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Archive for the ‘Maestras’ Category

El próximo lunes 8 de marzo, la Federación de Trabajadores de la Enseñanza FETE-UGT me ha invitado a dar una ponencia en el salón de actos de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, como Homenaje a las Maestras por su contribución al cambio social. La idea que estoy barajando para el próximo lunes es hablar de las maestras, después de situarlas en el contexto de desigualdad secular en la educación de hombres y mujeres, desde que estas accedieron a la profesión con apenas catorce años  para cubrir las vacantes que se habían producido en las escuelas rurales de carácter segregado, tras la depuración efectuada por las autoridades triunfantes del golpe militar franquista.

Años después, con el comienzo de las migraciones de la población rural hacia los centros industriales y urbanos, muchas escuelas segregadas se convirtieron en unitarias. La causa objetiva de esta transformación de las escuelas en unitarias, contraria al pensamiento nacional-católico de la escuela franquista, fue la pérdida de población escolar y la migración de las personas jóvenes que constituían el futuro de aldeas y pueblos. Muchos de estos jóvenes que emigraron, lo hicieron con el bagaje educativo, cultural y profesional obtenido gracias al concurso de las maestras , que dedicaron una parte significativa de sus vidas a esta tarea más allá de sus obligaciones profesionales. En este sentido, las maestras son el primer grupo profesional con una identidad de género distinguida por su trabajo, pues eran autónomas, ejercían múltiples actividades que prolongaban diariamente su labor principal, y que viajaron por diferentes pueblos y localidades, muchas de ellas acompañadas por padres, maridos o familiares masculinos.

Una historia profesional que, por tanto, se ha realizado básicamente en pueblos rurales, exigiendo una enorme movilidad a estas profesionales que, si en un primer momento se hicieron cargo de las escuelas de niñas, con posterioridad atenderán las escuelas mixtas generadas a partir de la emigración . Esta actividad en su conjunto permitió que la escuela rural fuera una escuela feminizada y, a su vez, que ésta tras el salto a los centros urbanos contribuyera a la progresiva feminización de la docencia infantil y primaria.

Sobre la oferta de instrucción femenina durante el franquismo hay que señalar que esta fue muy limitada. En la escuela pública primaria la niña sólo podía aspirar a aprender a leer, sumar, labores y doctrina religiosa, y ahí terminaban sus horizontes culturales. Sólo en colegios privados o con una institutriz, la niña recibía educación de adorno como puede ser el trato de gentes, buenas maneras, urbanidad, etc. Una sólida enseñanza secundaria o superior para la mujer de cualquier clase social fue inconcebible puesto que para la mayoría social de la época no había duda: la feminidad y los conocimientos culturales estaban inexorablemente opuestos.

En la escuela franquista se distinguían las asignaturas exclusivas de las niñas que comprendían cocina, costura, corte y confección, puericultura o economía doméstica y aunque también tuvieron asignaturas iguales que las de los niños, sus contenidos fueron diferentes, como ocurría con la educación física (dirigida a prepararlas para la maternidad) o la Formación del Espíritu Nacional.

En la escuela primaria del franquismo las niñas aprendían a leer en libros especialmente adaptados para ellas, con textos, contenidos e incluso tipo de ilustraciones “femeninas”. Después del aprendizaje de la lectura se pasaba a estudiar la Enciclopedia, compendio de todas las materias con textos distintos para niñas y para niños. También era parte importante en la educación de las niñas la caligrafía, a la que dedicaban interminables horas de copias de muestras, tanto a lápiz como a plumilla. Finalmente y después de haber aprendido a leer, escribir, coser y “las cuatro reglas”, las niñas habían acabado su instrucción, en muchos casos para toda la vida.

Frente a esta instrucción segregada y diferenciada de las niñas, las maestras  opusieron por vocación, y con su entusiasmo y entrega, una formación más amplia que permitiera a las jóvenes abrirse a un mundo nuevo que ya se vislumbraba tras los comienzos del desarrollismo español, y con unas exigencias formativas que iban más allá de los cánones que la Sección Femenina trató de implantar en las escuelas a través  de la colaboración de las maestras que se suponían afectas al régimen franquista.

Pero muchas de estas maestras, que demostraban una especial disponibilidad no sólo para influir en sus alumnas sino para hacerles entender el mundo en el que vivían y la relación que los contenidos de aprendizaje tenían con él, despertaron un tipo de prestigio, de autoridad entre las jóvenes de la que era difícil evadirse. Una autoridad que les permitió asumir objetivos de género, de liberación del estatus y los roles desempeñados por las mujeres, y que motivaron a las maestras para atender también a la educación de las mujeres adultas, más allá de la mínima alfabetización, más allá de la enseñanza de la lectura y la escritura, profundizando en aquellos temas que interesaban a las mujeres en la vida cotidiana, en aquella época, y en aquel contexto de vida rural.

