Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Biografia’ Category

La Asociación de Trabajadores Inmigrante s Marroquíes (ATIM) en su revista “entre 2 orillas”, en el nº 4, página 23  (http://entre2orillas.org/),  ha publicado esta colaboración que les envié hace un tiempo. Las líneas que siguen son el resultado de aquellas entrevistas a adolescentes marroquíes que se realizaron hace unos años, y con las que puedo contar algo de sus relaciones personales con amigos y familiares.

Hace un tiempo, tan solo el de unas pocas generaciones, el tránsito entre la infancia o periodo de dependencia de los adultos, y la juventud o periodo de adquisición de madurez, autonomía e independencia se producía mediante ritos de paso construidos y valorados socialmente.  Sin embargo, en este corto periodo determinado por la historia de dos, o a lo sumo tres generaciones, se ha introducido un nuevo estado de transición entre la niñez y la juventud; un estado donde no se es ni lo uno ni lo otro y donde no se percibe la persona ni como dependiente ni como independiente. Es más bien un estado liminal.

Coincide este nuevo estado de transición con el crecimiento y dilatación del periodo de juventud al albur del desarrollo socioeconómico, donde poco a poco adquirió gran importancia ser joven, constituyéndose en un periodo mítico del desarrollo humano en el contexto de la sociedad de consumo. Precisamente este estiramiento de los límites temporales de la juventud hasta edades que antes fueron consideradas propias del periodo de adultez o de madurez, ha dado paso a la creación y desarrollo de este nuevo periodo en el desarrollo humano que sirve de transición entre la infancia y la juventud y al que se ha denominado adolescencia.

Entendemos de adolescentes y no de los adolescentes, y entendemos de adolescencias y no de la adolescencia pese al uso indiscriminado de un término u otro, por eso no nos atrevemos a generalizar sobre los adolescentes hijos de la inmigración como se muestra en ciertos trabajos sobre redes de relación, donde siempre se toma a estos como sujetos desbordados por la identidad étnica, cultural o religiosa de los grupos familiares de pertenencia y donde su individualidad y personalidad están subordinados a la adscripción identitaria de sus familias o grupos familiares.

Nuestra consideración es que hay adolescentes con fracasos en su inserción social, quizás por los débiles vínculos establecidos entre sus grupos familiares y la sociedad mayoritaria, o quizás por la autoadscripción o imposición de los rasgos identitarios de sus grupos familiares; pero también, nuestra consideración es que hay adolescentes que combinan con éxito su adscripción a las redes de relación familiares con su inserción en la sociedad mayoritaria, precisamente a través de los grupos de iguales, con los que comparten otros rasgos distintivos y otras formas de identificarse y de relacionarse con el mundo. Y también como ocurre entre muchos adolescentes (llamémosles autóctonos) que forjan su identidad en oposición a los rasgos culturales de su familia, hay entre los hijos de la inmigración una rebelión frente a situaciones que les vienen impuestas por unos (familiares) o por otros (entornos sociales), y que participan más de lo que ocurre en el interior de los grupos de iguales donde se sienten integrados, que de otros ámbitos de relación donde se habían encontrado hasta la llegada del periodo adolescente.

Sabemos que el ámbito de las relaciones interpersonales y grupales de los adolescentes son el escenario donde se ensayan los diferentes roles que acompañan a los adolescentes en la construcción de su personalidad. El grupo de pares o amigos es el espacio de relación interpersonal donde los adolescentes conforman y aprenden aquellos roles necesarios para el desenvolvimiento social. En el seno del grupo tribal (tribu), los adolescentes descubren la importancia de su pertenencia o adscripción, pues el grupo o los grupos son quienes proporcionan un escenario social, un territorio propio en el que sus miembros experimentan la interconexión con otros y pueden representar el rol que corresponde a la identidad que han adoptado en el interior del grupo.

Por otra parte, los adolescentes buscan sacudirse los elementos de protección familiar que en el momento de construir su identidad suponen una rémora en sus demandas de independencia, salvo que los rasgos primordiales de toda identidad, sea esta étnica, cultural o religiosa, acaparen los intereses del adolescente en la construcción de su personalidad social[1]. En este sentido, las normas familiares de convivencia pueden ser un conjunto de ataduras a sus ansias de libertad para encontrarse con sus pares, con sus amigos y su cuadrilla que es el nuevo espacio donde deben crecer en sus rasgos identitarios, donde van a encontrar el apoyo o el rechazo a los cambios que se van a producir y reproducir de acuerdo a la observación que los adolescentes hacen de ese entorno protagonizado por sus iguales.

Para el desarrollo y crecimiento de su personalidad, los adolescentes sienten la necesidad interna de salir del entorno familiar, del espacio que les ha protegido y ofrecido seguridad durante la niñez, pues una vez comenzado el proceso adolescente se ven impelidos a buscar otros ámbitos de relación donde experimentar con un cierto grado de seguridad (la que proporcionan los iguales en el interior del grupo), pues para los adolescentes, salir o reunirse con los amigos es la opción más valorada con independencia del tiempo (bien sea este el propio de las obligaciones o el ocioso).

Los adolescentes, en el desarrollo de su identidad, demandan un espacio propio, un lugar donde autoafirmarse demostrando y poniendo a prueba sus capacidades; y el mejor ámbito para poner a prueba las mismas es entre sus iguales, aunque esto traiga consigo alternancia en los resultados obtenidos. Así, aparecen los estados de ánimo y emocionales de modo cambiante, fluctuante, dependiendo del éxito de los ensayos.

En principio ir a saludarlos porque era lo único que sabía. Después como a mi me gustaba un poco el deporte, siempre buscaba sitios donde jugar y siempre les pido si es posible jugar con ellos; y a veces me aceptan y a veces no. A veces si está ocupado está ocupado y en la escuela también, pues yo soy una persona que me gusta ayudar a la gente. Los que me ayudan los ayudo; y aunque no me ayudan, pero si me tratan bien, pues yo también intento ayudarlos o intento conocerlos, y de esta manera pues tengo amigos y… (Chico marroquí, generación 2, trabajador)

Los adolescentes buscan y encuentran nuevos espacios de socialización alejados del mundo de los adultos, lo que en definitiva es la opción de salida del entorno familiar que, a su vez, trae consigo nuevas vinculaciones con grupos de iguales, donde alcanzan cierto grado de seguridad a partir de la cual pueden someter a prueba las nuevas experiencias que les proporciona la vida (aunque también se da en ciertos colectivos como el marroquí una simultaneidad entre ambos grupos referenciales: el familiar y el de los amigos.

Los ámbitos donde se tienen los amigos son fundamentales, pues si bien es cierto que los jóvenes extranjeros establecen sus redes de amistad a partir de los centros de trabajo porque disponen de porcentajes de inserción laboral muy superiores a los de los jóvenes autóctonos, también es cierto que el tiempo de ocio de los primeros es inferior al de los segundos, lo que permite a los jóvenes españoles ampliar su red de amistades principalmente en el espacio de su barrio de residencia, generalmente el de sus padres.

