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Posts Tagged ‘Alzheimer’

Este es el segundo libro de Gerontología Social que he coordinado y que se publcó en 2005. En él se recoge la información, el estudio y las reflexiones de diversos especialistas acerca del proceso de envejecimiento de la población. Aunque si quisiéramos ser más precisos, deberíamos hablar del fenómeno de rejuvenecimiento de la población española, pues a nadie se le escapa que los denominados mayores en el pasado reciente (mayores de cincuenta años), hoy día son considerados personas en la plenitud de la vida al trasladar la crisis vital a los ochenta y más años. El rejuvenecimiento de la población ha conllevado un periodo de actividad extra que no tiene carácter productivo y que se caracteriza por el desarrollo de ocupaciones de tiempo libre.  Sin embargo, este rejuvenecimiento de la población no hace sino trasladar los problemas de salud en el tiempo hacia las cohortes más longevas, las cuáles han desarrollado patologías que implican una dependencia extrasanitaria, como ocurre con las enfermedades cerebrales y de carácter cognitivo.

Ha sido pues el rápido proceso de envejecimiento de la estructura de población en los países desarrollados el desencadenante del interés por la gerontología social y no sólo por la geriatría (rama de la medicina que se interesa por los procesos degenerativos propios de la edad avanzada), pues el envejecimiento de la población no se refiere exclusivamente a un proceso biológico determinante de las condiciones de salud de las personas, sino a un proceso social por el que la sociedad se transforma de manera significativa, en virtud de su estructura y organización en torno a la edad como componente diferenciador de los estatus de las personas. En el desarrollo de este proceso de envejecimiento el grupo de personas de edad se incrementa (es decir, los mayores de sesenta y cinco años), aunque no de forma homogénea en todas las edades de la vejez (el crecimiento en los últimos tramos de edad biológica es menor aunque porcentualmente haya sido superior en estos últimos años el crecimiento de los mayores de ochenta años –la llamada cuarta edad-), ni tampoco en la relación entre los sexos (las mujeres han logrado una mayor longevidad que los varones), en detrimento de la población joven (por caída de la natalidad y los índices de fecundidad), dando lugar a lo que se denomina el envejecimiento demográfico.

Buena parte de estas reflexiones se expusieron y discutieron en el II curso de Gerontología Social celebrado en la Universidad de La Rioja durante el mes de noviembre de 2003, organizadas por profesores de la Unidad Predepartamental de Ciencias Sociales del Trabajo en colaboración con profesores de la Escuela Universitaria de Enfermería de La Rioja, gracias al apoyo financiero de la Universidad de La Rioja en su convocatoria de ayudas para la realización de actividades de extensión universitaria, mediante la cual se pudo invitar a especialistas y profesionales de otras áreas disciplinares.

Así pues y a lo largo de este libro, se tratan diferentes aspectos de un mismo proceso, el de envejecimiento, resaltando las relaciones con la salud y la dependencia (Giró), como cuestiones que pese no ser sinónimas están presentes en un gran número de personas que alcanzan edades avanzadas. La independencia personal es una expresión de calidad de vida; por ello, la dependencia supone en líneas generales la carencia de algo que se supone fundamental para el desarrollo de una vida plena.

Precisamente un componente de la calidad de vida, aunque para algunos la esencia de la misma, es el ocio y su disfrute. En este sentido se trata el envejecimiento desde una perspectiva sociocultural (Alcalde y Laspeñas), relacionándolo con el aumento del tiempo libre que, en general, infravaloramos y del que desconocemos su manera de empleo. Las autoras, además de constatarlo, incitan a la utilización voluntaria, satisfactoria y positiva del mismo, pues este tiempo de ocio es el que más significativamente, conlleva -repercute o incrementa- el bienestar y calidad de vida entre las personas mayores. Entienden por un buen envejecimiento, por un envejecimiento satisfactorio, aquel que entiende la salud, no únicamente como ausencia de enfermedad, sino desde una triple perspectiva: biológica (envejecimiento sano y pleno), psicológica (envejecimiento positivo y adaptado) y social (envejecimiento integrado, activo y participativo).

