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Archive for the ‘Folklore’ Category

En vísperas de lo que luego se denominaron los fastos de la Conmemoración del Quinto Centenario del descubrimiento de América por Colón, me encontraba desarrollando una línea de investigación cuyos prolegómenos tuvieron lugar en 1989 con la firma de un contrato de colaboración con la Fundación CEDEAL (Centro de estudios de América Latina), Quinto Centenario y la Dirección General de Migraciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, a fin de publicar una “Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica”. El plazo para realizar la organización de esta Historia General finalizaba en 1991, puesto que la edición debía coincidir con los actos conmemorativos del Quinto Centenario. El equipo asesor lo formamos nueve investigadores pertenecientes a la Universidad de Deusto, Santiago de Compostela y Sevilla, así como Generalitat de Cataluña, Diputación de Valencia, CSIC y el CIAEt (Centro de Investigación y Animación Etnográfica), que era una Asociación sin fin de lucro creada con el fin de dar salida a proyectos de investigación y de la que en ese momento era su Secretario. Como Secretario del CIAEt había presentado un proyecto más ambicioso al Gobierno de La Rioja y este, a su vez, había recibido la oferta de la Fundación CEDEAL, tomado la decisión salomónica de ponernos en contacto y financiar el proyecto de la CEDEAL pero con la condición de que un investigador de CIAEt estuviera en el equipo principal. [1] en 1992 de dos volúmenes sobre la Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica, editados por Historia 16, y en los que se integran el capítulo XI del tomo 1, titulado “La vida cotidiana. Planteamiento y datos para su investigación”, y el capítulo XII del tomo 2, titulado “Los estudios de emigración en La Rioja. Estado de la cuestión”, de los que soy autor. Dentro de esta línea de investigación sobre emigración riojana a Iberoamérica presenté una ponencia en el I Congreso Mundial de Centros Riojanos, celebrado en septiembre de 1990 en San Millán de la Cogolla, con el título “Los centros de emigrantes, referentes de la identidad riojana en América”. También es fruto de esta línea de investigación, la publicación en 1994, en el nº 13 de la revista semestral Rabida de la Diputación de Huelva, de un artículo titulado “Los centros y sociedades riojanas en América”. Finalmente, con ocasión del V Congreso Internacional de la Población celebrado en Logroño en abril de 1998, presenté una comunicación titulada “La emigración riojana a América en el primer tercio del siglo XX”, publicada[2] en 1999, en el volumen tercero. Como parece que esta actividad investigadora sobre emigración riojana a Iberoamérica nos les cayó nada bien a quienes se sentían propietarios de su estudio decidí abandonar para siempre jamás el tema y dejárselo a estos estudiosos y amantes de un protagonismo provinciano que no da mas que para ese ecomuseo inventado en Torrecilla. Que les aproveche.

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[1] ISBN: 84-7679-233-6 (obra completa); 84-7679-232-8 (tomo 1) y 84-7679-231-X (tomo 2).

[2] ISBN: 84-89362-62-9

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Vengo de realizar una estancia en la Universidad de Dakar siguiendo una línea de investigación, iniciada hace unos años sobre el fenómeno de la inmigración. Este modo de obrar en investigación con tendencia a desarrollar una línea de investigación en el tiempo, no siempre ha sucedido así, bien pos la escasez de sociólogos dedicados a la investigación en La Rioja o bien por mi interés en adquirir competencias en todos los campos como así sucedió. De hecho, en 1985 recibí dos ofertas de trabajo totalmente distintas que no han tenido continuidad en otro tiempo, aunque sí es verdad que han servido en ese largo proceso de aprendizaje por el que todo sociólogo debe pasar. Me voy a referir primero al contrato con el Ayuntamiento de Logroño para realizar una “Investigación social de los barrios de Logroño”, y que me llevó a una situación paradójica como se deduce de ser el único investigador varón junto a quince jóvenes mujeres diplomadas en Trabajo Social en situación de desempleo. Esta situación era la condición por la que el INEM les ofrecía la posibilidad de aprender los rudimentos de la investigación social como objetivo básico con el que acceder en un futuro a empleos en la administración municipal.