En el estudio  sobre adolescentes marroquíes, dominicanos y peruanos (Aparicio y Tornos, 2006), se resaltaban las diferencias en las formas de relacionarse de los tres grupos de jóvenes a partir del modo o los espacios en los que habían trabado amistad con quienes decían que son sus mejores amigos. Como es normal, al tratarse de jóvenes que apenas han traspasado el periodo de escolaridad, en los tres grupos prevalecen las amistades trabadas en el espacio de la escuela o del lugar de estudio. El barrio era el segundo espacio más importante de relación. Sin embargo, los peruanos se diferenciaron de los otros dos grupos, predominando con mucho entre ellos las amistades hechas en la escuela. En los otros dos grupos se dio en cambio una cierta proporcionalidad de las relaciones establecidas en uno y otro ámbito.

En general, los chicos y chicas adolescentes manifiestan sentirse muy satisfechos con sus amigos, pues con ellos comparten sueños y esperanzas y planifican y realizan actividades. Para la mayoría, la amistad es honesta y se envuelve de intensos sentimientos. Los adolescentes entienden la amistad como un sistema de relaciones. La amistad, la que consideran verdadera amistad, significa entablar relaciones duraderas basadas en la confianza, la intimidad, la comunicación, el afecto y el conocimiento mutuo:

A los compañeros no se pueden elegir pero  los amigos sí. He elegido amigas que son muy buenas conmigo y por supuesto que yo también con ellas. Nos explicamos todo, lo bueno, lo malo, y… ya para todo. (Chica marroquí, generación 2, estudiante)

Durante este periodo se valora a los amigos principalmente por sus características psicológicas, y por ello los amigos son las personas ideales para compartir y ayudar a resolver problemas psicológicos como pueden ser la soledad, la tristeza, las depresiones, entre otras:

Actualmente no hay amigos, hay colegas, porque un amigo debe reunir muchos requisitos para ser amigo. Tienen que ser eh… Digamos que son dos personas: tú tienes que ser él y él tiene que ser tú. En vez de dos uno, no dos, sois uno. Yo no te puedo fallar, tú no me puedes fallar. Tiene que ser una persona. Yo tengo problemas, mis problemas son como si fueran tus problemas, entiendes. Eso es un amigo; un colega es con quien estás actualmente y habitualmente. Sales con él, te ríes con él, pero a un amigo le cuentas tus problemas. Eso es como lo veo yo… (Varón marroquí, generación 1,5 trabajador)

Los adolescentes consideran las amistades como relaciones sociales que se construyen a lo largo del tiempo y perduran. Por tanto, podemos decir que la amistad en este periodo adolescente ayuda a tomar conciencia de la realidad del otro, colaborando de este modo en la formación de actitudes sociales. Entre los adolescentes norteafricanos de origen magrebí, principalmente Marruecos, en torno al 50% declaran una amistad exclusiva o preferente con otros adolescentes marroquíes, sobre todo entre las chicas, que destacan por afirmaciones del tipo:

No tengo amigos españoles, sólo una amiga marroquí… Porque es buena, es una persona muy buena que te ayuda en los momentos malos y en los momentos buenos. Está contigo en cualquier momento, y para mí eso es muy importante. La amiga que tengo así más cercana, la siento como hermana, y en verano nos vamos juntas, porque su padre es el mejor amigo de mi padre, y entonces nos vemos reunidas, porque cuando estamos aquí estamos las dos, y cuando vamos para Marruecos nos vamos las dos. Y en Marruecos vivimos más cerca que aquí. Aquí, aunque estamos lejos, nos podemos ver en el instituto todos los días. En Marruecos estamos cerca y nos podemos ver todos los días… (Chica marroquí, generación 1,5 estudiante).

Sí, suelo salir más bien con amigas marroquíes y como que nos conocemos más. Con mis primas. Nos ha unido mucho la mezquita. Veníamos a una mezquita aquí a estudiar y todo, y de allí nos hemos… (Chica marroquí, generación 2, estudiante).

Y también destacan porque incluyen en su red de amistades a los miembros de su familia, sobre todo a los consanguíneos, al responder sobre quienes son sus verdaderos amigos:

Amigas marroquíes y también con mis primas…

Amigos de verdad uno de aquí y otro de Marruecos y aparte el de mi familia (primo)

Aunque también ocurre que en la elección de las amistades interviene de manera eficaz el control que ejercen las familias a la hora de elegir con quién pueden salir, como señala esta chica marroquí, generación 2:

Porque si la digo a mi madre que quiero salir con estas españolas me dice que no las conoce, que tiene que conocer a su madre… Como no es así, no me deja

El otro 50% de las respuestas obtenidas de los adolescentes marroquíes nos indica que hay amistad o redes de amistad con españoles, marroquíes y latinos indistintamente:

Yo ya empiezo a hablar, y se hablar, y se escuchar y se escribir. Ya empiezo a tener amigos, tener relaciones con mucha gente y la verdad, desde aquí puedes tener otra vida. Es que no tenía amigas, y cuando empiezo a hablar y escribir y conocer más gente he vuelto a vivir, he vuelto a tener otra vida; porque si no, piensas que te vas a quedar así siempre. Mola gente de otros países, otros idiomas y cosas diferentes… A mi me ha gustado. Me gusta mucho conocer gentes diferentes, cosas diferentes. Vivir otra vida. No siempre la misma… (Chica marroquí, generación 1,5 trabajadora)

Aunque también adolescentes marroquíes que señalan en algunos casos a sus amigos como los de de clase, compañeros…, o bien dicen que tienen pocos amigos…

Finalmente se encuentran aquellos adolescentes marroquíes que se muestran abiertamente por sostener la amistad con autóctonos:

Mis amigos de verdad son españoles…

Son españoles todos…

Yo voy más con los de aquí…

Respuestas que corresponden a aquellos adolescentes nacidos aquí o traídos de muy pequeños. En definitiva, para la mitad de los adolescentes marroquíes sus verdaderos amigos son los de procedencia marroquí, principalmente entre las chicas de generación 1,5 y 2 donde incluyen a miembros próximos y consanguíneos de la familia. En este sentido, la familia es el ámbito de relación que procura o señala las amistades convenientes a la naturaleza y al género de los adolescentes de origen marroquí; mientras que para la otra mitad de los adolescentes, las amistades, las verdaderas amistades, se reparten entre todo tipo de orígenes nacionales sobresaliendo los españoles, quizás debido a los años de estancia en nuestro país y también a causa de los espacios de relación donde el espacio escolar domina al ámbito familiar:

A ver, yo tengo amigos de muchos países. Los que tengo más, de aquí y marroquines. Esos son los que tengo más. Catalanes o españoles y marroquines en comparación de colombianos, chinos o “argelinos”. Estos son los dos grupos. Entiendes, a ver yo los conozco a todos y ellos me conocen por que me he criado en C., en ningún pueblo más. Voy con cuatro o cinco marroquines y dos o tres españoles. Ir por ahí, en un pub, tomar algo, pasarlo bien, bailar, es lo mismo, pero normalmente estoy con marroquines. (Varón marroquí, generación 1,5 trabajador)

Yo como desde casi muy pequeña he estado aquí pues ya me siento como si fuera de aquí y yo voy más con los de aquí que no de mi país. Porque a lo mejor aquí hay gente con la que no te llevas, bueno no te sientes bien por que piensan diferente que tú… (Chica marroquí, generación 2, estudiante)

Los adolescentes utilizan las relaciones de amistad como una estrategia defensiva frente al conjunto de normas y obligaciones procedentes del mundo familiar y de los adultos, y también frente a las incertidumbres de los cambios producidos en el proceso de construcción identitaria. Para ello se refugian en las normas no escritas del grupo, donde se recurre a la estrategia de la uniformidad grupal (en las formas y en los contenidos, en la apariencia y en el lenguaje), como fuente de seguridad y estima personal. Esto les permite afirmarse a la vez que afirman la identidad del grupo.

