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Archive for the ‘Profesión’ Category

El próximo lunes 8 de marzo, la Federación de Trabajadores de la Enseñanza FETE-UGT me ha invitado a dar una ponencia en el salón de actos de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, como Homenaje a las Maestras por su contribución al cambio social. La idea que estoy barajando para el próximo lunes es hablar de las maestras, después de situarlas en el contexto de desigualdad secular en la educación de hombres y mujeres, desde que estas accedieron a la profesión con apenas catorce años  para cubrir las vacantes que se habían producido en las escuelas rurales de carácter segregado, tras la depuración efectuada por las autoridades triunfantes del golpe militar franquista.

Años después, con el comienzo de las migraciones de la población rural hacia los centros industriales y urbanos, muchas escuelas segregadas se convirtieron en unitarias. La causa objetiva de esta transformación de las escuelas en unitarias, contraria al pensamiento nacional-católico de la escuela franquista, fue la pérdida de población escolar y la migración de las personas jóvenes que constituían el futuro de aldeas y pueblos. Muchos de estos jóvenes que emigraron, lo hicieron con el bagaje educativo, cultural y profesional obtenido gracias al concurso de las maestras , que dedicaron una parte significativa de sus vidas a esta tarea más allá de sus obligaciones profesionales. En este sentido, las maestras son el primer grupo profesional con una identidad de género distinguida por su trabajo, pues eran autónomas, ejercían múltiples actividades que prolongaban diariamente su labor principal, y que viajaron por diferentes pueblos y localidades, muchas de ellas acompañadas por padres, maridos o familiares masculinos.

Una historia profesional que, por tanto, se ha realizado básicamente en pueblos rurales, exigiendo una enorme movilidad a estas profesionales que, si en un primer momento se hicieron cargo de las escuelas de niñas, con posterioridad atenderán las escuelas mixtas generadas a partir de la emigración . Esta actividad en su conjunto permitió que la escuela rural fuera una escuela feminizada y, a su vez, que ésta tras el salto a los centros urbanos contribuyera a la progresiva feminización de la docencia infantil y primaria.

Sobre la oferta de instrucción femenina durante el franquismo hay que señalar que esta fue muy limitada. En la escuela pública primaria la niña sólo podía aspirar a aprender a leer, sumar, labores y doctrina religiosa, y ahí terminaban sus horizontes culturales. Sólo en colegios privados o con una institutriz, la niña recibía educación de adorno como puede ser el trato de gentes, buenas maneras, urbanidad, etc. Una sólida enseñanza secundaria o superior para la mujer de cualquier clase social fue inconcebible puesto que para la mayoría social de la época no había duda: la feminidad y los conocimientos culturales estaban inexorablemente opuestos.

En la escuela franquista se distinguían las asignaturas exclusivas de las niñas que comprendían cocina, costura, corte y confección, puericultura o economía doméstica y aunque también tuvieron asignaturas iguales que las de los niños, sus contenidos fueron diferentes, como ocurría con la educación física (dirigida a prepararlas para la maternidad) o la Formación del Espíritu Nacional.

En la escuela primaria del franquismo las niñas aprendían a leer en libros especialmente adaptados para ellas, con textos, contenidos e incluso tipo de ilustraciones “femeninas”. Después del aprendizaje de la lectura se pasaba a estudiar la Enciclopedia, compendio de todas las materias con textos distintos para niñas y para niños. También era parte importante en la educación de las niñas la caligrafía, a la que dedicaban interminables horas de copias de muestras, tanto a lápiz como a plumilla. Finalmente y después de haber aprendido a leer, escribir, coser y “las cuatro reglas”, las niñas habían acabado su instrucción, en muchos casos para toda la vida.

Frente a esta instrucción segregada y diferenciada de las niñas, las maestras  opusieron por vocación, y con su entusiasmo y entrega, una formación más amplia que permitiera a las jóvenes abrirse a un mundo nuevo que ya se vislumbraba tras los comienzos del desarrollismo español, y con unas exigencias formativas que iban más allá de los cánones que la Sección Femenina trató de implantar en las escuelas a través  de la colaboración de las maestras que se suponían afectas al régimen franquista.

Pero muchas de estas maestras, que demostraban una especial disponibilidad no sólo para influir en sus alumnas sino para hacerles entender el mundo en el que vivían y la relación que los contenidos de aprendizaje tenían con él, despertaron un tipo de prestigio, de autoridad entre las jóvenes de la que era difícil evadirse. Una autoridad que les permitió asumir objetivos de género, de liberación del estatus y los roles desempeñados por las mujeres, y que motivaron a las maestras para atender también a la educación de las mujeres adultas, más allá de la mínima alfabetización, más allá de la enseñanza de la lectura y la escritura, profundizando en aquellos temas que interesaban a las mujeres en la vida cotidiana, en aquella época, y en aquel contexto de vida rural.