Las diferentes variables bio-psico-sociales que afectan al individuo desde que nace hasta que muere, y no sólo la edad, hacen que se produzcan cambios en las diferentes capacidades. Sin embargo, el peso de los mitos y prejuicios que acompañan al concepto de vejez aún es demasiado significativo y los propios mayores se ven en la obligación de corresponder y asumir el rol asignado, puesto que también participan de éstos estereotipos culturales (Hernando). La construcción social existente sobre la etapa de la vejez pone de manifiesto, en numerosas ocasiones, una perspectiva que niega, entre otras, la posibilidad de interés y actividad sexual en los hombres y mujeres mayores. Esta perspectiva construye y genera mitos y creencias erróneas, que no facilitan vivenciar saludable y placenteramente la sexualidad. Sin embargo, el desarrollo y expresión de la personalidad humana exige el abordaje de los aspectos afectivos y sexuales.

Es una obligación ética respetar el pasado de quienes hoy son mayores, y ofrecerles alternativas que les permitan vivir sus experiencias sexuales como consideren más oportuno, eligiendo, sin presionarles a cambiar unos esquemas por otros. Pero la sociedad también debe comprometerse a trabajar (educación, prevención, intervención…) por la creación y el mantenimiento de vínculos afectivos estables y seguros, puesto que éstos son fuente estructural del ser humano, sin importar la edad, el género o la condición.

El concepto de calidad de vida se popularizó a partir de los años sesenta convirtiéndose en un término utilizado en muy diversos ámbitos: la salud, la educación, la política, el mundo de los servicios en general y muy especialmente en la salud mental y física de los mayores. El cambio de costumbres y hábitos en las sociedades industrializadas hizo surgir la necesidad de medir esta realidad y planificar una actuación centrada en la persona así como la adopción de modelos de apoyo y técnicas de mejora, incluyendo la evaluación de las necesidades y sus niveles de satisfacción. En este contexto de salud y calidad de vida, las denominadas terapias creativas (Buades y Rodríguez), permiten aumentar la vitalidad de las personas mayores, al contribuir mediante el uso de terapias tales como la musicoterapia y la danzaterapia mejorar su estado de ánimo, aumentando la creatividad, relajándolas y recuperando su ilusión.

Toda clase de medidas terapéuticas y preventivas serán pocas, pues en la medida que la dinámica de envejecimiento poblacional persista, los sistemas de atención se verán sometidos a unas cargas asistenciales progresivamente mayores debido a que la población de más edad tiende a utilizar en mayor medida los servicios asistenciales. Esta mayor presión asistencial se ve favorecida  por otros factores (Iruzubieta), además del demográfico, como son los avances científicos que se traducen en la aplicación de nuevas y más sofisticadas tecnologías en el campo sanitario, el incremento del nivel socioeconómico de la población en general y los cambios que se han producido en la organización de los servicios socio-sanitarios que permiten a la población tener a su alcance mejores recursos tanto desde un punto de vista cualitativo como cuantitativo. En cualquier caso, los sistemas sanitarios están pensados para solucionar situaciones episódicas, agudas, las cuales no son las prevalentes en el caso de los ancianos que se ven afectados fundamentalmente por procesos de tipo crónico.

Dentro de este contexto, la educación sanitaria dirigida al anciano juega un papel decisivo. Los ancianos con problemas crónicos reciben la mayor parte de los cuidados del entorno familiar que van a depender de factores económicos, afectivos y estructurales, donde el cuidador principal aporta hasta el 90% de las horas de atención familiar. El género será una variable a tener muy en cuenta en estos cuidados, muy ligados al papel tradicional desempeñado por la mujer en el ámbito familiar. Asimismo, el conocimiento de los determinantes de la salud y las metodologías utilizadas en la educación sanitaria del anciano y de su entorno serán claves en la mejora del bienestar de esta población.

Pero si la educación sanitaria es una medida preventiva fundamental, no por ello la sanidad debe ver los problemas geriátricos como enfermedades únicas en las que es necesario saber de forma exacta el diagnóstico o las causas últimas; además, estas enfermedades pueden y deben ser tratadas, y sino curadas, por lo menos paliadas.