Dado que este fue mi primer contacto con el Trabajo Social no puedo sino atestiguar que desde entonces mi vinculación al mismo siempre ha estado presente de un modo u otro, bien a través de la investigación o bien a través de la docencia, sin excluir un sin fin de relaciones transversales. En aquella primera ocasión sólo pensé que debía organizar un grupo numeroso de mujeres para que cumplieran el objetivo de investigar la situación social de los barrios de Logroño, por lo que comencé encomendando tareas de documentación mediante entrevistas a todas y cada una de las asociaciones, organizaciones e instituciones que constituían recursos sociales de la ciudad a fin de conocer las necesidades sentidas por la población. Con anterioridad habíamos logrado en colaboración con la Unidad de Servicios Sociales del Ayuntamiento un punto de acuerdo de división de la ciudad por barrios, con el que facilitar al análisis posterior. Finalizada esta parte se pasó a cumplimentar un cuestionario que debía satisfacer el objetivo de reconocer la posible demanda de servicios sociales. Los resultados sirvieron básicamente para establecer la política de servicios sociales del Ayuntamiento de Logroño y subsidiariamente para introducir en el mercado laboral a una quincena de trabajadoras sociales.

El otro contrato “Las zonas de agricultura de montaña en La Rioja: análisis y problemática”, se firmó con el Ministerio de Agricultura en 1985, y tuvo como objetivo la delimitación de las zonas de agricultura de montaña (ZAM) y su caracterización, con el fin de compararlas con el resto de las ZAM del Estado Español e integrarlas en la política de montaña de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Se consideró oportuno reflejar el papel de las ZAM dentro del modelo territorial de La Rioja, como parte inseparable de la región y como forma de resaltar la importante dualidad espacial de La Rioja. Por último se priorizó dentro del conjunto de las ZAM, aquellas zonas donde debían desarrollarse programas de ordenación. Tomando una serie de indicadores de desarrollo se ordenaron las diferentes ZAM en una escala de mayor a menor atendiendo a su grado de desarrollo socioeconómico o a su potencialidad cara al futuro.

En septiembre de 1985 gané una convocatoria para la provisión de una plaza como funcionario interino en el Gabinete Técnico de la Dirección Regional de Bienestar Social, para desempeñar el puesto de sociólogo del área de Planificación y Programas. En este cargo me mantuve hasta diciembre de 1986. Durante el tiempo que estuve en la Dirección de Bienestar Social tuve ocasión de colaborar en el desarrollo de los servicios sociales municipales, organizando el segundo encuentro sobre Servicios Sociales Municipales, un Curso de Promoción Socio-Cultural destinado a trabajadores sociales en el medio rural, y finalmente, estableciendo las prescripciones técnicas del Mapa de Servicios Sociales de la Comunidad que serviría de marco técnico desde el que planificar la política de bienestar social. También fue un puesto privilegiado desde el que representé a la Consejería de Trabajo en la Comisión Asesora de Investigación del IER, o que me permitió realizar el análisis sociológico sobre la situación de las residencias de ancianos en La Rioja, base sobre la que se implementó la política sectorial correspondiente. De todo ello se benefició la Dirección de Bienestar Social que a la postre era quien financiaba estas actividades de planificación, análisis y desarrollo de políticas de bienestar social.

Al margen de mi estancia como funcionario tuve ocasión en esos años de impartir dos cursos, uno en 1985 invitado por la New York University in Spain, denominado “Curso Práctico de Antropología” que consistió en ofrecer a unos veinticinco norteamericanos algunos conocimientos básicos sobre la identidad de los riojanos, a través del manejo de categorías míticas en contraste con la realidad, es decir oponiendo los prejuicios a la realidad. El otro curso fue una invitación de la Comisión de Asistencia Social para que llevara a cabo un seminario sobre “Juventud marginada y vida tradicional” entre presos de larga condena. Esta organización buscaba resquicios en el sistema penitenciario desde el que mejorar las condiciones de vida de los reclusos, y el seminario era una excusa única para, de entrada, lograr que los internos salieran de entre los muros de la cárcel y durante una semana disfrutaran de una libertad vigilada.

