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Archive for the ‘Trabajo Social’ Category

A principios de este año se publicó finalmente este trabajo donde, pese a la velocidad de los cambios, las cuestiones estructurales del cuidado de las personas dependientes y de la situación de las mujeres inmigrantes parecen no haberse modificado en este largo año desde que realicé el trabajo de campo y terminé el capítulo que la catedrática de la UPV, María Teresa Bazo, incluye en su libro sobre el “Envejecimiento poblacional y el reto de la dependencia” de la editorial valenciana Nau llibres.
He partido del conocimiento acerca del escaso desarrollo del Estado del Bienestar que todavía cubre de manera parcial las necesidades de cuidado de las personas dependientes, el envejecimiento de la población, la reciente incorporación de las mujeres al mercado laboral, los cambios en la composición de los hogares familiares, la insuficiente corresponsabilización de los miembros del hogar en el cumplimiento de las tareas domésticas y los flujos migratorios de esta última década, entre otros factores, han permitido la externalización de los cuidados, constituyendo uno de los principales nichos de trabajo para las mujeres inmigrantes.
El conjunto de estos factores no son sino dimensiones del cambio social que se ha producido en esta década y que tiene que ver con la caída de las tasas de natalidad, la disminución de la fecundidad, el aumento de la esperanza de vida, la tendencia a la privatización en materia de política social, la internacionalización del mercado de trabajo y la aceleración y crecimiento de los flujos migratorios. Además se han observado numerosos cambios en el modelo de convivencia familiar a través del desarrollo de formas más diversas y complejas. Se tiende hacia modelos más reducidos con incremento en el número de hogares monoparentales y reducción de la convivencia intergeneracional (aumento de la movilidad entre los miembros familiares).
Por su parte, los cambios en la situación social y laboral de las mujeres vienen de la mano de los cambios introducidos en las formas de convivencia y en el seno de los hogares familiares, donde se enfrentan, con el fin de conseguir una situación de igualdad, a la posición de dominio de los varones y, en consecuencia, a la ideología patriarcal sobre la que se conformaron las sociedades desarrolladas. Sin embargo, en esta lucha por la igualdad se dan graves contradicciones, pues como respuesta a la ausencia de corresponsabilidad de los varones en la actividad doméstica y de cuidados, las mujeres trasladan a otras mujeres estas actividades perpetuando los roles que pretenden combatir, al hacer de las mujeres inmigrantes el chivo expiatorio de su debilidad estructural en las relaciones de género.
A pesar de que la investigación sobre el trabajo de cuidadoras de las mujeres inmigrantes en los hogares españoles es todavía relativamente escasa, sabemos que se han estudiado los factores que influyen en la aparición de este tipo de cuidados, las relaciones entre cuidadoras y personas cuidadas; el cuidado informal (principalmente el prestado por el entorno familiar), la salud de las cuidadoras, la discriminación de las trabajadoras del sector de cuidados y las sobrecargas y el estrés de las mujeres que cuidan. Por nuestra parte y, ante la escasez de estudios sobre las condiciones de vida y trabajo de las cuidadoras, sobre todo de las tareas que realizan y la repercusión sobre su vida personal, hemos decidido avanzar algo sobre estas cuestiones.
La metodología que hemos seguido ha utilizado diversas técnicas, aunque de modo sustancial se han movilizado las cualitativas como principales instrumentos de investigación, específicamente la entrevista en profundidad y la historia de vida. Ambas, de larga tradición sociológica, nos permiten el análisis del proceso de cuidados tomando en consideración el punto de vista del actor social a través de sus experiencias enmarcadas en el contexto social que ha vivido y vive.