Las enfermedades en las personas mayores tienen unas características especiales que las diferencian de las patologías en personas más jóvenes. Las diferencias más importantes proceden de la aparición de patologías múltiples (Urraca). Es común en este grupo de población que las personas tengan varias enfermedades a la vez; por ejemplo, es frecuente que una persona diabética tenga asociados problemas circulatorios, insuficiencia cardiaca, insuficiencia respiratoria, etc. Estas situaciones hacen pensar al personal sanitario sobre qué síntoma es más urgente a la hora de comenzar el tratamiento, pero teniendo en cuenta que los fármacos para una dolencia pueden agravar o desencadenar la aparición de otra nueva.

Mientras las enfermedades que aparecen en las personas más jóvenes suelen ser agudas y autolimitadas, en el caso de las personas mayores las enfermedades tienen características diferentes como son la cronicidad y la asociación de varias enfermedades al mismo tiempo. Esta situación conlleva tratamientos más prolongados, incluso de por vida. Si a esto le añadimos la polimedicación, lo que nos encontramos es una persona de edad que debe tomar varias medicinas a lo largo del día durante toda su vida.

Las limitaciones en la salud de las personas mayores que en ocasiones conlleva la polimedicación como expectativa vital, no es comparable con el deterioro de la memoria y la inteligencia, auténticos factores claves del envejecimiento (Martínez). En este sentido se informa sobre el avance en el conocimiento de estos soportes mentales para el mantenimiento de la calidad de vida entre los mayores, que se complementa con la propuesta de algunos principios de actuación con el fin de lograr su estimulación en el marco de las aportaciones novedosas de la psicología cognitiva. Del mismo modo se establecen los rudimentos de técnicas de estimulación, así como algunas orientaciones profesionales.

El tratamiento no farmacológico para tratar el síndrome de demencia en general y en especial la enfermedad de Alzheimer, consiste en una serie de  técnicas muy diversas que persiguen diferentes objetivos, tales como mantener las funciones cognitivas que el paciente conserva, controlar las alteraciones de conducta de los pacientes, mantener las AVD básicas e instrumentales, proporcionar apoyo al cuidador disminuyendo el estrés a través de la información y formación, y mejorar la calidad de vida del paciente y de su entorno (Acinas). La intervención cognitiva se puede llevar a cabo a través de múltiples técnicas, tales como la orientación a la realidad, psicomotricidad, reminiscencia, musicoterapia, etc. La estimulación puede igualmente realizarse en el domicilio de la persona enferma para lo cual se necesita que el cuidador o el personal especializado estén formados.

Cuando los cuidados exceden el marco familiar, entonces hay que recurrir a los centros y servicios para mayores, los cuáles exigen unos principios básicos de planificación y diseño (Fernández), haciendo hincapié en la necesidad de conocer las características y demandas de los beneficiarios, la importancia de la correcta evaluación (del recurso y de la persona), y en especial a la adecuación a criterios de calidad del centro o servicio, así como el bienestar y la calidad de vida de la persona.

La falta de autonomía personal para satisfacer actos básicos de la vida diaria es un problema creciente tanto en las personas potenciales de riesgo, sus cuidadores familiares y las estructuras sociales y sanitarias que deberán cubrir esa carencia, proporcionando cuidados de forma continuada, con la sobrecarga que en todos estos niveles va a generarse, hasta convertirla sin duda en un desafío para el Sistema. La limitación física que caracteriza muy a menudo al anciano dependiente y merma o impide la capacidad de movilizarse de forma autónoma e incluso cambiar por sus propios medios de posición durante su estancia en la cama o en el sillón, perfil muy frecuente de un gran grupo de esta población, conlleva entre otras complicaciones posibles el desarrollo de úlceras por presión (Soldevilla), silente “epidemia viva aún en el siglo XXI”, considerada a menudo como un problema banal e imprevisible, aún cuando paradójicamente estamos en situación de poder evitarlas al menos en un 95 % de todos los casos.

Es así como con las diferentes aproximaciones a los aspectos sanitarios y de dependencia de la población mayor, siempre con la perspectiva de mejorar la calidad de vida de su existencia, cerramos este libro que esperamos sirva al desarrollo del conocimiento que demanda una buena parte de la sociedad, especialmente quienes de una forma voluntaria o profesional se encuentran más cerca de la población mayor.

