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Posts Tagged ‘identidad cultural’

En 2012 se publicó una comunicación (ISBN: 978-84-92587-83-4), presentada en la XV Conferencia de Sociología de la Educación celebrada en Granada, acerca de la formación de los líderes y gestores de las asociaciones africanas en España. La base empírica de este estudio está basada en el análisis del discurso de más de sesenta entrevistas en profundidad realizadas a dirigentes de estas asociaciones africanas, en el marco de un Proyecto de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación sobre el Asociacionismo Africano en diferentes Comunidades Autónomas, dirigido por mi amigo el Dr. Jordi Garreta. Referencia CSO2008-01122/SOCI (Asociacionismo e inmigración africana: funciones latentes y manifiestas).

Un modo de acercarnos a la realidad educativa y de formación de los líderes y representantes de las asociaciones africanas, dada la gran variedad de resultados y heterogeneidad que encontramos en las entrevistas semidirigidas e historias de vida realizadas durante el trabajo de campo llevado a cabo los años 2009 y 2010, fue tomar como muestra aquellos entrevistados que ofrecieron información acerca de los estudios terminados. Estas entrevistas las subdividimos por igual número de informantes entre los países del norte de África (Argelia, Marruecos y Mauritania), y los países de la costa oeste africana, Camerún, Malí, Senegal, Gambia, Nigeria y Guinea), aunque con mayor representación de marroquíes y senegaleses, quizás por la impronta de su movimiento asociativo que sobresale sobre los demás países.

Un primer dato sobresaliente extraído de esta muestra, es que la formación de ambos grupos (magrebíes y subsaharianos), es muy parecida, si bien ligeramente decantada a favor de los primeros; sin embargo, ambos grupos muestran un perfil formativo de estudios universitarios, seguidos de los estudios de bachillerato o formación profesional y tan sólo unos pocos señalan su falta de estudios, estudios básicos, o estudios del Islam como toda formación recibida. No sólo destaca esta primacía de los estudios superiores sino que en los casos del bachillerato ha existido interés por continuar estudios universitarios que no pudieron desarrollar en su periplo migratorio por diversas causas, aunque muchos de ellos realizaron una formación profesional principalmente en el sector servicios.

Es de destacar la juventud de buena parte de ellos al no superar las cuarenta años, cuestión que les inclina en muchas ocasiones a iniciar estudios de formación no reglada principalmente en el campo de la mediación, el Asociacionismo o la cooperación y que de un modo u otro les ha inclinado en su vertiente social a participar en la organización de las Asociaciones. Por último quiero destacar la capacidad multilinguística que exhiben la mayoría, no sólo por conocer la lengua vernácula y la oficial de la antigua metrópoli, sino por iniciarse en otras lenguas oficiales de los países de destino como el catalán, el valenciano y el castellano. La educación y la formación ha sido para una gran parte de los inmigrantes entrevistados una de las causas por las que se desplazaron, bien para conseguir empleos acordes a su formación, bien por la consideración de la educación como un objetivo fundamental en sus vidas o las de su etnia. En un país multiétnico como Nigeria, donde las diferencias socioeconómicas son extremas, la etnia yoruba (que representa al 30% de la población), es un grupo étnico muy preocupado por la educación como un fin para su desarrollo como personas, por encima de algo fuera de control como puede ser su status económico. En otro país, Guinea, reconocen que las cosas han mejorado mucho pero no así la educación, por lo que muchos guineanos envían a sus hijos a estudiar a España; sin embargo, los tiempos en que Guinea eras una colonia española se han quedado muy lejos y quienes quieren venir a estudiar a España encuentran serias dificultades de carácter burocrático y/o económico para iniciar su proyecto educativo.

De un modo u otro y sea de una procedencia o de otra, la educación forma parte del discurso en las entrevistas realizadas a los miembros y dirigentes de asociaciones africanas. Entrevistas que me van a permitir profundizar en lo antedicho, comenzando con los estudios realizados, que como he adelantado son en mayor medida de carácter universitario, si bien algunos señalan que no pudieron finalizarlos por diferentes causas. La más usual es la que posiblemente se hayan planteado también muchos estudiantes autóctonos cuando han visto que su carrera universitaria no era posible compatibilizarla con un trabajo exigente. Es el caso de Abderrahim (Marruecos), cuya intención era estudiar y trabajar, pero estudiar ya no podía, llegaba a casa reventado y no podía. Otros añaden a esta situación de trabajar y estudiar, motivos de carácter familiar como casarse y tener hijos, en definitiva añaden responsabilidades familiares a las propias de estudiar y finalizar una carrera. Es el caso de Djdjo, una mujer senegalesa que fue a estudiar Derecho en Francia, pero al quedarse embarazada dejó sus estudios. En España ha realizado un curso auxiliar de geriatría, que es un medio básico de incorporación a un mercado laboral que se ofrece en la actualidad a la mujer inmigrante. No obstante son varios los que dicen no finalizar la carrera elegida pero sí haber finalizado una carrera intermedia, tipo diplomatura, que les permitiera trabajar en esa área.

Son inmigrantes anteriores a la llegada masiva de población, de entre los años setenta y noventa, aunque no por ello pasamos por alto esta clara división entre lo que fueron sus estudios terminados en origen y sus estudios finalizados en destino. No es baladí esta diferenciación si tenemos en cuenta que quienes manifiestan una carrera universitaria finalizada en origen son licenciados, mientras que los que finalizan en destino son mayoritariamente diplomados, o con cursos especializados (principalmente sobre mediación intercultural) que les ha permitido ingresar en las filas del asociacionismo como miembros destacados. Esto no señala a la totalidad de los entrevistados pero sí muestra una tendencia en sus perfiles educativos. Hassan es un claro ejemplo sobre la prosecución laboral de estudios relacionados con la actividad asociativa, pues si bien había finalizado Ciencias Empresariales, luego prosiguió con diversos Máster y postgrados como “Gestión global de la inmigración” (en la Rovira i Virgili), Máster de “Cooperación y desarrollo”, “Los movimientos migratorios y el codesarrollo” (Valencia), y en la actualidad un Máster en “Estudios culturales del Mediterráneo”. En ocasiones la vocación social, de intervención en los asuntos que competen a los inmigrantes, obliga a cambiar el proyecto universitario en el que se habían iniciado, incluso habían finalizado. Es lo que le ocurrió a Suleimán (Mauritania). Había hecho Biología, y en España inició Farmacia, pero abandonó estos estudios por los de Educador Social. O lo que le aconteció a Ali (Senegal), doctor en Ciencias Políticas, el cual había trabajado en Dakar como profesor de universidad durante tres años hasta que lo dejó para finalizar su
doctorado en Alemania; antes, la licenciatura le había permitido una estancia de tres años en Francia. Cuando llegó a España no encontraba trabajo de su interés, y ya pensaba en retornar cuando le notificaron que un proyecto de Investigación que había presentado sobre “Las mujeres subsaharianas en Navarra” había sido aceptado por el Gobierno Foral. En esta tesitura estaba cuando Cruz Roja también le contrató para qué hiciera de mediador intercultural.

