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Archive for the ‘Etnografía’ Category

En 2012 se publicó una comunicación (ISBN: 978-84-92587-83-4), presentada en la XV Conferencia de Sociología de la Educación celebrada en Granada, acerca de la formación de los líderes y gestores de las asociaciones africanas en España. La base empírica de este estudio está basada en el análisis del discurso de más de sesenta entrevistas en profundidad realizadas a dirigentes de estas asociaciones africanas, en el marco de un Proyecto de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación sobre el Asociacionismo Africano en diferentes Comunidades Autónomas, dirigido por mi amigo el Dr. Jordi Garreta. Referencia CSO2008-01122/SOCI (Asociacionismo e inmigración africana: funciones latentes y manifiestas).

Un modo de acercarnos a la realidad educativa y de formación de los líderes y representantes de las asociaciones africanas, dada la gran variedad de resultados y heterogeneidad que encontramos en las entrevistas semidirigidas e historias de vida realizadas durante el trabajo de campo llevado a cabo los años 2009 y 2010, fue tomar como muestra aquellos entrevistados que ofrecieron información acerca de los estudios terminados. Estas entrevistas las subdividimos por igual número de informantes entre los países del norte de África (Argelia, Marruecos y Mauritania), y los países de la costa oeste africana, Camerún, Malí, Senegal, Gambia, Nigeria y Guinea), aunque con mayor representación de marroquíes y senegaleses, quizás por la impronta de su movimiento asociativo que sobresale sobre los demás países.

Un primer dato sobresaliente extraído de esta muestra, es que la formación de ambos grupos (magrebíes y subsaharianos), es muy parecida, si bien ligeramente decantada a favor de los primeros; sin embargo, ambos grupos muestran un perfil formativo de estudios universitarios, seguidos de los estudios de bachillerato o formación profesional y tan sólo unos pocos señalan su falta de estudios, estudios básicos, o estudios del Islam como toda formación recibida. No sólo destaca esta primacía de los estudios superiores sino que en los casos del bachillerato ha existido interés por continuar estudios universitarios que no pudieron desarrollar en su periplo migratorio por diversas causas, aunque muchos de ellos realizaron una formación profesional principalmente en el sector servicios.

Es de destacar la juventud de buena parte de ellos al no superar las cuarenta años, cuestión que les inclina en muchas ocasiones a iniciar estudios de formación no reglada principalmente en el campo de la mediación, el Asociacionismo o la cooperación y que de un modo u otro les ha inclinado en su vertiente social a participar en la organización de las Asociaciones. Por último quiero destacar la capacidad multilinguística que exhiben la mayoría, no sólo por conocer la lengua vernácula y la oficial de la antigua metrópoli, sino por iniciarse en otras lenguas oficiales de los países de destino como el catalán, el valenciano y el castellano. La educación y la formación ha sido para una gran parte de los inmigrantes entrevistados una de las causas por las que se desplazaron, bien para conseguir empleos acordes a su formación, bien por la consideración de la educación como un objetivo fundamental en sus vidas o las de su etnia. En un país multiétnico como Nigeria, donde las diferencias socioeconómicas son extremas, la etnia yoruba (que representa al 30% de la población), es un grupo étnico muy preocupado por la educación como un fin para su desarrollo como personas, por encima de algo fuera de control como puede ser su status económico. En otro país, Guinea, reconocen que las cosas han mejorado mucho pero no así la educación, por lo que muchos guineanos envían a sus hijos a estudiar a España; sin embargo, los tiempos en que Guinea eras una colonia española se han quedado muy lejos y quienes quieren venir a estudiar a España encuentran serias dificultades de carácter burocrático y/o económico para iniciar su proyecto educativo.

De un modo u otro y sea de una procedencia o de otra, la educación forma parte del discurso en las entrevistas realizadas a los miembros y dirigentes de asociaciones africanas. Entrevistas que me van a permitir profundizar en lo antedicho, comenzando con los estudios realizados, que como he adelantado son en mayor medida de carácter universitario, si bien algunos señalan que no pudieron finalizarlos por diferentes causas. La más usual es la que posiblemente se hayan planteado también muchos estudiantes autóctonos cuando han visto que su carrera universitaria no era posible compatibilizarla con un trabajo exigente. Es el caso de Abderrahim (Marruecos), cuya intención era estudiar y trabajar, pero estudiar ya no podía, llegaba a casa reventado y no podía. Otros añaden a esta situación de trabajar y estudiar, motivos de carácter familiar como casarse y tener hijos, en definitiva añaden responsabilidades familiares a las propias de estudiar y finalizar una carrera. Es el caso de Djdjo, una mujer senegalesa que fue a estudiar Derecho en Francia, pero al quedarse embarazada dejó sus estudios. En España ha realizado un curso auxiliar de geriatría, que es un medio básico de incorporación a un mercado laboral que se ofrece en la actualidad a la mujer inmigrante. No obstante son varios los que dicen no finalizar la carrera elegida pero sí haber finalizado una carrera intermedia, tipo diplomatura, que les permitiera trabajar en esa área.

Son inmigrantes anteriores a la llegada masiva de población, de entre los años setenta y noventa, aunque no por ello pasamos por alto esta clara división entre lo que fueron sus estudios terminados en origen y sus estudios finalizados en destino. No es baladí esta diferenciación si tenemos en cuenta que quienes manifiestan una carrera universitaria finalizada en origen son licenciados, mientras que los que finalizan en destino son mayoritariamente diplomados, o con cursos especializados (principalmente sobre mediación intercultural) que les ha permitido ingresar en las filas del asociacionismo como miembros destacados. Esto no señala a la totalidad de los entrevistados pero sí muestra una tendencia en sus perfiles educativos. Hassan es un claro ejemplo sobre la prosecución laboral de estudios relacionados con la actividad asociativa, pues si bien había finalizado Ciencias Empresariales, luego prosiguió con diversos Máster y postgrados como “Gestión global de la inmigración” (en la Rovira i Virgili), Máster de “Cooperación y desarrollo”, “Los movimientos migratorios y el codesarrollo” (Valencia), y en la actualidad un Máster en “Estudios culturales del Mediterráneo”. En ocasiones la vocación social, de intervención en los asuntos que competen a los inmigrantes, obliga a cambiar el proyecto universitario en el que se habían iniciado, incluso habían finalizado. Es lo que le ocurrió a Suleimán (Mauritania). Había hecho Biología, y en España inició Farmacia, pero abandonó estos estudios por los de Educador Social. O lo que le aconteció a Ali (Senegal), doctor en Ciencias Políticas, el cual había trabajado en Dakar como profesor de universidad durante tres años hasta que lo dejó para finalizar su
doctorado en Alemania; antes, la licenciatura le había permitido una estancia de tres años en Francia. Cuando llegó a España no encontraba trabajo de su interés, y ya pensaba en retornar cuando le notificaron que un proyecto de Investigación que había presentado sobre “Las mujeres subsaharianas en Navarra” había sido aceptado por el Gobierno Foral. En esta tesitura estaba cuando Cruz Roja también le contrató para qué hiciera de mediador intercultural.

Y es que la trayectoria profesional de los dirigentes de asociaciones africanas ha tenido un primer obstáculo no con su formación en materia de mediación, sino con la barrera del idioma español, pese a que la mayoría domina dos o más idiomas. Es el caso de Arzien, una profesora de francés en institutos marroquíes, que al llegar a España decidió aprender la lengua castellana de modo que le permitiera matricularse en Trabajo Social y posteriormente incorporarse al mundo laboral como mediadora intercultural. A quien le ha resultado más fácil hacer de mediadora por su dominio de idiomas es a Naima (Argelia). Hizo la carrera universitaria de “Traducción”, sumando a su conocimiento del francés y el árabe, el alemán y el español, consiguiendo una de las primeras becas Erasmus para seguir el doctorado en Alemania. Para otros, que antes de trasladarse a España ya habían estudiado el español, la llegada a Catalunya o Valencia les sorprendió por el uso de otra lengua de la que desconocían su existencia. Así fue como optaron por matricularse en las Universidades y a la vez que aprendían catalán o valenciano, cursaban estudios universitarios (Lenguas Hispánicas; Mediación Intercultural; Gestión de asociaciones y Fundaciones, etc.), consiguiendo de este modo el dominio de las lenguas.