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Este es el título del primer libro de Gerontología Social que he coordinado y que se publicó en 2004. En él se recogen parte de las ponencias que se expusieron y discutieron en el curso de Gerontología Social “Envejecimiento y Sociedad” celebradas en la Universidad de La Rioja durante el mes de marzo de 2003, organizadas por profesores de la Unidad Predepartamental de Ciencias Sociales del Trabajo en colaboración con profesores de la escuela Universitaria de Enfermería de La Rioja. Estas Jornadas han contado con el apoyo financiero de la convocatoria para la realización de actividades de extensión universitaria lo cual ha redundado en beneficio de los alumnos que debieron abonar unos derechos de inscripción muy inferiores a su coste real. A propósito de la inscripción en los cursos, como coordinador de los mismos debo dejar patente mi sorpresa ante el éxito de todas las convocatorias pues, si bien nuestras previsiones se encontraban en torno a un número equilibrado a fin de darle un formato de seminario al curso, tuvimos que admitir en más de una ocasión hasta un 50% más y dejar fuera una demanda inicial cinco veces superior. Ante el interés suscitado desde la primera convocatoria decidí seguir ofertando otros cursos de diferentes niveles. En este primero, decidimos darles prioridad a los profesionales, principalmente de la salud y el trabajo social, así como alumnos de último año.
Este curso de Gerontología Social pretendía ser una introducción en la comprensión de la realidad de las personas mayores, integrando lo social lo psicológico y lo físico desde tres perspectivas diferentes, pero complementarias, que podríamos resumir como percepciones, vivencias y alternativas sobre el proceso de envejecimiento. En este sentido:
1. Las percepciones sociales sobre la vejez, o cómo la sociedad percibe y valora diferentes aspectos significativos sobre las personas mayores, comenzando por la propia vejez y descendiendo a aspectos más concretos como la actividad-inactividad, la sexualidad, el papel de la familia, los servicios sociales y un largo etcétera de temas que no sólo nos permiten comprender mejor el entorno social, político y económico que rodea al proceso de envejecimiento, sino que condiciona también la propia autopercepción de los mayores.
2. La vivencia de la vejez, o la forma en que las personas mayores enfrentan su situación social, económica y personal. Los aspectos que condicionan sus actitudes, las estrategias vitales que desarrollan o la falta de ellas manifestadas, nuevamente, a través de las múltiples dimensiones que les afectan: utilización del tiempo, relaciones personales, adecuación al entorno etc.
3. Salud y bienestar en la vejez, es decir, una visión sobre los recursos internos y externos con que cuentan las personas mayores para enfrentar su vida de forma plena. Los cuidados físicos, los recursos sociosanitarios, el desarrollo de actitudes positivas hacia sí mismos y hacia su entorno, los posibles cambios sociales orientados a mejorar el entorno y el lugar de los mayores en nuestra sociedad.
Por eso, nos ha parecido que, como profesores universitarios preocupados por el devenir y las nuevas realidades sociales, era nuestra obligación un análisis pausado y serio de los diferentes perfiles del fenómeno del envejecimiento.
Son numerosas las cuestiones que atraviesan el fenómeno del envejecimiento, como lo son también los enfoques desde los que pueden analizarse. En las páginas que siguen, se habla del significado de la vejez (Giró), que inicia su exposición el siglo pasado, cuando el porcentaje de personas ancianas sobre la población total era escaso, es decir, la esperanza media de vida era sensiblemente más reducida que hoy en día, especialmente entre la clase obrera. No existía la jubilación. Quien llegaba a viejo tenía muchas posibilidades de vivir en la indigencia. Por ello, en la actualidad, el problema de la vejez no es estrictamente un problema biológico, médico o físico, sino que es también, principalmente, un problema social y cultural, es decir, la vejez es una construcción social. Hoy en día la vejez no es una fuente de reverencia, sino más bien lo contrario. Las personas de edad son apartadas del desempeño de tareas que perfectamente podrían realizar. Y esto, a pesar de que la realidad y la opinión pública parecen no compartir la idea de la inutilidad de los mayores.