Y es que la trayectoria profesional de los dirigentes de asociaciones africanas ha tenido un primer obstáculo no con su formación en materia de mediación, sino con la barrera del idioma español, pese a que la mayoría domina dos o más idiomas. Es el caso de Arzien, una profesora de francés en institutos marroquíes, que al llegar a España decidió aprender la lengua castellana de modo que le permitiera matricularse en Trabajo Social y posteriormente incorporarse al mundo laboral como mediadora intercultural. A quien le ha resultado más fácil hacer de mediadora por su dominio de idiomas es a Naima (Argelia). Hizo la carrera universitaria de “Traducción”, sumando a su conocimiento del francés y el árabe, el alemán y el español, consiguiendo una de las primeras becas Erasmus para seguir el doctorado en Alemania. Para otros, que antes de trasladarse a España ya habían estudiado el español, la llegada a Catalunya o Valencia les sorprendió por el uso de otra lengua de la que desconocían su existencia. Así fue como optaron por matricularse en las Universidades y a la vez que aprendían catalán o valenciano, cursaban estudios universitarios (Lenguas Hispánicas; Mediación Intercultural; Gestión de asociaciones y Fundaciones, etc.), consiguiendo de este modo el dominio de las lenguas.

Sin embargo, no sería este el único problema con el que se toparían en su trayectoria profesional, pues si bien el dominio de la lengua era imprescindible para insertarse en el mercado laboral, la necesidad de que se les reconociera las titulaciones otorgadas en los países de origen se convertía en una nueva lucha por su integración profesional. Y no siempre se convalidan los títulos en función de la idoneidad de los estudios cursados, pues son numerosas las ocasiones en que hay que volver a cursar algunas materias con el fin de homologar el título, y este es un aspecto que no reconocen o no entienden pues imaginan que es por otras causas bien dispares, como señala Djamila (Argelia) que pese a disponer de una buena base del francés y el inglés, no le admitieron en la escuela de idiomas hasta tanto no homologara sus estudios del bachillerato argelino. Efectivamente, el inmigrante busca su integración con el objetivo de mejorar su status social, y no al revés como falsamente puede entender quien alienta el discurso de una inmigración de bajo nivel educativo que tan sólo se emplea en sectores de baja cualificación, porque su destino social está condicionado por la supervivencia y el retorno tras alcanzar determinados objetivos económicos. Es posible que el proyecto migratorio tenga esta fase de eventualidad residencial, de viajero estacional, pero el perfil educativo del inmigrante, tanto el adquirido en origen como en destino le capacita para adquirir un mejor status, mayores ingresos económicos y, en definitiva su propia inserción socioeconómica y la de su núcleo familiar.

 

MUJER E INSERCION SOCIOLABORAL
Las mujeres y su inserción sociolaboral ha sido otro de los componentes funcionales en el desarrollo de las asociaciones de inmigrantes africanos, principalmente a través de una formación complementaria. En algunos casos se partía de mujeres que, con estudios superiores o poseyendo titulación universitaria, no podían ejercer libremente a causa de las imposiciones religiosas o de carácter cultural. En otros casos, hemos observado que las mujeres que en su país de origen reivindicaban una identidad femenina dentro del mundo musulmán, convertían esta en destino en una lucha por la identidad de la mujer musulmana frente a los prejuicios y estereotipos en la sociedad de acogida.

El velo tomado como señal de sumisión al varón en una sociedad postmoderna constituye, sin embargo, para algunas mujeres musulmanas un signo de identidad, y podemos considerarlo en sus términos como una reacción feminista frente al prejuicio destacado en la sociedad de acogida, como un acto consciente frente a la discriminación que les impele a ponérselo a fin de destacar los valores, sentimientos y creencias de la mujer musulmana. Además, es un acto y una actitud que les ayuda a mejorar su propia autoestima valorando sus señas de identidad. Y esto ocurre porque son mujeres preparadas, activas, “pero están en casa porque su problema es llevar el velo”, tal y como relatan en las entrevistas mujeres argelinas que no aceptan el velo como un signo discriminatorio y enmarcado en prohibiciones de carácter cultural o religioso. Las mujeres argelinas entienden que la integración sociolaboral se puede dar porque son mujeres preparadas, activas, con estudios universitarios en origen o destino, mujeres que en definitiva tienen un nivel educativo muy alto pero llevan el velo y esto les excluye y les inmoviliza en sus casa en las tareas destinadas a su género. Por ello, desarrollan desde las asociaciones programas de inserción sociolaboral que les permitan enfrentarse a las discriminaciones de género sin cuestionar la raiz de dicha discriminación que no es otra sino su reivindicación del velo. Con el velo no sólo se encuentran insertas en su mundo etno-cultural sino que también pueden desarrollar sus aptitudes y su expresividad laboral sin menoscabo de su identidad. Las mujeres argelinas están muy preparadas (más del 50% tienen titulación universitaria) y ocupan en origen cargos de directivas en  porcentajes superiores a las mujeres españolas, aunque su status nada tiene que ver con sus vecinas marroquíes a las que consideran analfabetas.