Sin embargo, no sería este el único problema con el que se toparían en su trayectoria profesional, pues si bien el dominio de la lengua era imprescindible para insertarse en el mercado laboral, la necesidad de que se les reconociera las titulaciones otorgadas en los países de origen se convertía en una nueva lucha por su integración profesional. Y no siempre se convalidan los títulos en función de la idoneidad de los estudios cursados, pues son numerosas las ocasiones en que hay que volver a cursar algunas materias con el fin de homologar el título, y este es un aspecto que no reconocen o no entienden pues imaginan que es por otras causas bien dispares, como señala Djamila (Argelia) que pese a disponer de una buena base del francés y el inglés, no le admitieron en la escuela de idiomas hasta tanto no homologara sus estudios del bachillerato argelino. Efectivamente, el inmigrante busca su integración con el objetivo de mejorar su status social, y no al revés como falsamente puede entender quien alienta el discurso de una inmigración de bajo nivel educativo que tan sólo se emplea en sectores de baja cualificación, porque su destino social está condicionado por la supervivencia y el retorno tras alcanzar determinados objetivos económicos. Es posible que el proyecto migratorio tenga esta fase de eventualidad residencial, de viajero estacional, pero el perfil educativo del inmigrante, tanto el adquirido en origen como en destino le capacita para adquirir un mejor status, mayores ingresos económicos y, en definitiva su propia inserción socioeconómica y la de su núcleo familiar.

 

MUJER E INSERCION SOCIOLABORAL
Las mujeres y su inserción sociolaboral ha sido otro de los componentes funcionales en el desarrollo de las asociaciones de inmigrantes africanos, principalmente a través de una formación complementaria. En algunos casos se partía de mujeres que, con estudios superiores o poseyendo titulación universitaria, no podían ejercer libremente a causa de las imposiciones religiosas o de carácter cultural. En otros casos, hemos observado que las mujeres que en su país de origen reivindicaban una identidad femenina dentro del mundo musulmán, convertían esta en destino en una lucha por la identidad de la mujer musulmana frente a los prejuicios y estereotipos en la sociedad de acogida.

El velo tomado como señal de sumisión al varón en una sociedad postmoderna constituye, sin embargo, para algunas mujeres musulmanas un signo de identidad, y podemos considerarlo en sus términos como una reacción feminista frente al prejuicio destacado en la sociedad de acogida, como un acto consciente frente a la discriminación que les impele a ponérselo a fin de destacar los valores, sentimientos y creencias de la mujer musulmana. Además, es un acto y una actitud que les ayuda a mejorar su propia autoestima valorando sus señas de identidad. Y esto ocurre porque son mujeres preparadas, activas, “pero están en casa porque su problema es llevar el velo”, tal y como relatan en las entrevistas mujeres argelinas que no aceptan el velo como un signo discriminatorio y enmarcado en prohibiciones de carácter cultural o religioso. Las mujeres argelinas entienden que la integración sociolaboral se puede dar porque son mujeres preparadas, activas, con estudios universitarios en origen o destino, mujeres que en definitiva tienen un nivel educativo muy alto pero llevan el velo y esto les excluye y les inmoviliza en sus casa en las tareas destinadas a su género. Por ello, desarrollan desde las asociaciones programas de inserción sociolaboral que les permitan enfrentarse a las discriminaciones de género sin cuestionar la raiz de dicha discriminación que no es otra sino su reivindicación del velo. Con el velo no sólo se encuentran insertas en su mundo etno-cultural sino que también pueden desarrollar sus aptitudes y su expresividad laboral sin menoscabo de su identidad. Las mujeres argelinas están muy preparadas (más del 50% tienen titulación universitaria) y ocupan en origen cargos de directivas en  porcentajes superiores a las mujeres españolas, aunque su status nada tiene que ver con sus vecinas marroquíes a las que consideran analfabetas.

En la asociación de mujeres musulmanas An-Nur (La Luz), la mayor parte de las mujeres que componen la junta son tituladas, algunas con doctorado, hablan bien el castellano, incluso el francés o el inglés. Son un grupo heterogéneo, principalmente procedente de Marruecos, Argelia y Túnez. Algunos trabajan de traductoras, otras de acuerdo a su doctorado y sólo unas pocas no poseen ninguna titulación. Son mujeres que quieren trabajar pero “como llevan velo ¿qué van a hacer? Si van a la Universidad, preparan el doctorado y ya está”. Pero hay otras que se quedan en casa y para ellas las asociaciones promueven trabajos de carácter administrativo, o de intérpretes y traductoras. Es quizás otro modo de combinar las obligaciones etnoculturales y religiosas con la posibilidad de trabajar en la sociedad de acogida. Sin embargo, no siempre encontramos mujeres con un perfil educativo adquirido en origen pues han sido muchas las que se han formado en la sociedad de acogida, donde se han enfrentado al difícil proceso de integración en la escuela. Para una joven musulmana de finales de los noventa, su aparición en las aulas de la ESO con velo, desconocimiento de la lengua, sobre todo el valenciano o el catalán, ha permitido ataques desconsiderados e irrespetuosos de alumnos y profesores que la ha llevado a encerrarse en su mutismo, excluyéndola. En otras ocasiones, pese a los esfuerzos que podía realizar una joven musulmana por aproximarse a la cultura autóctona, siempre que superara la falta de motivación que le ofertaban en la escuela y aprendiera la lengua de comunicación en la misma, los rendimientos no estaban nunca a la altura de las demandas, por lo que resultaba fundamental el apoyo de la familia, especialmente de las madres, quienes realmente se ocuparon de la educación de sus hijas. De un modo elocuente se produce una integración lingüística de la alumna gracias al apoyo fundamental de la madre en su educación. Un apoyo a la joven que va más allá si la madre además se encuentra integrada en la estructura educativa.

En resumen nos encontramos con un paisaje de mujeres preparadas que aprovechan sus conocimientos para mejorar la situación de otras mujeres en su objetivo de integrarlas sociolaboralmente, aunque sin necesidad de perder sus señas de identidad, o bien reivindicándolas en su quehacer asociativo. En su conjunto, las asociaciones de mujeres llevan a cabo una labor de educación comunitaria muy diversa, de modo que todas ellas participan de un modo u otro en las mismas. Son actividades que promueven una educación instrumental, apoyando en ocasiones el sostenimiento económico de sus asociadas sin importar la edad, formación y ocupación de las mismas, si bien es cierto que su condición de madres les roba el tiempo que les gustaría dedicar a la asociación. Efectivamente, esta es una queja que señala buena parte de las mujeres asociadas, pues las responsabilidades domésticas y de atención a la crianza y educación de los hijos, recaen en gran medida en ellas solas sin la participación de los varones, de forma más pronunciada de lo que ocurre en la sociedad de acogida, donde los atavismos de la cultura patriarcal están siendo desmontados con más celeridad en la última década. Las propuestas para ir consiguiendo mayores cotas de igualdad entre las mujeres musulmanas se realizan desde las asociaciones; por ejemplo, iniciarse en actividades deportivas y de ejercicios físicos, que hasta hace bien poco resultaron impensables pese a que algunas por su disponibilidad económica podrían haberlos realizado, ya que se encontraron con las limitaciones propias de su condición de mujer. Ha sido gracias a las asociaciones que les proporcionaron el espacio y la ocasión, que se iniciaron en algo hasta entonces tabú: la gimnasia. Aunque quizás el gran logro de las asociaciones de mujeres han sido las actividades de alfabetización, aprendizaje de idiomas y oficios que han permitido la formación de muchas mujeres inmigrantes, mejorando sus capacidades de expresión lingüística y aumentando sus opciones laborales.