Sin haber agotado las prestaciones de desempleo tras la salida del Gobierno Regional, el Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Cooperación Cultural me contrató como “Coordinador del Proyecto Culturalcampo”. Se trataba de un proyecto de ámbito nacional (en nueve comunidades autónomas) que en La Rioja tenía como finalidad la mejora cultural y de calidad de vida de los habitantes de la zona denominada de las Trece Villas (Valle del Iregua). Contaba con un equipo integrado por una médica, un pedagogo, una psicóloga, una periodista, una maestra, un ingeniero técnico agrícola y una trabajadora social. Con este equipo se buscaba reducir los desequilibrios culturales y socioeconómicos de la zona, así como el apoyo de aquellas iniciativas que propiciaran el aprovechamiento de los recursos socioculturales y económicos autóctonos capaces de generar riqueza, trabajo y mejora de la calidad de vida. En síntesis las actividades llevadas a cabo se encontraban insertas en tres amplios programas: 1) De apoyo a iniciativas socioculturales que generen riqueza y empleo (apoyo a la creación de una SAL de embutidos y conservas; apoyo al fomento de la apicultura y su comercialización; apoyo a las iniciativas para la explotación de la madera; potenciación de los mercados locales y apoyo al desarrollo de la micología y su explotación comercial). 2) De apoyo a los recursos socioculturales para la mejora de la calidad de vida y el bienestar social (a los agentes activos existentes en la zona; de recuperación y promoción cultural; de apoyo complementario a los servicios sanitarios de la zona; a los servicios sociales de la zona; de promoción de la mujer y de información de recursos). 3) De formación técnica (en la promoción sociocultural y de elaboración teórica y técnica).

Durante ese periodo que no tuvo continuidad debido a cambios de signo político en el Gobierno regional, contrario al Gobierno central, tuve ocasión de retomar una actividad que ya había iniciado cinco años antes. Me estoy refiriendo a la realización de videos de carácter etnográfico. En 1987 se rodó “La romería de la Luz”, segunda romería en importancia de La Rioja que se celebra el tercer domingo de junio en la Venta de Piqueras. La dificultad que presenta es que no se pueden improvisar las tomas, por lo que el guión debe establecer perfectamente los pasos a dar por el cámara. Fue el último año de estancia de un hombre convertido en el último ventero, tras siglos de existencia de esta figura. Se puede contemplar el video en You Tube pero dividido en dos partes:

Romería de la luz. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=D0rz8sSkwXs

Romería de la luz. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=wAr16ZT3Zag&feature=related

También a fines de año elaboré el guión de la película más importante, no sólo por su duración, sino por los problemas técnicos y de producción a que me enfrentaba. Esta película es “Carbón de encina”, que resume en veinte minutos cuarenta días de actividad y varias horas de rodaje, donde se describe narrativamente el laboreo del carbón vegetal comenzando con el corte de 2000 kilos de leña de encina en el monte comunal. Tuvimos la suerte de presentarla en pantalla grande, en la sala Gonzalo de Berceo de Logroño, con la presencia de quien sería, igualmente, el último carbonero en activo de La Rioja. Ambas películas se presentaron a concurso al IV Certamen Nacional de Cine y Video Etnológico celebrado en Huesca en abril de 1988 de donde no sacaría otro reconocimiento que un diploma (otro más para la colección).

Carbón de Encina. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=pKSeExfYefI

Carbón de Encina. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=ny1-eYrB6Rw&feature=related

 

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En el post anterior al hablar del conjunto de actividades a que había dado lugar el trabajo de campo realizado entre 1984 y 1985, podía entenderse que este conjunto constituía una línea de investigación que culminaba con su divulgación.  Es en este sentido que hoy quiero hablar de otro proyecto que comenzó en 1983 cuando presenté al IV Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares, celebrado en Zaragoza del 21-24 abril, una comunicación titulada “Juegos infantiles en la Sierra de Cameros (La Rioja)”, publicada[1] en 1988 por el Instituto Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, y que en realidad es una comunicación de cuarenta páginas sobre metodología para la recogida de juegos infantiles.

