour le droit à l’éducation et liberté d’enseignement (Svizzera).

[7]. Díaz Muñiz, C. (2009):  126.

[8]. de Blas Zabaleta, P. (2009): 9-13.

[9]. Díaz Muñiz, C. (2009): 126-127. El consejero ilustra los fallos del sistema en cuanto a la representatividad de los padres con el debatido tema de la enseñanza de la religión en la escuela pública: constata que el 72,9% de familias con hijos escolarizados en la escuela pública que solicitan enseñanza religiosa en la escuela no tengan voz ni peso en las votaciones del Consejo.

[10]. de Blas Zabaleta, P. (2009): 13.

[11] Instituto de Evaluación (2009): 86

[12] Sistema estatal de Indicadores de la Educación (2009): 86

[13] Garreta Bochacha, J. (2008): 112.

[14] Sistema estatal de Indicadores de la Educación (2009): 88-89

[15] Fernández Enguita, M. (2007): 14.

[16] Navarro, P. (2007): 134.

[17] Garreta i Bochaca, J. y Llevot Calvé, N. (2007): 10.

[18] Garreta i Bochaca, J. y Llevot Calvé, N. (2007): 1-12.

[19] Jurado Gómez, C. (2009): 4.

primeras-elecciones-consejos-escolares

Read Full Post »

En 2007 se publicó este trabajo en la editorial madrileña de Entinema. “Adolescentes, ocio y alcohol” es el producto de la investigación llevada a cabo desde el año 2004, a partir de la realidad incontestable de unas cifras que nos hablaban de altas prevalencias de consumo de alcohol, frecuente, continuado (indicador de fidelización) y elevado (indicador de borracheras), entre la población adolescente y joven. Este es el motivo principal que nos empujó a estudiar este fenómeno social, precisamente en una región (La Rioja) que hace de la producción del vino y el consumo de bebidas alcohólicas una de sus señas de identidad. El objetivo general de este proyecto de investigación fue analizar de forma específica y sistemática las pautas de consumo de alcohol entre los adolescentes, relacionadas con las convenciones sociales actuales sobre el consumo de alcohol, así como detectar posibles consumos problemáticos con vistas a poner en marcha una intervención de carácter preventivo hacia los mismos. La complejidad de este objetivo, hacía conveniente su desglose en una serie de objetivos específicos, que quedaron recogidos del siguiente modo:

  • Identificar las variables relevantes que influyen sobre el consumo de alcohol entre los adolescentes.
  • Realizar una caracterización de las diferentes pautas de consumo de alcohol entre los adolescentes.
  • Identificar las variables relevantes que influyen en los valores y actitudes sobre el consumo de alcohol entre los adolescentes y entre padres de adolescentes.
  • Conocer las convenciones sociales actuales sobre el consumo de alcohol entre los propios adolescentes y entre padres de adolescentes.
  • Identificar los componentes de riesgo en el consumo de alcohol entre adolescentes, en relación a las imágenes sociales.
  • Evaluar las distintas opciones preventivas y terapéuticas sobre el consumo/abuso de alcohol diseñadas e implementadas.
  • Poner en marcha, de forma inicial, una intervención preventiva ajustada a las necesidades identificadas.

Dar respuesta a los objetivos expuestos exigió de un esfuerzo continuado que, apriorísticamente, dividimos en tres fases, a desarrollar en tres años consecutivos. El primer año (2004) fue el dedicado al exámen documental y bibliográfico que culminó en la confección de una gran base de datos con más de 12.000 registros. A continuación, se diseñó y realizó una investigación exploratoria de carácter cualitativo, mediante el uso de técnicas de recogida de datos a través de entrevistas en profundidad y grupos de discusión con adolescentes, así como con padres de adolescentes. El segundo año (2005) fue el dedicado al diseño y realización de una investigación descriptiva (descripción del hecho del consumo de alcohol entre adolescentes y extracción de tipologías), y explicativa (mediante el análisis de factores que intervenían en las causas del consumo de alcohol entre los adolescentes), de carácter cuantitativo, es decir, mediante la formalización de encuestas personales, de carácter probabilístico y representativo. Ya el tercer año (2006), nuestro objetivo fue crear una tipología de adolescentes a partir de cuatro aspectos relacionados con las percepciones y valoraciones que éstos hacen sobre el consumo de alcohol. En concreto, las variables que integraban este eje fueron la opinión sobre el alcohol, efectos del consumo de alcohol, rechazo/aceptación hacia el consumo de alcohol y adjetivación de los consumidores de alcohol.

En cuanto al procedimiento que seguimos, éste conllevó la realización de tres análisis consecutivos:

  • Análisis Factorial (cuatro) de las variables con las que establecemos la clasificación.
  • Análisis Cluster con los factores resultantes del Análisis Factorial y,
  • Descripción de los tipos resultantes del Análisis Cluster a partir de su composición demográfica y de las diferencias relativas a los distintos posicionamientos según las actitudes hacia el consumo de alcohol.

Con posterioridad se diseñó y aplicó un programa de intervención para la prevención del consumo abusivo de alcohol entre los adolescentes, y se determinó su efectividad teniendo en cuenta (a) la existencia de cuatro grupos de adolescentes caracterizados (grupo de bebedores excesivos, grupo de bebedores moderados, grupo no bebedores y grupo de bebedores ocasionales), y (b) la necesidad de establecer una serie amplia de medidas para valorar los posibles cambios que pudieran haberse producido a raíz de la aplicación de dicho programa de prevención, que incluyeron datos sobre las salidas nocturnas, el consumo de alcohol, las motivaciones para el consumo, actitudes hacia el alcohol y hacia los adolescentes bebedores, o la valoración de los efectos del alcohol. Todo este trabajo no hubiera sido posible sin la participación amplia de expertos y profesionales que enmarcados en el grupo de investigación “enclavesocial”, lograron año tras año cumplir con los objetivos marcados. A ellos quiero referirme ahora, pues sin su concurso difícilmente podría haber realizado o cumplido las numerosas, laboriosas y exigentes tareas que todo proyecto de investigación conlleva. Formaron parte del equipo inicial las sociólogas/os Milagros Laspeñas García, Marta Muñoz Pinillos, Paz Zuloaga Rada y Luis Alberto Sanvicens y las psicólogas/os Mª Victoria Hernando Ibeas, Elisa Ruiz Domingo, Inés Alcalde y Francisco Cabello Luque, así como el doctor en Medicina, José María Urraca Fernández. Hubo incorporaciones puntuales como la psicóloga Carolina Medina (2005), y la también psicóloga, Anabella Martínez (2006). Además pude contar con cierto número de colaboradores que llevaron a cabo tareas de campo u otras que los miembros del equipo  determinaron a lo largo de estos años. Si bien todos los miembros del equipo han colaborado en la realización de los informes anuales, base material de la que se extraen los textos que componen los diferentes capítulos de este libro, quiero destacar ahora y agradecer su intensa dedicación a este proyecto, en concreto a los sociólogos Milagros Laspeñas y Luis Alberto Sanvicens y al psicólogo Francisco Cabello. A ellos se deben los textos dedicados a mostrar la metodología, las relaciones familiares y las motivaciones, creencias, actitudes y percepciones junto a una tipología de los adolescentes que aparecen en tres capítulos identificados, todo ello sin demérito de los demás miembros del equipo, aunque por su entrega y seguimiento, bien pueden considerarse estos últimos como los más vinculados a este producto final, que es el libro que nos ocupa.