Algo más abundaré sobre estas cuestiones, dando especial relevancia a las relaciones sociales, el prestigio y el reconocimiento de las maestras tal y como ellas me lo transmitieron.

CARTEL DIA 8

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El pasado lunes se presentó a la prensa la edición del trabajo que realicé por concesión de una beca del Ayuntamiento de Logroño sobre el papel de la Mujer en la Historia de la ciudad y que titule “Mujer y Educación. Las Maestras (Un análisis sobre la identidad de género y trabajo). Es verdad que lo había entregado el pasado mes de abril pero por diversos avatares no ha visto al luz hasta enero. Por qué me decidí a investigar sobre el papel de las Maestras en la historia de la ciudad de Logroño es una cuestión de largo recorrido. En principio, tuve un interés relacionado con las Maestras, no solo por reconocer su papel en la inserción laboral de la mujer y en la conquista de la igualdad social, sino porque una investigación de este carácter suponía un aliciente para mi trabajo profesional como investigador de la vida social y, en particular, de cuanto se relaciona con la educación y la feminización de la enseñanza en España. Por supuesto, también es fruto de mi interés hacia realidades sociales en las que converge el concepto de género con el de identidad y trabajo, así como por los valores sobre los que se formó la ciudadanía de Logroño y de las que fueron en buena medida responsables las Maestras que se formaron, ejercieron, y vivieron o viven en esta ciudad.

Son varias las razones que justifican la elección de las Maestras como el colectivo sobre el que situar esta investigación. En primer lugar, hay que apuntar que nos encontramos en una sociedad en los que temas como la coeducación o la educación no-sexista forman parte de nuestro acerbo común. La distinción entre educación de niñas y educación de niños ha pasado a formar parte de la historia de la educación, y esto ha ocurrido en buena medida por la asunción de los valores de la igualdad entre los sexos; una conquista que no estuvo exenta de altibajos y que todavía no impregna el conjunto del currículo educativo, principalmente los libros de texto.

El camino ha sido largo y tortuoso, pues no fue hasta 1882 cuando las escuelas de párvulos pasaron a estar dirigidas por Maestras que tendrían a su cargo la educación física, intelectual, estética, moral y religiosa de niños de tres a ocho años. Pero, y esto es sumamente importante, no fue hasta el siglo XX cuando se logró que las mujeres tuvieran derecho a la educación, que tuvieran acceso a todo tipo de estudios y que pudieran frecuentar las mismas escuelas y las mismas aulas que los hombres.

En segundo lugar, en el diseño de una carrera profesional las mujeres intentan compaginar el ámbito productivo y el reproductivo, lo cual marca y condiciona cualquier otro proyecto. Las mayores posibilidades que han tenido las mujeres para realizar una carrera y ejercerla corresponden a una carrera de nivel medio, principalmente en la educación, la sanidad (aunque considerada como una extensión del servicio doméstico hasta fines del siglo XIX), y los servicios sociales. En estas tres diplomaturas (Magisterio, Enfermería y Trabajo Social), las mujeres de hoy día son la inmensa mayoría del alumnado.

En tercer lugar, porque se trata de prestar atención a un colectivo de mujeres anónimas logroñesas, que por su profesión de Maestras han prestado un servicio público de primer orden, al permitir con su trabajo el tránsito ciudadano desde la familia a la sociedad, desde el ámbito de lo privado a lo público en el desarrollo del proceso de socialización de niños y adultos.

Las tres razones expuestas se encuentran inevitablemente interrelacionadas de modo que no podemos hablar de feminización de la docencia sin hablar de la inserción laboral de las mujeres, y de ambas en función de cómo se han construido y sostenido las relaciones de género existentes en la sociedad española. Así pues, mi principal apuesta en el estudio de las maestras ha sido descubrir las conexiones existentes entre estos procesos que, al mismo tiempo que se producían, tenían consecuencias no sólo en la construcción identitaria de las Maestras, sino también en el conjunto de las relaciones sociales entre los sexos, pues no se puede obviar que al tiempo que las mujeres han penetrado el campo de la educación, también lo han hecho en el de las relaciones familiares y laborales, principalmente a través de la lucha frente al patriarcado y el sexismo.

En otra ocasión avanzaré algunos resultados sobre este trabajo, y para quienes ya tenéis un ejemplar en vuestras manos, espero que disfrutéis con su lectura.