Cuando se domina el idioma, una lengua de contacto, las posibilidades de expresión aumentan y la sensación de libertad al poder comunicar pensamientos y sentimientos es permanente. Además, en la vida cotidiana son numerosas las ocasiones en que deben expresarse en lengua castellana o catalana, como ocurre con aquellas gestiones administrativas a las que se usualmente acude con un traductor varón que interviene como mediador en la sociedad de acogida, pues el dominio de las lenguas entre los varones les viene de su práctica en el ámbito público de las relaciones sociales, laborales y económicas en las que se mueven. Aunque esta situación no siempre es aceptada por algunos hombres, que sienten desagrado hacia la posibilidad de que otros puedan introducirse en el mundo de las relaciones privadas de sus mujeres, aceptando sin embargo la intervención de otras mujeres, que unas veces hacen de traductoras, otras de educadoras o formadoras y, en definitiva, alejan la opción no deseada de varones ajenos a la familia. Además, para algunas mujeres, estas actividades son un modo de adquisición de independencia a través del logro económico. De forma paralela a este servicio de traducción están las actividades formativas propiamente dichas en materia de dominio lingüístico, con cursos de aprendizaje del árabe (un modo de no perder o bien de adquirir una seña de identidad), el castellano y el catalán.

Pero no sólo el aprendizaje de idiomas se encuentra en la base de la actividad asociativa de las mujeres, pues otras actividades de carácter más instrumental como las charlas sobre sexualidad, búsqueda de empleo, etc., conforman un conjunto de medidas a favor de la autonomía e inserción de la mujer inmigrante. Por último no se puede cerrar esta parte sobre la actividad asociativa
de las mujeres sin citar el gran papel que juegan en la transmisión de la cultura étnica y en la construcción de las identidades a través de sus actividades con los niños en las escuelas o en los locales de las asociaciones, y a través de las manifestaciones de carácter folklórico mediante su participación en fiestas y actos lúdicos diversos donde ellas son el eje fundamental sobre el que gira todo tipo de manifestación.

 
ACTIVIDADES ASOCIATIVAS
Las actividades asociativas por excelencia son aquellas que tiene como fin dotar de una educación complementaria a los asociados y específicamente a sus hijos. Una educación que gira alrededor de la enseñanza del árabe y cuantas manifestaciones se identifican con la cultura étnica. Para ello no solo se dotan de espacios escolares con el fin de transmitir aspectos básicos de la cultura de origen (lengua, religión, historia, etc.), sino que también utilizan profesorado, libros, medios e instrumentos propios. Uno de los objetivos más recurrentes consiste en evitar que los hijos, y las
generaciones que han nacido aquí o bien han llegado a España con una corta edad, no pierdan las señas de identidad de sus padres y de su origen étnico. Se trata de evitar que en ese transitar por los mundos se pierdan las raíces, el contacto con la realidad original, aquello que les identifica como grupo y en cierto modo, evitar lo que ellos denominan duelo por la pérdida: Con esta escuela vamos a calmar el duelo que están viviendo los inmigrantes.

La escuela pública es necesaria para la integración en la sociedad acogida, pero la escuela étnica es un complemento fundamental para la vida y el desarrollo de estas personas. Y este pensamiento se da más entre las mujeres que entre los hombres, porque ellos viven con la idea de volver algún día, de encontrarse de forma transitoria en España, de que el proceso migratorio es un accidente y que todo volverá muy pronto a su cauce, a su lugar de origen, a la casa donde nacieron; y por ello aborrecen la idea de que sus hijos vayan a la escuela, se integren con los autóctonos, al punto de ser como uno de ellos y terminen olvidando su pertenencia a la cultura de sus padres y sus ancestros. No por esto, las mujeres, más pragmáticas, más situadas en el día a día, tratan de conciliar los deseos e ilusiones de los hombres con la realidad educativa de sus hijos, y por ello se muestran favorables a esa escuela complementaria y a las actividades que promueve. Hablan de esta escuela como un instrumento que sirve para tranquilizar las conciencias de pérdida, de duelo y de alienación etno-cultural.

Las asociaciones de mujeres subsaharianas, como La Dona Guineana de Valencia, promueven el conocimiento de la cultura guineana a través de actividades culturales, con el objeto de reivindicar la cultura africana frente a la cultura española y como un medio de defensa frente a los prejuicios y discriminaciones que soportan sus hijos en la escuela. Otras actividades de carácter cultural que van dirigidas a los niños son los cuentos; es decir, la literatura oral como medio de entronque con la cultura original africana. Otro instrumento igualmente educativo son los juegos africanos, de modo que los niños que los practican reconocen sus países, a la vez que disfrutan como no puede ser de otro modo de la actividad lúdica.

Una mujer de Burkina Faso (Rosali) señalaba que el instrumento ideal para transmitir la cultura africana son los cuentos, los talleres de cuentos. Para ella y para otras madres de la asociación resulta fundamental esta forma de introducirse en la cultura africana, porque en África los cuentos están para enseñar los valores de la sociedad, para ser buenas personas; entonces hemos pensado hacer tardes de cuentos para nuestros niños. Y es muy reflexiva cuando señala que la educación en España es muy individualista y se deja en manos de los padres; pero si estos padres no pueden dedicarles todo el tiempo que quisieran, la educación queda en manos de la escuela que no es capaz de atajar los actos discriminatorios que ocurren con el alumnado inmigrante. Toma como referente la educación en África, donde la educación de los niños está en manos de otros familiares, de vecinos, en definitiva de toda la comunidad. Porque educar, para ella es formar a una persona de manera integral, de modo que sea una persona buena, esté donde esté. Formarla para que asuma todo el proceso de vida y sea feliz. Indica que el fracaso escolar es un fracaso del tipo de educación que se da a las personas (principalmente a los niños autóctonos), y no es una cuestión de éxito escolar; por ello entiende que como asociación sociocultural de mujeres, de madres, deben realizar este esfuerzo de ir escuela por escuela y dar charlas sobre convivencia, enseñándoles la realidad de África, lejos de los estereotipos y prejuicios con los que se alimentan en sus casas o en la propia escuela. Digamos que es un esfuerzo por lograr que la educación sea de toda la comunidad educativa y para todos los niños.

Con las actividades educativas y de expresión etnocultural, los inmigrantes asociados buscan recrear sus señas de identidad comunitaria, pero también ofrecer ocasiones de encuentro con el fin de sentirse comunidad, y a ello colaboran todo tipo de actividades culturales, lúdicas y festivas. De este modo, es muy propio de las asociaciones senegalesas, gracias a un cierto sentido comunitario, formar grupos folklóricos de baile, música o canto logrando con su participación dar colorido a las fiestas étnicas o a las fiestas locales. Un dirigente de una asociación del Senegal, nos habló que su objetivo era la promoción de la cultura africana a través de las clases de percusión y danza, que realizaban no sólo en el local de la asociación sino también yendo a colegios e institutos, e insertando en el contexto escolar esta clase de actividades culturales. El sentido comunitario que se supone a los subsaharianos y especialmente a los senegaleses nos lo certificaba un argelino (Djilalli), que los compara con los magrebíes a los que tilda de individualistas. Y hasta cierto punto resulta certera esta apreciación pues son asociaciones senegalesas las que imprimen su sello personal a estas manifestaciones culturales de cuentos y juegos, que se ven acompañan por otras actividades de carácter expositivo como fotografías (sobre Senegal, sobre el fenómeno migratorio, sobre la inmigración ilegal, etc), artesanía, manifestaciones artísticas, etc.; y la actividad cultural más usual en casi todas las asociaciones, la realización y degustación de comidas étnicas.

La otra gran actividad asociativa de carácter formativo, junto a la escuela complementaria y las manifestaciones de carácter étnico, es el aprendizaje de lenguas (valenciano, catalán, español, árabe) necesarias para el desenvolvimiento sociolaboral. De hecho han sido varios los dirigentes, que desde su formación o desde su conocimiento del árabe, han apoyado la creación de escuelas de padres o escuelas de adultos, donde entre otras cuestiones formativas se les ofrecía clases de lenguas o bien clases de alfabetización. Y en el discurso de casi todos los entrevistados hemos encontrado la necesidad del aprendizaje inicial del español como vehículo de comunicación, lográndolo bien a por su cuenta o a través de profesores particulares y, sobre todo, a través de iniciativas municipales o asociativas que les dieron la ocasión de dominar el idioma. Son varias las asociaciones, principalmente las subsaharianas, las que dedican parte de sus cuotas a financiar los estudios de sus asociados, significativamente el aprendizaje del español, llegando incluso a pagar el billete de tren para aquellos chicos que se encuentran en localidades próximas pero sin infraestructura asociativa o sin un número suficiente como para promover cursos de formación. También financian la finalización de estudios secundarios o formación profesional. Y como específicamente las mujeres han sido las grandes desfavorecidas en el proceso educativo, la adquisición de competencias que les permitan trabajar ha sido uno de los objetivos de las asociaciones femeninas.