Es un libro dividido en nueve partes que comienza con los métodos y técnicas de investigación seguidos en el abordaje de la realidad  adolescente, sigue con una reflexión sobre la construcción social de los adolescentes, continúa con el descubrimiento de las relaciones familiares y de amistad actuales, y su importancia en el desarrollo de la personalidad; así como la ocupación del tiempo, principalmente el de ocio. Otras partes están dedicadas a las salidas de marcha y el consumo de alcohol, haciendo especial incidencia en el fenómeno mediático del botellón. El último capítulo lo dedicamos a exponer detalladamente los principales motivos y percepciones considerados acerca del consumo de alcohol; así como una tipología de los adolescentes, construida alrededor de una serie de factores y variables que determinan los consumos de alcohol.   El libro finaliza con unas conclusiones relevantes acerca del ocio y consumo de alcohol entre los mismos. En su conjunto, este libro es producto de los datos obtenidos durante el periodo investigador y de trabajo de campo, que invitan a reflexionar y a considerar nuestras opiniones acerca de un periodo vital de las personas, que por su inestabilidad y su ímpetu, está llamado a ser decisivo en la configuración de la sociedad futura y las generaciones que la sostengan. Espero de corazón que su lectura sea provechosa.

A continuación reproduzco el capítulo VII dedicado al BOTELLÓN, pues ha sido uno de los temas más recurrentes de los últimos años merced a la publicidad que se le ha dado en los medios sin atender a las verdaderas causas que lo originan y lo mantienen. Espero que os guste.

El botellón como fenómeno social está definido como la reunión masiva de jóvenes de entre dieciséis y veinticuatro años, fundamentalmente en espacios abiertos de libre acceso, para combinar y beber la bebida que han adquirido previamente en comercios, escuchar música y hablar. Según Baigorri es un fenómeno global pues es posible encontrar el botellón desde Nueva Zelanda hasta los Estados Unidos, obviamente con denominaciones distintas pero con un nexo común que son sus manifestaciones públicas. No es un hábito de ocio juvenil porque la mayoría de los jóvenes no lo practican; eso sí, los que lo hacen lo practican con intensidad. Ya en nuestro país, señala Baigorri que el conflicto social desencadenado en torno al botellón constituye un ejemplo paradigmático de conflicto postmoderno, ya que se inscribe de lleno en el ámbito del consumo, que es el principal factor de agrupación y creación de identidades en la sociedad contemporánea. En el marco de la globalización, el botellón es una expresión que globaliza las tendencias de ocio nocturno, por cuanto el trinomio joven, noche y alcohol está presente en todas las pautas de ocio nocturno en las sociedades avanzadas.

El problema social del botellón radica en la presencia de menores de edad tomando grandes dosis de alcohol y otro tipo de drogas asociadas a esta práctica (cannabis principalmente), sobre todo en los pueblos donde hay más participación de adolescentes que de jóvenes adultos. En este sentido, los expertos en toxicomanías advierten del riesgo que corren los adolescentes, pues el consumo de alcohol hace de este la droga de mayor prevalencia, al  caracterizarse por una ingesta excesiva de bebidas de alta graduación en periodos pequeños con el fin de lograr embriagueces rápidas. Además, todavía no se puede prever qué consecuencias tendrá el abuso alcohólico en las generaciones que lo practican, pues la edad a la que se inician es cada vez más temprana.

El trinomio jóvenes-noche-alcohol al que aludía Baigorri como fuente de problemas sociales, tiene su correlato en una distinta percepción sobre el consumo de alcohol. Para unos (tanto jóvenes como adultos) se trata de un comportamiento humano inmutable de carácter tradicional y equivalente a un derecho natural, mientras que para otros (exclusivamente adultos) se han producido cambios y ahora predominan comportamientos asociales que reflejan una cierta falta de educación y, por tanto, una crisis en la transmisión y reproducción de valores y normas sociales. Esta diferente percepción acerca del consumo de alcohol ha promovido una cierta ambigüedad en la valoración social del fenómeno del botellón. Para unos es una expresión de libertad que se enmarca en una tradición cultural, mientras que para otros es una forma de expresión de la falta de valores ciudadanos reflejada en actos gamberros propios de una mala educación, aunque los dos tipos de valoración se funden o confunden según el contexto en el que se expresan, pues ambos participan del pensamiento colectivo adulto, o dicho de otro modo, participan de lo considerado mundo de los adultos.

Por su parte los adolescentes beben porque han aprendido que beber forma parte de la diversión y de la noche, a través de sus familias y de todos los productos culturales con que la sociedad les transmite los valores en los que se socializan. La salida nocturna responde a un protocolo cultural claramente prescrito y pautado, también heredado, como el consumo de alcohol entre los adultos. Salir de marcha está vinculado a representaciones de encuentro y posibilidades de establecer distintos vínculos con los pares, a quienes seguramente encontrarán en la calle, en las plazas o en los bares y discotecas. A los adolescentes les produce placer ver mucha gente, ver que todos están ahí, notar que salen todos y que esa es una costumbre que les pertenece y les marca. Entre los adolescentes, el protocolo de salidas nocturnas está más intensamente aplicado porque la noche, especialmente cuando está acompañada de alcohol o de otras drogas, favorece la desinhibición y, por tanto, la tarea que les ha sido encomendada tras la Revolución Industrial: la de buscar ellos/as mismos/as la pareja con la que formar la unidad familiar y contribuir a la transmisión de los genes familiares y, por ende, a la supervivencia de la especie.

Pero si el consumo de alcohol forma parte de un protocolo cultural destinado a la supervivencia de la especie como fin último, también es cierto que esa realidad social y cultural está determinada por una serie de factores, señalados en numerosos estudios:

–      La existencia de periodos de fuerte desarrollo y apertura al exterior, acompañados de bonanza económica.