En la asociación de mujeres musulmanas An-Nur (La Luz), la mayor parte de las mujeres que componen la junta son tituladas, algunas con doctorado, hablan bien el castellano, incluso el francés o el inglés. Son un grupo heterogéneo, principalmente procedente de Marruecos, Argelia y Túnez. Algunos trabajan de traductoras, otras de acuerdo a su doctorado y sólo unas pocas no poseen ninguna titulación. Son mujeres que quieren trabajar pero “como llevan velo ¿qué van a hacer? Si van a la Universidad, preparan el doctorado y ya está”. Pero hay otras que se quedan en casa y para ellas las asociaciones promueven trabajos de carácter administrativo, o de intérpretes y traductoras. Es quizás otro modo de combinar las obligaciones etnoculturales y religiosas con la posibilidad de trabajar en la sociedad de acogida. Sin embargo, no siempre encontramos mujeres con un perfil educativo adquirido en origen pues han sido muchas las que se han formado en la sociedad de acogida, donde se han enfrentado al difícil proceso de integración en la escuela. Para una joven musulmana de finales de los noventa, su aparición en las aulas de la ESO con velo, desconocimiento de la lengua, sobre todo el valenciano o el catalán, ha permitido ataques desconsiderados e irrespetuosos de alumnos y profesores que la ha llevado a encerrarse en su mutismo, excluyéndola. En otras ocasiones, pese a los esfuerzos que podía realizar una joven musulmana por aproximarse a la cultura autóctona, siempre que superara la falta de motivación que le ofertaban en la escuela y aprendiera la lengua de comunicación en la misma, los rendimientos no estaban nunca a la altura de las demandas, por lo que resultaba fundamental el apoyo de la familia, especialmente de las madres, quienes realmente se ocuparon de la educación de sus hijas. De un modo elocuente se produce una integración lingüística de la alumna gracias al apoyo fundamental de la madre en su educación. Un apoyo a la joven que va más allá si la madre además se encuentra integrada en la estructura educativa.

En resumen nos encontramos con un paisaje de mujeres preparadas que aprovechan sus conocimientos para mejorar la situación de otras mujeres en su objetivo de integrarlas sociolaboralmente, aunque sin necesidad de perder sus señas de identidad, o bien reivindicándolas en su quehacer asociativo. En su conjunto, las asociaciones de mujeres llevan a cabo una labor de educación comunitaria muy diversa, de modo que todas ellas participan de un modo u otro en las mismas. Son actividades que promueven una educación instrumental, apoyando en ocasiones el sostenimiento económico de sus asociadas sin importar la edad, formación y ocupación de las mismas, si bien es cierto que su condición de madres les roba el tiempo que les gustaría dedicar a la asociación. Efectivamente, esta es una queja que señala buena parte de las mujeres asociadas, pues las responsabilidades domésticas y de atención a la crianza y educación de los hijos, recaen en gran medida en ellas solas sin la participación de los varones, de forma más pronunciada de lo que ocurre en la sociedad de acogida, donde los atavismos de la cultura patriarcal están siendo desmontados con más celeridad en la última década. Las propuestas para ir consiguiendo mayores cotas de igualdad entre las mujeres musulmanas se realizan desde las asociaciones; por ejemplo, iniciarse en actividades deportivas y de ejercicios físicos, que hasta hace bien poco resultaron impensables pese a que algunas por su disponibilidad económica podrían haberlos realizado, ya que se encontraron con las limitaciones propias de su condición de mujer. Ha sido gracias a las asociaciones que les proporcionaron el espacio y la ocasión, que se iniciaron en algo hasta entonces tabú: la gimnasia. Aunque quizás el gran logro de las asociaciones de mujeres han sido las actividades de alfabetización, aprendizaje de idiomas y oficios que han permitido la formación de muchas mujeres inmigrantes, mejorando sus capacidades de expresión lingüística y aumentando sus opciones laborales.

Cuando se domina el idioma, una lengua de contacto, las posibilidades de expresión aumentan y la sensación de libertad al poder comunicar pensamientos y sentimientos es permanente. Además, en la vida cotidiana son numerosas las ocasiones en que deben expresarse en lengua castellana o catalana, como ocurre con aquellas gestiones administrativas a las que se usualmente acude con un traductor varón que interviene como mediador en la sociedad de acogida, pues el dominio de las lenguas entre los varones les viene de su práctica en el ámbito público de las relaciones sociales, laborales y económicas en las que se mueven. Aunque esta situación no siempre es aceptada por algunos hombres, que sienten desagrado hacia la posibilidad de que otros puedan introducirse en el mundo de las relaciones privadas de sus mujeres, aceptando sin embargo la intervención de otras mujeres, que unas veces hacen de traductoras, otras de educadoras o formadoras y, en definitiva, alejan la opción no deseada de varones ajenos a la familia. Además, para algunas mujeres, estas actividades son un modo de adquisición de independencia a través del logro económico. De forma paralela a este servicio de traducción están las actividades formativas propiamente dichas en materia de dominio lingüístico, con cursos de aprendizaje del árabe (un modo de no perder o bien de adquirir una seña de identidad), el castellano y el catalán.

Pero no sólo el aprendizaje de idiomas se encuentra en la base de la actividad asociativa de las mujeres, pues otras actividades de carácter más instrumental como las charlas sobre sexualidad, búsqueda de empleo, etc., conforman un conjunto de medidas a favor de la autonomía e inserción de la mujer inmigrante. Por último no se puede cerrar esta parte sobre la actividad asociativa
de las mujeres sin citar el gran papel que juegan en la transmisión de la cultura étnica y en la construcción de las identidades a través de sus actividades con los niños en las escuelas o en los locales de las asociaciones, y a través de las manifestaciones de carácter folklórico mediante su participación en fiestas y actos lúdicos diversos donde ellas son el eje fundamental sobre el que gira todo tipo de manifestación.

 
ACTIVIDADES ASOCIATIVAS
Las actividades asociativas por excelencia son aquellas que tiene como fin dotar de una educación complementaria a los asociados y específicamente a sus hijos. Una educación que gira alrededor de la enseñanza del árabe y cuantas manifestaciones se identifican con la cultura étnica. Para ello no solo se dotan de espacios escolares con el fin de transmitir aspectos básicos de la cultura de origen (lengua, religión, historia, etc.), sino que también utilizan profesorado, libros, medios e instrumentos propios. Uno de los objetivos más recurrentes consiste en evitar que los hijos, y las
generaciones que han nacido aquí o bien han llegado a España con una corta edad, no pierdan las señas de identidad de sus padres y de su origen étnico. Se trata de evitar que en ese transitar por los mundos se pierdan las raíces, el contacto con la realidad original, aquello que les identifica como grupo y en cierto modo, evitar lo que ellos denominan duelo por la pérdida: Con esta escuela vamos a calmar el duelo que están viviendo los inmigrantes.