Es en este sentido donde no es de extrañar la importancia que conceden los adolescentes al consumo de determinadas marcas, estilos de música, programas de televisión, etc., pues responden a los deseos de uniformidad con el grupo, a través del ajuste a sus normas, comportamientos y modas. Una uniformidad que les une, como en la forma de salir, en el consumo, en las aficiones, etc. Esto que puede parecer trivial y en algunos casos un comportamiento exagerado cumple una función primordial: crear los límites y separar los grupos de adolescentes de los grupos de adultos, en definitiva, del mundo impositivo y normativo de los adultos.

La estrategia de la uniformidad forma parte del proceso por el que se identifican con cada uno de los amigos que integran el grupo. A veces, el proceso es tan intenso que parece casi imposible la separación del grupo, e incluso parecen pertenecer más al grupo de amigos que a la familia. La relación con los integrantes del grupo proporciona seguridad y compañía, pues a los lazos de amistad se unen los de lealtad y confianza, constituyendo una fuente de apoyo en cualquier situación de crisis emocional.

Entre los adolescentes hijos de la inmigración, la pertenencia a un grupo de iguales no invalida la adscripción o pertenencia a otros grupos, pues son todos los adolescentes sin distinción, los que buscan y encuentran en cada grupo espacios donde construir y reconstruir su identidad a partir de la similaridad con los otros componentes del grupo. La identidad por similaridad permite recrear la distancia y demarcar los límites entre los grupos de adolescentes y entre estos y los adultos. Una identidad con múltiples referentes propios de una sociedad diversa y multicultural.


[1] En nuestros trabajos de investigación del mundo adolescente hemos utilizado la clasificación de los mismos según generaciones: la G.1 (nacidos y criados allí y habiendo llegado solos –menores no acompañados-); la G.1,5 (nacidos allí y traídos con al menos diez años); y la G.2 (nacidos aquí de padres extranjeros o nacidos allí pero traídos con menos de diez años). Es un modo de entender el proceso de construcción identitario a través de las experiencias primeras (primeros diez años de vida) del adolescente, que o bien sucedieron en el país de origen, o bien en el país de destino de sus padres.

Anuncios

Read Full Post »

El próximo lunes 8 de marzo, la Federación de Trabajadores de la Enseñanza FETE-UGT me ha invitado a dar una ponencia en el salón de actos de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, como Homenaje a las Maestras por su contribución al cambio social. La idea que estoy barajando para el próximo lunes es hablar de las maestras, después de situarlas en el contexto de desigualdad secular en la educación de hombres y mujeres, desde que estas accedieron a la profesión con apenas catorce años  para cubrir las vacantes que se habían producido en las escuelas rurales de carácter segregado, tras la depuración efectuada por las autoridades triunfantes del golpe militar franquista.

Años después, con el comienzo de las migraciones de la población rural hacia los centros industriales y urbanos, muchas escuelas segregadas se convirtieron en unitarias. La causa objetiva de esta transformación de las escuelas en unitarias, contraria al pensamiento nacional-católico de la escuela franquista, fue la pérdida de población escolar y la migración de las personas jóvenes que constituían el futuro de aldeas y pueblos. Muchos de estos jóvenes que emigraron, lo hicieron con el bagaje educativo, cultural y profesional obtenido gracias al concurso de las maestras , que dedicaron una parte significativa de sus vidas a esta tarea más allá de sus obligaciones profesionales. En este sentido, las maestras son el primer grupo profesional con una identidad de género distinguida por su trabajo, pues eran autónomas, ejercían múltiples actividades que prolongaban diariamente su labor principal, y que viajaron por diferentes pueblos y localidades, muchas de ellas acompañadas por padres, maridos o familiares masculinos.

Una historia profesional que, por tanto, se ha realizado básicamente en pueblos rurales, exigiendo una enorme movilidad a estas profesionales que, si en un primer momento se hicieron cargo de las escuelas de niñas, con posterioridad atenderán las escuelas mixtas generadas a partir de la emigración . Esta actividad en su conjunto permitió que la escuela rural fuera una escuela feminizada y, a su vez, que ésta tras el salto a los centros urbanos contribuyera a la progresiva feminización de la docencia infantil y primaria.

Sobre la oferta de instrucción femenina durante el franquismo hay que señalar que esta fue muy limitada. En la escuela pública primaria la niña sólo podía aspirar a aprender a leer, sumar, labores y doctrina religiosa, y ahí terminaban sus horizontes culturales. Sólo en colegios privados o con una institutriz, la niña recibía educación de adorno como puede ser el trato de gentes, buenas maneras, urbanidad, etc. Una sólida enseñanza secundaria o superior para la mujer de cualquier clase social fue inconcebible puesto que para la mayoría social de la época no había duda: la feminidad y los conocimientos culturales estaban inexorablemente opuestos.

En la escuela franquista se distinguían las asignaturas exclusivas de las niñas que comprendían cocina, costura, corte y confección, puericultura o economía doméstica y aunque también tuvieron asignaturas iguales que las de los niños, sus contenidos fueron diferentes, como ocurría con la educación física (dirigida a prepararlas para la maternidad) o la Formación del Espíritu Nacional.

En la escuela primaria del franquismo las niñas aprendían a leer en libros especialmente adaptados para ellas, con textos, contenidos e incluso tipo de ilustraciones “femeninas”. Después del aprendizaje de la lectura se pasaba a estudiar la Enciclopedia, compendio de todas las materias con textos distintos para niñas y para niños. También era parte importante en la educación de las niñas la caligrafía, a la que dedicaban interminables horas de copias de muestras, tanto a lápiz como a plumilla. Finalmente y después de haber aprendido a leer, escribir, coser y “las cuatro reglas”, las niñas habían acabado su instrucción, en muchos casos para toda la vida.

Frente a esta instrucción segregada y diferenciada de las niñas, las maestras  opusieron por vocación, y con su entusiasmo y entrega, una formación más amplia que permitiera a las jóvenes abrirse a un mundo nuevo que ya se vislumbraba tras los comienzos del desarrollismo español, y con unas exigencias formativas que iban más allá de los cánones que la Sección Femenina trató de implantar en las escuelas a través  de la colaboración de las maestras que se suponían afectas al régimen franquista.

Pero muchas de estas maestras, que demostraban una especial disponibilidad no sólo para influir en sus alumnas sino para hacerles entender el mundo en el que vivían y la relación que los contenidos de aprendizaje tenían con él, despertaron un tipo de prestigio, de autoridad entre las jóvenes de la que era difícil evadirse. Una autoridad que les permitió asumir objetivos de género, de liberación del estatus y los roles desempeñados por las mujeres, y que motivaron a las maestras para atender también a la educación de las mujeres adultas, más allá de la mínima alfabetización, más allá de la enseñanza de la lectura y la escritura, profundizando en aquellos temas que interesaban a las mujeres en la vida cotidiana, en aquella época, y en aquel contexto de vida rural.

Algo más abundaré sobre estas cuestiones, dando especial relevancia a las relaciones sociales, el prestigio y el reconocimiento de las maestras tal y como ellas me lo transmitieron.