–      El retraso en el abandono del hogar familiar, lo que lleva a vivir una vida muelle, que no exige de trabajo ni responsabilidades domésticas, y por lo tanto deja más tiempo libre a los jóvenes, y además durante más tiempo de su trayectoria vital.

–      El retraso de la entrada en el mercado laboral, en épocas recesivas por las dificultades de acceso al trabajo, pero sobre todo por la universalización y obligatoriedad de la enseñanza secundaria, y el abaratamiento y generalización de los estudios universitarios.

–      Los cambios de mentalidad por la influencia de los medios de comunicación de masas.

–      Las innovaciones tecnológicas y la introducción de herramientas, como Internet, que rompen las barreras espacio-temporales al virtualizar tiempo y espacio.

–      Las bajas tasas de matrimonio y fecundidad. Al retrasarse la edad de formar una familia, las parejas jóvenes tienen más tiempo para su disfrute personal sin obligaciones familiares.

–      La conversión de los centros comerciales en sustitutos de las iglesias como foros. Los hipermercados se manifiestan como nuevas catedrales, a las que la gente acude a pasar el tiempo rindiendo culto al consumo, y encontrarse con otras gentes con las que practicar la penitencia de la interacción social.

Otras causas sociales que conforman este fenómeno son el crecimiento de las multinacionales del alcohol, la economía especulativa que ha hecho que se disparen los precios de los bares por la noche, la tradición de beber en la calle y las grandes superficies comerciales que son cómplices del fenómeno del botellón pues son las primeras en lucrarse con la práctica del mismo. Finalmente las sociedades de veinticuatro horas que han desestructurado el día y la noche pues en la práctica del ocio se siguen sin solución de continuidad.

Sobre el conjunto de causas conviene resaltar el hecho de que las personas sigan considerándose jóvenes hasta pasados los treinta y muchos años, sin responsabilidades familiares y con dinero, pues este es un aspecto novedoso en la configuración del fenómeno del botellón, considerado siempre como un fenómeno propio del mundo adolescente y joven y no del mundo adulto. Si los jóvenes lo son hasta muy avanzada la edad, la considerada como propia del mundo adulto, la población que se encuentra aceptada en el fenómeno del botellón crece numéricamente, conformando socialmente los valores permisivos sobre la ingesta de alcohol en el espacio público. Nunca hasta este siglo las expectativas de vida habían crecido tanto, estirando hasta los límites que el desarrollo económico permite la configuración de las identidades generacionales.

El fenómeno del botellón tiene diversas características que le acompañan y definen. En general se podría definir como una reunión de grupos de adolescentes y jóvenes que beben, charlan, escuchan música, bailan, o llevan a cabo cualquier otra actividad en espacios públicos y abiertos.  Un periodista que ha conocido la realidad madrileña del botellón señala además una serie de particularidades o características que lo enmarcan. La más llamativa el enorme éxito de convocatoria que tiene esta actividad. Tal afluencia de personal en la vía pública, bien pertrechado de bebidas de diversa graduación alcohólica y muchas ganas de marcha, diríase que es lo más parecido que hay a las fiestas patronales de cualquier pueblo o barrio, y, en efecto, así es. El botellón es una fiesta popular, un espacio absolutamente lúdico en el que sus participantes solo buscan pasárselo bien, ajenos a las rutinas cotidianas y a los condicionamientos sociales. Sin embargo, a diferencia de las fiestas verbeneras, el botellón es restringido y reiterativo. Restringido porque en él solo participa un tipo de gente: los jóvenes. Reiterativo porque no se produce con ocasión de una fecha señalada en el santoral religioso o pagano, sino que sucede todos los fines de semana, las vísperas de fiestas y, en general, durante los periodos vacacionales de la muchachada. Otra de sus características fundamentales es la nocturnidad, siendo la puesta y salida del sol los marcadores del principio y fin de la fiesta. Además, prosigue Aguilera, como cualquier comportamiento grupal, el botellón tiene sus rituales y los jóvenes los cumplen sin planteárselo, simplemente porque es así. No hay manuales sobre el particular ni reglas estrictas, pero sí una línea común de comportamiento. La secuencia sería: primero la cita entre las pandillas de amigos los día previos al fin de semana, que se realiza en colegios, institutos, facultades o vía Internet; segundo el aprovisionamiento mediante la compra en los comercios próximos al lugar donde se va a realizar y que se costea mediante un fondo común de dinero; tercero la ubicación o elección del lugar propicio; y cuarto las actividades que no se acaban en la ingesta de alcohol y la charla, sino que se extienden a los juegos de habilidad de todo tipo. Además habría que sumar la finalización del botellón que también constituye rutinas que desarrollan a través de rutas habituales y horarios de regreso a casa. Son rutas que utilizan masivamente los adolescentes dependiendo del lugar que parten (espacios del botellón), del día de la semana, del horario establecido de regreso a casa y del tipo de participantes en tales eventos. Y es que lo más frecuente es encontrar en los espacios botelloneros, jóvenes de amplias clases medias, estudiantes de instituto o de facultad que viven en la casa familiar, que no crean grandes conflictos en su entorno inmediato, chicos que tienen inquietudes culturales aunque éstas sean mínimas. En este sentido Aguilera dice que  beber con una cierta alegría y en la calle no es nada nuevo, algo con lo que muchos de nosotros estaríamos de acuerdo. La tradición habría tenido mucho que ver con el fenómeno botellón y los jóvenes no habrían hecho nada más que inventar una nueva modalidad para un rito antiguo.

En esta misma línea, Baigorri mantiene que se bebe porque lo impone el modelo cultural global dominante. Los jóvenes beben porque han aprendido que beber forma parte de la diversión y de la noche a través de sus familias y de todos los productos culturales con que la sociedad les transmite los valores en los que se socializan. Modelos culturales, modelos familiares y modelos sociales impelen a beber en las calles y espacios públicos a las cuadrillas de adolescentes que, sin embargo, se pueden distinguir entre ellas por la edad de sus participantes, pues la edad es el marcador temporal que separa a los miembros de un grupo identificándolos en su conjunto. Tan sólo los que se encuentran en ese tiempo liminal que supone estar a las puertas de la mayoría de edad, los portadores de dieciséis y diecisiete años, son capaces de adentrarse en uno y otro grupo, de familiarizarse con los usos de unos y otros y ocupar los espacios que se suponen de quienes lideran el grupo de menores y que igualmente se destina a quienes todavía no ejercen sino de aprendices del grupo de mayores. Por medio, el control de los padres y adultos a través de la figura policial. Los agentes de policía local sólo pueden hacer recomendaciones, obligar a los jóvenes a que recojan las botellas y plásticos y evitar que destruyan el mobiliario o causen daños en los puntos habituales de botellón. Y también identificar a los practicantes de esta modalidad lúdica para comprobar si son menores de edad, en cuyo caso sí pueden tomar medidas. En esto del consumo de alcohol en cuadrilla, se observa de manera meridiana que hay diferencias según las edades. Así, aquellos que se inician en la adolescencia ni siquiera lo han visto o han oído hablar de él, y tan sólo conocen sus resultados; incluso manifiestan un cierto rechazo hacia las consecuencias de un consumo descontrolado en zonas verdes.