Algo más abundaré sobre estas cuestiones, dando especial relevancia a las relaciones sociales, el prestigio y el reconocimiento de las maestras tal y como ellas me lo transmitieron.

CARTEL DIA 8

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El pasado lunes se presentó a la prensa la edición del trabajo que realicé por concesión de una beca del Ayuntamiento de Logroño sobre el papel de la Mujer en la Historia de la ciudad y que titule “Mujer y Educación. Las Maestras (Un análisis sobre la identidad de género y trabajo). Es verdad que lo había entregado el pasado mes de abril pero por diversos avatares no ha visto al luz hasta enero. Por qué me decidí a investigar sobre el papel de las Maestras en la historia de la ciudad de Logroño es una cuestión de largo recorrido. En principio, tuve un interés relacionado con las Maestras, no solo por reconocer su papel en la inserción laboral de la mujer y en la conquista de la igualdad social, sino porque una investigación de este carácter suponía un aliciente para mi trabajo profesional como investigador de la vida social y, en particular, de cuanto se relaciona con la educación y la feminización de la enseñanza en España. Por supuesto, también es fruto de mi interés hacia realidades sociales en las que converge el concepto de género con el de identidad y trabajo, así como por los valores sobre los que se formó la ciudadanía de Logroño y de las que fueron en buena medida responsables las Maestras que se formaron, ejercieron, y vivieron o viven en esta ciudad.

Son varias las razones que justifican la elección de las Maestras como el colectivo sobre el que situar esta investigación. En primer lugar, hay que apuntar que nos encontramos en una sociedad en los que temas como la coeducación o la educación no-sexista forman parte de nuestro acerbo común. La distinción entre educación de niñas y educación de niños ha pasado a formar parte de la historia de la educación, y esto ha ocurrido en buena medida por la asunción de los valores de la igualdad entre los sexos; una conquista que no estuvo exenta de altibajos y que todavía no impregna el conjunto del currículo educativo, principalmente los libros de texto.

El camino ha sido largo y tortuoso, pues no fue hasta 1882 cuando las escuelas de párvulos pasaron a estar dirigidas por Maestras que tendrían a su cargo la educación física, intelectual, estética, moral y religiosa de niños de tres a ocho años. Pero, y esto es sumamente importante, no fue hasta el siglo XX cuando se logró que las mujeres tuvieran derecho a la educación, que tuvieran acceso a todo tipo de estudios y que pudieran frecuentar las mismas escuelas y las mismas aulas que los hombres.

En segundo lugar, en el diseño de una carrera profesional las mujeres intentan compaginar el ámbito productivo y el reproductivo, lo cual marca y condiciona cualquier otro proyecto. Las mayores posibilidades que han tenido las mujeres para realizar una carrera y ejercerla corresponden a una carrera de nivel medio, principalmente en la educación, la sanidad (aunque considerada como una extensión del servicio doméstico hasta fines del siglo XIX), y los servicios sociales. En estas tres diplomaturas (Magisterio, Enfermería y Trabajo Social), las mujeres de hoy día son la inmensa mayoría del alumnado.

En tercer lugar, porque se trata de prestar atención a un colectivo de mujeres anónimas logroñesas, que por su profesión de Maestras han prestado un servicio público de primer orden, al permitir con su trabajo el tránsito ciudadano desde la familia a la sociedad, desde el ámbito de lo privado a lo público en el desarrollo del proceso de socialización de niños y adultos.

Las tres razones expuestas se encuentran inevitablemente interrelacionadas de modo que no podemos hablar de feminización de la docencia sin hablar de la inserción laboral de las mujeres, y de ambas en función de cómo se han construido y sostenido las relaciones de género existentes en la sociedad española. Así pues, mi principal apuesta en el estudio de las maestras ha sido descubrir las conexiones existentes entre estos procesos que, al mismo tiempo que se producían, tenían consecuencias no sólo en la construcción identitaria de las Maestras, sino también en el conjunto de las relaciones sociales entre los sexos, pues no se puede obviar que al tiempo que las mujeres han penetrado el campo de la educación, también lo han hecho en el de las relaciones familiares y laborales, principalmente a través de la lucha frente al patriarcado y el sexismo.

En otra ocasión avanzaré algunos resultados sobre este trabajo, y para quienes ya tenéis un ejemplar en vuestras manos, espero que disfrutéis con su lectura.

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