La información que nos han proporcionado las mujeres entrevistadas se ha organizado en torno a tres grandes bloques, uno relativo a la propia cuidadora inquiriendo por las circunstancias de su viaje hasta España, su historial familiar, educativo y profesional; un segundo relativo al itinerario laboral en España con mención especial a los trabajos de cuidado y, finalmente, otro relativo a las características propias de las actividades del cuidado y su valoración.
Sabemos que los servicios públicos de prestación de cuidados no crecen en función de la demanda, ni siquiera tratan de cubrir a toda la población, pues las políticas sociales parten de la existencia de cuidados informales que tradicionalmente han recaído en la red familiar; y ésta, a su vez, ha mantenido los servicios informales en unión con una red privada basada en el beneficio económico de los titulares de las entidades prestadoras de esos servicios. En la actualidad, y en función del desarrollo económico y demográfico de cada región o localidad, las empresas privadas prestadoras de servicios de cuidados han mejorado al tiempo o en líneas paralelas a los servicios sociales de las administraciones públicas. Por supuesto que no todo el mundo puede acceder económicamente a ciertos recursos privados (plazas residenciales, ayuda domiciliaria, etc.), y eso ha sido determinante en la ampliación de la demanda de mujeres inmigrantes.
Los cambios ocurridos los últimos años en la composición de los hogares españoles han repercutido en la forma de asumir los cuidados de las personas mayores y dependientes pues, aun a despecho de que siga siendo la red familiar la principal provisora de cuidados, ésta, cada vez más, utiliza los servicios públicos y privados de modo que podemos hablar de la confluencia en un sistema de cuidados mixtos. Nos afirmamos en la existencia y desarrollo de una economía social de cuidados mixtos, donde los cuidados formales e informales coexisten, donde organizaciones públicas, privadas, voluntariado, redes familiares y de amistad colaboran y contribuyen en su conjunto a cubrir las demandas de la población dependiente, de modo que el crecimiento de cualquiera de estas organizaciones se hace en detrimento de las otras y, aunque desconozco el valor de las aportaciones de unas y otras, los destinatarios de estas prestaciones de cuidados exigen cada vez más el concurso de todos.
A consecuencia de la tradicional política de cuidados a cargo de las familias, la informalidad de la prestación se ha convertido en el modus operandi español y de buena parte de los países del sur de Europa. Cuidados informales aún constituyen el grueso de los cuidados recibidos por los mayores, incluso cuando se dan ayudas puntuales para el cuidado formal desde la red pública o desde entidades privadas. Tan solo nos alejamos de este modelo cuando las personas mayores ingresan en residencias, en general a causa de la debilidad de la red familiar, por ausencia o imposibilidad de miembros cuidadores, o por vínculos de parentesco lejanos que no mueven a la responsabilidad del cuidado.
Las mujeres siguen siendo el seguro de bienestar y de atención hacia las personas dependientes, no sólo personas mayores y discapacitadas, si no niños y aún varones escasamente corresponsabilizados en las tareas domésticas y de cuidado del grupo familiar. Cumplen una función propia de las desigualdades de género que adjudica a la mujer el papel de cuidadora principal; sin embargo, a partir de la mejora en las expectativas de vida, las exigencias del cuidado han ido más allá del tiempo libre que la mujer pudiera disponer en asuntos domésticos y de esa índole. La imposibilidad de conciliar otras actividades laborales, profesionales o domésticas con la extensión y amplitud que exigen los cuidados de una persona dependiente ha obligado a recurrir al mercado externo para la provisión de cuidados. De este modo, las exigencias de cuidados a tiempo completo que muchas personas dependientes demandan, en ausencia o la imposibilidad de las instituciones públicas y de la red familiar (las mujeres de dicha red) para ocuparse de esos cuidados, ha inducido un crecimiento en la demanda de servicios privados que sólo el mercado laboral de los cuidados podía satisfacer, y que básicamente se ha organizado en torno a las mujeres inmigrantes.