En 2005 la media estatal de edad de inicio de los adolescentes en el consumo en grupo de alcohol era de trece años y el porcentaje de adolescentes que se reunían para beber de esta forma se situaba en el 20,4% de los jóvenes de entre catorce y dieciséis años. Nosotros hemos observado que en La Rioja los más jóvenes incluso eran contrarios al botellón, bien porque no les gustaba o bien porque no lo entendían, aunque en la última encuesta (2004) sobre consumo de sustancias adictivas, el 2,6% de los adolescentes riojanos de entre doce y dieciséis años reconoció que se había emborrachado en el último mes. Un porcentaje nada relevante (aunque preocupante dada la edad a la que se experimenta la borrachera), indicador de que quienes se inician en la adolescencia manifiestan disgusto o rechazo por este fenómeno del botellón. Ciertamente, conforme avanza la edad, la curiosidad y la imitación de los más adultos puede ser el desencadenante de un fenómeno que poco a poco se va trivializando entre los jóvenes consumidores.

El botellón no sólo se extiende entre los adolescentes de menos edad por imitación de los más adultos, de los mayores, sino también por la escasa oferta de ocio nocturno que, además, se encuentra limitada por las fuertes restricciones horarias marcadas por los padres y por las prohibiciones a menores para entrar en bares y discotecas donde acceder a la oferta de bebidas alcohólicas. Si tuviéramos que situar el comienzo de la actividad botellonera, el momento más ajustado para realizar el botellón sería el atardecer, al caer las últimas horas del día. Es el momento de preparar la noche, cuando las alternativas al botellón sólo se encuentran en las zonas de diversión y consumo de alcohol de la ciudad. El dilema es que no siempre la salida a la ciudad está al alcance de todo el grupo o compañía de amigos. Por si esto no fuera un obstáculo, la edad es otro impedimento para prolongar la salida nocturna. Los más adolescentes tienen horarios de regreso temprano (salvo los sábados) y las discotecas sin alcohol son de horario diurno, todo lo cual configura un elemento contrario al concepto de diversión y la salida de marcha, como es el horario nocturno.  Pero si el tiempo de ocio y su disfrute están relacionados con la noche, no ocurre aleatoriamente cualquier día de la semana, sino exclusivamente los fines de semana (salvo días especiales). El alargamiento del tiempo libre o de fin de semana no es una prerrogativa de los adolescentes o de los estudiantes, sino que es una conquista de los trabajadores y una respuesta a los actuales modelos de producción y consumo que han llevado a organizar el periodo laboral semanal en torno a las treinta y cinco a cuarenta horas, destinando los fines de semana al tiempo de ocio, y porqué no, también al consumo de ese ocio. Ahora bien, los adolescentes, al igual que otros grupos generacionales, distinguen los viernes, de los sábados y domingos en la organización de sus actividades de ocio y en la materialización de sus tiempos de diversión, dando una preponderancia superior a la noche del sábado, sobre el resto de los días y las horas del fin de semana. Como los días laborables, también los fines de semana se organizan en torno a rutinas de horarios y lugares de diversión. En general, los adolescentes quedan a media tarde para la organización de la noche; con posterioridad proceden a la compra de bebidas. El horario de cita para la reunión en los lugares y espacios de botellón suele oscilar entre las siete de la tarde y las nueve o diez de la noche. Con anterioridad, el aburrimiento es la nota predominante de todos los adolescentes que esperan con ansia la hora de esa cita, de esa reunión con la cuadrilla de amigos.

Lo cierto es que se cumplen los imperativos de la tradición cultural y entre las familias cuando se anima desde muy corta edad a participar del ritual de beber en compañía, bien en espacios públicos cerrados o bien en la calle, y con motivo de cualquier ocasión especial, social o festiva. Sin embargo, el botellón es un ritual de exclusividad adolescente y joven, dado que muchas veces son menores de edad quienes se encuentran con problemas para el consumo en locales públicos (salvo con ocasión de festividades o celebraciones sociales y familiares, donde el consumo de menores se hace más permisivo e incluso alentado), y por supuesto con problemas a la hora de adquirir o comprar los licores con los que elaborar combinados en botellones de dos litros de refresco. Problemas de compra que los adolescentes resuelven de diversas maneras, desde hacerse con la colaboración de adultos, pasando por la utilización de comercios que no presentan dificultades, hasta delegar en aquellos adolescentes cuyo aspecto impone una imagen de persona mayor. De esta manera o bien de cualquier otra, los adolescentes menores de edad se hacen con bebidas de alta graduación, pues las dificultades de acceso por impedimentos legales son relativamente fáciles de superar gracias al empeño y la imaginación que despliegan. Por otra parte, una respuesta que aparece tanto en los cuestionarios de encuesta como en las entrevistas y en los grupos de discusión, acerca de porqué se hace botellón, tiene mucho que ver con el precio de las bebidas que fijan los establecimientos de bares y hostelería, y que para los adolescentes se encuentra totalmente alejado de su realidad económica que viene marcada por los ingresos semanales. Por eso, la respuesta indicada, es que no siempre se puede consumir alcohol de otro modo que no sea a través del botellón. Los adolescentes argumentan que se hace botellón porque su economía de bolsillo no da para muchos estipendios alcohólicos en bares, tampoco para adquirir bebidas de grandes marcas, más bien buscan que el combinado resultante mantenga un sabor aceptable y cumpla su función alcohólica. Para muchos adolescentes, la base de las mezclas es el vino (“kalimotxo”), que se combina en contenedores que van desde la botella hasta la garrafa, y de ahí el nominativo de botellón o garrafón. Pero no todo es adquisición de bebidas alcohólicas, pues una vez realizada la compra o incluso antes de la compra de licores y otras bebidas, se procede a cenar y llenar el estómago con el fin de evitar la borrachera de estómago vacío, algo que parece haber experimentado buen número de adolescentes cuando hablan de ir cenado a los botellones. No son por tanto cenas de restaurante, sino más bien snaks, frutos secos, chucherías, bocadillos, hamburguesas y pizzas los elementos indispensables para sostener una ingesta abusiva y a veces rápida de alcohol. Esporádicamente formalizan cenas a base de pinchos, pero las cenas con la cuadrilla o la pareja en locales de restauración son más un asunto de jóvenes que de adolescentes. Quizás, una cuestión de recursos económicos.