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Estos días estoy finalizando la historia de Las Maestras (un análisis sobre la identidad de género y trabajo), gracias a la beca sobre el papel de la mujer en la historia de la ciudad de Logroño, cuya IX convocatoria gané con este tema el año pasado. Mi idea es terminar su redacción de forma inminente y sólo cuando se publique daré algunas de las conclusiones que he anotado sobre el tema. Desde luego mi interés por las maestras viene de lejos, en concreto de una línea de investigación que me ocupó los primeros años como docente de sociología de la educación con los estudiantes de Magisterio. Una línea que constituyó una reflexión sobre el Proceso de socialización del futuro maestro y profesor del recién estrenado siglo XXI, en que se ve inmerso desde su ingreso el primer año en Magisterio (en sus diferentes titulaciones), hasta su salida del mismo tres años después; es decir, una investigación sobre el proceso de socialización de los estudiantes de las Diplomaturas de Magisterio de la Universidad de La Rioja, y más concretamente, sobre los alumnos que comenzaron sus estudios el curso 1997/98 y los finalizaron en el curso 1999/2000.

Esta investigación comenzó a estructurarse gracias a la profesora Gloria de la Fuente Blanco con ocasión del encuentro de Sociólogos de la Educación celebrado en Jaca en septiembre de 1997, en que tuvimos ocasión de intercambiar diferentes puntos de vista sobre el proceso de evolución de los estudios y los estudiantes de Magisterio, coincidiendo en el interés por llevar a cabo un estudio comparativo entre la realidad del estudiantado madrileño que ella había investigado y el riojano. De este estudio longitudinal destacaré el interés por llevar a cabo un análisis descriptivo e interpretativo de las características de este colectivo, a partir de las cuales se pueden reconocer las características de la realidad sociocultural de los estudiantes que eligieron estas titulaciones; y, a partir de ésta, el proceso de cambio que se producía en función de su experiencia durante los años de estancia en la Universidad, en diferentes aspectos, tales como las actitudes y valores sociales, las preferencias de ocio y cultura, o el valor atribuido al asociacionismo, como modo de entender el grado de integración social.

Era el reconocimiento social del maestro, y por extensión de la diplomatura universitaria, lo que me invitaba a reflexionar sobre el proceso de socialización que se producía dentro de la Universidad a lo largo de los tres años de carrera, entendiendo este proceso, como una combinación entre la adquisición de unos conocimientos y una formación académica, con la adquisición de unas ideas o modelos acerca de la profesión, con la que los jóvenes se enfrentan al mercado de trabajo. Producto de los datos conseguidos de los dos cuestionarios elaborados y realizados en 1997 y en 2000, son las diferentes comunicaciones y artículos presentados durante estos años y que han culminado con el publicado (quizás algo tarde) el 2002 por la Revista Contextos Educativos nº 5, que lleva el título de “El aprendizaje de una profesión en la Universidad. Los maestros finiseculares”, que es un título que de algún modo engloba los objetivos de investigación inicialmente propuestos.

La primera comunicación presentada, fue al I Congreso de Educación en La Rioja, en marzo de 1998, con el título de “Los maestros de enseñanza infantil del año 2000”, que fue publicada[1] precisamente en 2000. Con parecido título “Los maestros del siglo XXI” presenté una comunicación en el VI Congreso Español de Sociología, celebrado en A Coruña en septiembre de 1998. Ya en 1999, con ocasión de la VII Conferencia de sociólogos de la educación presenté una comunicación sobre “La determinación del origen social en la elección de los estudios de Magisterio”, y que fue publicada[2] por el Departamento de Sociología y Política Social de la Universidad de Murcia ese mismo año. También en ese tiempo, en colaboración con el profesor de psicología Javier Escorza con quien un año después compartiría una ayuda a la investigación[3] para el proyecto titulado “Actitudes y valores del profesorado del siglo XXI”, presentamos una comunicación en el IX Congreso Nacional de Formación del Profesorado, celebrado en Cáceres, que llevaba el título de “El maestro del siglo XXI: datos para una reflexión sobre el influjo de la experiencia en la formación del maestro”, y que fue publicada[4] en la Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado.

Otros Congresos a los que asistí con comunicaciones realizadas a partir del mismo proyecto de investigación son, el I Congreso sobre los Valores en la Ciencia y la Cultura celebrado en León, en septiembre de 2000, donde en compañía del profesor Javier Escorza, presentamos la comunicación “Actitudes y valores del profesorado del siglo XXI”. Por mi parte acudí a la VIII Conferencia de sociólogos de la educación celebrada, también en septiembre de 2000, en Madrid, con la comunicación que llevaba por título “Universidad y cambio social: la socialización del estudiante de Magisterio”. Un mes después me presentaba al Congreso Nacional de Educación celebrado en Burgos con la comunicación “Los maestros finiseculares. Un perfil de los diplomados universitarios”. Finalmente, en el VII Congreso Español de Sociología celebrado en Salamanca, en septiembre de 2001, presenté la comunicación “La experiencia universitaria y el cambio en los valores y actitudes de los estudiantes de Magisterio y Trabajo Social”.