Los hay que piensan que la educación complementaria o la educación necesaria, debe darse en las mezquitas y debe ser una educación religiosa a través del estudio del Islam. Aunque no sólo se trata de rezar, pues en las mezquitas también se han tratado actividades comunitarias, como reunir dinero para pagar el traslado del cadáver a su localidad de origen, si bien han sido siempre las asociaciones el espacio donde se dirimían casi todas las demandas y necesidades de los asociados, y donde se marcaban los objetivos comunitarios. A este fin han colaborado muchos de sus dirigentes, sobre todo cuando estos manifestaban vocación e inquietud social, con interés por los problemas que surgen en el proyecto migratorio, sobre todo si está preparado y ya cuenta con experiencia universitaria. En estos casos de dirigentes con experiencia asociativa o con experiencia o conocimientos sobre el mundo asociativo, son múltiples las actividades dirigidas a todos los miembros de la comunidad inmigrante, tanto de las asociaciones como de la comunidad de origen, a través de proyectos de codesarrollo. O dirigidas a todo el mundo como nos cuenta Mama Samateh (Gambia) que trabaja en mediación y ha construido una asociación contra la mutilación femenina, desde la que se ofrece información con el fin de luchar contra esta práctica.

No puedo cerrar este conjunto de actividades asociativas sin referirme a esas otras de las que se benefician básicamente los españoles, y que no son sino una fórmula muy extendida entre todas las asociaciones que buscan puntos de integración con la sociedad de acogida a través de las expresiones, no sólo de la lengua, cultura y folklore de los países de origen, sino también educativas y formativas por su intervención en los centros educativos donde crean el ambiente necesario para combatir la ignorancia y el racismo.

 

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Cuando se editó en 2004 el libro sobre “Mujeres inmigrantes. Invisibilidad y práctica cotidiana”, utilizamos en el prólogo unas pequeñas historias de vida que ahora cuelgo aquí pues no se alejan excesivamente de la situación real que muchas viven en 2009. Por entonces, en Logroño más de seis mil mujeres con otro origen nacional trabajaban y soñaban. Colores, acentos, olores y sabores continentales, latinoamericanos, africanos y asiáticos se paseaban por las calles y parques de nuestra ciudad. Unas mujeres rubias de tez blanca y con los ojos muy claros se han parado en un escaparate; otras dos mujeres mulatas sacan a pasear a sus retoños y en la puerta del colegio avistamos unas mujeres que con el pañuelo sobre la cabeza ocultan un cabello negro y ensortijado. Claudia, Marta y Fátima son tres de esas mujeres y algo de sus vidas cotidianas se parece a esto.

Los sábados siempre son especiales para Claudia, al fin y al cabo son los únicos días que tiene libres desde que empezó a trabajar de interna al cuidado de una señora mayor con principios de demencia. Este sábado, además, es el cumpleaños de su madre y van a reunirse a comer todos los familiares y amigos que viven en Logroño.

Claudia se levanta temprano para envolver su regalo, un pañuelo de color azul que compró el sábado anterior. Una vez preparado el desayuno, ha levantado a Marisa, la señora a su cuidado, y la ha acompañado en el lento proceso del desayuno, aseo y vestido. Se le ha hecho un poco tarde, así que se da prisa para vestirse. Cuando ha llegado el hijo de Marisa ha salido rápidamente y ha ido derecha a comprar una modesta tarta para el postre. Algo nerviosa se ha dirigido a la casa que su madre comparte en la C/ Huesca con dos parejas de amigos también de origen rumano. Es la primera invitada en llegar, así que puede disfrutar de un ratito a solas para felicitar y charlar con su madre. Tras el intenso abrazo y la apertura del regalo, que su madre agradece muchísimo, ambas se han sentado a comentar las gestiones que ésta ha hecho a lo largo de la semana.

Para Claudia es algo muy importante, ya que se trata de poder traer a su hija Cristina a España. Cristina solo tiene siete años y todavía vive en Rumanía con la hermana mayor de Claudia. Su madre le explica que los trámites parecen sencillos ya que, si la niña viene a Logroño, una vez empadronada podrá escolarizarse aquí y por tanto, contará con un permiso, al menos, hasta que termine sus estudios.

Claudia no ha podido evitar las lágrimas, por fin, después de ocho meses en España sin ver a su hija podrá tenerla de nuevo aquí. Habrá que preparar el viaje y alojamiento de la pequeña, así que madre e hija se distribuyen ágilmente las actividades para la semana: quién acompañará a la niña, con qué empresa harán el viaje, cuánto dinero pueden permitirse invertir, en qué curso se debe matricular a la niña, en qué habitación se alojará.

Luego, ambas han iniciado los preparativos para la comida, y a la hora prevista han llegado el resto de invitados, juntándose en total ocho personas. Los regalos, la comida, las risas y los abrazos han hecho que el día sea inolvidable y Claudia vuelve sonriendo a su trabajo. Son las nueve en punto de la tarde cuando llega, tiene que preparar rápidamente la cena de Marisa, desvestirla y acostarla. Claudia se acuesta temprano, tiene una larga semana por delante y está cansada, pero esta noche Claudia no se pregunta qué hace en España y si tiene sentido, hoy se siente tranquila, ha recibido la noticia que da sentido a todo el esfuerzo realizado.

Por su parte, Marta es de origen colombiano y llegó a Logroño hace más de tres años. Antes peregrinó mucho por diferentes ciudades y pueblos, pero decidió permanecer en Logroño donde consiguió un buen trabajo y regularizar su situación. Hace un mes logró abrir las puertas de su negocio, una pequeña peluquería que le supuso un esfuerzo de trabajo y ahorro grandes pero que le reportó mucha satisfacción.

Como todos los lunes Marta madruga para llegar temprano a la peluquería y hacer las cuentas y gestiones previas a la apertura. Todavía tiene pocas ganancias y se ve apurada para hacer frente a los pagos mensuales, especialmente al préstamo y al alquiler. Sabe que su novio (español) quiere ayudarla económicamente para salir del apuro, pero esa opción prefiere desecharla mientras no sea imprescindible.

Cuando Marta llega a la peluquería no puede creer lo que ve, han vuelto a romperle las lunas del escaparate. Es la segunda vez que se lo hacen. Entra como puede, tratando de no pisar los cristales rotos que están por todas partes, y tras observar que no hay otros desperfectos comienza a recoger cayéndole las lágrimas. Cuando termina de dar los partes necesarios coloca un tablero en el escaparate y se dispone a atender a las clientas del día, no está dispuesta a perder un nuevo día de trabajo…

Las pocas clientas de la mañana, afortunadamente son de confianza y lejos de escandalizarse por el estado del local, animan a Marta. Cuando su novio se entera, acude deprisa a la peluquería y tras animar a Marta y tratar de restarle importancia a lo sucedido, consigue que un cristalero arregle el escaparate esa misma tarde.

Van juntos a comer y él le propone la posibilidad de irse a vivir juntos, a fin de cuentas están pagando dos alquileres y por tanto, desperdiciando el dinero y además así ella podrá dejar de compartir piso con cinco personas más. Marta se violenta con la proposición y elude la conversación, alegando la necesidad de marcharse y posponiendo su respuesta. Pasa una tarde muy mala, tiene que atender a las clientas mientras el cristalero hace un ruido infernal y el del seguro no para de hacerle preguntas acerca de posibles “enemigos”. Marta cierra la peluquería temprano y se lleva todas las facturas a casa para poder estudiarlas detenidamente.