Ya en 1989 había desarrollado un seminario sobre “Juegos y Diversiones en La Rioja”, en el Centro Riojano de Madrid, pero no sería hasta el verano de 1991 cuando fui invitado a dar la conferencia “El juego: tradición y cultura” en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, dentro del curso sobre “Deportes autóctonos y cultura popular” dirigido por Fernando Gomarín Guirado[2]. Por cierto, la única vez que recibí más dinero del habitual y encima me lo pasé muy bien. Gracias Fernando. Coincidí en aquel curso de verano con el poeta José Hierro, y la estrella invitada por su savoir faire con Lech Walesa, el general polaco Jaruzelski.

Precisamente el año anterior, en 1990, habían publicado[3] en Zaragoza, dentro de la Colección Boira, el ejemplar nº3 titulado “Juegos infantiles de La Rioja”, que no es sino una pequeña selección de juegos tradicionales de los que ya por entonces poseía una gran colección conseguida a través de medios diferentes: a través de la participación de profesores y centros escolares, a través de la observación de calles y plazas, y a través de entrevistas con personas de edad. De este modo mi colección de juegos era tan amplia como amplios eran los lugares, las épocas y los informantes, si entendemos que los juegos son distintos según las edades, los sexos, las generaciones, los tiempos y los espacios.

En 1993 aproveché un concurso de la Dirección de Deportes del Gobierno riojano sobre deportes y juegos autóctonos de La Rioja, para presentar ochenta páginas con el título “¡Vamos a jugar!”, donde incidía en algunas cuestiones de tipo conceptual y metodológico sobre los juegos y los deportes, y donde mostraba parte de esa amplia colección de juegos.    Desgraciadamente, el responsable de deportes no entendió que en La Rioja la expresión de deporte autóctono se ha perdido, pero que aún se puede salvar la de juegos tradicionales siempre que se ofrezcan unos referentes significativos desde los que manifestar su verdadera autoctonía, por lo que desestimó el trabajo presentado. Entonces aprendí que a la burocracia no hay que darle razones sino ungüento y vacuidad.

En septiembre de 1997, en la VI Conferencia de Sociología de la Educación organizada por la Universidad de Zaragoza celebrada en Jaca, presenté la comunicación “Juegos tradicionales y educación”; posteriormente, en 1998, se editó el primer volumen de la Revista Contextos Educativos de la Universidad de La Rioja, y en ella se publicó[4] el artículo “El uso de juegos tradicionales en el proceso educativo y su desvirtuación en la praxis pedagógica”, en el que incido sobre el uso de este tipo de juegos en las programaciones del magisterio como medio de promoción educativa, como instrumento de participación escolar y como técnicas de aprendizaje y desarrollo, pero que en esencia, este interés pedagógico, este afán, estas metas, son opuestas a los intereses y objetivos del juego tradicional.

El juego tradicional necesita de muy poca tecnología y sobre todo necesita de espacio y comunicación. Es decir, de todo lo contrario que anima el juego y los juguetes de hoy día.

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[1] Ed. Institución Fernando el Católico. ISBN: 84-00-06781-9 (Obra completa)

[2] Por entonces director del Aula de Cultura del Instituto de Etnografía y Folklore “Hoyos Sáinz”, y de siempre el mejor folklorista y etnógrafo que ha parido Cantabria.

[3] Ed. Ibercaja. Colección Boira nº 3, 103 páginas. ISBN: 84-87007-16-3

[4] ISSN: 1575-023X

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Bajo las aguas era el nombre que había pensado darle a la edición de los materiales provenientes del trabajo de campo realizado en unas poblaciones condenadas a desaparecer, efectivamente bajo las aguas. En el otoño de 1984 las Consejerías de Cultura y de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente firmaron un protocolo para la financiación de un “Estudio etnográfico de las aldeas de San Andrés y Pajares”