CARTEL DIA 8

Read Full Post »

No es la primera vez, ni pienso que sea la última, que me enfrento al tema de la identidad[1] pero sí es la primera vez que enfrento la construcción de la identidad a un grupo de edad tan cambiante como la adolescencia y con el añadido de un origen familiar tan diverso y diferenciado en todos los ámbitos, como el procedente de los movimientos migratorios, pues los movimientos migratorios se caracterizan en su relación con la sociedad de destino por exhibir distancias culturales y estilos de vida diferentes que son sobre los que se asientan en buena medida los procesos identitarios de los adolescentes hijos de la inmigración.

Y es que para un adolescente proveniente de procesos migratorios, al conjunto de crisis y tensiones propios de su desarrollo biológico así como de la maduración de sus caracteres físicos, se añaden las propias de su condición (impuesta) en el ámbito de las relaciones familiares, sociales y culturales, que si ya de por sí entran en crisis en este periodo, se multiplican en el caso de los adolescentes hijos de la inmigración, pues a éstas deben añadir las tensiones propias de la adquisición de una identidad que debe nadar entre dos aguas y valorar estilos de vida y referentes culturales diferenciados, distanciados y en ocasiones opuestos.

La construcción de la identidad hay que entenderla como un proceso, no innato, que se va forjando a lo largo de nuestra vida y nunca acaba, y en la que intervienen tanto los elementos propios de la estructura social, como nuestros procesos psicológicos e interacciones de la vida cotidiana. Por otra parte, cuando se habla de construcción de la identidad adolescente, se sabe que es en este periodo de la adolescencia cuando se fundamentan los rasgos primigenios y valores que darán forma posteriormente al conjunto de elementos y valores identitarios.

En la constante duda, en la imprecisión y en la búsqueda de uno mismo, los adolescentes experimentan todo tipo de roles, propios o adscritos, que la familia, los amigos y la sociedad en general les otorga o les impone. Por esto, los cambios de actitudes y de comportamientos son un medio de experimentación y de búsqueda de ese lugar bajo el sol que les permita finalmente descubrir quién soy yo, o cómo quiero ser yo. Es la inevitable lucha entre el ser y el deber ser que se ve además amplificada por la experimentación y el cambio. Esto provoca que las contradicciones afloren cuando se relaciona lo que dicen con lo que hacen. Producto de esta confusión, inevitable por otra parte, son los ensayos del adolescente, los experimentos a la hora de adoptar posturas que de ningún modo le satisfacen y que casi siempre chocan con la percepción que del adolescente tienen los familiares y amigos, e incluso la sociedad en la que ejercita esos comportamientos propios de una personalidad indefinida y ambigua.

Compaginar el hecho de ser uno mismo, como los demás, y a la vez distinto a los demás; simultanear la opción de la mismidad y la otredad con la pertenencia a grupos distintos al familiar en los que el adolescente puede desplegar todos los elementos configuradores de su incipiente identidad, es el logro supremo de este periodo transitorio. La adquisición de una identidad personal.

Aunque esto no es fácil porque ese reflejo de lo que el adolescente considera que es ser como uno más tiene que permitir la distinción de los demás. Esto que a simple vista puede parecer una tautología, para el adolescente es una fuente permanente de confusión, por que si bien busca ser alguien, un alguien todavía impreciso e indefinido, también es cierto que busca ser como los demás, fundirse en el anonimato del conjunto de personas que son los demás, los grupos con los que se relaciona y que, en definitiva, le servirán de referentes a la hora de construir su personalidad identitaria.

Esta aparente contradicción en el proceso de construcción identitaria del adolescente, no es sino una muestra más del conjunto de oposiciones que sustenta el significado de la identidad. El proceso de construcción identitario es una tarea larga y dificultosa por las innumerables opciones y posibilidades que se brindan al adolescente para que tome una decisión adecuada y contextualizada con su realidad social inmediata. La pluralidad de opciones que se ofrecen ante el adolescente están en consonancia con la pluralidad de modelos familiares y de socialización que hoy día se encuentran en las sociedades desarrolladas y que algo indican sobre la diversidad existente en los tipos de relación intergeneracional que se producen.

Hoy día no se puede entender un modelo único o general de socialización adolescente y no sólo por la diversidad de los agentes que intervienen en dicho proceso, sino también por el interés y la conformidad que le concede el adolescente, pues si familia, escuela y amigos habían sido por este orden los principales agentes socializadores, hoy día, la intervención y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, y el valor otorgado a las relaciones de amistad, han modificado de modo plural este proceso de socialización encontrando adolescentes diversos, como diversa es su opción primordial en la aceptación de creencias, valores y actitudes procedentes de los diferentes agentes socializadores.

La adolescencia constituye un proceso de integración social, donde la adquisición del estatus de adulto cobra sentido. Es además un proceso de construcción identitaria que depende de los entornos y ámbitos en los que el adolescente se desarrolla y donde negocia su integración. Por esto último, no existen dos procesos de construcción identitaria iguales, como no existen dos adolescentes iguales, como no encontraremos iguales procesos de socialización, ni iguales procesos de integración.

Y si ya es difícil, complejo, dubitativo y hasta arriesgado en un adolescente el proceso de construcción identitaria, una nueva variable como es la de la inmigración que de por sí ofrece inestabilidad a las personas que se encuentran en esa disposición, aumenta las dificultades del adolescente para construir su identidad y adquirir un estatus social integrador, en un periodo de tiempo todavía más acelerado y corto que el que dispone un adolescente autóctono.

En los discursos de estos adolescentes aparecen nuevas variables como el desigual proceso de reagrupación familiar, la ignorancia inicial del idioma y la inmersión inmediata en un entorno escolar totalmente extraño y poco receptivo, el descubrimiento de comportamientos y actitudes de grupo con códigos nuevos, el desconcierto ante lo desconocido, la presión por una imperiosa y urgente adaptación (¿integración?) y, sobre todo, el sentimiento de pérdida de un estadio de seguridad y protección del grupo familiar extenso y de amistades, en el país de origen. Son muchas las exigencias y poco el tiempo concedido para realizarlas.

Exigencias percibidas en su relación con la sociedad de acogida que no hace distingos a la hora de exigir la adquisición de estatus suficientes con los que integrar a las personas. Y no distingue en este sentido, porque ya discrimina cuando ejerce su poder conformador en el proceso de construcción identitaria, donde claramente utiliza los medios a su alcance para  que los adolescentes inmigrantes se identifiquen de manera distinta a los autóctonos, para que estos se integren en la categoría de adolescentes hijos de la inmigración, denominándolos como “segundas” o “terceras” generaciones de inmigrantes, y por tanto, lejos y diferenciados del grupo mayoritario a los que escuetamente trata de adolescentes.

Los adolescentes hijos de la inmigración se ven sometidos a terribles tensiones originadas por la disyuntiva entre mantenerse fieles al origen, adaptarse al destino, o finalmente, marginarse de las dos opciones en la búsqueda de una identidad que se les aparece como un objeto de deseo salpicado de aristas hirientes y discriminadoras. Además tienen que soportar la duda sobre si sus dificultades tienen algo que ver con haber emigrado (ellos o sus familias), o con ser adolescente y no pintar nada, o con pertenecer a colectivos sociales que tienen fuertes dificultades en los procesos de incorporación social.