Cuando termina de cenar un emparedado en la cocina de su casa, se encierra en su habitación a trabajar (no quiere que sus compañeros de piso sepan lo que hace). Más tarde de la una de la madrugada, agotada y deprimida, con las cuentas hechas, se da cuenta de la terrible situación: no puede pagar los alquileres del piso y del local de este mes, ni mucho menos enviar dinero a sus padres en Colombia.

Marta se plantea si no se ha precipitado, se asusta, la cabeza le va a estallar, solo tiene una solución, aceptar la ayuda económica de su novio y plantearse en serio la posibilidad de adelantar su decisión personal de irse a vivir con él. Agotada, se queda dormida encima de la cama aún vestida.

Finalmente, sabemos que Fátima vino hace dos años a Logroño porque su marido le había dicho que el patrón le había ofrecido un contrato indefinido. Fátima estaba embarazada de seis meses pero no le importó dejar a su familia y a sus amigos, para reunirse con su marido, una vez que su padre le dio la bendición.

No sabía nada de Logroño, le habían contado que se parecía a aquellas ciudades que se veían en la televisión de Tetuán. Hizo el viaje, junto con sus otros dos niños, en la furgoneta de su vecino Hamed que vivía en Francia donde le habían contado que las manifestaciones de racismo eran siempre contra las personas de origen árabe. Por eso estaba contenta de que su marido le hubiera llamado desde una ciudad española alejada de aquel horrible lugar donde las noticias hablaron de persecución de árabes y bereberes como principales víctimas del odio al extranjero (El Ejido).

Después de cuatro años en Logroño, como todos los días, Fátima se levantó la primera para preparar el desayuno de sus hijos y de su marido. En esta época del año, Logroño era muy frío y Fátima recordaba  los amaneceres cálidos de su tierra.  Tras permitirse un breve espacio para el recuerdo, Fátima se puso en marcha, encendiendo las estufas de butano de reciente estreno, preparando el té, recalentando el pan y levantando, aseando y vistiendo por orden a los niños. Una hora más tarde, el autobús de la empresa recogía al marido de Fátima y a otros empleados en la esquina de Doce Ligero con Primo de Rivera para trasladarlos al Polígono de Cantabria. A su vez Fátima, tomaba el autobús de línea para desplazarse a trabajar al locutorio de un amigo de la familia en la calle Oviedo. Fátima empezó a trabajar allí hacía apenas tres meses. Estaba contenta, una vez que los niños eran mayores ella podía trabajar para aportar dinero al hogar. Fátima trabajaba de lunes a sábado en horario de mañanas, ya que así lo había acordado con su marido, con el objetivo de atender la casa y a los niños el resto del día. Como siempre Fátima se mostró amable con los clientes que acudieron al locutorio. Una vez finalizado el turno, corrió como todos los días a casa de su amiga Hannan, quien le recogía a los niños del colegio y cuidaba de ellos hasta su regreso. Aquel día la niña estaba disgustada y se echó en brazos de su madre cuando esta apareció en la puerta: “no quiero volver al colegio mamá, las niñas no quieren ser mis amigas y me han llamado mora de mierda”… Fátima miró con disgusto a su amiga Hannan quien le hizo un gesto tranquilizador. Cuando Fátima llegó a casa con los niños, su marido observó su disgusto y buscaron un espacio para comentar lo sucedido. Ambos llegaron a la conclusión de que Fátima fuera a hablar con la profesora de la niña para comentar lo sucedido y solicitar su intervención en las situaciones como la acontecida. Más tranquila, Fátima puso la comida para todos y cuando llevó a los niños al colegio por la tarde habló con la profesora, una vez aclarada la situación y con el compromiso por parte de la docente de interceder en la situación, Fátima se marchó a hacer unos recados y volvió a casa cargada de compra. La noche fue tranquila, todos durmieron bien, excepto Fátima que tardó en conciliar el sueño.

Estas son historias de vida cotidiana, la vida cotidiana de muchas mujeres de la ciudad de Logroño, de miles de mujeres, que con su testimonio nos han ayudado a entenderlas mejor, a comprender sus problemas y atender a sus necesidades. Sus relatos nos han ayudado a conformar una historia de la mujer de Logroño con una característica particular que es su origen nacional, necesariamente distinto al español. Esta historia de mujeres de Logroño es la historia de la mujer inmigrante en Logroño y por tanto queremos agradecer su amabilidad la contarnos su historia en aquellos temas que les hemos demandado.

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Todo empezó cuando puse título a un proyecto de investigación: “Estrategias y relaciones en la formación y desarrollo de la burguesía riojana (1850-1950)”. Este es en realidad el título de mi tesis doctoral, para la que conté con ayudas[1] puntuales de la Universidad de La Rioja, que me permitieron finalmente defenderla en septiembre de 2000 donde el tribunal, constituido por tres catedráticos y dos titulares de universidad, le otorgó la máxima calificación de sobresaliente cum laude. Al tiempo que comenzaba el desarrollo de la tesina tuve que tragar nuevamente con los cursos de doctorado, ya que no pude convalidar los realizados en la Complutense. La tesina que defendí en junio de 1996, y que mereció también la máxima calificación, llevaba el título de “Apuntes sobre un proyecto de investigación: Adaptación y cambio. La industria pañera hacia el capitalismo industrial (1750-1850)”, y una parte significativa de la misma fue publicada[2] ese mismo año. Estos apuntes trataban sobre la necesidad de profundizar en los estudios de carácter regional, que en el caso de La Rioja ha resultado ser una de las regiones más paradigmáticas y ricas conceptualmente para la definición del proceso industrializador, así como por la significación cualitativa y relevancia cuantitativa durante el siglo XVIII del subsector lanero y pañero. Algunas de las conclusiones que se apuntaban, pasaban necesariamente por la periodización en secuencias de la historia pañera riojana. La primera, enmarcada entre 1752 y 1792 se corresponde con el fenómeno de la protoindustrialización; la segunda, de 1830 a 1860 respondería al proceso de industrialización o del cambio al sistema de producción fabril. Entre medias, es decir, desde finales del XVIII hasta principios del XIX, sería el periodo de desindustrialización o del proceso de crisis de la industria pañera del Antiguo Régimen.

Las ciento veinte páginas de la tesina me sirvieron como el motor de arranque desde el que estructurar la tesis. También contaba con materiales de campo de cuando recibiera en 1982 una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado Estudio de las grandes familias del textil y el calzado, así como una ponencia escrita de 1983 con el título de Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana. Con ese conjunto de materiales mas una labor amplia de estudio y documentación[3] llevada a cabo en los siguientes años, me situó en condiciones de acometer los objetivos y estructura de la tesis.

Aunque el estudio sobre la formación y desarrollo de la burguesía industrial riojana interesa a la historiografía económica de España, o a la historiografía regional, mi intención fue realizar un ejercicio de investigación, donde de modo interdisciplinar, mediante la utilización de conceptos y métodos afines a otras disciplinas del conocimiento social, como la Sociología o la Antropología, se resolvieran los problemas derivados de la conceptualización de este sector de la burguesía industrial. Podría definirlo como un estudio histórico, pero de clara vocación sociológica, con el objetivo de trabajar con los grupos familiares de la industria pañera y del calzado; o bien como un estudio de sociología familiar, desde el que pretendía explicar las estrategias y relaciones de la burguesía industrial riojana en el margen temporal e histórico de un siglo (1850-1950).

Las fuentes principales utilizadas en este trabajo de investigación, fueron el Catastro del Marqués de la Ensenada; las Memorias Políticas y Económicas de Eugenio Larruga; el Diccionario de Pascual Madoz; la Matrícula de Contribución de 1852; la Estadística Industrial de Giménez Guited; la Memoria de Industrias Derivadas de Delgado y Masnata de 1876; la consulta de los protocolos notariales depositados en el Archivo Histórico de La Rioja, pero también la consulta al Archivo Municipal de Logroño, Ortigosa, Torrecilla y Soto en Cameros; al Archivo Diocesano; al Registro Mercantil; el INE; los manuscritos depositados en el IER, así como una amplia bibliografía coetánea y de estudios actuales que trataban temas de sociología y antropología, historia económica y social.