Producto de aquel trabajo de campo fue el estudio total de una comunidad, al modo antropológico, del que salieron tres ejemplares mecanografiados (de los que no he conservado ninguna copia). En 1986 se presentaron al Premio Nacional de Investigación “Marqués de Lozoya” que convoca la Dirección General de Cooperación Cultural, y que ganó finalmente la profesora María Cátedra Tomás con su trabajo “La muerte y otros mundos”. Con posterioridad, entre 1998-1990 realicé estudios de Doctorado en la Complutense en el programa “Corrientes metodológicas y áreas de investigación en la Antropología Social”, consiguiendo la suficiencia investigadora en 1990 gracias a la tesina elaborada con materiales conseguidos en aquel trabajo de campo de 1985-86. Finalmente, en 1990, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de La Rioja, me encargó la dirección y coordinación de una “Exposición etnográfica sobre las aldeas del pantano de Pajares”, es decir, una exposición amplia sobre la vida comunitaria de estas aldeas que se exhibiría durante un mes en el Ayuntamiento de Logroño y que posteriormente se depositaría en un ecomuseo creado ad-hoc en la parte alta del nuevo San Andrés. La exposición reflejaba el medio físico, la arquitectura y el desarrollo urbano mediante grandes planos y fotografías; la vida doméstica (cocina y dormitorio) y las actividades laborales (agricultura, ganadería y artesanías), mediante escenarios donde se organizaban los diferentes objetos, textos y fotografías; el ciclo vital (nacimiento, pubertad, adolescencia, noviazgo, boda y fallecimiento) y el ciclo festivo a través de objetos y paneles, así como una gran composición del árbol genealógico de todos los habitantes de las dos comunidades, donde se apreciaba la endogamia local.

Aprovechando la coordinación de esta exposición tuve ocasión de seleccionar los materiales documentales y gráficos que dieron lugar en 1991 a una publicación[1] titulada, cómo no: “Las aldeas del pantano. San Andrés y Pajares”. Finalmente colaboré en la rehabilitación del horno comunal de San Andrés y de un antiguo pajar donde se ubicaría finalmente el ecomuseo, constituyendo un conjunto integral que devolvía la ilusión de lo que pudo ser la vida comunitaria en las aldeas. El ecomuseo se puede visitar, pues la Asociación de Amigos de San Andrés lo mantienen y se turnan para mostrarlo al visitante. Yo os dejo algunas fotos que hice hace un tiempo de este ecomuseo, pero poseo otras que son únicas porque pertenecen a un tiempo y un espacio que desapareció bajo las aguas del pantano.explorar0027



[1] Ed. Gobierno de La Rioja, e Ilustre Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, 166 páginas. ISBN: 84-87209-30-0

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Con anterioridad he hablado de mi entrometimiento en aventuras en que la cultura popular fue el objeto de mis intereses investigadores, pues bien, otra aventura distinta a la del pan la constituyó la trashumancia riojana, y me explico. En ese periodo de dedicación al Museo Etnográfico fui contratado por la Consejería de Cultura para llevar a cabo una labor de divulgación sobre la trashumancia riojana en compañía del conservador y artífice de la exposición. El proyecto consistía en montar una Exposición en algunas de las cabeceras de comarca de los valles riojanos (Nájera, Ezcaray, Villoslada, San Román, Arnedo y Cervera), mantenerla durante una semana, y en el intervalo llevar a cabo la difusión de dos videos por los pueblos de cada valle, uno sobre la trashumancia riojana y otro el mencionado sobre el pan.

Montar una exposición etnográfica no significa diseñar el montaje, determinar los contenidos u organizar el espacio, sino que significa clavar, coser, grapar o pegar los objetos en los paneles; escribir, editar e imprimir los textos que irán enmarcados, pegados o colgados en paredes, paneles y caballetes. Significa limpiar, tratar y encerar las piezas, o vestir maniquíes, o finalmente, empaquetar y organizar todo en cajas para su traslado, y como colofón, cargar y descargar estas cajas y paquetes del camión contratado para su traslado. No es pues la labor brillante y limpia que se le supone al comisario de una exposición, sino una más sucia y oscura que se corresponde con el trabajador cultural multiuso. En la actualidad se ha creado un Museo de la Trashumancia en la antigua Venta de Piqueras, nada más atravesar el puerto que lleva el mismo nombre. Pues bien, la base argumental y de contenidos de ese Museo, es la que en los años ochenta estuvimos paseando por la geografía riojana mi amigo José Luis Gil Valgañón y yo.