Si varias han sido las comunicaciones presentadas a diferentes Congresos y reuniones de sociólogos de la educación, pues la educación es el interés objetivo de los estudiantes de Magisterio, también llevé los mismos cuestionarios aunque adaptados, a los estudiantes de Trabajo Social. De ese modo presenté dos comunicaciones, una al II Congreso de Escuelas de Trabajo Social celebrado en Madrid en septiembre de 1998, con el título de “Los valores del trabajador social en el año 2000”, y otra al IV Congreso de Escuelas de Trabajo Social celebrado en Alicante en abril de 2002, con el título “La incidencia de la formación en la práctica del trabajo social” y que ha sido publicado[5] por la Escuela Universitaria de Trabajo Social de la Universidad de Alicante.

Este estudio longitudinal sobre los estudiantes de Magisterio y Trabajo Social que empezó el curso 1997/98 y que culminó en junio de 2000 mientras realizaban el prácticum de maestro o las prácticas de trabajo social, debió continuar el otoño de 2003 a fin de reconocer los procesos de inserción laboral de los mismos, y haberlo realizado si hubiera encontrado los recursos y el tiempo necesario para finalizar esta investigación. Pero paar entonces ya estaba enfrascado en otra línea de investigación que igualmente he sostenido en el tiempo y que hace referencia al fenómeno de las migraciones. Pero sobre esto me tomaré mi tiempo pues ya son varios los trabajos y las publicaciones que han aparecido desde entonces.


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[1] ISBN: 84-699-1790-0

[2] ISBN: 84-699-2050-2

[3] API-00/A08 de la UR

[4] Universidad de Zaragoza (AUFOP), Vol. 2, nº 1. ISSN:1575-0965

[5] Universidad de Alicante (2002). ISBN: 84-7908-687-4

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Todo empezó cuando puse título a un proyecto de investigación: “Estrategias y relaciones en la formación y desarrollo de la burguesía riojana (1850-1950)”. Este es en realidad el título de mi tesis doctoral, para la que conté con ayudas[1] puntuales de la Universidad de La Rioja, que me permitieron finalmente defenderla en septiembre de 2000 donde el tribunal, constituido por tres catedráticos y dos titulares de universidad, le otorgó la máxima calificación de sobresaliente cum laude. Al tiempo que comenzaba el desarrollo de la tesina tuve que tragar nuevamente con los cursos de doctorado, ya que no pude convalidar los realizados en la Complutense. La tesina que defendí en junio de 1996, y que mereció también la máxima calificación, llevaba el título de “Apuntes sobre un proyecto de investigación: Adaptación y cambio. La industria pañera hacia el capitalismo industrial (1750-1850)”, y una parte significativa de la misma fue publicada[2] ese mismo año. Estos apuntes trataban sobre la necesidad de profundizar en los estudios de carácter regional, que en el caso de La Rioja ha resultado ser una de las regiones más paradigmáticas y ricas conceptualmente para la definición del proceso industrializador, así como por la significación cualitativa y relevancia cuantitativa durante el siglo XVIII del subsector lanero y pañero. Algunas de las conclusiones que se apuntaban, pasaban necesariamente por la periodización en secuencias de la historia pañera riojana. La primera, enmarcada entre 1752 y 1792 se corresponde con el fenómeno de la protoindustrialización; la segunda, de 1830 a 1860 respondería al proceso de industrialización o del cambio al sistema de producción fabril. Entre medias, es decir, desde finales del XVIII hasta principios del XIX, sería el periodo de desindustrialización o del proceso de crisis de la industria pañera del Antiguo Régimen.

Las ciento veinte páginas de la tesina me sirvieron como el motor de arranque desde el que estructurar la tesis. También contaba con materiales de campo de cuando recibiera en 1982 una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado Estudio de las grandes familias del textil y el calzado, así como una ponencia escrita de 1983 con el título de Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana. Con ese conjunto de materiales mas una labor amplia de estudio y documentación[3] llevada a cabo en los siguientes años, me situó en condiciones de acometer los objetivos y estructura de la tesis.

Aunque el estudio sobre la formación y desarrollo de la burguesía industrial riojana interesa a la historiografía económica de España, o a la historiografía regional, mi intención fue realizar un ejercicio de investigación, donde de modo interdisciplinar, mediante la utilización de conceptos y métodos afines a otras disciplinas del conocimiento social, como la Sociología o la Antropología, se resolvieran los problemas derivados de la conceptualización de este sector de la burguesía industrial. Podría definirlo como un estudio histórico, pero de clara vocación sociológica, con el objetivo de trabajar con los grupos familiares de la industria pañera y del calzado; o bien como un estudio de sociología familiar, desde el que pretendía explicar las estrategias y relaciones de la burguesía industrial riojana en el margen temporal e histórico de un siglo (1850-1950).