La escuela pública es necesaria para la integración en la sociedad acogida, pero la escuela étnica es un complemento fundamental para la vida y el desarrollo de estas personas. Y este pensamiento se da más entre las mujeres que entre los hombres, porque ellos viven con la idea de volver algún día, de encontrarse de forma transitoria en España, de que el proceso migratorio es un accidente y que todo volverá muy pronto a su cauce, a su lugar de origen, a la casa donde nacieron; y por ello aborrecen la idea de que sus hijos vayan a la escuela, se integren con los autóctonos, al punto de ser como uno de ellos y terminen olvidando su pertenencia a la cultura de sus padres y sus ancestros. No por esto, las mujeres, más pragmáticas, más situadas en el día a día, tratan de conciliar los deseos e ilusiones de los hombres con la realidad educativa de sus hijos, y por ello se muestran favorables a esa escuela complementaria y a las actividades que promueve. Hablan de esta escuela como un instrumento que sirve para tranquilizar las conciencias de pérdida, de duelo y de alienación etno-cultural.

Las asociaciones de mujeres subsaharianas, como La Dona Guineana de Valencia, promueven el conocimiento de la cultura guineana a través de actividades culturales, con el objeto de reivindicar la cultura africana frente a la cultura española y como un medio de defensa frente a los prejuicios y discriminaciones que soportan sus hijos en la escuela. Otras actividades de carácter cultural que van dirigidas a los niños son los cuentos; es decir, la literatura oral como medio de entronque con la cultura original africana. Otro instrumento igualmente educativo son los juegos africanos, de modo que los niños que los practican reconocen sus países, a la vez que disfrutan como no puede ser de otro modo de la actividad lúdica.

Una mujer de Burkina Faso (Rosali) señalaba que el instrumento ideal para transmitir la cultura africana son los cuentos, los talleres de cuentos. Para ella y para otras madres de la asociación resulta fundamental esta forma de introducirse en la cultura africana, porque en África los cuentos están para enseñar los valores de la sociedad, para ser buenas personas; entonces hemos pensado hacer tardes de cuentos para nuestros niños. Y es muy reflexiva cuando señala que la educación en España es muy individualista y se deja en manos de los padres; pero si estos padres no pueden dedicarles todo el tiempo que quisieran, la educación queda en manos de la escuela que no es capaz de atajar los actos discriminatorios que ocurren con el alumnado inmigrante. Toma como referente la educación en África, donde la educación de los niños está en manos de otros familiares, de vecinos, en definitiva de toda la comunidad. Porque educar, para ella es formar a una persona de manera integral, de modo que sea una persona buena, esté donde esté. Formarla para que asuma todo el proceso de vida y sea feliz. Indica que el fracaso escolar es un fracaso del tipo de educación que se da a las personas (principalmente a los niños autóctonos), y no es una cuestión de éxito escolar; por ello entiende que como asociación sociocultural de mujeres, de madres, deben realizar este esfuerzo de ir escuela por escuela y dar charlas sobre convivencia, enseñándoles la realidad de África, lejos de los estereotipos y prejuicios con los que se alimentan en sus casas o en la propia escuela. Digamos que es un esfuerzo por lograr que la educación sea de toda la comunidad educativa y para todos los niños.

Con las actividades educativas y de expresión etnocultural, los inmigrantes asociados buscan recrear sus señas de identidad comunitaria, pero también ofrecer ocasiones de encuentro con el fin de sentirse comunidad, y a ello colaboran todo tipo de actividades culturales, lúdicas y festivas. De este modo, es muy propio de las asociaciones senegalesas, gracias a un cierto sentido comunitario, formar grupos folklóricos de baile, música o canto logrando con su participación dar colorido a las fiestas étnicas o a las fiestas locales. Un dirigente de una asociación del Senegal, nos habló que su objetivo era la promoción de la cultura africana a través de las clases de percusión y danza, que realizaban no sólo en el local de la asociación sino también yendo a colegios e institutos, e insertando en el contexto escolar esta clase de actividades culturales. El sentido comunitario que se supone a los subsaharianos y especialmente a los senegaleses nos lo certificaba un argelino (Djilalli), que los compara con los magrebíes a los que tilda de individualistas. Y hasta cierto punto resulta certera esta apreciación pues son asociaciones senegalesas las que imprimen su sello personal a estas manifestaciones culturales de cuentos y juegos, que se ven acompañan por otras actividades de carácter expositivo como fotografías (sobre Senegal, sobre el fenómeno migratorio, sobre la inmigración ilegal, etc), artesanía, manifestaciones artísticas, etc.; y la actividad cultural más usual en casi todas las asociaciones, la realización y degustación de comidas étnicas.

La otra gran actividad asociativa de carácter formativo, junto a la escuela complementaria y las manifestaciones de carácter étnico, es el aprendizaje de lenguas (valenciano, catalán, español, árabe) necesarias para el desenvolvimiento sociolaboral. De hecho han sido varios los dirigentes, que desde su formación o desde su conocimiento del árabe, han apoyado la creación de escuelas de padres o escuelas de adultos, donde entre otras cuestiones formativas se les ofrecía clases de lenguas o bien clases de alfabetización. Y en el discurso de casi todos los entrevistados hemos encontrado la necesidad del aprendizaje inicial del español como vehículo de comunicación, lográndolo bien a por su cuenta o a través de profesores particulares y, sobre todo, a través de iniciativas municipales o asociativas que les dieron la ocasión de dominar el idioma. Son varias las asociaciones, principalmente las subsaharianas, las que dedican parte de sus cuotas a financiar los estudios de sus asociados, significativamente el aprendizaje del español, llegando incluso a pagar el billete de tren para aquellos chicos que se encuentran en localidades próximas pero sin infraestructura asociativa o sin un número suficiente como para promover cursos de formación. También financian la finalización de estudios secundarios o formación profesional. Y como específicamente las mujeres han sido las grandes desfavorecidas en el proceso educativo, la adquisición de competencias que les permitan trabajar ha sido uno de los objetivos de las asociaciones femeninas.

Los hay que piensan que la educación complementaria o la educación necesaria, debe darse en las mezquitas y debe ser una educación religiosa a través del estudio del Islam. Aunque no sólo se trata de rezar, pues en las mezquitas también se han tratado actividades comunitarias, como reunir dinero para pagar el traslado del cadáver a su localidad de origen, si bien han sido siempre las asociaciones el espacio donde se dirimían casi todas las demandas y necesidades de los asociados, y donde se marcaban los objetivos comunitarios. A este fin han colaborado muchos de sus dirigentes, sobre todo cuando estos manifestaban vocación e inquietud social, con interés por los problemas que surgen en el proyecto migratorio, sobre todo si está preparado y ya cuenta con experiencia universitaria. En estos casos de dirigentes con experiencia asociativa o con experiencia o conocimientos sobre el mundo asociativo, son múltiples las actividades dirigidas a todos los miembros de la comunidad inmigrante, tanto de las asociaciones como de la comunidad de origen, a través de proyectos de codesarrollo. O dirigidas a todo el mundo como nos cuenta Mama Samateh (Gambia) que trabaja en mediación y ha construido una asociación contra la mutilación femenina, desde la que se ofrece información con el fin de luchar contra esta práctica.