Como todos los adolescentes pertenecientes a una misma cuadrilla suelen conocer los lugares de cita y reunión. Poco a poco, dependiendo de las directrices y demandas familiares, van apareciendo en esos lugares, continuando el ritual del botellón (beber, charlar, jugar, reír), hasta la medianoche o primeras horas de la madrugada, momento en el que de la misma manera que fueron reuniéndose todos los miembros del grupo, van marchándose a otras zonas de diversión. Las calles que han pasado a denominarse la zona son aquellas que disponen de multitud de locales, bares y discobares, y que se sitúan en torno al eje de la calle Chile de Logroño. Otra zona post-botellón está constituida principalmente por la calle Mayor, la plaza del Mercado, el Laurel y Bretón de los Herreros, todas ellas en el casco antiguo de la ciudad. También en el casco antiguo se sitúan las discotecas o centros de atracción para la marcha de última hora, es decir, de cierre del sábado, en torno a las cuatro o las cinco de la madrugada, momento en que deciden regresar a sus domicilios. Pero si estas son las rutinas de los adolescentes que viven en la capital, el momento de quienes provienen de alguno de los pueblos del área próxima a Logroño, es tras la cena, aunque para ellos el botellón es más propio de temporada estival, cuando se visitan los parques de cualquier localidad con la seguridad de que allí se encuentran otros grupos de bebedores, dejando para el invierno el refugio de los bares. En Calahorra, segunda ciudad en importancia poblacional de La Rioja, los adolescentes utilizan locales, bajeras y chamizos para hacer el botellón y, como en otras localidades, también los sábados al anochecer (sobre las diez horas), comenzando una ruta posterior o Ronda por los bares y pubs del casco antiguo, hacia las doce de la noche o una de la madrugada. En cualquier caso, el botellón parece no tener carta de naturaleza en los pueblos, donde se practica sólo a instancias de los tiempos de fiestas y no como un ritual semanal. Así parece desprenderse del relato de estos jóvenes. Sea en la capital o sea en otras localidades y tal como ocurre con cualquier actividad, también el botellón tiene su final y éste, a su vez, marca el comienzo de la diversión, de otro momento de diversión que se caracteriza a su vez por otras actividades, las que suponen salir de marcha un fin de semana. Y como toda actividad necesita un espacio donde realizarla, también la diversión post-botellón tiene el suyo. En este sentido, ir a las discotecas o ir a las zonas de marcha (alcohol, música y baile) son espacios que siguen al botellón. A estas zonas van después del consumo de botellones, momento que aprovechan para hacer sus rondas por las zonas de bares y disco bares sin necesidad de consumir en su interior. Como las cuadrillas se diferencian en ciertas ocasiones según el sexo, los lugares de marcha no siempre coinciden. Esto ocurre a propósito de las discotecas, que se delimitan en función de los intereses de los grupos, claro está, siempre que no haya intención de pasar el tiempo de ocio nocturno en grupos mixtos de chicos y chicas.

Volver a casa sigue creando conflictos entre padres y aquellos hijos que aún siguen sometidos al control familiar, especialmente en lo referido a la hora de regreso tras la salida nocturna, y en la necesidad de dar explicaciones si el retraso ha sido importante. La hora de regreso es algo que depende de la confianza, la madurez, los lugares frecuentados y las compañías entre otras variables. Existen opiniones muy marcadas respecto al tema. Por un lado, hay padres que consideran fundamental la imposición de una hora. Estos, en su afán de protección al fijar una hora de regreso, quieren lograr una mayor seguridad para sus hijos. Por otra parte se encuentra la opinión de aquellos padres que consideran que es innecesaria la hora de regreso a casa. Esta opción aboga por la confianza en la madurez y la responsabilidad de los hijos. Sin embargo, parece que hay consenso en que una hora de regreso resulta recomendable para evitar los factores externos que los hijos, todavía a ciertas edades no son capaces de controlar. La hora de regreso a casa debe ser fruto de un diálogo abierto y comunicativo y debería estar abierta a situaciones como la llamada telefónica de un hijo anunciando el regreso a casa a una hora más tarde de la prevista porque se lo está pasando bien. Esta fórmula hay que tomarla como un síntoma de madurez de los hijos al mismo tiempo que de respeto por las normas familiares. También es conveniente tratar todos los aspectos que atañen a la salida de marcha, como los lugares que se pretenden frecuentar, los amigos con los que van a salir, la hora a la que quieren salir y volver, pues una vez llegado el momento resulta más complicado tratar de razonar con los hijos los motivos por los que se quiere fijar una hora en concreto. Esta negociación entre padres e hijos para decidir la hora de regreso a casa es habitual, tal y como se desprende de los grupos de discusión con padres de adolescentes y con adolescentes. En general, los padres entrevistados no dan tanta importancia a la hora de llegada, preocupándoles mucho más las condiciones en que llegan sus hijos a casa, así como el medio de transporte utilizado por miedo a que les pueda ocurrir algo. Pero veamos en cifras y porcentajes los datos referidos a la hora de regreso. Sabemos que más del 60% de los adolescentes riojanos tienen hora de regreso a casa los fines de semana, aunque si discriminamos en función del género, son el 58,9% de los chicos y el 62,7% de las chicas quienes tienen convenida con los padres una hora de regreso. Y si el género es sujeto de diferencias, la edad también condiciona la hora de regreso a casa. A medida que aumenta la edad, disminuye el porcentaje de adolescentes que tienen hora de regreso para volver a casa los fines de semana, suponiendo a partir de los dieciocho años que sólo el 30% o el 20% de los adolescentes declaren tener acordada una determinada hora de regreso:

Existencia de hora de regreso el fin de semana por edad
Edad 12 13 14 15 16 17 18 19
% % % % % % % %
100,0 89,5 93,5 90,0 74,5 58,8 28,3 20,0
No 0,0 10,5 6,5 10,0 25,5 41,2 71,7 80,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

En cuanto a las diferencias según la ocupación principal, hemos encontrado que de los adolescentes que estudian, el 64,5% tienen hora de regreso, lo cual supone una proporción que casi duplica la de los adolescentes que trabajan (38,6 %).  En este caso ambas variables son dependientes, aunque hay que tener en cuenta que ésta dependencia si va muy relacionada con la edad es porque los adolescentes que trabajan necesariamente tienen más de dieciséis años. Los días considerados especiales, las cifras respecto a los fines de semana se invierten, y  son poco más del 40% de los adolescentes quienes dicen tener hora de regreso a casa, aunque siguiendo la estela de los datos anteriores en cuanto a las diferencias de género, el 37,3% de los chicos y el 43,7% de las chicas dicen tener convenida dicha hora de regreso.