Dado que esta actividad de montaje y desmontaje la habíamos solucionado en el tiempo récord de dos días, a lo sumo tres, la Consejería nos compensaba con el recital de visitas populares, donde televisor y video en ristre reuníamos a prácticamente toda la población existente en más de cincuenta localidades[1]. Hay que entender que en 1983 muchos pueblos no contaban ni siquiera con luz a 220 voltios (cosa que descubrí después de quemar el video un par de veces), ni por supuesto televisión como no fuera en el bar o el teleclub; y que nuestra llegada a última hora de la tarde, cuando las tareas cotidianas habían finalizado, constituía un acto extraordinario. Pues bien, toda aquella actividad divulgadora fue aprovechada para contrastar nuevas informaciones sobre la elaboración del pan, sobre la actividad pastoril, o sobre otras cuestiones que como investigador me ocupó esos años, ya que nunca volvería a disponer de un público informador más entregado.


[1] Algunas solicitaron nuestra visita ante el eco que nuestra aparición en aquellos pueblos olvidados había suscitado. El Consejero de Cultura, atento a las demandas populares de entonces, nos ofrecía unas dietas extras por visitarlos.

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En un post anterior señalaba la existencia de otros trabajos (al margen del pastoreo de cabras y la elaboración de quesos) que me procuraron un presupuesto mínimo para resolver las necesidades cotidianas. Pues bien, estos trabajos iban desde la colaboración en las tareas de investigación y divulgación del Museo Etnográfico de La Rioja, pasando por las becas de investigación sociológica, y la aceptación de aquellos encargos de investigación aplicada que surgían. De todos ellos hablaré en este y en próximos escritos.

Entre 1980 y 1984 el entonces consejero de Cultura del Gobierno Socialista (Jose Ignacio Pérez) había promocionado la creación de una infraestructura varia y servicios de promoción cultural y educativa (escuela de teatro, colegio universitario, museos, etc.), pero sin la proyección que el tiempo, el dinero y la legislación permite asentar entre la ciudadanía. A esto se debe que desde 1980 se me contratara con el fin de recopilar (adquirir), estudiar y catalogar objetos con vistas a una futura exposición permanente (Museo) de materiales pertenecientes a la cultura tradicional de los pueblos de La Rioja.

 

Fueron varias las campañas en que tuve una dedicación de investigador pero también de chamarilero en competencia con anticuarios y otras gentes que también se dedicaban a la adquisición de objetos con fines comerciales más que museísticos. Del conjunto de esas campañas se lograron catalogar más de dos mil objetos de todo tipo creando lo que se suponía el fondo base desde el que llevar a cabo futuras exposiciones temáticas. A cada objeto se le abría una ficha de campo en la que se consignaba el área geográfica correspondiente, el nombre del objeto así como las designaciones que podía recibir, la localidad de adquisición, donación o cesión, la de fabricación, el nombre del propietario, los materiales, la fecha de adquisición y el precio si es que había existido venta. Posteriormente se realizaba una ficha general con foto del objeto, medidas, etc., a la vez que se confeccionaba el catálogo.

Junto a las campañas de adquisición de objetos tuve la osadía de sacar adelante un proyecto de recogida del folklore y todo tipo de manifestaciones orales y musicales, tales como canciones, poemas, letrillas, romances, de los que no hubo mas que una campaña, dada nuestra escasa preparación en un aspecto tan necesitado de profesionales como es el del folklore. En cualquier caso, estas campañas de recogida de información, pueblo a pueblo (la totalidad de La Rioja, incluidos sus lugares y aldeas), me sirvió para aprender mucho sobre el oficio de entrevistador, no poco sobre las técnicas propias del trabajo de campo y, sobre todo, para lanzarme a nuevas aventuras sociológicas imbuidas tanto de intereses económicos, sociales y culturales, como de cierta finalidad pedagógica. Me referiré ahora a alguna de estas aventuras propias de este tiempo en que la cultura popular era el objeto de mis intereses investigadores.