Dentro de las diferentes burguesías, me centré en un tipo de burguesía que orientaba su actividad productiva hacia la industria textil, obviando al resto de grupos hegemónicos, que situados en la Depresión del Ebro, estaban vinculados a la propiedad y la explotación agraria. Tampoco me detuve en los grupos burgueses que protagonizaron el despegue agro-industrial.

Como el objetivo central de la investigación se encontraba en el papel que desempeña la familia, los linajes y segmentos de linaje, las parentelas y las redes de parentesco, resultaba bastante lógico que fuera el descubrimiento de las relaciones y estrategias de reproducción social, reconocidas en el seno de determinadas familias, lo que indicara el camino a seguir. Las relaciones de parentesco se han impuesto como el medio ideológico más determinante al proyectar dichas relaciones en el plano económico y social. Relaciones ideológicas que toman cuerpo a través de las diferentes estrategias adoptadas, por, para, y con la familia. La familia y la parentela han sido el campo instrumental desde el que los linajes y los segmentos de linaje han podido desarrollar sus estrategias de preservación y ampliación patrimonial, tendentes en ocasiones a la reunión, crecimiento o diversificación del capital. Los instrumentos básicos utilizados para el cumplimiento de las estrategias, son de manera determinante los que proporciona el sistema de sucesión divisible y las variadas combinaciones de alianza del sistema matrimonial. La consanguinidad, le endogamia y la homogamia social son las principales estrategias matrimoniales de la burguesía industrial riojana, aunque las expresiones de la alianza manifiestan una gran variedad.

La parentela no sólo fue un campo de intervención en prácticas de alianza matrimonial, sino también un campo de prácticas de alianza política, a través del cual se buscó el ejercicio del poder político con el fin de asegurar la preeminencia de los intereses económicos de las familias industriales. La red de parentesco sería la base desde la que se operaron las estrategias e intercambios matrimoniales (cónyuges y dotes), pero también las estrategias e intercambios inmateriales (poder, prestigio, solidaridades), que se entrecruzarían, creando una trama de relaciones definitorias de la burguesía riojana. La burguesía industrial basó su reproducción como clase en la propiedad económica, en el poder político, pero también en el poder social mediante el reconocimiento de atributos y status.

El marco referencial donde mostrar comportamientos, actitudes y actividades, exponentes de patrones culturales, fue el espacio público. Cierto que la notoriedad pública de la burguesía estaba asegurada por su preeminencia económica o política; pero si algo ejerce influencia sobre la comunidad son los comportamientos externos o de apariencia externa, los cuáles necesariamente deben darse en los denominados ámbitos de sociabilidad. Estos espacios de sociabilidad, pese a la importancia que les concedí en la configuración del análisis de la clase burguesa, tan sólo pude esbozarlos sin abordarlos en profundidad. No fue pues mi interés abarcar todas las aproximaciones a la poliédrica realidad de la clase burguesa, sino tan sólo aquella faceta que me pareció más definitoria de su configuración y desarrollo, la relativa a las estrategias y relaciones vinculadas al parentesco y la reproducción social.

En mayo de 1997 presenté la ponencia “La reproducción patrimonial de la oligarquía camerana” a las Primeras Jornadas de Historia Económica de la UR. En aquella ocasión, el entrañable profesor asesinado por cobardes asesinos a sueldo de ETA, don Ernst Lluch, me felicitó por el cariz que le estaba dando al estudio de la burguesía industrial, ofreciéndome algunos datos sobre la conexión catalana de una de estas familias industriales y comerciales. Sobre esa información, en abril de 1998, en el V Congreso Internacional de la Población, presenté una comunicación sobre “Parentesco y estrategias de reproducción social: la familia de la Riva Navarrete”, publicada[4] poco después.

También en la Revista BROCAR se publicó[5] el artículo “La contribución industrial de 1852 en La Rioja”, que analizaba la información procedente de esta fuente estadística, y que de algún modo completaba las otras dos grandes fuentes comúnmente utilizadas en historia económica e historia industrial, el Diccionario de Pascual Madoz (1842) y la estadística industrial de Giménez Guited (1862).

En 1999, volví a publicar[6] un artículo en la Revista Brocar titulado “Redes de transporte y comercialización de la industria pañera riojana en la segunda mitad del siglo XIX”. Y ya en julio de 2000, con ocasión del seminario de historia económica de D.Angel García Sanz, tuve la ocasión de presentar una ponencia sobre “Flujos comerciales de los industriales pañeros de la Sierra de Cameros (La Rioja) con el noroeste peninsular, el último tercio del siglo XIX”.

Finalmente, la tesis en su conjunto (833 páginas) ha sido publicada[7] en 2002 por la Ann Arbor, ProQuest Information and Learning, que es una editorial de Michigan (EEUU), que reúne en su base de datos todo tipo de tesis doctorales, entre ellas la que me ocupó durante varios años con el título “Strategies and relations in the configuration and development of the industrial bourgeoisie in La Rioja (1850-1950)” (Universidad de La Rioja, 2000).

En septiembre de 2003, una parte seleccionada de la tesis ha sido publicada, gracias a la edición financiada por la Fundación CDESC y los Ayuntamientos de Arnedo, Torrecilla, Ortigosa y Ezcaray. El título de esta publicación es el de “Familia burguesa y capitalismo industrial”.

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[1] ATUR97/026, ATUR98/08 y ATUR00/05

[2] Revista Brocar nº 20 de 1996, pp.261-276. ISSN: 0214-4670

[3] Pues si bien disponía de algunos conocimientos de sociología y antropología, lo desconocía casi todo del mundo de la historia, principalmente de la historia social y la económica. En este sentido acudí al ciclo de conferencias sobre Castilla en la Edad Moderna (UR, abril-mayo 1996, 10 horas), y a los seminarios de la Fundación Duques de Soria, que dirigidos por el profesor Jordi Nadal se celebraron en julio de 1996 (30 horas), sobre La desindustrialización a partir de la industrialización y en julio de 1997 (30 horas), sobre Tecnología, empresa e industrialización en España (siglos XIX y XX), donde además de encontrar a los principales especialistas de historia económica te daban la oportunidad de presentar tus avances de investigación. Ya en julio 2000, en el seminario dirigido por el profesor Angel García Sanz (también de 30 horas) Relaciones económicas entre el interior y la periferia en la España moderna y contemporánea, tuve ocasión de presentar una ponencia para su discusión.

[4] Actas del Congreso Internacional de la Población. V Congreso de la ADEH. Vol. 3, pp.221-239, Logroño 1999.

[5] Brocar nº 21 (1997), pp.359-389.

[6] Brocar nº 23 (1999), pp.119-146.