Existencia de hora de regreso un día especial por edad
12 13 14 15 16 17 18 19
% % % % % % % %
86,7 66,7 75,0 73,2 60,8 17,7 6,7 4,4
No 13,3 33,3 25,0 26,8 39,2 82,4 93,3 95,6
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

Y del mismo modo que vimos al analizar la existencia de hora de regreso los fines de semana, también en esta ocasión podemos decir que la edad condiciona tener hora de regreso incluso un día especial, pues existe dependencia entre ambas variables. De hecho observamos que a medida que aumenta la edad disminuye el porcentaje de adolescentes que tienen hora de regreso para volver a casa los fines de semana. O dicho de otra manera, el porcentaje de adolescentes que tienen hora de regreso los días especiales, disminuye frente a los que tienen horario de regreso un fin de semana en cada tramo de edad. El grado de cumplimiento de la hora de regreso “siempre” o “a menudo” es de ocho de cada diez adolescentes, de los cuáles se derivan diferencias de género, pues las chicas cumplen la hora de regreso a casa en mayor porcentaje que los chicos. En el extremo opuesto, un porcentaje muy bajo de chicas (3,9%), rara vez o nunca cumplen la hora de regreso, frente a un porcentaje superior de chicos (14,2%).

Cumplimiento de la hora de regreso por sexo
Chico Chica
% %
Siempre 46,93 52,94
A menudo 30,61 35,29
A veces sí- a veces no 8,16 7,84
Rara vez 12,24 2,94
Nunca 2,04 0,98

Y son los adolescentes de más edad (19 años), quienes cumplen en menor medida la hora de regreso a casa; en concreto son un 33,33% los que “raras veces” o “nunca” cumplen el horario de regreso a casa, frente al 6,7% o el 4,5% de los adolescentes más jóvenes (12 y 13 años). Es decir, conforme aumenta la edad de los adolescentes y, sobre todo, cuando estos adquieren la mayoría de edad que marca la ley, desoyen las normas familiares sobre horarios de regreso a casa y cumplimiento de los mismos, posiblemente como una manifestación de independencia adolescente frente a la dependencia existente desde la niñez. En cuanto a la hora de regreso los fines de semana, y aunque nos encontramos con valores muy dispersos y no se puede tomar la media como representativa, se sitúa ésta como media a las cinco cincuenta y cinco de la madrugada, hora además muy cercana a la moda, es decir, las seis de la madrugada.

Hora de regreso los fines de semana por edad
Horario % De 12 a 14 años % De 15 a 17 % De 18 a 19
De las 10 a las 12.45 1.8 0.8 0
De la una de la madrugada a las 4.45 94.7 39.2 6.5
De las 5 de la mañana a las 7.30 3.5 48.3 55.4
De las 8 de la mañana en adelante 0 11.7 38.0
100 100 100

Existe una dependencia muy fuerte entre las variables “hora de regreso los fines de semana” y “edad”. Es raro que los más jóvenes lleguen más tarde de las cinco de la madrugada, mientras que más de la mitad de los de 15 a 17 años y más del 90% de los de 18 a 19 años llegan a partir de las cinco de la madrugada. Por sexo apenas hay diferencias, sin embargo, por ocupación de nuevo apreciamos una dependencia entre variables, pues los estudiantes llegan a horas más tempranas de la noche que los trabajadores, aunque aquí interviene también el factor edad (sólo se trabaja a partir de los dieciséis años):

Hora de regreso los fines de semana por ocupación
Horario % estudiante % trabajador
De las 10 a las 12.45 0.9 0
De la una de la madrugada a las 4.45 43.5 16.2
De las 5 de la mañana a las 7.30 40.5 45.9
De las 8 de la mañana en adelante 15.1 37.8
100 100

Cuando les preguntamos por la hora de regreso un día especial, vimos que ésta se alargaba una hora como media con respecto a la de los fines de semana, convirtiéndose casi en las siete de la madrugada. Al igual que los fines de semana, la hora de regreso los días especiales depende en gran medida de la edad de los adolescentes.

Hora de regreso los días especiales por edad
Horario % De 12 a 14 años % De 15 a 17 % De 18 a 19
De las 10 a las 12.45 19.7 0 0
De la una de la madrugada a las 4.45 53.5 36.7 8.1
De las 5 de la mañana a las 7.30 14.1 35.3 41.4
De las 8 de la mañana en adelante 12.7 28.1 50.5
100 100 100

De este modo, el regreso a casa tanto los fines de semana como los días especiales, se produce más allá de las cuatro y las cinco de la madrugada, y las variables que intervienen para diferenciar el comportamiento de los adolescentes son la edad y la ocupación. A más edad y actividad laboral se corresponden comportamientos ajenos o contrarios a la norma familiar, caso de que existiera. Es como si la rebeldía frente a la dependencia familiar sólo pudiera expresarse a través de la libertad de horarios para volver a casa tras las salidas nocturnas de los fines de semana o de los días especiales.