Por otra parte, todas las dudas que experimentan, todas las tensiones y crisis con las que se enfrentan a menudo, no pueden –o no quieren- compartirlas con su grupo familiar. Así, en el proceso de construcción identitaria del adolescente hijo de la inmigración, un proceso todavía incipiente, observamos a grandes rasgos dos tipos de estrategias. Una consistiría en los intentos de identificación rápida con el grupo mayoritario, el perteneciente a la sociedad de acogida. La segunda estrategia consistiría en el mantenimiento de cierta distancia y recelo hacia el grupo mayoritario, porque de él se derivan las principales dificultades en el proceso de integración social.

Pues bien, frente a estas dos estrategias se encontraría una tercera que constituye la salida más apropiada en la adquisición de una identidad; aquella que valora las estrategias estableciendo sus pros y sus contras. Nos referimos a la actitud positiva de adoptar lo mejor de ambas estrategias, pues de este modo se adquiere la certidumbre de ser uno más entre los demás; es decir, lograr la integración social, aunque en su caso manteniendo la vinculación con los referentes primordiales con los que se habituó desde niño, aquellos que representan los miembros de su red familia, los de su mismo origen nacional, en definitiva los referentes culturales con los que se incorporó a la adolescencia en el país de acogida.

Sobre estas tres estrategias abunda el trabajo que se publicó en 2008 en el libro colectivo DE IDENTIDADES, y que lleva el título de “LA DIFÍCIL CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ENTRE LOS ADOLESCENTES HIJOS DE LA INMIGRACIÓN” en donde reflexiono también acerca de la identidad étnica y la identidad cultural y la integración social entre los adolescentes hijos de la inmigración.

Explorar0001


[1] Giró, J. (2004): “Pluralismo y educación intercultural”, en Aguirre, J.Mª y Martínez de Pisón. J., Pluralismo y Tolerancia. La sociedad liberal en la encrucijada. Logroño: Perla ediciones, pp.197-228. Giró, J. (2003): “Asociacionismo étnico, identidad cultural y ciudadanía”, en Bernuz, Mª J. y Susín, R., Ciudadanía. Dinámicas de pertenencia y exclusión. Logroño: Universidad de La Rioja, pp.155-172

Read Full Post »

Cuando se editó en 2004 el libro sobre “Mujeres inmigrantes. Invisibilidad y práctica cotidiana”, utilizamos en el prólogo unas pequeñas historias de vida que ahora cuelgo aquí pues no se alejan excesivamente de la situación real que muchas viven en 2009. Por entonces, en Logroño más de seis mil mujeres con otro origen nacional trabajaban y soñaban. Colores, acentos, olores y sabores continentales, latinoamericanos, africanos y asiáticos se paseaban por las calles y parques de nuestra ciudad. Unas mujeres rubias de tez blanca y con los ojos muy claros se han parado en un escaparate; otras dos mujeres mulatas sacan a pasear a sus retoños y en la puerta del colegio avistamos unas mujeres que con el pañuelo sobre la cabeza ocultan un cabello negro y ensortijado. Claudia, Marta y Fátima son tres de esas mujeres y algo de sus vidas cotidianas se parece a esto.

Los sábados siempre son especiales para Claudia, al fin y al cabo son los únicos días que tiene libres desde que empezó a trabajar de interna al cuidado de una señora mayor con principios de demencia. Este sábado, además, es el cumpleaños de su madre y van a reunirse a comer todos los familiares y amigos que viven en Logroño.

Claudia se levanta temprano para envolver su regalo, un pañuelo de color azul que compró el sábado anterior. Una vez preparado el desayuno, ha levantado a Marisa, la señora a su cuidado, y la ha acompañado en el lento proceso del desayuno, aseo y vestido. Se le ha hecho un poco tarde, así que se da prisa para vestirse. Cuando ha llegado el hijo de Marisa ha salido rápidamente y ha ido derecha a comprar una modesta tarta para el postre. Algo nerviosa se ha dirigido a la casa que su madre comparte en la C/ Huesca con dos parejas de amigos también de origen rumano. Es la primera invitada en llegar, así que puede disfrutar de un ratito a solas para felicitar y charlar con su madre. Tras el intenso abrazo y la apertura del regalo, que su madre agradece muchísimo, ambas se han sentado a comentar las gestiones que ésta ha hecho a lo largo de la semana.

Para Claudia es algo muy importante, ya que se trata de poder traer a su hija Cristina a España. Cristina solo tiene siete años y todavía vive en Rumanía con la hermana mayor de Claudia. Su madre le explica que los trámites parecen sencillos ya que, si la niña viene a Logroño, una vez empadronada podrá escolarizarse aquí y por tanto, contará con un permiso, al menos, hasta que termine sus estudios.

Claudia no ha podido evitar las lágrimas, por fin, después de ocho meses en España sin ver a su hija podrá tenerla de nuevo aquí. Habrá que preparar el viaje y alojamiento de la pequeña, así que madre e hija se distribuyen ágilmente las actividades para la semana: quién acompañará a la niña, con qué empresa harán el viaje, cuánto dinero pueden permitirse invertir, en qué curso se debe matricular a la niña, en qué habitación se alojará.

Luego, ambas han iniciado los preparativos para la comida, y a la hora prevista han llegado el resto de invitados, juntándose en total ocho personas. Los regalos, la comida, las risas y los abrazos han hecho que el día sea inolvidable y Claudia vuelve sonriendo a su trabajo. Son las nueve en punto de la tarde cuando llega, tiene que preparar rápidamente la cena de Marisa, desvestirla y acostarla. Claudia se acuesta temprano, tiene una larga semana por delante y está cansada, pero esta noche Claudia no se pregunta qué hace en España y si tiene sentido, hoy se siente tranquila, ha recibido la noticia que da sentido a todo el esfuerzo realizado.

Por su parte, Marta es de origen colombiano y llegó a Logroño hace más de tres años. Antes peregrinó mucho por diferentes ciudades y pueblos, pero decidió permanecer en Logroño donde consiguió un buen trabajo y regularizar su situación. Hace un mes logró abrir las puertas de su negocio, una pequeña peluquería que le supuso un esfuerzo de trabajo y ahorro grandes pero que le reportó mucha satisfacción.

Como todos los lunes Marta madruga para llegar temprano a la peluquería y hacer las cuentas y gestiones previas a la apertura. Todavía tiene pocas ganancias y se ve apurada para hacer frente a los pagos mensuales, especialmente al préstamo y al alquiler. Sabe que su novio (español) quiere ayudarla económicamente para salir del apuro, pero esa opción prefiere desecharla mientras no sea imprescindible.

Cuando Marta llega a la peluquería no puede creer lo que ve, han vuelto a romperle las lunas del escaparate. Es la segunda vez que se lo hacen. Entra como puede, tratando de no pisar los cristales rotos que están por todas partes, y tras observar que no hay otros desperfectos comienza a recoger cayéndole las lágrimas. Cuando termina de dar los partes necesarios coloca un tablero en el escaparate y se dispone a atender a las clientas del día, no está dispuesta a perder un nuevo día de trabajo…

Las pocas clientas de la mañana, afortunadamente son de confianza y lejos de escandalizarse por el estado del local, animan a Marta. Cuando su novio se entera, acude deprisa a la peluquería y tras animar a Marta y tratar de restarle importancia a lo sucedido, consigue que un cristalero arregle el escaparate esa misma tarde.