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Estos días estoy finalizando la historia de Las Maestras (un análisis sobre la identidad de género y trabajo), gracias a la beca sobre el papel de la mujer en la historia de la ciudad de Logroño, cuya IX convocatoria gané con este tema el año pasado. Mi idea es terminar su redacción de forma inminente y sólo cuando se publique daré algunas de las conclusiones que he anotado sobre el tema. Desde luego mi interés por las maestras viene de lejos, en concreto de una línea de investigación que me ocupó los primeros años como docente de sociología de la educación con los estudiantes de Magisterio. Una línea que constituyó una reflexión sobre el Proceso de socialización del futuro maestro y profesor del recién estrenado siglo XXI, en que se ve inmerso desde su ingreso el primer año en Magisterio (en sus diferentes titulaciones), hasta su salida del mismo tres años después; es decir, una investigación sobre el proceso de socialización de los estudiantes de las Diplomaturas de Magisterio de la Universidad de La Rioja, y más concretamente, sobre los alumnos que comenzaron sus estudios el curso 1997/98 y los finalizaron en el curso 1999/2000.

Esta investigación comenzó a estructurarse gracias a la profesora Gloria de la Fuente Blanco con ocasión del encuentro de Sociólogos de la Educación celebrado en Jaca en septiembre de 1997, en que tuvimos ocasión de intercambiar diferentes puntos de vista sobre el proceso de evolución de los estudios y los estudiantes de Magisterio, coincidiendo en el interés por llevar a cabo un estudio comparativo entre la realidad del estudiantado madrileño que ella había investigado y el riojano. De este estudio longitudinal destacaré el interés por llevar a cabo un análisis descriptivo e interpretativo de las características de este colectivo, a partir de las cuales se pueden reconocer las características de la realidad sociocultural de los estudiantes que eligieron estas titulaciones; y, a partir de ésta, el proceso de cambio que se producía en función de su experiencia durante los años de estancia en la Universidad, en diferentes aspectos, tales como las actitudes y valores sociales, las preferencias de ocio y cultura, o el valor atribuido al asociacionismo, como modo de entender el grado de integración social.

Era el reconocimiento social del maestro, y por extensión de la diplomatura universitaria, lo que me invitaba a reflexionar sobre el proceso de socialización que se producía dentro de la Universidad a lo largo de los tres años de carrera, entendiendo este proceso, como una combinación entre la adquisición de unos conocimientos y una formación académica, con la adquisición de unas ideas o modelos acerca de la profesión, con la que los jóvenes se enfrentan al mercado de trabajo. Producto de los datos conseguidos de los dos cuestionarios elaborados y realizados en 1997 y en 2000, son las diferentes comunicaciones y artículos presentados durante estos años y que han culminado con el publicado (quizás algo tarde) el 2002 por la Revista Contextos Educativos nº 5, que lleva el título de “El aprendizaje de una profesión en la Universidad. Los maestros finiseculares”, que es un título que de algún modo engloba los objetivos de investigación inicialmente propuestos.

La primera comunicación presentada, fue al I Congreso de Educación en La Rioja, en marzo de 1998, con el título de “Los maestros de enseñanza infantil del año 2000”, que fue publicada[1] precisamente en 2000. Con parecido título “Los maestros del siglo XXI” presenté una comunicación en el VI Congreso Español de Sociología, celebrado en A Coruña en septiembre de 1998. Ya en 1999, con ocasión de la VII Conferencia de sociólogos de la educación presenté una comunicación sobre “La determinación del origen social en la elección de los estudios de Magisterio”, y que fue publicada[2] por el Departamento de Sociología y Política Social de la Universidad de Murcia ese mismo año. También en ese tiempo, en colaboración con el profesor de psicología Javier Escorza con quien un año después compartiría una ayuda a la investigación[3] para el proyecto titulado “Actitudes y valores del profesorado del siglo XXI”, presentamos una comunicación en el IX Congreso Nacional de Formación del Profesorado, celebrado en Cáceres, que llevaba el título de “El maestro del siglo XXI: datos para una reflexión sobre el influjo de la experiencia en la formación del maestro”, y que fue publicada[4] en la Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado.