No puedo cerrar este conjunto de actividades asociativas sin referirme a esas otras de las que se benefician básicamente los españoles, y que no son sino una fórmula muy extendida entre todas las asociaciones que buscan puntos de integración con la sociedad de acogida a través de las expresiones, no sólo de la lengua, cultura y folklore de los países de origen, sino también educativas y formativas por su intervención en los centros educativos donde crean el ambiente necesario para combatir la ignorancia y el racismo.

 

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No es la primera vez, ni pienso que sea la última, que me enfrento al tema de la identidad[1] pero sí es la primera vez que enfrento la construcción de la identidad a un grupo de edad tan cambiante como la adolescencia y con el añadido de un origen familiar tan diverso y diferenciado en todos los ámbitos, como el procedente de los movimientos migratorios, pues los movimientos migratorios se caracterizan en su relación con la sociedad de destino por exhibir distancias culturales y estilos de vida diferentes que son sobre los que se asientan en buena medida los procesos identitarios de los adolescentes hijos de la inmigración.

Y es que para un adolescente proveniente de procesos migratorios, al conjunto de crisis y tensiones propios de su desarrollo biológico así como de la maduración de sus caracteres físicos, se añaden las propias de su condición (impuesta) en el ámbito de las relaciones familiares, sociales y culturales, que si ya de por sí entran en crisis en este periodo, se multiplican en el caso de los adolescentes hijos de la inmigración, pues a éstas deben añadir las tensiones propias de la adquisición de una identidad que debe nadar entre dos aguas y valorar estilos de vida y referentes culturales diferenciados, distanciados y en ocasiones opuestos.

La construcción de la identidad hay que entenderla como un proceso, no innato, que se va forjando a lo largo de nuestra vida y nunca acaba, y en la que intervienen tanto los elementos propios de la estructura social, como nuestros procesos psicológicos e interacciones de la vida cotidiana. Por otra parte, cuando se habla de construcción de la identidad adolescente, se sabe que es en este periodo de la adolescencia cuando se fundamentan los rasgos primigenios y valores que darán forma posteriormente al conjunto de elementos y valores identitarios.

En la constante duda, en la imprecisión y en la búsqueda de uno mismo, los adolescentes experimentan todo tipo de roles, propios o adscritos, que la familia, los amigos y la sociedad en general les otorga o les impone. Por esto, los cambios de actitudes y de comportamientos son un medio de experimentación y de búsqueda de ese lugar bajo el sol que les permita finalmente descubrir quién soy yo, o cómo quiero ser yo. Es la inevitable lucha entre el ser y el deber ser que se ve además amplificada por la experimentación y el cambio. Esto provoca que las contradicciones afloren cuando se relaciona lo que dicen con lo que hacen. Producto de esta confusión, inevitable por otra parte, son los ensayos del adolescente, los experimentos a la hora de adoptar posturas que de ningún modo le satisfacen y que casi siempre chocan con la percepción que del adolescente tienen los familiares y amigos, e incluso la sociedad en la que ejercita esos comportamientos propios de una personalidad indefinida y ambigua.

Compaginar el hecho de ser uno mismo, como los demás, y a la vez distinto a los demás; simultanear la opción de la mismidad y la otredad con la pertenencia a grupos distintos al familiar en los que el adolescente puede desplegar todos los elementos configuradores de su incipiente identidad, es el logro supremo de este periodo transitorio. La adquisición de una identidad personal.

Aunque esto no es fácil porque ese reflejo de lo que el adolescente considera que es ser como uno más tiene que permitir la distinción de los demás. Esto que a simple vista puede parecer una tautología, para el adolescente es una fuente permanente de confusión, por que si bien busca ser alguien, un alguien todavía impreciso e indefinido, también es cierto que busca ser como los demás, fundirse en el anonimato del conjunto de personas que son los demás, los grupos con los que se relaciona y que, en definitiva, le servirán de referentes a la hora de construir su personalidad identitaria.

Esta aparente contradicción en el proceso de construcción identitaria del adolescente, no es sino una muestra más del conjunto de oposiciones que sustenta el significado de la identidad. El proceso de construcción identitario es una tarea larga y dificultosa por las innumerables opciones y posibilidades que se brindan al adolescente para que tome una decisión adecuada y contextualizada con su realidad social inmediata. La pluralidad de opciones que se ofrecen ante el adolescente están en consonancia con la pluralidad de modelos familiares y de socialización que hoy día se encuentran en las sociedades desarrolladas y que algo indican sobre la diversidad existente en los tipos de relación intergeneracional que se producen.

Hoy día no se puede entender un modelo único o general de socialización adolescente y no sólo por la diversidad de los agentes que intervienen en dicho proceso, sino también por el interés y la conformidad que le concede el adolescente, pues si familia, escuela y amigos habían sido por este orden los principales agentes socializadores, hoy día, la intervención y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, y el valor otorgado a las relaciones de amistad, han modificado de modo plural este proceso de socialización encontrando adolescentes diversos, como diversa es su opción primordial en la aceptación de creencias, valores y actitudes procedentes de los diferentes agentes socializadores.

La adolescencia constituye un proceso de integración social, donde la adquisición del estatus de adulto cobra sentido. Es además un proceso de construcción identitaria que depende de los entornos y ámbitos en los que el adolescente se desarrolla y donde negocia su integración. Por esto último, no existen dos procesos de construcción identitaria iguales, como no existen dos adolescentes iguales, como no encontraremos iguales procesos de socialización, ni iguales procesos de integración.

Y si ya es difícil, complejo, dubitativo y hasta arriesgado en un adolescente el proceso de construcción identitaria, una nueva variable como es la de la inmigración que de por sí ofrece inestabilidad a las personas que se encuentran en esa disposición, aumenta las dificultades del adolescente para construir su identidad y adquirir un estatus social integrador, en un periodo de tiempo todavía más acelerado y corto que el que dispone un adolescente autóctono.