Las fuentes principales utilizadas en este trabajo de investigación, fueron el Catastro del Marqués de la Ensenada; las Memorias Políticas y Económicas de Eugenio Larruga; el Diccionario de Pascual Madoz; la Matrícula de Contribución de 1852; la Estadística Industrial de Giménez Guited; la Memoria de Industrias Derivadas de Delgado y Masnata de 1876; la consulta de los protocolos notariales depositados en el Archivo Histórico de La Rioja, pero también la consulta al Archivo Municipal de Logroño, Ortigosa, Torrecilla y Soto en Cameros; al Archivo Diocesano; al Registro Mercantil; el INE; los manuscritos depositados en el IER, así como una amplia bibliografía coetánea y de estudios actuales que trataban temas de sociología y antropología, historia económica y social.

Dentro de las diferentes burguesías, me centré en un tipo de burguesía que orientaba su actividad productiva hacia la industria textil, obviando al resto de grupos hegemónicos, que situados en la Depresión del Ebro, estaban vinculados a la propiedad y la explotación agraria. Tampoco me detuve en los grupos burgueses que protagonizaron el despegue agro-industrial.

Como el objetivo central de la investigación se encontraba en el papel que desempeña la familia, los linajes y segmentos de linaje, las parentelas y las redes de parentesco, resultaba bastante lógico que fuera el descubrimiento de las relaciones y estrategias de reproducción social, reconocidas en el seno de determinadas familias, lo que indicara el camino a seguir. Las relaciones de parentesco se han impuesto como el medio ideológico más determinante al proyectar dichas relaciones en el plano económico y social. Relaciones ideológicas que toman cuerpo a través de las diferentes estrategias adoptadas, por, para, y con la familia. La familia y la parentela han sido el campo instrumental desde el que los linajes y los segmentos de linaje han podido desarrollar sus estrategias de preservación y ampliación patrimonial, tendentes en ocasiones a la reunión, crecimiento o diversificación del capital. Los instrumentos básicos utilizados para el cumplimiento de las estrategias, son de manera determinante los que proporciona el sistema de sucesión divisible y las variadas combinaciones de alianza del sistema matrimonial. La consanguinidad, le endogamia y la homogamia social son las principales estrategias matrimoniales de la burguesía industrial riojana, aunque las expresiones de la alianza manifiestan una gran variedad.

La parentela no sólo fue un campo de intervención en prácticas de alianza matrimonial, sino también un campo de prácticas de alianza política, a través del cual se buscó el ejercicio del poder político con el fin de asegurar la preeminencia de los intereses económicos de las familias industriales. La red de parentesco sería la base desde la que se operaron las estrategias e intercambios matrimoniales (cónyuges y dotes), pero también las estrategias e intercambios inmateriales (poder, prestigio, solidaridades), que se entrecruzarían, creando una trama de relaciones definitorias de la burguesía riojana. La burguesía industrial basó su reproducción como clase en la propiedad económica, en el poder político, pero también en el poder social mediante el reconocimiento de atributos y status.

El marco referencial donde mostrar comportamientos, actitudes y actividades, exponentes de patrones culturales, fue el espacio público. Cierto que la notoriedad pública de la burguesía estaba asegurada por su preeminencia económica o política; pero si algo ejerce influencia sobre la comunidad son los comportamientos externos o de apariencia externa, los cuáles necesariamente deben darse en los denominados ámbitos de sociabilidad. Estos espacios de sociabilidad, pese a la importancia que les concedí en la configuración del análisis de la clase burguesa, tan sólo pude esbozarlos sin abordarlos en profundidad. No fue pues mi interés abarcar todas las aproximaciones a la poliédrica realidad de la clase burguesa, sino tan sólo aquella faceta que me pareció más definitoria de su configuración y desarrollo, la relativa a las estrategias y relaciones vinculadas al parentesco y la reproducción social.

En mayo de 1997 presenté la ponencia “La reproducción patrimonial de la oligarquía camerana” a las Primeras Jornadas de Historia Económica de la UR. En aquella ocasión, el entrañable profesor asesinado por cobardes asesinos a sueldo de ETA, don Ernst Lluch, me felicitó por el cariz que le estaba dando al estudio de la burguesía industrial, ofreciéndome algunos datos sobre la conexión catalana de una de estas familias industriales y comerciales. Sobre esa información, en abril de 1998, en el V Congreso Internacional de la Población, presenté una comunicación sobre “Parentesco y estrategias de reproducción social: la familia de la Riva Navarrete”, publicada[4] poco después.

También en la Revista BROCAR se publicó[5] el artículo “La contribución industrial de 1852 en La Rioja”, que analizaba la información procedente de esta fuente estadística, y que de algún modo completaba las otras dos grandes fuentes comúnmente utilizadas en historia económica e historia industrial, el Diccionario de Pascual Madoz (1842) y la estadística industrial de Giménez Guited (1862).