La ocupación del tiempo libre, especialmente durante los fines de semana, va ligada íntimamente a la ocupación de un espacio. Tal y como afirma Martín Serrano, actualmente las demandas específicamente juveniles, en cuanto al disfrute de sus horas de libre disposición, tienen que ver con la necesidad de disponer de sitios propios. Las actividades que llevan a cabo durante el fin de semana los grupos de jóvenes se caracterizan por su nuevo localismo. Precisamente uno de los rasgos más distintivos de las nuevas generaciones, es esa identificación que establecen con “su” pueblo, con “su” barrio; allí donde viven y allí donde desarrollan sus relaciones. La ocupación colectiva de ese locus, que perciben geográficamente como próximo y emocionalmente como propio, tiene una importancia simbólica para los grupos juveniles que no debería de pasar desapercibida. Porque esa apreciación de un espacio público, responde a la necesidad de hacerse un sitio. Tener donde poder estar con los pares, es la condición necesaria para la producción y la reproducción del propio grupo. Y también para desarrollar las actividades afectivas, lúdicas y formativas que el grupo de pares satisface. La ocupación gregaria juvenil de los espacios que perciben geográficamente como cercanos y emocionalmente como propios, tiene una gran importancia simbólica. Esa apropiación de un espacio público y el disfrute del privado en grupo responden a la necesidad de hacerse un sitio, un lugar en el espacio social. Por esto se utilizan con frecuencia los espacios públicos urbanos, los parques y jardines, y las calles y bancos que acogen sus reuniones gregarias. A medida que avanza la edad de los adolescentes se va a dar una importancia creciente a los espacios donde consiguen mayor independencia, prefiriendo los espacios públicos para encontrarse con las amistades. Sus actividades de tiempo libre se dirigen principalmente al ocio nocturno de fin de semana, tanto en el ámbito público (gran oferta de bares y discotecas, parques y jardines), como en el privado con la proliferación de chamizos o cuartos, muy común en las zonas rurales y cada vez más habitual en las ciudades. No obstante todas estas opciones de ocupación de espacio público, serán los parques y jardines el modelo de espacio más utilizado en el desarrollo de la actividad que los jóvenes llaman botellón. En estas ocasiones se reúnen los amigos para beber y relacionarse con otras cuadrillas de adolescentes, y en el caso de la ciudad de Logroño las inmediaciones del parque del Ebro, parque de La laguna, Gallarza, zona de la Ribera, plaza de España y diversos aparcamientos del casco urbano, aunque el parque de San Miguel es el lugar por excelencia que, compartido en menor medida con otras zonas verdes de la ciudad, ha logrado erigirse en lugar de peregrinación incluso para los que no disponen de botellón. Cualquier parque o zona verde son espacios que permiten el disfrute del tiempo de ocio en compañía de los iguales, los de la misma generación, y son permisibles porque no colisionan directamente con otras generaciones, principalmente las de los adultos que son los que en definitiva colapsan los espacios públicos sin posibilidad de compartirlos con los de otras generaciones, que bien por su edad o bien por su capacidad económica no pueden acceder a los mismos. La organización adolescente en cuadrillas permite el intercambio de sus miembros y la posibilidad del encuentro, aspecto que se realiza siempre en lugares determinados, principalmente por la actividad del botellón. La utilización del espacio público para la formalización de encuentros a través de la actividad botellonera entre los miembros de las cuadrillas de adolescentes, forma parte de un ritual significante de pertenencia a las mismas. Dentro de este ritual botellonero, un rasgo definitorio es la costumbre de sentarse en el suelo (o en el respaldo de los bancos) como manera de reafirmar la diferencia. Es algo que hacen los adolescentes y jóvenes pero no los adultos. Es también una forma de delimitar el espacio público de aprovechamiento adolescente para diferenciar a las cuadrillas y grupos de amigos entre sí, de modo que todos conozcan su lugar y el lugar que ocupan en ese espacio imaginario de la jerarquía adolescente.

Otro rasgo que ya han advertido otros observadores es que la reunión forma de manera natural un círculo u otra fórmula geométrica, como un formato ideal no solo para el aprovisionamiento alcohólico, sino para verse las caras y propiciar la interacción entre todos. Los adolescentes que hacen botellón delimitan su territorio a partir de la ocupación de bancos que asumen de su propiedad, es decir, que asumen como de titularidad del grupo o cuadrilla a la que se pertenece y desde la que se entabla relación con los otros bancos, con las otras cuadrillas a las que se reconoce igual titularidad. El mobiliario urbano de los bancos constituye en este sentido el espacio territorial de los grupos de amigos. Los bancos son el punto de cita para todos los miembros integrantes de una cuadrilla de amigos y la relación con otras cuadrillas se establece a nivel de espacios ocupados por bancos. Y es que si bien los parques son públicos y, por tanto, pueden ser atravesados y ocupados por cualquier persona, son los bancos quienes constituyen lugares estanciales de uso exclusivo para las cuadrillas y para los grupos de amigos que han tomado e identificado simbólicamente como propio el territorio delimitado por el banco o los bancos. En el medio rural el uso de chamizos o cuartos por los adolescentes es muy frecuente aunque en el medio urbano también comienza a ser habitual esta práctica. Los adolescentes de menor edad no suelen disponer de este tipo de locales pues son locales cerrados que escapan al control de los padres y adultos, donde pueden realizar las actividades que ellos quieran sin vigilancia alguna y sin restricciones impuestas por factores externos. Pese a ello, las actividades que realizan no son esencialmente de índole ilegal si no que se resumen básicamente en oír música, bailar, hablar, ver alguna película, jugar a la vídeo consola, a juegos de mesa, etc. Los chamizos, en muchos casos disponen de sofá, televisión, juegos de mesa, nevera para guardar bebidas, equipo de música, pero sobre todo, y esto sí es relevante, se utilizan para el consumo de alcohol y otro tipo de sustancias con la seguridad que les da hacerlo entre los “suyos”. Aunque no todos llevan a cabo la actividad del botellón en chamizos, lonjas y locales sólo en ocasión de fiestas locales, sino que también realizan sistemáticamente el botellón semanal del mismo modo que las cuadrillas que utilizan los fines de semana los parques urbanos. El uso de chamizos, lonjas y bajeras acondicionadas para baile y esparcimiento de adolescentes, pero también para el botellón, además de hurtar a la mirada de los adultos las actividades que se realizan en su interior, es que se mantienen todo el año, pues el botellón al aire libre y sometido a las inclemencias del tiempo metereológico no es posible sostenerlo siempre. En cuanto a los espacios para las salidas de marcha, la gama es muy amplia, pues va desde espacios públicos como parques, jardines, calles y zonas de bares (sobre todo durante la adolescencia) a privados como bares y discotecas. Pero en estos casos, no cualquier establecimiento vale, han de ser del tipo en el que se pueda satisfacer dos de los ingredientes básicos en estas salidas: beber y bailar.