Otros Congresos a los que asistí con comunicaciones realizadas a partir del mismo proyecto de investigación son, el I Congreso sobre los Valores en la Ciencia y la Cultura celebrado en León, en septiembre de 2000, donde en compañía del profesor Javier Escorza, presentamos la comunicación “Actitudes y valores del profesorado del siglo XXI”. Por mi parte acudí a la VIII Conferencia de sociólogos de la educación celebrada, también en septiembre de 2000, en Madrid, con la comunicación que llevaba por título “Universidad y cambio social: la socialización del estudiante de Magisterio”. Un mes después me presentaba al Congreso Nacional de Educación celebrado en Burgos con la comunicación “Los maestros finiseculares. Un perfil de los diplomados universitarios”. Finalmente, en el VII Congreso Español de Sociología celebrado en Salamanca, en septiembre de 2001, presenté la comunicación “La experiencia universitaria y el cambio en los valores y actitudes de los estudiantes de Magisterio y Trabajo Social”.

Si varias han sido las comunicaciones presentadas a diferentes Congresos y reuniones de sociólogos de la educación, pues la educación es el interés objetivo de los estudiantes de Magisterio, también llevé los mismos cuestionarios aunque adaptados, a los estudiantes de Trabajo Social. De ese modo presenté dos comunicaciones, una al II Congreso de Escuelas de Trabajo Social celebrado en Madrid en septiembre de 1998, con el título de “Los valores del trabajador social en el año 2000”, y otra al IV Congreso de Escuelas de Trabajo Social celebrado en Alicante en abril de 2002, con el título “La incidencia de la formación en la práctica del trabajo social” y que ha sido publicado[5] por la Escuela Universitaria de Trabajo Social de la Universidad de Alicante.

Este estudio longitudinal sobre los estudiantes de Magisterio y Trabajo Social que empezó el curso 1997/98 y que culminó en junio de 2000 mientras realizaban el prácticum de maestro o las prácticas de trabajo social, debió continuar el otoño de 2003 a fin de reconocer los procesos de inserción laboral de los mismos, y haberlo realizado si hubiera encontrado los recursos y el tiempo necesario para finalizar esta investigación. Pero paar entonces ya estaba enfrascado en otra línea de investigación que igualmente he sostenido en el tiempo y que hace referencia al fenómeno de las migraciones. Pero sobre esto me tomaré mi tiempo pues ya son varios los trabajos y las publicaciones que han aparecido desde entonces.


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[1] ISBN: 84-699-1790-0

[2] ISBN: 84-699-2050-2

[3] API-00/A08 de la UR

[4] Universidad de Zaragoza (AUFOP), Vol. 2, nº 1. ISSN:1575-0965

[5] Universidad de Alicante (2002). ISBN: 84-7908-687-4

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Vengo de realizar una estancia en la Universidad de Dakar siguiendo una línea de investigación, iniciada hace unos años sobre el fenómeno de la inmigración. Este modo de obrar en investigación con tendencia a desarrollar una línea de investigación en el tiempo, no siempre ha sucedido así, bien pos la escasez de sociólogos dedicados a la investigación en La Rioja o bien por mi interés en adquirir competencias en todos los campos como así sucedió. De hecho, en 1985 recibí dos ofertas de trabajo totalmente distintas que no han tenido continuidad en otro tiempo, aunque sí es verdad que han servido en ese largo proceso de aprendizaje por el que todo sociólogo debe pasar. Me voy a referir primero al contrato con el Ayuntamiento de Logroño para realizar una “Investigación social de los barrios de Logroño”, y que me llevó a una situación paradójica como se deduce de ser el único investigador varón junto a quince jóvenes mujeres diplomadas en Trabajo Social en situación de desempleo. Esta situación era la condición por la que el INEM les ofrecía la posibilidad de aprender los rudimentos de la investigación social como objetivo básico con el que acceder en un futuro a empleos en la administración municipal.