En 1999, volví a publicar[6] un artículo en la Revista Brocar titulado “Redes de transporte y comercialización de la industria pañera riojana en la segunda mitad del siglo XIX”. Y ya en julio de 2000, con ocasión del seminario de historia económica de D.Angel García Sanz, tuve la ocasión de presentar una ponencia sobre “Flujos comerciales de los industriales pañeros de la Sierra de Cameros (La Rioja) con el noroeste peninsular, el último tercio del siglo XIX”.

Finalmente, la tesis en su conjunto (833 páginas) ha sido publicada[7] en 2002 por la Ann Arbor, ProQuest Information and Learning, que es una editorial de Michigan (EEUU), que reúne en su base de datos todo tipo de tesis doctorales, entre ellas la que me ocupó durante varios años con el título “Strategies and relations in the configuration and development of the industrial bourgeoisie in La Rioja (1850-1950)” (Universidad de La Rioja, 2000).

En septiembre de 2003, una parte seleccionada de la tesis ha sido publicada, gracias a la edición financiada por la Fundación CDESC y los Ayuntamientos de Arnedo, Torrecilla, Ortigosa y Ezcaray. El título de esta publicación es el de “Familia burguesa y capitalismo industrial”.

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[1] ATUR97/026, ATUR98/08 y ATUR00/05

[2] Revista Brocar nº 20 de 1996, pp.261-276. ISSN: 0214-4670

[3] Pues si bien disponía de algunos conocimientos de sociología y antropología, lo desconocía casi todo del mundo de la historia, principalmente de la historia social y la económica. En este sentido acudí al ciclo de conferencias sobre Castilla en la Edad Moderna (UR, abril-mayo 1996, 10 horas), y a los seminarios de la Fundación Duques de Soria, que dirigidos por el profesor Jordi Nadal se celebraron en julio de 1996 (30 horas), sobre La desindustrialización a partir de la industrialización y en julio de 1997 (30 horas), sobre Tecnología, empresa e industrialización en España (siglos XIX y XX), donde además de encontrar a los principales especialistas de historia económica te daban la oportunidad de presentar tus avances de investigación. Ya en julio 2000, en el seminario dirigido por el profesor Angel García Sanz (también de 30 horas) Relaciones económicas entre el interior y la periferia en la España moderna y contemporánea, tuve ocasión de presentar una ponencia para su discusión.

[4] Actas del Congreso Internacional de la Población. V Congreso de la ADEH. Vol. 3, pp.221-239, Logroño 1999.

[5] Brocar nº 21 (1997), pp.359-389.

[6] Brocar nº 23 (1999), pp.119-146.

[7] ISBN: 0-493-58889-2

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Estamos en una crisis mundial auspiciada por las malas prácticas del capitalismo financiero y especulativo, que desembarazado de todo tipo de control regulatorio por parte de los gobiernos de las naciones desarrolladas, ha llevado su desmedida ambición por la riqueza y el despilfarro más allá de los límites que incluso la naturaleza había sabido hasta hoy guardar. Claro que yo pasé mi crisis económica personal allá por los años noventa. Entonces no hubo tanto eco mediático, pero entonces fuimos muchos los que nos enganchamos a la búsqueda de empleo, a la búsqueda desesperada de algún ingreso y, en última instancia, a la revaluación de las prácticas antisistema (ahora no voy a dar información sobre tales), y al apoyo de la familia y amigos. Trabajé en las cosas más variopintas (desde luego ninguna próxima o parecida a la investigación sociológica), obtuve los empleos más precarios y menos asegurados que empresas como EULEN promueven para beneficio de sus accionistas. En fin que sólo cuando tomé ciertas decisiones y las puse en prácticas empecé poco a poco a salir de un pozo muy hondo y muy negro, desesperante y aniquilador, como es el agujero en el que caen los desempleados con cargas familiares y sin prestaciones. Creo que fueron los años 1993, 1994 y parte del 95 los años más crudos de la crisis que repercutieron en mi vida, pero como de todo se aprende, nada me cuesta decir que salí victorioso (no sin lucha y voluntad) y que los remedios que puse fueron, en primer lugar, seguir formándome y estudiando, no solo para ampliar las posibilidades de empleo, sino también para sentirme mejor persona y evitar ciertas depresiones (me lie otra vez con la tesis doctoral), pedí un préstamo e inicié un negocio de hostelería con la construcción de una casa rural (también hice varios cursos, hasta de cocina, algo que nos tendrían que haber enseñado en casa), y por último, algo de lo que había renegado siempre pero que me vi empujado por necesidad: ser docente universitario. Yo siempre había pensado que la investigación sociológica era un medio suficiente para poder vivir sin grandes consumos pero también sin muchas estrecheces, hasta que me tocó la crisis del 92 y eché mano de cuanto se ponía al alcance, y esta fue una oportunidad que desde luego aprovecharía en pocos años con cierto éxito y gusto. Precisamente los proyectos de investigación posteriores a estos años pertenecen a mi etapa como docente y por lo tanto responden a líneas de investigación en buena medida financiadas por la propia Universidad.