[7] ISBN: 0-493-58889-2

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El Centro de Investigación y Animación etnográfica (CIAEt), fue un invento del señor L.V. Elias, por entonces etnógrafo o antropólogo, conservador de las esencias riojanas, da igual; el caso es que ya he comentado con anterioridad en otro post de mi pertenencia como Secretario a dicho centro o asociación sin fin de lucro (al menos nominalmente) llamado CIAEt desde el que se pretendía recabar apoyos financieros con los que sacar adelante actividades de carácter tanto antropológico como sociológico. Ya en junio de 1986 se habían celebrado unas “Jornadas de etnografía” en la que me tocó exponer una ponencia sobre las “Relaciones entre la etnografía y los órganos políticos de decisión”, y en la que recibía contestación del entonces Consejero de Cultura del Gobierno de La Rioja, D. Jose Ignacio Pérez. En mayo de 1988 se organizó otra reunión científica con la propuesta de “Jornadas sobre molinos: cultura y tecnología”, cuyo presidente de honor fue el Consejero de Cultura de Cantabria y catedrático de Historia del Derecho, D. Rogelio Pérez Bustamante. Con tal ocasión presenté la comunicación “Un molino fábrica de yeso”, que describía las vicisitudes por las que había pasado un molino desde su apreciación en el Catastro de la Ensenada hasta su actualidad desprovista de actividad. Las comunicaciones durante estas Jornadas fueron publicadas[1] gracias al patrocinio económico del Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. En 1989 se trató en otras Jornadas el tema de “Los centros de Etnología dependientes de las Administraciones Públicas”, al que acudieron Joaquín Díaz (Valladolid), Fermín Leizaola (San Sebastián), Severino Pallaruelo (Huesca), Fernando Gomarín (Santander), Antonio Gomez Sal (León), Pedro García Martín (Madrid), etc. En 1990 se celebraron las “Jornadas sobre cultura pastoril”, con el fin de dar salida a algunos de los materiales del estudio plurianual sobre “Migraciones pastoriles en España” que algunos de los socios del CIAEt estábamos realizando desde 1989. En esas jornadas presenté como comunicación “La organización ganadera en la zona oriental de la montaña de León”, y que fue publicada[2] en 1991, también gracias al patrocinio del Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura. Precisamente este organismo fue el que encargó el estudio plurianual sobre “Migraciones pastoriles en España” al equipo del CIAEt, determinando el año 1989 para el estudio de la trashumancia, el año 1990 para la trasterminancia del ganado lanar, y el año 1991 para el ganado vacuno y las reses bravas. Este último año no se realizó el trabajo de campo porque el contrato se rescindió por causas económicas. De ese trabajo de campo, yo me encargué de la zona leonesa, quizás una de las de mayor implantación del ganado trashumante, y aunque no se llegó a publicar nada de los materiales reunidos, aún conservo los ejemplares[3] mecanografiados correspondientes a “La trashumancia en León (1989)” y “La ganadería trasterminante en León (1990)”, así como cientos de fichas donde recogía la estructura de la propiedad ganadera y de los pastos. También había comenzado a recabar datos de los archivos parroquiales, Renfe, etc., pero todo esto ha quedado como un testigo mudo en las cajas de archivo. En cuanto al “Estudio etnológico sobre cultura pastoril”, merced a la información que me cedieron los compañeros que habían hecho trabajo de campo en otras zonas pastoriles de España (Palencia, Burgos, Soria, La Rioja, Zamora, Segovia, Cuenca, Guadalajara y Teruel), lo redacté en un trimestre y del que también conservo una fotocopia del ejemplar que hice llegar al coordinador del estudio (Elias Pastor), pero que no ha visto la luz en forma de edición, por lo que sospecho que también descansa en alguna caja de archivo. Esta sensación de haber trabajado para nada (salvo el conocimiento que adquirí de una zona tan bella como es la zona de montaña leonesa, donde además establecí algunas amistades), me llevó a salir del CIAEt (total para lo que pintaba), y desde luego a olvidarme de contar ovejas por siempre jamás.

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[1] ISBN: 84-404-4553-9

[2] ISBN: 84-404-8623-5

[3] Trashumancia (67 páginas); trasterminancia (25 páginas); estudio etnológico (257 páginas)

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En vísperas de lo que luego se denominaron los fastos de la Conmemoración del Quinto Centenario del descubrimiento de América por Colón, me encontraba desarrollando una línea de investigación cuyos prolegómenos tuvieron lugar en 1989 con la firma de un contrato de colaboración con la Fundación CEDEAL (Centro de estudios de América Latina), Quinto Centenario y la Dirección General de Migraciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, a fin de publicar una “Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica”. El plazo para realizar la organización de esta Historia General finalizaba en 1991, puesto que la edición debía coincidir con los actos conmemorativos del Quinto Centenario. El equipo asesor lo formamos nueve investigadores pertenecientes a la Universidad de Deusto, Santiago de Compostela y Sevilla, así como Generalitat de Cataluña, Diputación de Valencia, CSIC y el CIAEt (Centro de Investigación y Animación Etnográfica), que era una Asociación sin fin de lucro creada con el fin de dar salida a proyectos de investigación y de la que en ese momento era su Secretario. Como Secretario del CIAEt había presentado un proyecto más ambicioso al Gobierno de La Rioja y este, a su vez, había recibido la oferta de la Fundación CEDEAL, tomado la decisión salomónica de ponernos en contacto y financiar el proyecto de la CEDEAL pero con la condición de que un investigador de CIAEt estuviera en el equipo principal. [1] en 1992 de dos volúmenes sobre la Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica, editados por Historia 16, y en los que se integran el capítulo XI del tomo 1, titulado “La vida cotidiana. Planteamiento y datos para su investigación”, y el capítulo XII del tomo 2, titulado “Los estudios de emigración en La Rioja. Estado de la cuestión”, de los que soy autor. Dentro de esta línea de investigación sobre emigración riojana a Iberoamérica presenté una ponencia en el I Congreso Mundial de Centros Riojanos, celebrado en septiembre de 1990 en San Millán de la Cogolla, con el título “Los centros de emigrantes, referentes de la identidad riojana en América”. También es fruto de esta línea de investigación, la publicación en 1994, en el nº 13 de la revista semestral Rabida de la Diputación de Huelva, de un artículo titulado “Los centros y sociedades riojanas en América”. Finalmente, con ocasión del V Congreso Internacional de la Población celebrado en Logroño en abril de 1998, presenté una comunicación titulada “La emigración riojana a América en el primer tercio del siglo XX”, publicada[2] en 1999, en el volumen tercero. Como parece que esta actividad investigadora sobre emigración riojana a Iberoamérica nos les cayó nada bien a quienes se sentían propietarios de su estudio decidí abandonar para siempre jamás el tema y dejárselo a estos estudiosos y amantes de un protagonismo provinciano que no da mas que para ese ecomuseo inventado en Torrecilla. Que les aproveche.

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[1] ISBN: 84-7679-233-6 (obra completa); 84-7679-232-8 (tomo 1) y 84-7679-231-X (tomo 2).

[2] ISBN: 84-89362-62-9

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No se si a través del conocimiento del fenómeno juvenil o a la necesidad de un sociólogo experimentado, el caso es que aquel año de 1989 fui contratado por el Ministerio de Asuntos Sociales, a través del Instituto de la Juventud, para el denominado: “Proyecto Petra-Rioja (Programa europeo de transición al mercado laboral)”, como director de las áreas de Estudios Socioeconómicos y de Descripción Etnográfica. A mi cargo una serie de jóvenes titulados desempleados de la localidad de Grañón (último pueblo riojano del Camino de Santiago) con los que debería llevar a cabo un proceso doble de enseñanza e investigación. Del resultado amplio del equipo (cinco directores y un coordinador -L.V.Elías-, mas 25 jóvenes desempleados) se derivan seis volúmenes que reflejan parte del trabajo realizado, ya que algunas medidas como la creación de un centro de documentación del Camino de Santiago, o la actuación en el Archivo Municipal (limpieza, inventariado, clasificación y ordenamiento), o en el retablo de la ermita de Carrasquedo (limpieza y consolidación), etc., necesariamente exceden de la consideración del material escrito. De aquél trabajo sólo se publicaron[1] en 1991 parte de los volúmenes cuatro y seis, con el título “Grañón: estudio etnográfico”, que recoge el trabajo de campo realizado por el equipo que tuve a mi cargo, de acuerdo al conjunto de encuestas etnográficas que se confeccionaron al modo de las llevadas en el País Vasco por el antropólogo D. Miguel de Barandiaran. Lástima que no se hayan publicado aquellos modelos de encuesta que nos sirvieron entonces, pero que también tuvieron la consistencia para organizar una gran encuesta etnográfica que sirviera para la realización de un Atlas riojano como ya se estaba realizando en Navarra o en el País Vasco. Estas y otras frustraciones de trabajo etnográfico me inclinaron cada vez más a abandonar la antropología en favor de la sociología, que a la postre siempre me dio de comer y me procuró relaciones de amistad y trabajo más sinceras, productivas y eficaces que las del periodo iniciático en la etnografía riojana.

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[1] ISBN: 84-404-8970-6 (183 páginas).