En los discursos de estos adolescentes aparecen nuevas variables como el desigual proceso de reagrupación familiar, la ignorancia inicial del idioma y la inmersión inmediata en un entorno escolar totalmente extraño y poco receptivo, el descubrimiento de comportamientos y actitudes de grupo con códigos nuevos, el desconcierto ante lo desconocido, la presión por una imperiosa y urgente adaptación (¿integración?) y, sobre todo, el sentimiento de pérdida de un estadio de seguridad y protección del grupo familiar extenso y de amistades, en el país de origen. Son muchas las exigencias y poco el tiempo concedido para realizarlas.

Exigencias percibidas en su relación con la sociedad de acogida que no hace distingos a la hora de exigir la adquisición de estatus suficientes con los que integrar a las personas. Y no distingue en este sentido, porque ya discrimina cuando ejerce su poder conformador en el proceso de construcción identitaria, donde claramente utiliza los medios a su alcance para  que los adolescentes inmigrantes se identifiquen de manera distinta a los autóctonos, para que estos se integren en la categoría de adolescentes hijos de la inmigración, denominándolos como “segundas” o “terceras” generaciones de inmigrantes, y por tanto, lejos y diferenciados del grupo mayoritario a los que escuetamente trata de adolescentes.

Los adolescentes hijos de la inmigración se ven sometidos a terribles tensiones originadas por la disyuntiva entre mantenerse fieles al origen, adaptarse al destino, o finalmente, marginarse de las dos opciones en la búsqueda de una identidad que se les aparece como un objeto de deseo salpicado de aristas hirientes y discriminadoras. Además tienen que soportar la duda sobre si sus dificultades tienen algo que ver con haber emigrado (ellos o sus familias), o con ser adolescente y no pintar nada, o con pertenecer a colectivos sociales que tienen fuertes dificultades en los procesos de incorporación social.

Por otra parte, todas las dudas que experimentan, todas las tensiones y crisis con las que se enfrentan a menudo, no pueden –o no quieren- compartirlas con su grupo familiar. Así, en el proceso de construcción identitaria del adolescente hijo de la inmigración, un proceso todavía incipiente, observamos a grandes rasgos dos tipos de estrategias. Una consistiría en los intentos de identificación rápida con el grupo mayoritario, el perteneciente a la sociedad de acogida. La segunda estrategia consistiría en el mantenimiento de cierta distancia y recelo hacia el grupo mayoritario, porque de él se derivan las principales dificultades en el proceso de integración social.

Pues bien, frente a estas dos estrategias se encontraría una tercera que constituye la salida más apropiada en la adquisición de una identidad; aquella que valora las estrategias estableciendo sus pros y sus contras. Nos referimos a la actitud positiva de adoptar lo mejor de ambas estrategias, pues de este modo se adquiere la certidumbre de ser uno más entre los demás; es decir, lograr la integración social, aunque en su caso manteniendo la vinculación con los referentes primordiales con los que se habituó desde niño, aquellos que representan los miembros de su red familia, los de su mismo origen nacional, en definitiva los referentes culturales con los que se incorporó a la adolescencia en el país de acogida.

Sobre estas tres estrategias abunda el trabajo que se publicó en 2008 en el libro colectivo DE IDENTIDADES, y que lleva el título de “LA DIFÍCIL CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ENTRE LOS ADOLESCENTES HIJOS DE LA INMIGRACIÓN” en donde reflexiono también acerca de la identidad étnica y la identidad cultural y la integración social entre los adolescentes hijos de la inmigración.

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[1] Giró, J. (2004): “Pluralismo y educación intercultural”, en Aguirre, J.Mª y Martínez de Pisón. J., Pluralismo y Tolerancia. La sociedad liberal en la encrucijada. Logroño: Perla ediciones, pp.197-228. Giró, J. (2003): “Asociacionismo étnico, identidad cultural y ciudadanía”, en Bernuz, Mª J. y Susín, R., Ciudadanía. Dinámicas de pertenencia y exclusión. Logroño: Universidad de La Rioja, pp.155-172

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En 2004 se editó el estudio “Mujeres inmigrantes. Invisibilidad y práctica cotidiana”. El estudio fue fruto del interés de los autores hacia realidades sociales en las que convergen los conceptos de género junto a los de inmigración, ciudadanía y vida cotidiana. Fueron varias las razones que justificaban la elección de las Mujeres Inmigrantes como el colectivo sobre el que situar nuestro estudio:

1) En primer lugar el fenómeno demográfico que ha supuesto el crecimiento de la inmigración, cuya evolución en los últimos años había sido muy rápido, teniendo en cuenta que si en 1997 suponía el 1,1% de la población logroñesa, en 2003 suponían el 9,5% (algo más de 13.500 inmigrantes empadronados en Logroño). De este colectivo inmigrante, la mujer era quien había llevado un proceso de incorporación más rápido suponiendo entonces el 44,7% de la población inmigrante logroñesa, porcentaje que se superó, si atendemos a algunas de las razones por las que se instalan las mujeres inmigrantes en nuestra ciudad; razones de cuyo conocimiento da cuenta el estudio. Y no es que las mujeres inmigrantes aparezcan o lleguen a nuestro país como compañeras, sino que también aparecen como inmigrantes individuales, es decir, solas.

2) En segundo lugar la importancia de la mujer inmigrante en el proceso de integración. Ésta, como todos los inmigrantes, vive entre dos culturas, pero a diferencia de los hombres, siente la responsabilidad y es la encargada de establecer un puente entre ambas. En la mayoría de los colectivos se tiene conciencia de que la especificidad cultural se transmite por línea femenina, de que las mujeres son agentes activos de la reproducción cultural, aunque paradójicamente no se les reconozca públicamente. Mientras que antes se limitaba a mantener las tradiciones, ahora, tras la emigración, tiene que ser agente de su cultura al mismo tiempo que posibilita el acceso a la nueva cultura. Es decir; por un lado desarrolla el papel de guardiana de la tradición mientras que por otro, se convierte en agente de cambio.

La mujer inmigrante debe conservar la cohesión del grupo y proteger la identidad cultural, a la vez que desarrollar estrategias adaptativas que les permitan asumir lo nuevo sin romper con lo propio; se trataría de conciliar sus costumbres y tradiciones con los códigos de la nueva situación. Así, las mujeres han tenido que añadir a las viejas funciones tradicionales de esposa y madre, guardiana de los valores culturales y cuidadora del hogar, el de impulsoras de un proceso de cambio, representando para el grupo familiar un elemento de estabilidad para sobrellevar mejor el trauma que todo proceso migratorio lleva implícito.