Con el título “La Rioja ante la crisis del 98”, recibí dos ayudas[1] para el desarrollo de un proyecto de investigación en el que figuraba como investigador principal junto a otros cuatro investigadores, tres de ellos ajenos a la propia UR. Este proyecto interdisciplinar trataba de satisfacer una necesidad perentoria por recuperar la memoria, y a tal fin, el grupo de cinco investigadores decide reconocer algunos de los elementos más significativos del acontecer regional de fines de siglo sin someterse a las efemérides del desastre colonial, salvo como excusa para recrear un periodo más amplio, que en ocasiones recoge la formación del estado burgués desde mediados del siglo XIX hasta el primer cuarto del siglo XX. Este trabajo colectivo abre, merced a las diversas metodologías y plurales cosmovisiones sobre la crisis finisecular riojana, la posibilidad de desarrollos investigadores puntuales, que en definitiva nos enseñen, sino todas, sí las principales claves de nuestra historia regional. Las 258 páginas de texto nunca fueron publicadas en su conjunto, aunque sí parcialmente en trabajos posteriores de los autores de este proyecto de investigación. Vaya, que para crisis, la del 98


[1] API-97/A03 y API-98/A10

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Un investigador social que se precie nunca puede dejar de lado un tema objeto de estudio, aunque este no le guste o le sea novedoso porque no pertenece  a su especialidad. Esto además es norma si el investigador social aún está formándose. Algo parecido me ocurrió a mi cunado el año de 1983 gané un concurso beca de investigación de la Consejería de Trabajo del Gobierno de La Rioja. El proyecto que presenté como investigador principal, en colaboración con la psicóloga Mª Luisa Balda, se tituló “Aspectos socio-económicos del desempleo juvenil”. Para realizar aquel trabajo, en primer lugar investigamos la situación de las enseñanzas medias (FP y BUP), ya que la preparación profesional y el nivel educativo alcanzado por los jóvenes parados es una de las variables que más incide en la obtención de empleo. En un tiempo en que los datos administrativos no se relacionaban ni se elaboraban (tan sólo se anotaban) tuvimos que visitar la Delegación de Educación y Ciencia de La Rioja, donde ficha a ficha, se recogieron los datos referidos a los jóvenes estudiantes de enseñanzas medias matriculados entre 1980 y 1984. Tras la realización de esta fase previa y laboriosa del estudio pasamos al análisis de los datos ofrecidos por el INEM sobre Formación Ocupacional, al ser jóvenes quienes de forma mayoritaria se interesaban por los cursos impartidos por el INEM. De ahí pasamos al análisis del paro en nuestra Comunidad a partir de los datos que ofrecía el INEM, en los años 1980 a 1983, también mediante el análisis de las fichas personales (no había ordenadores). Finalmente dedicamos el análisis a la población juvenil de Logroño en paro que en enero de 1984 suponía el 63% del paro juvenil de La Rioja. El documento final del que conservo una copia consta de 228 páginas y un trabajo de campo exhaustivo en una época en que los registros eran manuales.

Esta incursión en la sociología del trabajo y el desempleo juvenil me permitió trabar conocimiento sobre las necesidades que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social tenía para encontrar profesores que llevaran a cabo una labor docente en el desarrollo del “Plan de Formación Cooperativa”. A tal fin fui contratado en el último trimestre de 1984 desarrollando mi labor de divulgación del cooperativismo por las diferentes cabeceras de comarca de La Rioja. Acompañándome en aquella acción se encontraba Manuel Arenilla, profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos y con anterioridad Consejero de Administraciones Públicas del Gobierno de La Rioja, y por aquella época, doctorando.

También fruto de aquel trabajo de investigación fue mi participación en el seminario “Los jóvenes y el paro”, que organizado por el Colegio de Economistas de La Rioja en 1985, se dirigía a directivos y empresarios interesados por las proyecciones de futuro que sobre el trabajo y el desempleo les auguraba desde mi recién adquirida visión regional.

Tanto en 1983 como en 1984 colaboré en dos estudios nacionales. En 1983 con la Fundación Fondo para la Investigación Económica y Social, en un estudio sobre “Empresarios Agrarios en La Rioja”, dirigido por el profesor Enrique Fuentes Quintana. Y en 1984 con la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) en una encuesta sobre “Impactos de la Prensa Diaria”. Sobre mi colaboración en ambos estudios nada quedó salvo el certificado de su existencia, pues bien es verdad que las empresas de estudios de mercado y opinión aún no tenían una infraestructura nacional consolidada, y enmascaraban sus necesidades, con contratos de colaboración en los que se abrigaba la ilusión de ser equipo de investigación.

