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Posts Tagged ‘Huertos de ocio’

Hace unos días  falleció Javier Sáez Forcada, quien fuera concejal socialista del Ayuntamiento de Logroño entre 1983 y 1994.  Nos conocimos en ese tiempo en que yo empezaba a vivir en Logroño después de mi etapa serrana, y enseguida congeniamos tras recordar algunas anécdotas de la experiencia vivida  (el tenía creo que pocos años más que yo). Me introdujo en las Escuelas Taller que él impulsó para luchar contra la marginación de los excluidos del campo escolar, donde llegué  a dar algún que otro curso (creo que de metodología para la investigación), y siempre que nos cruzábamos encontraba el tiempo para ponerme al día sobre la situación política municipal que, por cierto, se cebó con él en bastantes ocasiones, siendo como era un pedazo pan socialista. Antes de finalizar su etapa como concejal, en 1992, el año del Quinto Centenario, me propuso que liderara un ambicioso proyecto para estudiar el aprovechamiento que se podía dar a un vasto territorio urbano en Logroño, denominado las Huertas de Madre de Dios. No recuerdo a santo de qué pero decliné su oferta, y le dije que sí estaría como sociólogo en el equipo que se formara, pero que no  asumiría el encargo de coordinar este proyecto. El “Proyecto de aprovechamiento integral de las Huertas de Madre de Dios” quedó bajo la responsabilidad de un arquitecto, dados los objetivos de urbanización de las 75 Has. de extensión que contaba en ese momento la superficie, y donde hoy se encuentra enclavado una parte del campus universitario, nuevas calles, el Riojaforum, etc. En aquel momento este gran espacio poseía valores culturales, históricos y económicos y, por tanto, las propuestas debían tener en consideración este pasado hortícola de la zona ofreciendo alternativas de ocio didáctico no-consumista y convirtiendo la zona en un verdadero parque urbano sin establecer rupturas con el planeamiento urbanístico y urbanizable, de modo que se consiguiera una interacción positiva entre cultura urbana y cultura rural propia de la ciudadanía logroñesa. Mi papel, pese a estar subsumido en el conjunto del equipo redactor, me llevó a organizar lo que llamamos reseña histórica así como el análisis socioeconómico y de infraestructuras de este vasto territorio urbano, aspecto que me llevó a la elaboración de una ficha informatizada que con posterioridad amplié mediante transcripciones de entrevistas a los propietarios y arrendatarios de las huertas de Madre de Dios. En cuanto a las propuestas, estudié el modelo de Huertos de ocio de la Comunidad de Madrid, precisando cuál debía ser el modelo de Huerto Social de la ciudad de Logroño. Finalmente, el equipo prolongó su actividad durante el primer semestre de 1993 con el fin de dotar de unidad a las propuestas que finalmente se elevaron al Pleno del Ayuntamiento y no sólo ante la Comisión de Urbanismo, tal y como se hizo en un avance en noviembre de 1992. Mi gran frustración es que el esfuerzo y el entusiasmo que nos alentó en aquellos meses sólo sirvió para alimentar el oportunismo político del partido popular. Me estoy refiriendo al hecho de cómo aprovecharon la información sobre la estructura de la propiedad y el modo de acceder a la misma (por compra o expropiación), para con posterioridad a su adquisición desechar aquellas propuestas que el equipo de investigación había presentado, dándole otros usos. Recuerdo que en nuestra spropuestas, la calle Madre de Dios seguía siendo una calle de paseo interrelacionando el gran parque de Ribera con la ciudad. Años después hubo que contabilizar varios muertos para que se comenzara a limitar la velocidad del tráfico motorizado que consiguió la urbanización del alacalde popular (experto arquitecto y sensible urbanista). De los huertos de ocio nunca se supo y todas las mejoras  que se han realizado y que se realicen en el futuro partirán de una concepción bastarda de lo que pudo ser esta gran zona hortícola y de expansión de Logroño. En cuanto a Javier, nos veíamos cuando paseaba de la mano de su mujer por la calle Manzanera; había perdido el pelo tras los últimos tratamientos y su aspecto no era nada enviadiable tras el deterioro que seguía a cualquier ingreso hospitalario, pero lo recuerdo sonriendo o esforzándose en sonreir cuando trataba de bromear acerca de su estado de salud o de cualquier tontería que le diera señales de que seguía estando entre los vivos, y entre quienes cariñosamente le apreciábamos. Javier, descansa en paz.

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