El papel que la mujer inmigrante juega en la familia, especialmente con los hijos, en la formación de opiniones, actitudes y comportamientos, es mucho más decisiva y esto ha ayudado a que cada vez más, se le atribuya y reconozca un papel clave en el proceso de integración.

3) Además, otra razón que justificaba el estudio, era el cambio en la adopción de roles diferenciados en el escenario familiar, así como el cambio de status adjudicado en la sociedad de origen. Se ha detectado y constatado que las mujeres inmigrantes son más pragmáticas en su adaptación a los diferentes modos de vida y opiniones que los hombres; se muestran más tolerantes ante la pluralidad de valores sin sentirse amenazadas, y tienen mayores aptitudes para orientarse y dominar la vida cotidiana en una sociedad que les es extraña. También son capaces de desarrollar comportamientos aceptados por la nueva sociedad y dan prueba de mayor perseverancia y paciencia en los largos procesos de formación.

4) Hay otras razones que justificaban la necesidad de este estudio, como las provenientes de la presencia de la mujer inmigrante como agente de desarrollo (económico y social). La dimensión de agente de desarrollo económico proviene del mayor acceso de la mujer inmigrante a la educación, así como de su incorporación al mercado laboral (principalmente en el sector servicios). En cuanto a la dimensión social, era preciso destacar su participación en los servicios y las prestaciones sociales (principalmente en labores de asistencia a enfermos y ancianos). Estamos de acuerdo con Sonia Parella, cuando en una publicación[1] afirmaba, que “la masiva demanda actual de empleadas domésticas tiene que ver con cambios sociodemográficos y económicos, como el envejecimiento de la población y el incremento de las personas mayores que viven solas y que precisan ayuda doméstica; la creciente participación femenina en el mercado de trabajo y el consiguiente aumento del número de hogares en que el padre y la madre trabajan a tiempo completo; el mayor número de hogares monoparentales; la progresiva tendencia hacia la dispersión geográfica de la familia; una nueva gestión del tiempo en el núcleo familiar; la crisis fiscal del Estado de Bienestar”, y que podemos destacar como algunas de las causas principales por las que una actividad reservada hasta un pasado reciente, a núcleos de familias pudientes, está hoy generalizándose entre la población española.

5) También, las características del trabajo en el servicio doméstico y el cuidado de los enfermos, han contribuido a que esta ocupación sea vista como poco atractiva para las españolas. La reticencia de muchas españolas a cumplir con estas tareas, ha colaborado a que la inmigración extracomunitaria encuentre un hueco en el sector laboral español. La incorporación de la mujer española al mercado laboral no ha significado que las tareas domésticas tradicionalmente destinadas al sexo femenino hayan sido ocupadas por los hombres, sino que la tecnología y la llegada de otras mujeres, las extranjeras, han permitido esta lenta y progresiva incorporación de la mujer española al ámbito laboral. Un estudio del Instituto de la Mujer revelaba que el 64% de las extranjeras con permiso de trabajo era empleada de hogar. Del mismo modo, es una práctica habitual la contratación de mujeres sudamericanas para el cuidado de personas mayores que, de otro modo, estarían en residencias.

6) Otra razón de estudio proviene de la calidad de estas mujeres que son el sustento económico de muchas familias. En los últimos años y, en especial a partir del año 1999, momento en que se cerraron los cupos para la formalización de la situación legal de las personas inmigrantes, los varones “sin papeles” tienen graves dificultades para acceder al mercado de trabajo, ya que los puestos que se ofertan para ellos, en especial desde la construcción, no son accesibles para aquellos que no puedan entrar en el régimen general de seguridad social. Sin embargo, las tareas de servicios a que optan las mujeres no presentan la exigencia de documentación de los anteriores, por lo que actualmente, mientras muchos hombres buscan oportunidades esporádicas de trabajo (por ejemplo en el campo), las mujeres son quienes están ingresando los salarios necesarios para el mantenimiento de la familia en Logroño o en su país de origen. Esta situación podía provocar la llegada de un número superior de mujeres al de hombres, mientras no se abriera de nuevo el acceso a los documentos legales y la regularización administrativa de la cada vez mayor bolsa de inmigrantes irregulares o indocumentados, eufemísticamente denominados ilegales.

7) Finalmente, encontramos como igualmente razonable, la aproximación al conocimiento del fenómeno demográfico, en cuanto hace relación al incremento de las tasas de natalidad y al incremento del número de hijos/as menores de edad que las madres traen consigo. Todo lo cual, ha supuesto una ralentización del fenómeno del envejecimiento, incrementándose las tasas de población infantil y joven.

En conjunto, todas estas razones nos permiten hablar de un fenómeno de enormes consecuencias para España como es el de la feminización de la inmigración, pero también del cambio en el papel de la mujer en nuestra sociedad, y concretamente, en la historia de la ciudad de Logroño.

MUJERES INMIGRANTES


[1] Parella Rubio, Sonia (2003): Mujer, inmigrante y trabajadora: la triple discriminación. Barcelona: Anthropos, pág. 12

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He finalizado (por fin) esta Historia de las maestras  que me ha ocupado los últimos meses intensamente y que apenas me dejaba dormir. Así que llevo unos días de descanso, y he retirado de mi vista cuanto documento, libro, cuaderno de notas y demás artilugios me han acompañado en esta aventura con las maestras logroñesas, con su historia y con el análisis sobre la identidad de género y trabajo que me han ocupado día y noche sin descanso. Pero parece que el mejor descanso para un investigador social es cambiar de tema y en esto me voy a entrometer en los próximos meses.

El proyecto que me va a interesar casi inmediatamente es el relativo al “Asocionismo e inmigración africana: funciones latentes y manifiestas”, un proyecto de I+D de la Convocatoria 2008, aprobado por el entonces Ministerio de Ciencia e Innovación. Como parte de un equipo cuyo IP es el doctor Jordi Garreta todo parece indicar que yo deberé sumergirme en las dos comunidades que mejor conozco (Navarra y La Rioja), pero de las que desconozco casi todo acerca del asociacionismo africano. Digo casi todo pues no me es ajeno del todo el tema del  “Asociacionismo étnico”, gracias a la ayuda[1] para estudios científicos que el Gobierno de La Rioja, a través del IER, me concedió en mayo de 2001, y que me permitió definir el grado de etnicidad o de comunidad étnica que se da en los movimientos asociativos y su relación con la ciudadanía a través de la participación o la exclusión del medio social. Tras estos objetivos y aspectos clave fueron varios los trabajos que aparecieron publicados en fechas posteriores.