En 1984 la Consejería de Agricultura del Gobierno de La Rioja realizó contratos de investigación con un ingeniero agrícola, Félix Urbiola (posteriormente Director de Agricultura), y yo mismo como sociólogo, para un proyecto denominado “Fichero de explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales de La Rioja para su aplicación informática”. Se trataba de crear una base de datos informatizada que permitiera controlar los cambios permanentes del sector, a fin de acometer políticas sobre bases racionales. Nuestra preocupación principal fue adelantarnos a las novedades informáticas de la época con el fin de determinar la infraestructura necesaria que debería sostener la Consejería, y buscar el modo y manera de que los usuarios de la Consejería (agricultores y ganaderos) entregaran la información solicitada en el cuestionario. Este cuestionario fue diseñado y probado con éxito entre doscientos agricultores y ganaderos, que junto a la memoria de actuaciones y presupuesto económico sirvió para que la Consejería de Agricultura se dotara de los medios necesarios a este fin. En fin, que del desempleo juvenil me pasé a la Agricultura, aunque aquella incipiente aventura con el desempleo juvenil me permitiría años después sentirme familiarizado con las cuestiones relativas a a la juventud.

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No puedo sino recordar aquellos años de estudiante alejado de las aulas. Unos años que estuvieron marcados por una gratificante vida social, pese a el supuesto aislamiento que la montaña suponía para el común de los habitantes de aquella región, y que a modo de un gran laboratorio donde llevar a cabo el trabajo de campo necesario en toda investigación, me permitió elaborar la urdimbre sobre la que construiría mi propia biografía como investigador.

Hubo pues una época, una corta época, en que en este país casi todo el mundo tenía alguna opinión más o menos elaborada sobre el acontecer político, las posibilidades de transformación social, la justicia o injusticia de las desigualdades sociales, etc.  Evidentemente me pareció que la claridad de lo que estaba pasando a mi alrededor sólo se podía obtener desde la Sociología, porque era la ciencia sociológica la que disponía como su principal objeto la realidad social, la vida social, y como instrumento para aprehenderla, para interpretarla, el método científico.

De siempre me ha preocupado el método, quizás porque entre mis primeras lecturas de Durkheim [1], Bourdieu[2], Harris[3], el método ocupa una parte sustancial, pero también porque un principio metodológico que indica Malinowski[4] y señala con igual acierto Juan Maestre Alfonso[5], me marcó a fuego en estos primeros años de actividad como sociólogo en formación: “Lo más importante de todo, no vivir con otros blancos, sino entre indígenas”; es decir, siguiendo la técnica de la observación participante, se trataba de introducirse en la comunidad objeto de investigación y, a base de integrarse como un miembro más de esa sociedad, poder obtener los datos deseados conociendo el punto de vista del otro. Todo ello implicaba la doble necesidad, como indica el nombre de esta técnica, de participar (en la vida comunitaria se entiende) y observar todo lo que se produce a su alrededor.

Este principio de vivir con los otros, o ser con los otros, los “indígenas”, justificó mi residencia en lo que he antedicho como el culo del mundo. De este modo la opción vital compaginaba mi decisión de ser un buen sociólogo (investigador), con la de sobrevivir en un medio que no era el mío (ganadero). Ahora bien, la investigación como sociólogo nunca me ha proporcionado unos medios económicos suficientes para sobrevivir en la montaña, sino para seguir formándome en esto de la investigación, por ello, en 1982 abandoné con amargura el medio rural, lo que fuera paraíso vital aunque ajeno a la realidad de un país en cambio.

De este periodo formativo tan sólo he conservado algunas colaboraciones en el semanario Cicerone Riojano (1978-79) para la divulgación de la artesanía y la cultura tradicional, y el artículo publicado en la revista de artes y costumbres populares de la Universidad Autónoma de Madrid (Narria nº10), en 1978: “La elaboración del queso de cabra en el Camero Viejo”, que curiosamente tuve que consultar unos años después cuando dispuse efectivamente de cabras y leche con la que elaborar los quesos más afamados de mi corta experiencia ganadera.

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[1] Durkheim, E. (1972): Las reglas del método sociológico. Madrid: Morata

[2] Bourdieu, P. (1976): El oficio de sociólogo. Madrid: Siglo XXI

[3] Harris, M. (1978): El desarrollo de la teoría antropológica. Madrid: Siglo XXI

[4] Malinowski, B. (1973): Los argonautas del Pacífico Occidental. Barcelona: Península

[5] Maestre Alfonso, J. (1976): La investigación en Antropología Social. Madrid: Akal

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