La ciudad actual es una ciudad atravesada e inhóspita. Ha dejado de ser un espacio para el encuentro y la convivencia para convertirse en un gran espacio atomizado y compartimentado donde los ciudadanos se recogen hacia dentro, hacia sus domicilios, dejando la calle transformada en un espacio para el transporte entre esas unidades aisladas y sustancialmente remotas, pero no como un espacio estancial que facilita las relaciones entre los ciudadanos sin concesiones por razón de sexo, edad o clase social. El espacio nunca está inerte sino que está activo en la constitución de las relaciones sociales. La organización espacial de las calles y los edificios produce un impacto en los movimientos de los cuerpos y organiza el flujo de las masas hacia ciertos tipos de actividades y relaciones. Hoy día las calles, los parques y cualquier espacio público están siendo ocupados por personas motorizadas que poco a poco demandan más espacio para sus vehículos dificultando, cuando no impidiendo, que las calles sean lugares estanciales, convirtiéndolas en lugares para ser cruzados, atravesados, recorridos pero nunca ocupados. Por otra parte, los espacios públicos que no son objeto de ocupación de vehículos o de personas motorizadas, han entrado en la mecánica del juego de la competencia por su uso y disfrute. Son espacios y estancias cada vez más escasas y en esa competencia, semejante al modelo capitalista de producción y consumo, son los más débiles, es decir, las personas con menor capacidad de decisión económica quienes  han perdido toda oportunidad de establecer la convivencia social en la lucha por los escasos, pequeños y artificiosos lugares y espacios públicos. En este sentido, viejos, niños y adolescentes se encuentran excluidos del espacio público, salvo que sean ellos mismos personas motorizadas o con capacidad económica para serlo. La convivencia entre generaciones, lo mismo que entre clases sociales, está rota por la distinta capacidad económica para ocupar los espacios públicos. Quienes son dependientes de los grupos económicamente activos (principalmente los tres que hemos nombrado: niños, viejos y adolescentes) no tienen acceso al espacio público salvo concesiones de quienes detentan el poder que les otorga su capacidad productiva y su dominio del territorio. En esta atmósfera ciudadana protagonizada por personas fuertes y débiles, de personas y grupos independientes y dependientes, donde el espacio para el encuentro, la estancia y la convivencia entre todos se ha roto o es inexistente, es normal que surjan desde los más débiles o desde los más oprimidos movimientos de resistencia. Una resistencia que surgió con la ocupación simbólica y luego precisa y real de determinados espacios urbanos, que primero fueron abandonados por los grupos ciudadanos con poder y posteriormente fueron ocupados por grupos ciudadanos débiles. Esto ha ocurrido principalmente con las calles y plazas de los cascos antiguos, donde grupos de adolescentes y jóvenes ocupan sin concesiones aceras, calles y plazas, expulsando a quienes otrora fueron sus principales ocupantes.

Una consecuencia radical de esta pugna por la ocupación del espacio público es la convocatoria a través de foros de Internet, por e-mail y móvil, de jóvenes y adolescentes, que el pasado mes de marzo se congregaron en al menos veinte ciudades españolas, con el fin de celebrar “macrobotellones” y concursar sobre en cual se reunía más gente y/o se bebía más. Fue una provocación a los Consistorios y sus regulaciones sobre ocupación del espacio público o sobre las alternativas de diversión en recintos cerrados como pabellones y polideportivos. Ya no es posible la convivencia intergeneracional. Los vecinos, que recluidos en sus pisos no pudieron abandonar esos espacios urbanos, se quejan porque con la ocupación juvenil, aunque sea periódica y rutinariamente de fines de semana y días especiales, han desaparecido aquellos instrumentos para la convivencia como eran los espacios comerciales y de servicios que acompañan por lo general los espacios públicos, donde la ciudad estancial y residente domina sobre la ciudad atravesada y aislada.

Señala Martín Serrano que las pandas juveniles necesitan estar presentes en las calles, tanto para marcar los límites de sus dominios, como para mostrar sus signos de identidad. Pero en las ciudades la geografía urbana generalmente está organizada para circular más que para estar. Los barrios tal vez sean deficitarios de parques, plazas u otros espacios al aire libre, donde grupos juveniles diversos puedan coexistir manteniendo las distancias necesarias para evitar roces, tanto físicos como emocionales, en los que se generan las tensiones que concluyen en conflictos. Los hábitos establecidos de concentrase en espacios al aire libre durante los fines de semana, así como el uso gregario que se hace de las calles, parques y jardines, están relacionados con las carencias de infraestructuras para el ocio juvenil. Esas insuficiencias pueden resumirse de esta manera:

1º) En las áreas rurales y también en las urbanas, es una queja muy común que no existen otros lugares de encuentro disponibles para la juventud que sean gratuitos y estén bien acondicionados.

2º) Los locales públicos destinados a los y las jóvenes suelen tener una inadecuada concepción del espacio, que dificulta las reuniones concurridas y el ejercicio de las actividades de relación y de expresión que en estas edades interesan.

3º) El precio que tiene la entrada a los locales públicos, donde se bebe, se oye música, se baila, no está al alcance de los y las adolescentes ni de los y las más jóvenes.

Las actuales carencias de espacios –apropiados para y apropiables por los jóvenes- tienen mucho que ver con los comportamientos agresivos, etnocéntricos e intolerantes que están surgiendo en la vía pública. Así, España que lleva en los últimos años un proceso de urbanización salvaje que ha colocado al 70% de sus habitantes en núcleos de más de 10.000 vecinos, muestra una presión sobre su espacio metropolitano cada vez más angustiosa por el desapego creciente de sus habitantes (de nuevo y viejo cuño, inclusos los inmigrantes), y la división social por edades que muestra la existencia de un colectivo cada vez más numerosos de personas mayores ocupantes del espacio diurno productivo, y el colectivo de jóvenes que, si bien es más reducido, se compensa con mayor participación en el tiempo de ocio nocturno y ocupación preferencial de los espacios. Adolescentes y jóvenes organizados en torno al consumo de fin de semana han ocupado territorio urbano y han expulsado, a veces no sin violencia, a los grupos de mayores, de propietarios y, en general, a la población productiva y adulta, generando un tipo de organización del espacio que a su vez impide el acercamiento generacional, no sólo con los más adultos, sino también con los más adolescentes. Precisamente son los adolescentes los que han encontrado en estas formas de resistencia de las generaciones jóvenes, un instrumento reivindicador del espacio público para ellos. Si los jóvenes ocupan los fines de semana calles y plazas  modificando el entorno con sus demandas y necesidades (básicamente locales para beber, charlar, oír música y bailar), los adolescentes han propiciado este modelo, trasladando la ocupación del espacio público a parques y jardines, donde los bancos y el botellón forma parte del paisaje modificado que responde a sus demandas. También de estos espacios, aunque puntualmente los sábados, han sido expulsados las generaciones de adultos. El botellón es un instrumento reivindicativo de espacio propio para un grupo de personas dependientes, que sólo puede insertarse en condiciones de igualdad en el espacio joven a través del consumo de alcohol, en espacios públicos determinados como propios.

El espacio social está compartimentado y la calle ha pasado a ser un lugar de lucha y resistencia entre aquellos que fueron excluidos de la ciudad convivencial. Sólo los niños y los viejos mantienen su situación de acomodo dependiente recluyéndose en aquellos locales (centros de mayores, guarderías y ludotecas), que la ciudad atravesada les otorgó a fin de ampliar los espacios públicos para el tráfico rodado. No entender el fenómeno social del botellón como un problema de reivindicación y ocupación del espacio público, secuestrado por un urbanismo embrutecedor para la convivencia ciudadana, es igual que no entender al adolescente cuando señala la luna, entonces, el idiota mira el botellón.

Adolescentes y ocio


Read Full Post »