Van juntos a comer y él le propone la posibilidad de irse a vivir juntos, a fin de cuentas están pagando dos alquileres y por tanto, desperdiciando el dinero y además así ella podrá dejar de compartir piso con cinco personas más. Marta se violenta con la proposición y elude la conversación, alegando la necesidad de marcharse y posponiendo su respuesta. Pasa una tarde muy mala, tiene que atender a las clientas mientras el cristalero hace un ruido infernal y el del seguro no para de hacerle preguntas acerca de posibles “enemigos”. Marta cierra la peluquería temprano y se lleva todas las facturas a casa para poder estudiarlas detenidamente.

Cuando termina de cenar un emparedado en la cocina de su casa, se encierra en su habitación a trabajar (no quiere que sus compañeros de piso sepan lo que hace). Más tarde de la una de la madrugada, agotada y deprimida, con las cuentas hechas, se da cuenta de la terrible situación: no puede pagar los alquileres del piso y del local de este mes, ni mucho menos enviar dinero a sus padres en Colombia.

Marta se plantea si no se ha precipitado, se asusta, la cabeza le va a estallar, solo tiene una solución, aceptar la ayuda económica de su novio y plantearse en serio la posibilidad de adelantar su decisión personal de irse a vivir con él. Agotada, se queda dormida encima de la cama aún vestida.

Finalmente, sabemos que Fátima vino hace dos años a Logroño porque su marido le había dicho que el patrón le había ofrecido un contrato indefinido. Fátima estaba embarazada de seis meses pero no le importó dejar a su familia y a sus amigos, para reunirse con su marido, una vez que su padre le dio la bendición.

No sabía nada de Logroño, le habían contado que se parecía a aquellas ciudades que se veían en la televisión de Tetuán. Hizo el viaje, junto con sus otros dos niños, en la furgoneta de su vecino Hamed que vivía en Francia donde le habían contado que las manifestaciones de racismo eran siempre contra las personas de origen árabe. Por eso estaba contenta de que su marido le hubiera llamado desde una ciudad española alejada de aquel horrible lugar donde las noticias hablaron de persecución de árabes y bereberes como principales víctimas del odio al extranjero (El Ejido).

Después de cuatro años en Logroño, como todos los días, Fátima se levantó la primera para preparar el desayuno de sus hijos y de su marido. En esta época del año, Logroño era muy frío y Fátima recordaba  los amaneceres cálidos de su tierra.  Tras permitirse un breve espacio para el recuerdo, Fátima se puso en marcha, encendiendo las estufas de butano de reciente estreno, preparando el té, recalentando el pan y levantando, aseando y vistiendo por orden a los niños. Una hora más tarde, el autobús de la empresa recogía al marido de Fátima y a otros empleados en la esquina de Doce Ligero con Primo de Rivera para trasladarlos al Polígono de Cantabria. A su vez Fátima, tomaba el autobús de línea para desplazarse a trabajar al locutorio de un amigo de la familia en la calle Oviedo. Fátima empezó a trabajar allí hacía apenas tres meses. Estaba contenta, una vez que los niños eran mayores ella podía trabajar para aportar dinero al hogar. Fátima trabajaba de lunes a sábado en horario de mañanas, ya que así lo había acordado con su marido, con el objetivo de atender la casa y a los niños el resto del día. Como siempre Fátima se mostró amable con los clientes que acudieron al locutorio. Una vez finalizado el turno, corrió como todos los días a casa de su amiga Hannan, quien le recogía a los niños del colegio y cuidaba de ellos hasta su regreso. Aquel día la niña estaba disgustada y se echó en brazos de su madre cuando esta apareció en la puerta: “no quiero volver al colegio mamá, las niñas no quieren ser mis amigas y me han llamado mora de mierda”… Fátima miró con disgusto a su amiga Hannan quien le hizo un gesto tranquilizador. Cuando Fátima llegó a casa con los niños, su marido observó su disgusto y buscaron un espacio para comentar lo sucedido. Ambos llegaron a la conclusión de que Fátima fuera a hablar con la profesora de la niña para comentar lo sucedido y solicitar su intervención en las situaciones como la acontecida. Más tranquila, Fátima puso la comida para todos y cuando llevó a los niños al colegio por la tarde habló con la profesora, una vez aclarada la situación y con el compromiso por parte de la docente de interceder en la situación, Fátima se marchó a hacer unos recados y volvió a casa cargada de compra. La noche fue tranquila, todos durmieron bien, excepto Fátima que tardó en conciliar el sueño.

Estas son historias de vida cotidiana, la vida cotidiana de muchas mujeres de la ciudad de Logroño, de miles de mujeres, que con su testimonio nos han ayudado a entenderlas mejor, a comprender sus problemas y atender a sus necesidades. Sus relatos nos han ayudado a conformar una historia de la mujer de Logroño con una característica particular que es su origen nacional, necesariamente distinto al español. Esta historia de mujeres de Logroño es la historia de la mujer inmigrante en Logroño y por tanto queremos agradecer su amabilidad la contarnos su historia en aquellos temas que les hemos demandado.

4pRosa

3pDoricaDorinaDoina2

5pDuniaNubiaNela

7pGavrilescu2

9pKatty3

10pMariana2

11pNelly2

13pAI

15'pQueen1

16pYordanca

17pSvetana2

Read Full Post »

Todo empezó cuando puse título a un proyecto de investigación: “Estrategias y relaciones en la formación y desarrollo de la burguesía riojana (1850-1950)”. Este es en realidad el título de mi tesis doctoral, para la que conté con ayudas[1] puntuales de la Universidad de La Rioja, que me permitieron finalmente defenderla en septiembre de 2000 donde el tribunal, constituido por tres catedráticos y dos titulares de universidad, le otorgó la máxima calificación de sobresaliente cum laude. Al tiempo que comenzaba el desarrollo de la tesina tuve que tragar nuevamente con los cursos de doctorado, ya que no pude convalidar los realizados en la Complutense. La tesina que defendí en junio de 1996, y que mereció también la máxima calificación, llevaba el título de “Apuntes sobre un proyecto de investigación: Adaptación y cambio. La industria pañera hacia el capitalismo industrial (1750-1850)”, y una parte significativa de la misma fue publicada[2] ese mismo año. Estos apuntes trataban sobre la necesidad de profundizar en los estudios de carácter regional, que en el caso de La Rioja ha resultado ser una de las regiones más paradigmáticas y ricas conceptualmente para la definición del proceso industrializador, así como por la significación cualitativa y relevancia cuantitativa durante el siglo XVIII del subsector lanero y pañero. Algunas de las conclusiones que se apuntaban, pasaban necesariamente por la periodización en secuencias de la historia pañera riojana. La primera, enmarcada entre 1752 y 1792 se corresponde con el fenómeno de la protoindustrialización; la segunda, de 1830 a 1860 respondería al proceso de industrialización o del cambio al sistema de producción fabril. Entre medias, es decir, desde finales del XVIII hasta principios del XIX, sería el periodo de desindustrialización o del proceso de crisis de la industria pañera del Antiguo Régimen.

Las ciento veinte páginas de la tesina me sirvieron como el motor de arranque desde el que estructurar la tesis. También contaba con materiales de campo de cuando recibiera en 1982 una Ayuda a la Investigación para el proyecto titulado Estudio de las grandes familias del textil y el calzado, así como una ponencia escrita de 1983 con el título de Aspectos metodológicos y del trabajo de campo en el estudio de la burguesía riojana. Con ese conjunto de materiales mas una labor amplia de estudio y documentación[3] llevada a cabo en los siguientes años, me situó en condiciones de acometer los objetivos y estructura de la tesis.