Dado que este fue mi primer contacto con el Trabajo Social no puedo sino atestiguar que desde entonces mi vinculación al mismo siempre ha estado presente de un modo u otro, bien a través de la investigación o bien a través de la docencia, sin excluir un sin fin de relaciones transversales. En aquella primera ocasión sólo pensé que debía organizar un grupo numeroso de mujeres para que cumplieran el objetivo de investigar la situación social de los barrios de Logroño, por lo que comencé encomendando tareas de documentación mediante entrevistas a todas y cada una de las asociaciones, organizaciones e instituciones que constituían recursos sociales de la ciudad a fin de conocer las necesidades sentidas por la población. Con anterioridad habíamos logrado en colaboración con la Unidad de Servicios Sociales del Ayuntamiento un punto de acuerdo de división de la ciudad por barrios, con el que facilitar al análisis posterior. Finalizada esta parte se pasó a cumplimentar un cuestionario que debía satisfacer el objetivo de reconocer la posible demanda de servicios sociales. Los resultados sirvieron básicamente para establecer la política de servicios sociales del Ayuntamiento de Logroño y subsidiariamente para introducir en el mercado laboral a una quincena de trabajadoras sociales.

El otro contrato “Las zonas de agricultura de montaña en La Rioja: análisis y problemática”, se firmó con el Ministerio de Agricultura en 1985, y tuvo como objetivo la delimitación de las zonas de agricultura de montaña (ZAM) y su caracterización, con el fin de compararlas con el resto de las ZAM del Estado Español e integrarlas en la política de montaña de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Se consideró oportuno reflejar el papel de las ZAM dentro del modelo territorial de La Rioja, como parte inseparable de la región y como forma de resaltar la importante dualidad espacial de La Rioja. Por último se priorizó dentro del conjunto de las ZAM, aquellas zonas donde debían desarrollarse programas de ordenación. Tomando una serie de indicadores de desarrollo se ordenaron las diferentes ZAM en una escala de mayor a menor atendiendo a su grado de desarrollo socioeconómico o a su potencialidad cara al futuro.

En septiembre de 1985 gané una convocatoria para la provisión de una plaza como funcionario interino en el Gabinete Técnico de la Dirección Regional de Bienestar Social, para desempeñar el puesto de sociólogo del área de Planificación y Programas. En este cargo me mantuve hasta diciembre de 1986. Durante el tiempo que estuve en la Dirección de Bienestar Social tuve ocasión de colaborar en el desarrollo de los servicios sociales municipales, organizando el segundo encuentro sobre Servicios Sociales Municipales, un Curso de Promoción Socio-Cultural destinado a trabajadores sociales en el medio rural, y finalmente, estableciendo las prescripciones técnicas del Mapa de Servicios Sociales de la Comunidad que serviría de marco técnico desde el que planificar la política de bienestar social. También fue un puesto privilegiado desde el que representé a la Consejería de Trabajo en la Comisión Asesora de Investigación del IER, o que me permitió realizar el análisis sociológico sobre la situación de las residencias de ancianos en La Rioja, base sobre la que se implementó la política sectorial correspondiente. De todo ello se benefició la Dirección de Bienestar Social que a la postre era quien financiaba estas actividades de planificación, análisis y desarrollo de políticas de bienestar social.

Al margen de mi estancia como funcionario tuve ocasión en esos años de impartir dos cursos, uno en 1985 invitado por la New York University in Spain, denominado “Curso Práctico de Antropología” que consistió en ofrecer a unos veinticinco norteamericanos algunos conocimientos básicos sobre la identidad de los riojanos, a través del manejo de categorías míticas en contraste con la realidad, es decir oponiendo los prejuicios a la realidad. El otro curso fue una invitación de la Comisión de Asistencia Social para que llevara a cabo un seminario sobre “Juventud marginada y vida tradicional” entre presos de larga condena. Esta organización buscaba resquicios en el sistema penitenciario desde el que mejorar las condiciones de vida de los reclusos, y el seminario era una excusa única para, de entrada, lograr que los internos salieran de entre los muros de la cárcel y durante una semana disfrutaran de una libertad vigilada.