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Vengo de realizar una estancia en la Universidad de Dakar siguiendo una línea de investigación, iniciada hace unos años sobre el fenómeno de la inmigración. Este modo de obrar en investigación con tendencia a desarrollar una línea de investigación en el tiempo, no siempre ha sucedido así, bien pos la escasez de sociólogos dedicados a la investigación en La Rioja o bien por mi interés en adquirir competencias en todos los campos como así sucedió. De hecho, en 1985 recibí dos ofertas de trabajo totalmente distintas que no han tenido continuidad en otro tiempo, aunque sí es verdad que han servido en ese largo proceso de aprendizaje por el que todo sociólogo debe pasar. Me voy a referir primero al contrato con el Ayuntamiento de Logroño para realizar una “Investigación social de los barrios de Logroño”, y que me llevó a una situación paradójica como se deduce de ser el único investigador varón junto a quince jóvenes mujeres diplomadas en Trabajo Social en situación de desempleo. Esta situación era la condición por la que el INEM les ofrecía la posibilidad de aprender los rudimentos de la investigación social como objetivo básico con el que acceder en un futuro a empleos en la administración municipal.

Dado que este fue mi primer contacto con el Trabajo Social no puedo sino atestiguar que desde entonces mi vinculación al mismo siempre ha estado presente de un modo u otro, bien a través de la investigación o bien a través de la docencia, sin excluir un sin fin de relaciones transversales. En aquella primera ocasión sólo pensé que debía organizar un grupo numeroso de mujeres para que cumplieran el objetivo de investigar la situación social de los barrios de Logroño, por lo que comencé encomendando tareas de documentación mediante entrevistas a todas y cada una de las asociaciones, organizaciones e instituciones que constituían recursos sociales de la ciudad a fin de conocer las necesidades sentidas por la población. Con anterioridad habíamos logrado en colaboración con la Unidad de Servicios Sociales del Ayuntamiento un punto de acuerdo de división de la ciudad por barrios, con el que facilitar al análisis posterior. Finalizada esta parte se pasó a cumplimentar un cuestionario que debía satisfacer el objetivo de reconocer la posible demanda de servicios sociales. Los resultados sirvieron básicamente para establecer la política de servicios sociales del Ayuntamiento de Logroño y subsidiariamente para introducir en el mercado laboral a una quincena de trabajadoras sociales.

El otro contrato “Las zonas de agricultura de montaña en La Rioja: análisis y problemática”, se firmó con el Ministerio de Agricultura en 1985, y tuvo como objetivo la delimitación de las zonas de agricultura de montaña (ZAM) y su caracterización, con el fin de compararlas con el resto de las ZAM del Estado Español e integrarlas en la política de montaña de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Se consideró oportuno reflejar el papel de las ZAM dentro del modelo territorial de La Rioja, como parte inseparable de la región y como forma de resaltar la importante dualidad espacial de La Rioja. Por último se priorizó dentro del conjunto de las ZAM, aquellas zonas donde debían desarrollarse programas de ordenación. Tomando una serie de indicadores de desarrollo se ordenaron las diferentes ZAM en una escala de mayor a menor atendiendo a su grado de desarrollo socioeconómico o a su potencialidad cara al futuro.

En septiembre de 1985 gané una convocatoria para la provisión de una plaza como funcionario interino en el Gabinete Técnico de la Dirección Regional de Bienestar Social, para desempeñar el puesto de sociólogo del área de Planificación y Programas. En este cargo me mantuve hasta diciembre de 1986. Durante el tiempo que estuve en la Dirección de Bienestar Social tuve ocasión de colaborar en el desarrollo de los servicios sociales municipales, organizando el segundo encuentro sobre Servicios Sociales Municipales, un Curso de Promoción Socio-Cultural destinado a trabajadores sociales en el medio rural, y finalmente, estableciendo las prescripciones técnicas del Mapa de Servicios Sociales de la Comunidad que serviría de marco técnico desde el que planificar la política de bienestar social. También fue un puesto privilegiado desde el que representé a la Consejería de Trabajo en la Comisión Asesora de Investigación del IER, o que me permitió realizar el análisis sociológico sobre la situación de las residencias de ancianos en La Rioja, base sobre la que se implementó la política sectorial correspondiente. De todo ello se benefició la Dirección de Bienestar Social que a la postre era quien financiaba estas actividades de planificación, análisis y desarrollo de políticas de bienestar social.

Al margen de mi estancia como funcionario tuve ocasión en esos años de impartir dos cursos, uno en 1985 invitado por la New York University in Spain, denominado “Curso Práctico de Antropología” que consistió en ofrecer a unos veinticinco norteamericanos algunos conocimientos básicos sobre la identidad de los riojanos, a través del manejo de categorías míticas en contraste con la realidad, es decir oponiendo los prejuicios a la realidad. El otro curso fue una invitación de la Comisión de Asistencia Social para que llevara a cabo un seminario sobre “Juventud marginada y vida tradicional” entre presos de larga condena. Esta organización buscaba resquicios en el sistema penitenciario desde el que mejorar las condiciones de vida de los reclusos, y el seminario era una excusa única para, de entrada, lograr que los internos salieran de entre los muros de la cárcel y durante una semana disfrutaran de una libertad vigilada.

Sin haber agotado las prestaciones de desempleo tras la salida del Gobierno Regional, el Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Cooperación Cultural me contrató como “Coordinador del Proyecto Culturalcampo”. Se trataba de un proyecto de ámbito nacional (en nueve comunidades autónomas) que en La Rioja tenía como finalidad la mejora cultural y de calidad de vida de los habitantes de la zona denominada de las Trece Villas (Valle del Iregua). Contaba con un equipo integrado por una médica, un pedagogo, una psicóloga, una periodista, una maestra, un ingeniero técnico agrícola y una trabajadora social. Con este equipo se buscaba reducir los desequilibrios culturales y socioeconómicos de la zona, así como el apoyo de aquellas iniciativas que propiciaran el aprovechamiento de los recursos socioculturales y económicos autóctonos capaces de generar riqueza, trabajo y mejora de la calidad de vida. En síntesis las actividades llevadas a cabo se encontraban insertas en tres amplios programas: 1) De apoyo a iniciativas socioculturales que generen riqueza y empleo (apoyo a la creación de una SAL de embutidos y conservas; apoyo al fomento de la apicultura y su comercialización; apoyo a las iniciativas para la explotación de la madera; potenciación de los mercados locales y apoyo al desarrollo de la micología y su explotación comercial). 2) De apoyo a los recursos socioculturales para la mejora de la calidad de vida y el bienestar social (a los agentes activos existentes en la zona; de recuperación y promoción cultural; de apoyo complementario a los servicios sanitarios de la zona; a los servicios sociales de la zona; de promoción de la mujer y de información de recursos). 3) De formación técnica (en la promoción sociocultural y de elaboración teórica y técnica).

Durante ese periodo que no tuvo continuidad debido a cambios de signo político en el Gobierno regional, contrario al Gobierno central, tuve ocasión de retomar una actividad que ya había iniciado cinco años antes. Me estoy refiriendo a la realización de videos de carácter etnográfico. En 1987 se rodó “La romería de la Luz”, segunda romería en importancia de La Rioja que se celebra el tercer domingo de junio en la Venta de Piqueras. La dificultad que presenta es que no se pueden improvisar las tomas, por lo que el guión debe establecer perfectamente los pasos a dar por el cámara. Fue el último año de estancia de un hombre convertido en el último ventero, tras siglos de existencia de esta figura. Se puede contemplar el video en You Tube pero dividido en dos partes:

Romería de la luz. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=D0rz8sSkwXs

Romería de la luz. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=wAr16ZT3Zag&feature=related

También a fines de año elaboré el guión de la película más importante, no sólo por su duración, sino por los problemas técnicos y de producción a que me enfrentaba. Esta película es “Carbón de encina”, que resume en veinte minutos cuarenta días de actividad y varias horas de rodaje, donde se describe narrativamente el laboreo del carbón vegetal comenzando con el corte de 2000 kilos de leña de encina en el monte comunal. Tuvimos la suerte de presentarla en pantalla grande, en la sala Gonzalo de Berceo de Logroño, con la presencia de quien sería, igualmente, el último carbonero en activo de La Rioja. Ambas películas se presentaron a concurso al IV Certamen Nacional de Cine y Video Etnológico celebrado en Huesca en abril de 1988 de donde no sacaría otro reconocimiento que un diploma (otro más para la colección).

Carbón de Encina. Parte 1:

http://www.youtube.com/watch?v=pKSeExfYefI

Carbón de Encina. Parte 2:

http://www.youtube.com/watch?v=ny1-eYrB6Rw&feature=related

 

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