Aunque el estudio sobre la formación y desarrollo de la burguesía industrial riojana interesa a la historiografía económica de España, o a la historiografía regional, mi intención fue realizar un ejercicio de investigación, donde de modo interdisciplinar, mediante la utilización de conceptos y métodos afines a otras disciplinas del conocimiento social, como la Sociología o la Antropología, se resolvieran los problemas derivados de la conceptualización de este sector de la burguesía industrial. Podría definirlo como un estudio histórico, pero de clara vocación sociológica, con el objetivo de trabajar con los grupos familiares de la industria pañera y del calzado; o bien como un estudio de sociología familiar, desde el que pretendía explicar las estrategias y relaciones de la burguesía industrial riojana en el margen temporal e histórico de un siglo (1850-1950).

Las fuentes principales utilizadas en este trabajo de investigación, fueron el Catastro del Marqués de la Ensenada; las Memorias Políticas y Económicas de Eugenio Larruga; el Diccionario de Pascual Madoz; la Matrícula de Contribución de 1852; la Estadística Industrial de Giménez Guited; la Memoria de Industrias Derivadas de Delgado y Masnata de 1876; la consulta de los protocolos notariales depositados en el Archivo Histórico de La Rioja, pero también la consulta al Archivo Municipal de Logroño, Ortigosa, Torrecilla y Soto en Cameros; al Archivo Diocesano; al Registro Mercantil; el INE; los manuscritos depositados en el IER, así como una amplia bibliografía coetánea y de estudios actuales que trataban temas de sociología y antropología, historia económica y social.

Dentro de las diferentes burguesías, me centré en un tipo de burguesía que orientaba su actividad productiva hacia la industria textil, obviando al resto de grupos hegemónicos, que situados en la Depresión del Ebro, estaban vinculados a la propiedad y la explotación agraria. Tampoco me detuve en los grupos burgueses que protagonizaron el despegue agro-industrial.

Como el objetivo central de la investigación se encontraba en el papel que desempeña la familia, los linajes y segmentos de linaje, las parentelas y las redes de parentesco, resultaba bastante lógico que fuera el descubrimiento de las relaciones y estrategias de reproducción social, reconocidas en el seno de determinadas familias, lo que indicara el camino a seguir. Las relaciones de parentesco se han impuesto como el medio ideológico más determinante al proyectar dichas relaciones en el plano económico y social. Relaciones ideológicas que toman cuerpo a través de las diferentes estrategias adoptadas, por, para, y con la familia. La familia y la parentela han sido el campo instrumental desde el que los linajes y los segmentos de linaje han podido desarrollar sus estrategias de preservación y ampliación patrimonial, tendentes en ocasiones a la reunión, crecimiento o diversificación del capital. Los instrumentos básicos utilizados para el cumplimiento de las estrategias, son de manera determinante los que proporciona el sistema de sucesión divisible y las variadas combinaciones de alianza del sistema matrimonial. La consanguinidad, le endogamia y la homogamia social son las principales estrategias matrimoniales de la burguesía industrial riojana, aunque las expresiones de la alianza manifiestan una gran variedad.

La parentela no sólo fue un campo de intervención en prácticas de alianza matrimonial, sino también un campo de prácticas de alianza política, a través del cual se buscó el ejercicio del poder político con el fin de asegurar la preeminencia de los intereses económicos de las familias industriales. La red de parentesco sería la base desde la que se operaron las estrategias e intercambios matrimoniales (cónyuges y dotes), pero también las estrategias e intercambios inmateriales (poder, prestigio, solidaridades), que se entrecruzarían, creando una trama de relaciones definitorias de la burguesía riojana. La burguesía industrial basó su reproducción como clase en la propiedad económica, en el poder político, pero también en el poder social mediante el reconocimiento de atributos y status.

El marco referencial donde mostrar comportamientos, actitudes y actividades, exponentes de patrones culturales, fue el espacio público. Cierto que la notoriedad pública de la burguesía estaba asegurada por su preeminencia económica o política; pero si algo ejerce influencia sobre la comunidad son los comportamientos externos o de apariencia externa, los cuáles necesariamente deben darse en los denominados ámbitos de sociabilidad. Estos espacios de sociabilidad, pese a la importancia que les concedí en la configuración del análisis de la clase burguesa, tan sólo pude esbozarlos sin abordarlos en profundidad. No fue pues mi interés abarcar todas las aproximaciones a la poliédrica realidad de la clase burguesa, sino tan sólo aquella faceta que me pareció más definitoria de su configuración y desarrollo, la relativa a las estrategias y relaciones vinculadas al parentesco y la reproducción social.

En mayo de 1997 presenté la ponencia “La reproducción patrimonial de la oligarquía camerana” a las Primeras Jornadas de Historia Económica de la UR. En aquella ocasión, el entrañable profesor asesinado por cobardes asesinos a sueldo de ETA, don Ernst Lluch, me felicitó por el cariz que le estaba dando al estudio de la burguesía industrial, ofreciéndome algunos datos sobre la conexión catalana de una de estas familias industriales y comerciales. Sobre esa información, en abril de 1998, en el V Congreso Internacional de la Población, presenté una comunicación sobre “Parentesco y estrategias de reproducción social: la familia de la Riva Navarrete”, publicada[4] poco después.

También en la Revista BROCAR se publicó[5] el artículo “La contribución industrial de 1852 en La Rioja”, que analizaba la información procedente de esta fuente estadística, y que de algún modo completaba las otras dos grandes fuentes comúnmente utilizadas en historia económica e historia industrial, el Diccionario de Pascual Madoz (1842) y la estadística industrial de Giménez Guited (1862).

En 1999, volví a publicar[6] un artículo en la Revista Brocar titulado “Redes de transporte y comercialización de la industria pañera riojana en la segunda mitad del siglo XIX”. Y ya en julio de 2000, con ocasión del seminario de historia económica de D.Angel García Sanz, tuve la ocasión de presentar una ponencia sobre “Flujos comerciales de los industriales pañeros de la Sierra de Cameros (La Rioja) con el noroeste peninsular, el último tercio del siglo XIX”.

Finalmente, la tesis en su conjunto (833 páginas) ha sido publicada[7] en 2002 por la Ann Arbor, ProQuest Information and Learning, que es una editorial de Michigan (EEUU), que reúne en su base de datos todo tipo de tesis doctorales, entre ellas la que me ocupó durante varios años con el título “Strategies and relations in the configuration and development of the industrial bourgeoisie in La Rioja (1850-1950)” (Universidad de La Rioja, 2000).

En septiembre de 2003, una parte seleccionada de la tesis ha sido publicada, gracias a la edición financiada por la Fundación CDESC y los Ayuntamientos de Arnedo, Torrecilla, Ortigosa y Ezcaray. El título de esta publicación es el de “Familia burguesa y capitalismo industrial”.

familia-burguesa


[1] ATUR97/026, ATUR98/08 y ATUR00/05

[2] Revista Brocar nº 20 de 1996, pp.261-276. ISSN: 0214-4670

[3] Pues si bien disponía de algunos conocimientos de sociología y antropología, lo desconocía casi todo del mundo de la historia, principalmente de la historia social y la económica. En este sentido acudí al ciclo de conferencias sobre Castilla en la Edad Moderna (UR, abril-mayo 1996, 10 horas), y a los seminarios de la Fundación Duques de Soria, que dirigidos por el profesor Jordi Nadal se celebraron en julio de 1996 (30 horas), sobre La desindustrialización a partir de la industrialización y en julio de 1997 (30 horas), sobre Tecnología, empresa e industrialización en España (siglos XIX y XX), donde además de encontrar a los principales especialistas de historia económica te daban la oportunidad de presentar tus avances de investigación. Ya en julio 2000, en el seminario dirigido por el profesor Angel García Sanz (también de 30 horas) Relaciones económicas entre el interior y la periferia en la España moderna y contemporánea, tuve ocasión de presentar una ponencia para su discusión.