En el verano de 1983 conseguí el apoyo de la escuela de cine del colegio universitario, y de los propietarios de un antiguo horno de pan en un pueblo de montaña, y con ellos me propuse sacar adelante un proyecto de animación sociocultural en torno a La elaboración tradicional del pan, consistente no sólo en documentar in situ esta técnica artesanal en desuso, sino acercarla y descubrirla entre un público que desconocía estas actividades de carácter popular. El método utilizado fue la documentación sobre hornos, utensilios, técnicas, consumo y aspectos rituales y económicos que envuelven la elaboración tradicional del pan; la recogida y catalogación de útiles e instrumentos con miras a su exposición o uso según su estado (siempre con la participación de sus propietarios) y, finalmente, la puesta en funcionamiento de un horno domiciliario en la víspera de la fiesta local, según el modo documentado por su anterior usuaria. Como experiencia piloto, y puesto que el horno acusaba los veinte años en desuso, se realizaron varias pruebas hasta quedar satisfechos de su uso. De modo paralelo tuve que realizar el guión cinematográfico de cara a la disposición de las dos cámaras U-MATIC durante el rodaje. Por último, una serie de voluntarios colaboraron en la exposición organizada en las antiguas escuelas, y en la organización del público asistente durante el tiempo que duró la fiesta.

 

De los resultados de aquella experiencia[1], puedo señalar el video: “La elaboración tradicional del pan en Rabanera de Cameros”, del que se sacaron unas trescientas copias aunque hoy día se puede ver en You Tube, aunque en dos partes cuyo enlace pongo a vuestra disposición.

Rabanera de Cameros Parte 1ª:

http://www.youtube.com/watch?v=lnsJRx4H6cs

y Rabanera de Cameros Parte 2ª:

http://www.youtube.com/watch?v=XzQDuXejQ4I

Además, el audiovisual “… Buenas son tortas”, que con posterioridad y con fines didácticos se produjo a fin de establecer el valor de los medios audiovisuales (fotografía y video) en la documentación y análisis de investigaciones de carácter antropológico. Fue precisamente con estos dos medios, el video y el audiovisual, con el que se mostró en el III Congreso Nacional de Antropología[2], en el simposio sobre Métodos y Técnicas coordinado por Fermín Leizaola, de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, la comunicación “La utilización de los medios audiovisuales en la investigación etnográfica”. Desgraciadamente no conservo mas que la comunicación y una copia del video, pero el audiovisual se ha perdido y el mismo era expresivo de la manipulación del investigador, pues si ya la fotografía consiste en transformar un objeto físico o una idea en una imagen no necesariamente analógica o literal, el video es una mera interpretación y selección de materiales según criterios no sólo antropológicos sino estéticos. El audiovisual señalaba cómo en la filmación del sobado de pan se habían utilizado dos sobaderas, una de hierro y otra de madera. La tradicional era la de madera, pero hubo que desecharla al no realizar bien su función; de ese modo en el video se había introducido como un elemento de realidad lo que no era mas que una opción estética.

 

En 1985, merced a la amistad con un antiguo pastor de la localidad, buen informante y gran conversador, llevamos a cabo la redacción de sus memorias (no todas, pues tras la publicación de las mismas siguió enviándome escritos suyos que aún conservo), y junto al trabajo de recopilación sobre el pan que había llevado con anterioridad por los pueblos de la sierra riojana, presentamos los escritos a una entidad financiera para su publicación. Tuvimos la suerte de ser seleccionados, para la entonces su única edición que con motivo del día del libro esa entidad regalaba a cambio de una cierta imposición en la libreta de ahorro. Ese libro[3] se tituló como correspondía a dos autores “Memorias de un pastor riojano” y “El pan en La Rioja (elaboración y tradiciones)”. Sobre el número de ejemplares nunca supimos la cantidad pero dada la forma de distribución gratuita, podríamos aventurar que fue un best-seller de la época.el-pan-en-la-riojadonostia842

 


[1] Al margen de los inmateriales como la animación de todo un pueblo hasta entonces desintegrado socialmente, su percepción de pueblo unido no sólo por la celebración de la fiesta local, sino por señas de identidad materiales que definían algo de su pasado pero que daban consistencia al presente, y, por último y con relación a mi persona, las amistades que asenté durante muchos años.