Sin haber agotado las prestaciones de desempleo tras la salida del Gobierno Regional, el Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Cooperación Cultural me contrató como “Coordinador del Proyecto Culturalcampo”. Se trataba de un proyecto de ámbito nacional (en nueve comunidades autónomas) que en La Rioja tenía como finalidad la mejora cultural y de calidad de vida de los habitantes de la zona denominada de las Trece Villas (Valle del Iregua). Contaba con un equipo integrado por una médica, un pedagogo, una psicóloga, una periodista, una maestra, un ingeniero técnico agrícola y una trabajadora social. Con este equipo se buscaba reducir los desequilibrios culturales y socioeconómicos de la zona, así como el apoyo de aquellas iniciativas que propiciaran el aprovechamiento de los recursos socioculturales y económicos autóctonos capaces de generar riqueza, trabajo y mejora de la calidad de vida. En síntesis las actividades llevadas a cabo se encontraban insertas en tres amplios programas: 1) De apoyo a iniciativas socioculturales que generen riqueza y empleo (apoyo a la creación de una SAL de embutidos y conservas; apoyo al fomento de la apicultura y su comercialización; apoyo a las iniciativas para la explotación de la madera; potenciación de los mercados locales y apoyo al desarrollo de la micología y su explotación comercial). 2) De apoyo a los recursos socioculturales para la mejora de la calidad de vida y el bienestar social (a los agentes activos existentes en la zona; de recuperación y promoción cultural; de apoyo complementario a los servicios sanitarios de la zona; a los servicios sociales de la zona; de promoción de la mujer y de información de recursos). 3) De formación técnica (en la promoción sociocultural y de elaboración teórica y técnica).

Durante ese periodo que no tuvo continuidad debido a cambios de signo político en el Gobierno regional, contrario al Gobierno central, tuve ocasión de retomar una actividad que ya había iniciado cinco años antes. Me estoy refiriendo a la realización de videos de carácter etnográfico. En 1987 se rodó “La romería de la Luz”, segunda romería en importancia de La Rioja que se celebra el tercer domingo de junio en la Venta de Piqueras. La dificultad que presenta es que no se pueden improvisar las tomas, por lo que el guión debe establecer perfectamente los pasos a dar por el cámara. Fue el último año de estancia de un hombre convertido en el último ventero, tras siglos de existencia de esta figura. Se puede contemplar el video en You Tube pero dividido en dos partes:

Romería de la luz. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=D0rz8sSkwXs

Romería de la luz. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=wAr16ZT3Zag&feature=related

También a fines de año elaboré el guión de la película más importante, no sólo por su duración, sino por los problemas técnicos y de producción a que me enfrentaba. Esta película es “Carbón de encina”, que resume en veinte minutos cuarenta días de actividad y varias horas de rodaje, donde se describe narrativamente el laboreo del carbón vegetal comenzando con el corte de 2000 kilos de leña de encina en el monte comunal. Tuvimos la suerte de presentarla en pantalla grande, en la sala Gonzalo de Berceo de Logroño, con la presencia de quien sería, igualmente, el último carbonero en activo de La Rioja. Ambas películas se presentaron a concurso al IV Certamen Nacional de Cine y Video Etnológico celebrado en Huesca en abril de 1988 de donde no sacaría otro reconocimiento que un diploma (otro más para la colección).

Carbón de Encina. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=pKSeExfYefI

Carbón de Encina. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=ny1-eYrB6Rw&feature=related

 

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