[4] Actas del Congreso Internacional de la Población. V Congreso de la ADEH. Vol. 3, pp.221-239, Logroño 1999.

[5] Brocar nº 21 (1997), pp.359-389.

[6] Brocar nº 23 (1999), pp.119-146.

[7] ISBN: 0-493-58889-2

Read Full Post »

Estamos en una crisis mundial auspiciada por las malas prácticas del capitalismo financiero y especulativo, que desembarazado de todo tipo de control regulatorio por parte de los gobiernos de las naciones desarrolladas, ha llevado su desmedida ambición por la riqueza y el despilfarro más allá de los límites que incluso la naturaleza había sabido hasta hoy guardar. Claro que yo pasé mi crisis económica personal allá por los años noventa. Entonces no hubo tanto eco mediático, pero entonces fuimos muchos los que nos enganchamos a la búsqueda de empleo, a la búsqueda desesperada de algún ingreso y, en última instancia, a la revaluación de las prácticas antisistema (ahora no voy a dar información sobre tales), y al apoyo de la familia y amigos. Trabajé en las cosas más variopintas (desde luego ninguna próxima o parecida a la investigación sociológica), obtuve los empleos más precarios y menos asegurados que empresas como EULEN promueven para beneficio de sus accionistas. En fin que sólo cuando tomé ciertas decisiones y las puse en prácticas empecé poco a poco a salir de un pozo muy hondo y muy negro, desesperante y aniquilador, como es el agujero en el que caen los desempleados con cargas familiares y sin prestaciones. Creo que fueron los años 1993, 1994 y parte del 95 los años más crudos de la crisis que repercutieron en mi vida, pero como de todo se aprende, nada me cuesta decir que salí victorioso (no sin lucha y voluntad) y que los remedios que puse fueron, en primer lugar, seguir formándome y estudiando, no solo para ampliar las posibilidades de empleo, sino también para sentirme mejor persona y evitar ciertas depresiones (me lie otra vez con la tesis doctoral), pedí un préstamo e inicié un negocio de hostelería con la construcción de una casa rural (también hice varios cursos, hasta de cocina, algo que nos tendrían que haber enseñado en casa), y por último, algo de lo que había renegado siempre pero que me vi empujado por necesidad: ser docente universitario. Yo siempre había pensado que la investigación sociológica era un medio suficiente para poder vivir sin grandes consumos pero también sin muchas estrecheces, hasta que me tocó la crisis del 92 y eché mano de cuanto se ponía al alcance, y esta fue una oportunidad que desde luego aprovecharía en pocos años con cierto éxito y gusto. Precisamente los proyectos de investigación posteriores a estos años pertenecen a mi etapa como docente y por lo tanto responden a líneas de investigación en buena medida financiadas por la propia Universidad.

Con el título “La Rioja ante la crisis del 98”, recibí dos ayudas[1] para el desarrollo de un proyecto de investigación en el que figuraba como investigador principal junto a otros cuatro investigadores, tres de ellos ajenos a la propia UR. Este proyecto interdisciplinar trataba de satisfacer una necesidad perentoria por recuperar la memoria, y a tal fin, el grupo de cinco investigadores decide reconocer algunos de los elementos más significativos del acontecer regional de fines de siglo sin someterse a las efemérides del desastre colonial, salvo como excusa para recrear un periodo más amplio, que en ocasiones recoge la formación del estado burgués desde mediados del siglo XIX hasta el primer cuarto del siglo XX. Este trabajo colectivo abre, merced a las diversas metodologías y plurales cosmovisiones sobre la crisis finisecular riojana, la posibilidad de desarrollos investigadores puntuales, que en definitiva nos enseñen, sino todas, sí las principales claves de nuestra historia regional. Las 258 páginas de texto nunca fueron publicadas en su conjunto, aunque sí parcialmente en trabajos posteriores de los autores de este proyecto de investigación. Vaya, que para crisis, la del 98


[1] API-97/A03 y API-98/A10

Read Full Post »

En vísperas de lo que luego se denominaron los fastos de la Conmemoración del Quinto Centenario del descubrimiento de América por Colón, me encontraba desarrollando una línea de investigación cuyos prolegómenos tuvieron lugar en 1989 con la firma de un contrato de colaboración con la Fundación CEDEAL (Centro de estudios de América Latina), Quinto Centenario y la Dirección General de Migraciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, a fin de publicar una “Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica”. El plazo para realizar la organización de esta Historia General finalizaba en 1991, puesto que la edición debía coincidir con los actos conmemorativos del Quinto Centenario. El equipo asesor lo formamos nueve investigadores pertenecientes a la Universidad de Deusto, Santiago de Compostela y Sevilla, así como Generalitat de Cataluña, Diputación de Valencia, CSIC y el CIAEt (Centro de Investigación y Animación Etnográfica), que era una Asociación sin fin de lucro creada con el fin de dar salida a proyectos de investigación y de la que en ese momento era su Secretario. Como Secretario del CIAEt había presentado un proyecto más ambicioso al Gobierno de La Rioja y este, a su vez, había recibido la oferta de la Fundación CEDEAL, tomado la decisión salomónica de ponernos en contacto y financiar el proyecto de la CEDEAL pero con la condición de que un investigador de CIAEt estuviera en el equipo principal. [1] en 1992 de dos volúmenes sobre la Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica, editados por Historia 16, y en los que se integran el capítulo XI del tomo 1, titulado “La vida cotidiana. Planteamiento y datos para su investigación”, y el capítulo XII del tomo 2, titulado “Los estudios de emigración en La Rioja. Estado de la cuestión”, de los que soy autor. Dentro de esta línea de investigación sobre emigración riojana a Iberoamérica presenté una ponencia en el I Congreso Mundial de Centros Riojanos, celebrado en septiembre de 1990 en San Millán de la Cogolla, con el título “Los centros de emigrantes, referentes de la identidad riojana en América”. También es fruto de esta línea de investigación, la publicación en 1994, en el nº 13 de la revista semestral Rabida de la Diputación de Huelva, de un artículo titulado “Los centros y sociedades riojanas en América”. Finalmente, con ocasión del V Congreso Internacional de la Población celebrado en Logroño en abril de 1998, presenté una comunicación titulada “La emigración riojana a América en el primer tercio del siglo XX”, publicada[2] en 1999, en el volumen tercero. Como parece que esta actividad investigadora sobre emigración riojana a Iberoamérica nos les cayó nada bien a quienes se sentían propietarios de su estudio decidí abandonar para siempre jamás el tema y dejárselo a estos estudiosos y amantes de un protagonismo provinciano que no da mas que para ese ecomuseo inventado en Torrecilla. Que les aproveche.

historia-emigracionrabidalogrono-1998


[1] ISBN: 84-7679-233-6 (obra completa); 84-7679-232-8 (tomo 1) y 84-7679-231-X (tomo 2).

[2] ISBN: 84-89362-62-9

Read Full Post »

Older Posts »