Para hablarnos de formas de convivencia, soledad y relaciones sociales en la vejez, (Santamarina) nos indica cómo podemos adentrarnos en el conocimiento de la forma en que las personas mayores enfrentan sus relaciones sociales a través de dos vías: Conocer lo que hacen, es decir, cuáles son sus condiciones materiales, con quién se relacionan, con qué frecuencia, cuantos viven solos y cómo valoran estas situaciones; y conocer como viven estas situaciones, es decir, si se sienten o no solos, qué motiva esos sentimientos, cómo se sienten tratados, cómo les gustaría ser tratados etc.
Continuando con estas reflexiones se introduce en el estudio de las actividades, actitudes y valores de las personas mayores, abordando en primer lugar algunas precondiciones, como los recursos de que disponen tanto económicos como intelectuales, y rastreando posteriormente en sus actividades más habituales y en otros aspectos que nos permiten conocer mejor el conjunto de actitudes y valores desde el que enfrentan su situación vital.
El objetivo es comprender mejor a las personas mayores en tanto que seres sociales activos con sus expectativas y necesidades pero contempladas no aisladamente, sino en el marco específicamente social, es decir, en el de la interacción con los demás.
Para desarrollar la ponencia sobre promoción de la salud y prevención de la enfermedad en los ancianos (Iruzubieta), nos situamos en la última etapa de la vida del ser humano, que se caracteriza, entre otros aspectos, por el aumento de la prevalencia de patologías con un denominador común, la cronicidad, a veces invalidante pero, en cualquier caso, limitante. ¿Hasta qué punto limitante? A esta pregunta responde, pero no fijando exclusivamente la atención en la patología, sino que abordando la salud, asociada a funcionalidad y bienestar. Se identifica qué puede aportar la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad en este contexto y cómo, de algún modo, el bienestar del anciano estará vinculado a la capacidad que tengamos para desarrollar estas acciones.
Se analizan factores sanitarios y sociales implícitos en las acciones de promoción y prevención que condicionan la capacidad funcional del anciano y, en última instancia, determinan su calidad de vida y su nivel de bienestar. Establece cómo vive el anciano sus problemas de salud y cómo se pueden modificar para conseguir que esta última etapa de la vida sea satisfactoria, e incluso, productiva. Este concepto de funcionalidad entronca directamente con la nueva visión en el abordaje de las enfermedades que la Organización Mundial de la Salud explicitó en su Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), en noviembre de 2001.
Por su parte, la ponencia sobre habilidades de comunicación con las personas mayores (Hernando) presenta la comunicación como una herramienta de vital importancia en el desempeño de la labor profesional de todos aquellos que interactúan frecuentemente con personas mayores. Se plantea la toma de conciencia sobre el “poder” y efecto de nuestras habilidades comunicativas en el bienestar/malestar del usuario/paciente y, se pretende dotar al alumnado de estrategias y pautas concretas de actuación útiles para la resolución de “conflictos” en su escenario cotidiano y de forma general, para el desempeño de su profesión.
A fin de entender la relación existente entre actividad física y deportiva de los mayores (Urraca y Calvé), partimos de la situación actual donde el 85% de los ancianos de nuestro país llevan una vida sedentaria. Este sedentarismo es un factor de riesgo que implica un incremento de la incidencia de enfermedades como hipertensión, obesidad, diabetes, osteoporosis, enfermedades cardiovasculares, etc. La práctica habitual de ejercicio físico va a producir una serie de mejoras en la calidad de vida de las personas de la tercera edad. Algunas de estos beneficios son el ejercicio de carga de peso (como, por ejemplo, caminar, bailar, nadar, montar en bicicleta…) que puede prevenir, e incluso invertir, la pérdida de hueso. El ejercicio hace mejorar los músculos, articulaciones, ligamentos, tendones… Se puede reducir el riesgo de ataque cardiaco y/o accidente cerebrovascular (tolerancia a esfuerzos bruscos y sobresaltos, quema calorías que no se acumulan en el organismo en forma de grasas, reduce la presión sanguínea…). Disminuir la pérdida de calcio en los huesos con el consiguiente retraso de la aparición de fracturas por osteoporosis. Algunos estudios demuestran que cuando se hace ejercicio, la glándula pituitaria libera unas hormonas beneficiosas llamadas endorfinas que mejoran el estado percibido de salud.