El primero es un artículo titulado “Asociacionismo étnico, identidad cultural y ciudadanía”, que forma parte de una publicación[2] que sobre temas identitarios coordinó el profesor de filosofía del derecho de la UR, Raúl Susín. En este artículo trato de aclarar los conceptos que sustentan estas relaciones, principalmente entre asociacionismo étnico e identidad cultural, y que responden a preguntas tan sencillas como ¿quiénes somos nosotros?, pero de respuesta tan compleja como variable, ya que en mi opinión la identidad es tan sólo un constructo social. Por otra parte, la defensa de los derechos de ciudadanía debe equipararse a los derechos a la identidad cultural, aspecto que en mi opinión no se realiza debido a la falta de diálogo en condiciones de igualdad entre la cultura mayoritaria y las minoritarias, defendidas en clave de identidad por las asociaciones étnicas. La supuesta falta de integración social de algunas culturas minoritarias y por tanto de adquisición de una ciudadanía plena, se analiza desde una perspectiva que atraviesa los conceptos de homogeneidad y diversidad cultural, indicando que sin un desarrollo pleno de la interculturalidad, se rebajan las expectativas de participación en una sociedad democrática y plural.

El segundo trabajo es una ponencia presentada en el workshop “Derechos fundamentales, movimientos sociales y participación” que organizado por el Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati (Guipúzcoa), se celebró en abril de 2002. La ponencia “Ciudadanía y participación: el caso de la inmigración”, fue presentada en aquel workshop, y también ha sido publicada posteriormente en el correspondiente libro colectivo[3]. En esta ponencia comenzaba con una presentación acerca de cómo entendía la interrelación entre los conceptos de globalización, inmigración y ciudadanía; y seguía con el desarrollo de lo que es el fenómeno de la inmigración en España y su relación con el mercado laboral, pasando a continuación por el análisis de una de las manifestaciones más abundantes en el fenómeno de la inmigración como es la existencia de cadenas migratorias y la formación de redes y asociaciones étnicas.

Un tercer trabajo se formalizó a partir de las obligaciones contraídas con el IER por las que tenía que entregar el trabajo sobre “El asociacionismo étnico en La Rioja” en mayo de 2002, sin que hasta el día de hoy tenga constancia de que este trabajo se vaya a publicar. El asociacionismo étnico en La Rioja recoge las entrevistas a los responsables de siete organizaciones de carácter étnico o de ayuda al inmigrante. El desarrollo del movimiento asociativo, principalmente de apoyo al inmigrante, nace y desarrolla sus actividades al albur del crecimiento del fenómeno inmigratorio en La Rioja. Es decir, si es a partir de los años 1993/1994 cuando la inmigración en La Rioja va tomando carta de naturaleza social, el apoyo del voluntariado y de las organizaciones sin fin de lucro hacia el colectivo inmigrante va a tomar carta de presentación en nuestra región en esas fechas. A partir de entonces y según se suceden las modificaciones legislativas así como el crecimiento del número de inmigrantes residentes, las actividades de estas asociaciones se van a diversificar e incrementar.

Si al principio, los objetivos de las asociaciones de ayuda al inmigrante son los de prestar atención a los jóvenes trabajadores o los procesos de regularización y los permisos, estos darán paso a nuevos objetivos como la atención a las familias y al proceso de reagrupamiento, las segundas generaciones y, a partir de entonces, los derechos sociales y ciudadanos. Son varios los autores que señalan que no es a través de una relación directa inmigrante-Estado como se realiza la integración, sino a través de la mediación de organizaciones intermedias (sindicatos, organizaciones eclesiales y otras redes) que, atrayendo al inmigrante a su campo, le introducen a la vez en las cuestiones más amplias que tienen que ver con la ciudadanía completa. De este modo, el comportamiento de las diferentes comunidades o colectivos de residentes riojanos con otro origen nacional, pese a no aparecer como grupos organizados se les supone una existencia (próxima o real), a un cierto asociacionismo étnico por el hecho de compartir cultura e identidad.

Ahora bien, si entendemos que las asociaciones étnicas asumen la representación social de los colectivos actuando como catalizadoras del proceso de integración social, tanto saliendo en defensa de la identidad cultural de sus miembros como demandando la adquisición plena de los derechos ciudadanos vertebrando de esta manera la iniciativa social, cultural y política de sus asociados, podemos concluir que en La Rioja aún no existe asociacionismo étnico. Todavía no podríamos hablar mas que de la incipiente formación de un asociacionismo étnico en La Rioja, si por tal se entiende la existencia de organizaciones de carácter étnico o de inmigrantes con un mismo origen nacional, residentes en La Rioja, y que actúan como el medio o instrumento para la defensa de los intereses colectivos de sus asociados. En este caso se encontraría ATIME y Asociación de Promoción Gitana.

Sin embargo, las organizaciones de inmigrantes en España parecen nutrirse de individuos pertenecientes a una nación, constituyendo asociaciones nacionales y no étnicas por el reducido número de individuos insertos en esta categoría (por ejemplo marroquíes, en vez de árabes y bereberes). Atendiendo al sentido nacional del asociacionismo étnico, podemos declarar que ATIME-Rioja es la única asociación étnica de La Rioja, sin menoscabar otro hecho como es ser el mayor colectivo de inmigrantes, solo hoy día amenazado por el crecimiento de inmigrantes de procedencia rumana,  y a despecho de que otras nacionalidades como las procedentes de America o la paquistaní, acaben organizándose asociativamente dado el crecimiento cuantitativo de estos  últimos años.

ciudadania1

ciudadania-y-participacion



[1] Referencia: 2001.GG.08.1368

[2] “Asocionismo étnico, identidad cultural y ciudadanía”, en Bernuz, Mª J., y Susín, R. (2003): Ciudadanía. Dinámicas de pertenencia y exclusión. Logroño: UR, pp.155-172

[3] “Ciudadanía y participación: el caso de la inmigración”, en Martínez de Pisón, J., y García Inda, A. (2003): Derechos fundamentales, movimientos sociales y participación. Aportaciones al debate sobre la ciudadanía. Madrid. Dykinson, pp.235-265

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