[2] Celebrado en San Sebastián, del 23 al 27 de abril de 1984

[3] Ed: Jaime Libros, en exclusiva para Caja de Ahorros de La Rioja (272 páginas). ISBN: 84-7.091-331-X

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No puedo sino recordar aquellos años de estudiante alejado de las aulas. Unos años que estuvieron marcados por una gratificante vida social, pese a el supuesto aislamiento que la montaña suponía para el común de los habitantes de aquella región, y que a modo de un gran laboratorio donde llevar a cabo el trabajo de campo necesario en toda investigación, me permitió elaborar la urdimbre sobre la que construiría mi propia biografía como investigador.

Hubo pues una época, una corta época, en que en este país casi todo el mundo tenía alguna opinión más o menos elaborada sobre el acontecer político, las posibilidades de transformación social, la justicia o injusticia de las desigualdades sociales, etc.  Evidentemente me pareció que la claridad de lo que estaba pasando a mi alrededor sólo se podía obtener desde la Sociología, porque era la ciencia sociológica la que disponía como su principal objeto la realidad social, la vida social, y como instrumento para aprehenderla, para interpretarla, el método científico.

De siempre me ha preocupado el método, quizás porque entre mis primeras lecturas de Durkheim [1], Bourdieu[2], Harris[3], el método ocupa una parte sustancial, pero también porque un principio metodológico que indica Malinowski[4] y señala con igual acierto Juan Maestre Alfonso[5], me marcó a fuego en estos primeros años de actividad como sociólogo en formación: “Lo más importante de todo, no vivir con otros blancos, sino entre indígenas”; es decir, siguiendo la técnica de la observación participante, se trataba de introducirse en la comunidad objeto de investigación y, a base de integrarse como un miembro más de esa sociedad, poder obtener los datos deseados conociendo el punto de vista del otro. Todo ello implicaba la doble necesidad, como indica el nombre de esta técnica, de participar (en la vida comunitaria se entiende) y observar todo lo que se produce a su alrededor.

Este principio de vivir con los otros, o ser con los otros, los “indígenas”, justificó mi residencia en lo que he antedicho como el culo del mundo. De este modo la opción vital compaginaba mi decisión de ser un buen sociólogo (investigador), con la de sobrevivir en un medio que no era el mío (ganadero). Ahora bien, la investigación como sociólogo nunca me ha proporcionado unos medios económicos suficientes para sobrevivir en la montaña, sino para seguir formándome en esto de la investigación, por ello, en 1982 abandoné con amargura el medio rural, lo que fuera paraíso vital aunque ajeno a la realidad de un país en cambio.

De este periodo formativo tan sólo he conservado algunas colaboraciones en el semanario Cicerone Riojano (1978-79) para la divulgación de la artesanía y la cultura tradicional, y el artículo publicado en la revista de artes y costumbres populares de la Universidad Autónoma de Madrid (Narria nº10), en 1978: “La elaboración del queso de cabra en el Camero Viejo”, que curiosamente tuve que consultar unos años después cuando dispuse efectivamente de cabras y leche con la que elaborar los quesos más afamados de mi corta experiencia ganadera.

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[1] Durkheim, E. (1972): Las reglas del método sociológico. Madrid: Morata

[2] Bourdieu, P. (1976): El oficio de sociólogo. Madrid: Siglo XXI

[3] Harris, M. (1978): El desarrollo de la teoría antropológica. Madrid: Siglo XXI

[4] Malinowski, B. (1973): Los argonautas del Pacífico Occidental. Barcelona: Península

[5] Maestre Alfonso, J. (1976): La investigación en Antropología Social. Madrid: Akal

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