Una de las patologías de mayor prevalencia en la actualidad (más de 500.000 casos de Alzheimer en España), necesita de una formación especializada, que (Fernández) utiliza ahondando en la comprensión del enfermo, en las consecuencias para la familia, ofreciendo herramientas para el adecuado manejo y atención del enfermo y su familia.
Por último, para tratar la relación entre enfermedad terminal y vejez (Soldevilla) y de los cuidados al final de la vida (Astudillo), entienden que si complejo, incluso extraño en ocasiones, es el proceso de enfermar en el anciano, qué decir en cuanto a la situación de terminalidad en él, tanto en el plano de su demarcación como del abordaje de sus cuidados. El hecho de tratarse de una persona de edad avanzada puede con mucha frecuencia condicionar los planteamientos éticos en la atención al anciano moribundo. Numerosos prejuicios sociales respecto a la vejez pueden reflejarse a la vez en conductas profesionales inadecuadas.
Los últimos años de desarrollo de la asistencia específica y la formación de distintos profesionales en la atención de los más mayores de nuestra sociedad han permitido erradicar el empleo indiscriminado de todos los medios al alcance, diagnósticos y terapéuticos, que conllevan sufrimiento, para salvar la vida al anciano, deteniéndose a evaluar lo que supone de alienación ante un derecho universal como es el de morir con dignidad.
Cuando no es posible curar, es injusto el abandono a su suerte al paciente, anciano o no y a sus familiares, es exactamente en ese momento cuando se abre todo un arsenal de cuidados. Ese es el espacio en el que se mueven los cuidados paliativos. La enfermera, el profesional del cuidado, a buen seguro es, entre todos los miembros del equipo, la más próxima al enfermo, estando en una posición ideal para la detección de problemas, monitorización del tratamiento, provisión de apoyo psicológico y especialmente de información, asesoramiento y educación al paciente y su familia, establecer la continuidad del tratamiento desde la institución a la comunidad y coordinar la necesidad de intervención de otros profesionales en este proceso de cuidar.
Los profesionales gerontológicos y de cuidados paliativos han de estar entrenados para integrar la enfermedad y la muerte como fenómenos naturales relacionados con la vida. Deben haber lidiado y vencido limitaciones y fantasmas en relación con la muerte y el propio proceso de su envejecimiento que finaliza ineludiblemente con la muerte. Han de poseer la formación técnica y la destreza para actuar eficazmente en el control de varios y simultáneos problemas que requieren de una certera intervención, especialmente sobre los que conllevan sufrimiento para el paciente y los que le rodean, pero, la verdadera profesionalidad no exige solamente competencia técnica sino sobre todo competencia comunicativa (manejando el silencio y el tacto con la misma habilidad que la palabra) de interpretación y de mediación.
Deberá poseer las bases de la terapéutica, el uso de técnicas y fármacos para el control de síntomas paliando sus efectos penosos. Todo esto es ciencia (saber y conocer) pero la dotación del buen cuidador deberá nutrirse además de otros valores de corte humano que habremos de cultivar: la actitud positiva y la alegría, ver lo bueno de las personas y situaciones, la calma, el autocontrol, el consuelo y la compasión, la creatividad, la disponibilidad y acompañamiento, la prontitud en dar respuesta, la compañía atenta y solícita, la empatía, sensibilidad como gran sintonía humana, sencillez en las personas, los procedimientos y los tratamientos, el silencio como mejor discurso y el tacto.
Es así como los profesores y profesionales de la Gerontología Social ofrecen un arsenal teórico-práctico con el fin de introducir al lector, tanto novel como profesional, en el contexto del envejecimiento en nuestra sociedad. Ese es el objetivo con el que iniciamos los cursos de Gerontología Social en la Universidad de La Rioja, y de cuyo desarrollo es fruto este ejemplar.

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